Regreso a la trilogía del futuro

Regreso al presente

Ayer cerca de las seis de la tarde en la puerta del cine Pathé Rembrandt eramos legión. Había una multitud que acudía para ver la trilogía de Regreso al futuro. En un cine con más de cuatrocientos cincuenta asientos, estaba prácticamente todo vendido. Al recoger la entrada, nos pedían disculpas porque la tercera película no tenía subtítulos en ningún idioma, solo se escucharía en inglés, algo que a mí me la trae al fresco porque yo no leo los subtítulos y dudo que ninguno de los que estaban allí se viera afectado por ese drama. Los precios del festival iban de los cinco leuros que pagamos los que tenemos el abono mensual a los catorce leuros de los otros, un precio razonable por tres películas. Además, al entrar nos daban una botella del refresco ese de cola que tiene una chispa. Mientras esperábamos, en la pantalla del cine teníamos la imagen que encabeza esta anotación.

Ya hablaré de las películas pero lo que sí que me gustaría comentar es lo mucho que ha cambiado el formato cinematográfico desde que se pasó al mundillo digital y dejaron los rollos de película. Estoy tan acostumbrado que según comenzó la peli, me daba la sensación de que la imagen estaba granulada. Hoy en día todo es mucho más claro, con más detalle. Aparte de eso, las películas han aguantado el pase del tiempo fabulosamente y aplaudimos a rabiar cuando comenzó cada una, cuando acababan y en momentos puntuales, como cuando viajan hacia el futuro y llegaban al día de ayer, a nuestro presente. Fue un momento increíble.

Hablando de las tres películas como un todo, al verlas seguidas te das cuenta de todo el trabajo que hubo para enlazarlo todo, para que las referencias sean precisas y para que haya una sensación de unidad. Hubo cuatro años entre el rodaje de la primera y las otras dos (que se hicieron de un tirón) y sin embargo, todo está cuidado hasta el más mínimo detalle. Hoy en día no se hacen las cosas así. Aluciné con lo joven que era Michael J. Fox en esas películas, aunque tenía veinticuatro años, pasaba por un adolescente imberbe sin más problemas y con el tamaño compacto que tiene, era aún más creíble. Otra cosa que me vino a la cabeza mientras veía la trilogía es en como antes se cuidaba muchísimo más las bandas sonoras, la música instrumental que suena en las películas y que todos conocemos aunque no sabemos los nombres de las canciones. Podemos tararear las tonadas e inmediatamente se crea un enlace en nuestra cabeza entre el sonido y la película que le corresponde y sin embargo, no sabemos el nombre del compositor. La música de la trilogía es fantástica.

Salí del cine bien pasada la medianoche, con un nivel de adrenalina épico y creo que fui gritando hasta mi casa la musiquilla de las películas. Fue un evento histórico.

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