Quizás sea una pesadilla

Este relato comenzó en La mensajera

Había pasado un rato pero aún seguía con la impresión del suceso que habían presenciado anteriormente. La niña parecía más tranquila y había dejado de llorar. Ambas llevaban bolsas con las cosas que compraron, ropa y algo de maquillaje. Las rebajas incitan al consumo de quienes se dejan atrapar por ellas. Vas a una tienda con una idea muy clara de lo que quieres y sales posiblemente con un montón de cosas que no necesitas y sin aquello que buscabas. Le pasa a todo el mundo.

Entre la multitud del centro comercial te vuelves un desconocido. Nadie te mira, nadie te presta atención más allá de un instante y puedes moverte libremente. Ahora que terminaron de comprar subieron a la planta alta, a la zona de bares y restaurantes. Se sentaron en una cafetería que siempre está llena, con mucho movimiento y una falsa terraza en el exterior, en la amplia avenida cubierta de la galería. Pidieron chocolate con churros y la madre empezó a mirar las cosas que llevaba en las bolsas y enseñarle a su hija las que eran para ellas. Ambas parecían felices y despreocupadas pero no era así. La madre seguía dándole vueltas a la acción de su hija, seguía sin llegar a comprender como la niña había señalado al hombre, le había dicho que iba a morir atropellado y un poco más tarde así sucedió. Estas cosas no suceden en el mundo corriente. Esto es cosa de películas y relatos pero no te pasan a ti. Pero sucedió. Ella lo había presenciado. Lo podía negar tanto como quisiera y tratar de olvidarlo aunque había un hombre muerto de por medio. Una vida sesgada.

Al poco llegaron los churros y el chocolate y ambas se lanzaron a comerlos. Los agarraban con una de esas pequeñas servilletas que ponen en las cafeterías y que siempre tienen el nombre y la dirección del local. Si te paras a pensarlo no es algo que sirva de mucho porque nadie se las lleva para llamar más tarde y preguntar algo. A una cafetería se entra, se come y te vas. No le das más vueltas. Los churros estaban muy calientes pero eso no las detuvo. No hablaban. De cuando en cuando miraban hacia una televisión colgada del techo en la que daban vídeos musicales. Pronto no quedaron churros y la niña se acabó también su chocolate.

? ¿Quieres más churros? ? le preguntó la madre
? No, ya estoy llena. Estaban riquísimos. ¿Podemos comprar golosinas en esa tienda? ? y señaló hacia un local justo enfrente especializado en gominolas y frutos secos.
? Sí, ahora cuando pague vamos. No, mejor aún, si quieres vete tú primero y así vas eligiendo lo que quieres. Yo voy en un segundo.

La niña sonrió y salió disparada hacia la tienda. El camarero ya estaba en camino con el pequeño plato en el que traen la cuenta. Ella sacó el monedero, rebuscó entre las monedas y pagó dejando un poco de propina, lo justo. Tres céntimos. Como decía su hermana, eso es un duro de los de antes. A ella nadie le daba propina por su trabajo y si alguien la merecía era ella. Continuamente lanzaba miradas hacia el local donde se encontraba su hija para asegurarse que no se marchaba. Cuando ya se levantaba vio que se había echado a llorar y se echaba las manos a los ojos. Agarró las bolsas y cruzó la distancia que las separaba, que no era mucha. Entró en el local y la niña lloraba mientras una mujer trataba de calmarla.

? ¿Qué te pasa mi amor? ¿Te han hecho algo? ? le preguntó la madre sin prestar mucha atención a la mujer que estaba junto a su hija. La chiquilla negó con la cabeza mientras gimoteaba y aspiraba los mocos. Parecía desolada, mucho más mayor de lo que realmente era. Se giró hacia la mujer y le preguntó:
? ¿Usted vio lo que le ha sucedido?
? No. Yo estaba comprando cuando he visto que la niña se echaba a llorar y como miraba hacia mi he venido a ver que le pasaba ? dijo la desconocida, una chica rubia y bastante atractiva de aspecto cuidado y una melena preciosa.

En eso la niña señaló hacia la mujer mientras aún seguía llorando

? Ella también, mamá. Ella también. Es la hermana. Ella es la hermana ? dijo mientras se echaba a llorar nuevamente.
? ¿Qué dice su hija? ¿a qué se refiere?
? A nada. Cosas de niñas. No le haga caso ? estaba perdiendo el color y solo le apetecía salir de allí dentro lo antes posible y marcharse a casa. Aquel día se había convertido en una pesadilla que quería terminar.
? No mamá. Es la hermana. Ella es la hermana del señor que murió atropellado. De Arturo.

Ahora la que puso cara de sorpresa fue la desconocida. Primero las miró extrañada y después, poco a poco fue torciendo el gesto.

? ¿Qué sabe ella de Arturo? ¿Por qué conocen a mi hermano? ¿Acaso esto es un juego o una cámara oculta? ? preguntó un poco alterada.
? No sé de donde ha sacado mi hija ese nombre. Se está refiriendo a un hombre que nos cruzamos hace un rato. Después de hablar con nosotros salió al aparcamiento a buscar su coche y lo atropellaron. Murió allí o al menos eso decían los de seguridad. Nosotros lo vimos en el suelo.
? Sí se llamaba Arturo. Arturo Pérez. Como ella. Ella es su hermana. Ellos me lo han dicho ? dijo mientras la señalaba con el dedo.
? Esta es una broma de muy mal gusto ? les gritó perdiendo la compostura. Sus ojos comenzaban a volverse acuosos. Estaba a punto de echarse a llorar. También se podía notar por el tono en falsete de su voz. Se dio la vuelta y se marchó corriendo sin volverse a mirarlas.
? ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué has dicho eso? ? le preguntó la madre con un tono de voz un poco enfadado.
? Porque las luces me lo han dicho ?Se echó a llorar de nuevo y entre sollozos dijo ? Las luces dicen que ella también va a morir ahora, que han vuelto para recogerla.

La madre miró horrorizada hacia su hija. No se podía creer lo que estaba escuchando. Debía estar soñando, esto no podía ser real. Pero justo en ese instante se comenzaron a oír gritos que llegaban desde abajo, gente pidiendo una ambulancia, otros simplemente dando órdenes y exigiendo a los mirones que se apartaran. Agarró por el brazo a la niña y fueron a las escaleras. Desde arriba podían verlo todo. En la planta baja, tirada en el suelo estaba la mujer con la que habían hablado hasta hacía unos momentos. Estaba de espaldas. A su alrededor se congregaba una muchedumbre curiosa. La niña volvía a llorar.

Tiró de su hija y se volvió para buscar las escaleras que estaban en el otro extremo del centro comercial. Ella también lloraba, en silencio.

Este relato continúa en Hazle caso

7 opiniones en “Quizás sea una pesadilla”

  1. Bueno Sulaco haber si con suerte hay una subida de tensión con las luces y la hija puta de la niña se electrocuta en la próxima entrega.

  2. Me cago en la mensajera y en su santa madre!!! a este paso se fulmina a toda la familia del Pérez antes de salir del centro comercial…. uffff

  3. La pobre señora, entra en casa Ricardo a comprarse unas golosinitas y le dan dos mala noticias, que se muere ya mismo, y que su hermano ya traspasó.

    El problema es que no han usado las indicaciones de la niña, para intentar evitar su pronta muerte. Vamos, que seguro que pueden cambiar su destino y mandar a las lucecitas a tomar viento. (al menos momentaneamente)

  4. Virtuditas, no mates a la mensajera. Ella no tiene ninguna culpa, sólo transmite y advierte.

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