Repartiendo candela

Sin que venga a cuento de nada y sin quererlo y negando por activa, pasiva, imperativa, subjuntiva y hasta por la condicional, a mí me han entronado como uno de los grandes sabios que domina el saber ancestral del RoHS, acrónimo inglés para referirse a la directiva de la Unión Europea relativa a Restriction of Hazardous Substances o en cristiano, la directiva que regula la Restricción de substancias peligrosas, o la 2011/65/EU que es como la conocemos en la intimidad. Este documento protege desde el tres de enero del año 2013 a los ciudadanos europeos de una serie de substancias peligrosas que no se pueden usar a la hora de fabricar productos. La Unión Europea, pese al odio de muchos y las falacias, forzó un cambio en las reglas con las que los fabricantes meten la gamba, le joden la vida a inocentes y salen de rositas y ese cambio ha tenido tal impacto en el universo conocido que el RoHS se ha reproducido como la peste y una gran parte de los países del mundo lo han copiado de una forma o de otra. En el año 2015 y a través de la directiva 2015/863/EU, se añadieron cuatro elementos a la lista original de substancias peligrosas, que contenía seis. Los cuatro elementos nuevos son ftalatos, palabra de origen truscolán para referirse a los ésteres del ácido ftálico, substancias que cuando se añaden a los plásticos, incrementan su flexibilidad y son tóxicos. Allá por el 2015, la Unión Europea anunció que el veintidós de julio del año 2019, exactamente a la medianoche, sería ilegal vender en la Unión Europea, que no se sabe si será una unión de veintiocho o veintisiete países cualquier nuevo producto que contenga unas proporciones superiores a las mil partes por millón de cualquiera de esos cuatro ftalatos. Se dieron exactamente cuatro años para que las empresas puedan cambiar aquellos productos en los que usen ftalatos y los substituyan por otras sustancias. A partir de ese momento y pese a que mi trabajo no está relacionado con este tema, yo comencé a recordar dentro de la multinacional en la que me prostituyo a todo el mundo que había que hacer algo. Nadie hizo caso. Ni aquí, ni en gringolandia, ni en el país del sol naciente e infestado de seres despreciables. La multinacional, a través de su departamento de medio ambiente anunció con bombos y orquesta de pueblo que estaría lista exactamente doce meses antes de la fecha de la Unión Europea, que seríamos tan ecológicos que daría arcadas y que lo haríamos mucho antes porque somos así de fantásticos y fabulosos. A mí nadie me hizo caso cuando seguí repitiendo, como una baliza, mi mensaje. La parte de la compañía que tenía que hacer el inventario de los productos afectados y cambiarlos, mejorarlos o limpiarlos, estaba tan henchida de gloria que no se molestaron en currárselo. Las guerras internas continuaron y yo seguí remitiendo mi mantra e indicando que ese no es mi trabajo, que yo no estoy relacionado con el tema directamente, que mi interés es indirecto ya que la Unión Europea añadió a la marca CE de los productos el reconocimiento de la directiva RoHS, una que un gringo que hizo que me tronchara de risa pronunció una vez como RoJAS, sin saber que la pronunciación europea es ROS. Este año, en enero, cuando volví de las vacaciones navideñas había comenzado una nueva batalla en la guerra entre vice-presidentes de la multinacional y unos acusaban a otros, tiraban dardos envenenados y yo aparecía como el responsable de asegurar que la multinacional se mantenía en el sendero de la legalidad. Al que comenzó la guerra imagino que la manta de palos que le cayó cuando yo informé a mi vice-presidente de que aquel que tiraba la primera piedra era el que tenía que solucionarlo y demostré, con serie tras serie de correos electrónicos que lo sabía y lo había admitido en multitud de ocasiones, esa manta de palos o linchamiento le tuvo que doler y yo volví a mi altar y seguí indicando a todos que había que hacer algo, que más que probablemente no hay problema alguno pero hay que comprobarlo. Siguieron pasando los meses y ahora, a tres meses y diez días o básicamente a ciento dos días del día del cambio, aparecen productos que ya no se podrán importar en Europa, hay pánico, hay drama y aquí el único que sigue repitiendo su mantra soy yo.

Los amarillos, inútiles e incapaces de tomar una decisión cuando el pánico los mueve, acuden a mi como el gran experto, el gurú, el portador de la verdad más absoluta y yo les sigo recordando que no es así, que no es mi trabajo, que yo solo sé lo mismo que ellos y que son ellos los que han metido la gamba. Como no es algo que forma parte de mi trabajo, toreo esas peticiones y las desvío hacia la gente del vice-presidente que intentó jugármela y ese y su equipo, se cagan en todos sus muertos porque la lluvia de palos no cesa. Los gringos se lanzaron en jauría a por mí y han recibido el mismo tratamiento, una buena dosis de palos y la constatación de su inutilidad. Hoy decidí ser yo el que pasa al contraataque, ya que pierdo una parte considerable del tiempo respondiendo y apagando fuegos de un tema que no me concierne laboralmente. Mi ataque está ideado con cuatro misiles balísticos, uno va directo a los gringos, otro a los amarillos, uno para el grupo del inútil desgraciado ese y el cuarto es el que no van a ver venir porque les va a pillar en sus trincheras. El grupo que contrató la orquesta para anunciar que ya éramos tan verdes como el libro aquel con un pájaro, ese grupo recibió una petición formal de información hecha por mi para resolver las dudas que tenían los otros tres bandos porque me están preguntando a mí algo que no me corresponde responder. Este cuarto misil se irá macerando poco a poco, calculo que tomará hasta después de la Semana Santa porque así de lentas son las cosas, pero cuando finalmente se abra, cual tulipán, en el lugar al que dirigí los otros tres no quedará piedra sobre piedra. Una hora después de la salida del cuarto misil me llegó confirmación desde el otro lado, me informaron que mi análisis era perfecto, que tenía toda la razón, que todo lo que decía era cierto y me daban las gracias y me decían que ellos se encargarían del resto. Ninguno de los tres bandos sabe la que les va a caer y cuando me busquen la semana que viene, no podrán encontrarme porque yo estaré de vacaciones y solo regreso el día antes del holocausto, para darme el gusto y poder mear sobre sus tumbas.

7 respuesta a “Repartiendo candela”

  1. Y hablando del post, si no fueses tan insufrible, tengo que reconocer que tendrías mucho puntaje en mi baremo, por cabrón. Mola.

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