Recuerdo ??

?? que era mi segunda semana en mi nuevo trabajo. El día 1 de septiembre había comenzado a trabajar aunque mi primer día fue el 3, lunes. Me pareció curioso que tanto ese como mi primer trabajo en los Países Bajos empezaron en un mes en el que el primer día era sábado, una especie de presagio. El día 11 de septiembre era mi séptimo día en la oficina. Aún no había comenzado los cursos y básicamente mataba las horas en el laboratorio jugando con programas que no entendía y navegando por Internet, además de recibiendo el tercer grado por parte de los que eran mis nuevos compañeros de oficina y que lo querían saber todo de mí. La mañana transcurrió plácidamente, como cualquier otra y fui a la cantina a comer acompañado de los otros extranjeros ya que éramos una pequeña piña en la que te encontrabas un chico de Suecia, una banda de rumanos, un indonesio, un italiano, dos serbias y un iraní. Después de comer seguí trabajando en el laboratorio, muy entretenido con la instalación de un equipo. En un momento determinado sonó mi teléfono móvil:

?¿Te has enterado? Se ha estampado un avión contra las torres gemelas en Nueva York. Lo están poniendo por la tele y está en todos lados. Entra en la CNN ?? Oh, Dios mío, se acaba de estampar otro, un segundo avión ha chocado contra las torres gemelas ?? y ella comenzó a llorar.

Dejé lo que estaba haciendo y subí a mi ordenador. En la empresa, otros también estaban recibiendo avisos y la gente comenzaba a correr por los pasillos con la noticia. Comencé a devorar la poca información que había en ese momento. En la recepción, la cual estaba cerca de mi despacho, dos compañeros trataban de sintonizar la televisión nacional en la tele que normalmente repetía vídeos corporativos sin descanso. Cuando lo lograron, la gente se fue acercando al lugar en silencio, algunos con una mano tapándose la boca, sin poder creerse lo que estaba ocurriendo. Ese día, ese mismo once de septiembre, mis padres volaban desde Canadá a la ciudad de Washington D.C. y debían estar a punto de despegar. No se habían llevado un teléfono móvil con ellos así que no tenía forma alguna de tratar de ponerme en contacto. Cuando sucedió el ataque al Pentágono la bola de nervios que tenía en el estómago era enorme. Ahora sí que estaba preocupado. Mi jefe me encontró blanco como la cera, mirando la pantalla sin saber muy bien qué hacer. Cuando le conté que mis padres igual ya estaban en el aire volando hacia Estados Unidos, en un avión, me dijo que tratara de contactar con alguien allí. Comencé a llamar a mi tío, en Washington D.C. pero no había línea. Hablé también con mi hermana y le dije que seguiría intentándolo. Mandé correos y seguí una y otra vez marcando el número de teléfono de mi tío pero las líneas estaban colapsadas, todo el tiempo me daba comunicando o la línea se quedaba muda. Creo que estuve al menos dos horas intentándolo antes de conseguir hablar con mi tío y este me dijo que habían cerrado el espacio aéreo norteamericano y mis padres seguían en Canada.

Se lo dije a mi hermana y me fui a mi casa. En algún momento de todo ese drama llamé a un amigo que había venido de visita a los Países Bajos y que ese día andaba callejeando por Rotterdam. El regresó a mi casa. Nos enganchamos a la tele, viendo las mismas imágenes una y otra vez, escuchando los comentaristas en televisión española, en la CNN, en la BBC, todos igual de asombrados que nosotros porque nadie te prepara para algo así. La amiga que me avisó me dijo que nos pasáramos por su casa y allí fuimos. Cenamos con ella, que temblaba como un pajarillo y sujetaba un álbum de fotos, su álbum de su viaje a Nueva York y en el que había muchas del WTC, de las Torres Gemelas, sus alrededores y vistas de la ciudad en las que con frecuencia aparecían. Hablábamos en voz baja, con ese timbre que se te pone cuando estás a punto de echarte a llorar. Cuando regresé a mi casa era bastante tarde y seguimos enganchados a las noticias hasta bien pasada la medianoche. Incluso mientras sucedía todo éramos conscientes que aquel iba a ser uno de los días que recordaríamos toda nuestra vida, uno que determinaría un antes y un después, como al final ha sucedido.

Hasta ese momento, viajar era una actividad más o menos sencilla y en la que la seguridad era mínima. Pasábamos por los aeropuertos sin problemas, entrábamos en los aviones, visitábamos la cabina del piloto y llegábamos a nuestro destino con la sensación de que viajar era algo especial. A partir de entonces se fue transformando en una pesadilla en la que pasas humillación tras humillación, te tratan como a un delincuente, te revisan una y otra vez y sin embargo, ahora viajamos sintiéndonos más inseguros que nunca. En algún momento del mes de agosto anterior al 11 de septiembre estuve en Gran Canaria volando con Martinair. El avión era un DC-10 casi vacío que iba a recoger a cientos de holandeses que acababan sus vacaciones de verano. Recuerdo que pagué 100 florines holandeses por el billete o algo más de 45 euros al cambio. El piloto abrió la puerta de la cabina y nos invitó a los pasajeros a pasarnos por allí para ver las islas canarias desde el aire. Cuando entré, la vista de Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria y al fondo Tenerife era increíble, de esas que te corta la respiración. A mi alrededor, cientos de medidores, luces parpadeando, relés y cosas que había visto en películas pero que nunca sabes muy bien lo que hacen. Salí de la cabina del piloto asombrado. Esta fue una de esas pequeñas cosas que tuvimos que sacrificar el 11 de septiembre, la sensación de sentirnos seguros. Ahora sería impensable que un piloto haga algo así, seguramente perdería su trabajo tan pronto como el avión tomara tierra.

El domingo se cumple el décimo aniversario de aquel 11 de septiembre que cambió nuestro mundo y yo, al igual que muchos otros, recordamos vívidamente lo que hicimos aquel día y lo que dejamos atrás.

2 opiniones en “Recuerdo ??”

  1. Pobre, menudos momentos de angustia que pasaste. Algo así me sucedió a mi con el terremoto de Japón hasta que logré comunicar con mi hija en Osaka…
    Yo no me lo podía creer cuando interrumpieron el programa de radio que escuchaba para decir que una avioneta había tenido un accidente y se la había pegado contra una de las torres gemelas, enseguida corrigieron para decir que era un avión de pasajeros, no me lo podía creer, literalmente, y fui corriendo a encender la tv que ya habían montado un programa especial.
    Me estremecí aterrorizado viendo caer los cuerpos, las torres en llamas y después el derrumbe de la primera torre, pero no podía reaccionar, así estuve horas frente a la tele medio hipnotizado, y en cierto modo algo pasó en mi cabeza porque no recuerdo nada mas…
    Salud

  2. Creo que todos recordamos como nos enteramos de lo que había pasado en NY. Y todos supimos desde ese mismo momento que eso cambiaría el mundo. Y cambió. Durante la semana siguiente recuerdo que todas las conversaciones giraban en torno a lo mismo. Tampoco se me olvida aquel que dijo “que se jodan los americanos”, y recibió una paliza verbal al instante, y un mazazo gigante cuando el 11-M.
    A mi me llamaron por teléfono tambien, estaba en una tienda, eran las 3 y poco de la tarde, y pensé que me estaban gastando una broma, aunque no tuviera ninguna gracia, cuando vi que iba en serio salí pitando a una cafetería para ver la tele, y las caras eran las mismas que tú describes, boca tapada, ojos llorosos, horror.
    Nadie debería ser víctima de terrorismo. Ojalá no existiera, ni la palabra.

Comentarios cerrados.