Recordando

Cuando comenzamos nuestro camino tenemos una agenda en blanco, limpia de todo y de todos. Así llegamos a este mundo. En los primeros años de nuestra vida no prestamos demasiada atención y no nos preocupamos de las entradas que deberían aparecer en la misma. Después la comenzamos a llenar con todas aquellas fechas importantes de alguna manera, cumpleaños, aniversarios y demás. En algún momento de ese plácido camino las cosas se tuercen y alguna de esas fechas desaparecen o se transforman. Llegamos a una encrucijada en la que tenemos que decidir si queremos seguir recordando o pulsamos la tecla DEL y eliminamos la información de nuestras vidas. Yo elijo mantener o más bien cambiar algunas de esas citas en otras. Así, lo que antes era un cumpleaños, una fecha alegre en la que celebrabas una nueva vuelta al sol, se transforma en una cita para el recuerdo, para buscar en tu memoria aquellos instantes felices que ni siquiera el tiempo te puede arrebatar. Hoy llego a una de esas fechas, quizás por reciente aún dolorosa, un día que hace un año, dos, tres o tropecientos comenzaba con la idea específica de contactar con el ser querido y felicitarlo. Este año es distinto. La comunicación ya no es posible, no hay nuevas memorias que se puedan añadir a la cesta de los recuerdos, solo nos queda aquello que ya tenemos.

En algún momento de esta tarde, antes de que esto aparezca publicado, estaré a más de nueve kilómetros de altura, por encima de la cima del mundo y recordaré