Regresando a Manila desde Coron

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi último día en Coron comenzó desayunando una hora más tarde de lo habitual. Me desperté a la misma hora que siempre, sobre las seis y media pero en lugar de salir, me dediqué a ver vídeos. Como me llevaban al aeropuerto sobre la una de la tarde me fui al centro del villorrio a patearlo bien y ver si me dejé algo de interés por allí. También aproveché para entrar en un banco y cambiar un billete de cincuenta pesos que me dio un colega de mi trabajo y que ya no lo aceptan en ningún lado. Otra cosilla que hice fue buscar las postales para mandarlas ya que intuyo que las de Coron serán las más espectaculares. Cuando estaba por desistir porque en los únicos sitios que tenían eran carísimas me topé con una tienda escondida, fuera del centro y a la que iban todos los filipinos a comprar. Allí me hice con las postales, todas distintas. En cada una de ellas he indicado las instrucciones que tendrán que seguir los que las reciban tan pronto como lo hagan. Una vez las tuve preparadas, fui a la oficina de Correos, que es un cuarto con un señor rodeado de sacas y compré los sellos para las postales, entre veinticinco y treinta céntimos de leuro. Lo curioso es que el colega estampa el sello delante tuyo y después las pone en la saca. Veremos cuantas consiguen llegar a su destino. Una va a los Países Bajos y el resto a España. 

Estuve buscando el mercado de Coron pero lo deben estar renovando porque en el lugar indicado por los dos programas con mapas que tengo no había más que una obra. Me pateé la ciudad hasta las once, me comí un helado, me compré pan del rico y después regresé a la pensión. Sobre las doce me duché y preparé la bolsa y me puse a ver un episodio de una serie mientras llegaba la hora. El hombre apareció quince minutos antes de tiempo porque al parecer iba a llover (y lo parecía) y según la fuerza de la lluvia, nos podía tomar más tiempo. El transporte me lo organizaron en la pensión y pensé que sería un mini-van petado hasta arriba de gente pero resultó que yo era el único pasajero. Camino del aeropuerto nos llovió un montón pero no hubo problemas. 

Al llegar a la terminal entré, pasando un control de seguridad inicial, después facturé la bolsa sin la cámara y el iPad y mis medicinas para el asma, que aunque prácticamente nunca las uso porque se me olvidan, las llevo conmigo. También puse en la bolsa de mano el cargador y todos los cables. Si algo le pasa a mi bolsa y se pierde, lo único que hay dentro es ropa. Al facturar me dijeron que había al menos una hora de retraso. 

Me senté en la sala de espera, pegada hasta la bandera. Todos los aviones a Manila o procedentes de Manila tenían entre una y dos horas y media de retraso, para las tres compañías que operaban, Cebu Pacific, Skyjet y Philippines Airlines. El de Cebu era el peor parado y el mío, en lugar de despegar a las tres y diez, lo hice a las cinco menos veinte. Cuando mi avión llegó a Coron, según salió el último pasajero comenzó el embarque y la parada del avión en el aeropuerto no fue de más de quince minutos. Por la pista de despegue correteaba un gato que no sé si lo mató nuestro avión o el siguiente en despegar. El vuelo se alargó quince minutos más de lo previsto por el piloto porque nos cambiaron la pista de aterrizaje y nos pusieron en cola para otra, al parecer por movidas de viento. YO iba en la fila cinco del avión que casualmente es la que está en el punto en el que el ala se une al fuselaje y no tiene ventanas con lo que al menos si moría, lo hacía sin ver el drama sucediendo ante mis ojos. 

Tras aterrizar tardamos un rato en llegar a la zona de la terminal 4 del aeropuerto de Manila y después pillé un taxi a mi motel. Después, comenzó a llover con saña y en una pausa de la lluvia salí a cenar. 

El relato continúa en Desde Manila a Donsol pasando por Legazpi

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