Resolviendo enigmas

Ayer tenía una de esas mañanas de pesadilla truscolana con dos reuniones odiosas que no podía evitar. Para más Inri, iban una detrás de otra, con lo que es casi como ver tu vida pasar delante de tus ojos cuando la luz del final del túnel te tiene deslumbrado. La primera era una de esas maravillas tecnológicas que hace unos días no habría sido posible y en la que, usando el esquipe de empresas, nos sentábamos en la misma mesa gente que está físicamente en Japón, en Israel, en los Países Bajos y en Suiza. Parece que yo no era el único que veía aquello como un castigo divino porque al final, todos se apuraron para cancelarla en el último milisegundo y nuestras vidas ganaron un inesperado rayito de luz. Cambiando de tema, si hay dos palabras que odio en el idioma español son rayo y rallo. Hay que tener unas dosis de maldad puramente truscolanas para confundir a propósito a los pobres desgraciados como yo, que sistemáticamente uso la equivocada. Volviendo al drama, tras escapar de la primera tenía la segunda. En esa, uno de los pocos que saben que los odio y que les deseo todo lo peor, siempre, se había cruzado en mi camino y había desviado un vehículo que tengo muy bien encarrilado. Tengo claro que si lo dejo pasar, las cosas irán a peor así que junté en una misma sala a todos los que están relacionados de cerca o de lejos con la tarea, neutralicé la amenaza y les dejé claro a todos que si le dan la mano a ese cabrón que te agarra el brazo y hasta los mondongos, se arriesgan a tener que retirar su producto del mercado en diez meses. También les mostré punto por punto lo equivocados que estaban y lo mal que irían sus temas si siguen por ese camino. Calculé una hora porque hay gente que les da un micrófono y son peores que un truscolán con una independencia, no lo sueltan ni de coña, pero en este caso, con algo de maldad y una mala leche bien caducada, en media hora todo estaba solucionado. A veces mis colegas se olvidan que yo no suelo ver el vaso medio lleno o medio vacío. Yo lo que veo es al cabrón que se quiere beber el agua, al que quiere robar el vaso y al que lo quiere romper y destapo sus planes antes de que sucedan. Esa capacidad para encontrar el elefante que se esconde en la imagen es lo que hace que muchos me estén pidiendo consejo continuamente y que mi buzón de correo no pase un día sin recibir entre cincuenta y ciento cincuenta correos. Otra cosa en la que al parecer soy muy bueno es en convencer a los jefazos para que firmen. Esta mañana me acercaba a uno porque tenemos que gastar más de diez mil leuros en un documento. Antes de asignarme la tarea a mí dos julays lo intentaron sin éxito. Yo fui al despacho y conseguí la firma en menos de treinta segundos. Mi aproximación al problema fue desde una perspectiva mayor a la de mis compañeros. Ellos le explican la razón para gastar el dinero y yo solo le dije que de no firmar, la broma nos costaría un par de millones de leuros. Mi argumento parece que cuajó inmediatamente.

En fin, que entre estas boberías y el agobio porque el Nederlands Film Festival comienza el jueves y el puto festival se celebra en la ciudad de Utrecht, lugar en el que casualmente vivo, esta semana ha entrado saliendo del trabajo escopeteado para mi casa para aprovechar e ir al cine por la tarde ya que desde el jueves, tendré una semana sin acceso al cine más cercano a mi casa, motivo por el cual me devolverán más de cinco leuros de mi abono de diecinueve pese a que yo iré tanto el jueves y el viernes a hacerme un par de sesiones dobles a Amsterdam y Amersfoort.

Y otra nota tonta, ayer al regresar a mi casa desde el cine, pedaleando junto al Oudegracht, tres turistas españoles buscaban el Oudaen y su guía de viaje eran unos papeles impresos con mis notas de la ciudad de Visitar Holanda. No es la primera vez que veo gente en la calle con mis sugerencias pero siempre que sucede, mi ego se infla tanto que acabo pedorreando el resto del día para reducir la presión interior.

2 opiniones en “Resolviendo enigmas”

  1. jajajaja Tienes todo el derecho del mundo, en ese caso, a inflar tu ego, además ya es casualidad que te encuentres a esa gente española por la calle, increíble… 🙂
    Salud

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