Rosi

En la última película de los Vengadores, Iron-Man dice que parte del viaje de los héroes, es su final, su muerte, frase que me gustó un montón porque de una forma o de otra, todos somos héroes y a todos nos llega el final. Esta mañana, a las seis menos cuarto, cuando me levanté, veía un par de mensajes en el que mi hermana y mi cuñado me informaban que el día anterior en Canarias, la noche para mí, falleció Rosi. He decidido parar el flujo incesante de episodios con el relato del viaje y empotrar este recordándola.

Conocimos a Rosi en el camping de Tauro, ahora desaparecido, hace una purriada de años, cuando yo debía tener unos seis años. El camping Guantánamo era algo especial, en lugar de llevarse las caravanas, la gente las dejaba allí fijas y eran como segundas viviendas para el fin de semana y la de mis padres estaba cerca de la de Rosi, sobre todo cuando nos mudamos el camping Guantánamo II, el que era más nuevo y mucho más vacío. Allí, a fuerza de pasar fines de semana y hasta semanas de vacaciones todos juntos, acabamos por convertirnos en familia. Con Rosi, su hermana, maridos, mis padres y otra gente, bajábamos todos juntos a la playa, se organizaban fiestas en el camping, hacíamos asaderos y nos divertíamos. En mi caso, a los dos nos gustaba rellenar crucigramas y otros pasatiempos y pasábamos las horas en la playa con la revista QUIZ, haciéndolos, charlando, riéndonos. Cuando después de una década dejamos de ir al camping, continuó el trato, nunca perdimos el contacto y cuando emigré a los Países Bajos, una que siempre, siempre, siempre pasaba por casa de mis padres a verme cuando yo volvía a Gran Canaria era Rosi. Después de que murió mi padre, cuando mi madre vino a visitarme a Holanda, lo hizo con Rosi y su marido y en esas tres semanas que estuvieron por mi casa, fuimos a Londres y recorrimos Holanda, los cuatro juntos. Fue en ese viaje cuando ella comenzó a tener problemas y al volver fue al médico y finalmente le diagnosticaron un cáncer y aunque lo extirparon, desde entonces fue una lucha contra ese enemigo terrible. Con sesiones de radio y de quimio, la pobre no estaba para visitas y en alguna ocasión subí a su casa con mi madre y mi hermana y cuando parecía que estaba algo mejor, bajó a verme en una de mis visitas del año pasado y cenamos juntos, pero ya entonces, se le veía mal. Desde ahí, yo ya tenía claro que como a todos los héroes, su camino llegaba al punto y final, a ese momento en el que uno pasa a vivir en la memoria de aquellos que lo recuerdan. En navidades, todos pensábamos que el final era inminente pero de alguna manera y con dosis masivas de morfina contra el dolor, llegó hasta ayer, cuando finalmente su cuerpo dijo basta. Si hubiera estado en Holanda probablemente habría buscado la forma de saltar a Gran Canaria pero estoy en el otro lado del mundo, a más de diez mil kilómetros y con el buceo, tengo restricciones para volar, con lo que me tomaría días el llegar hasta las islas. Aún así, esta mañana la recordaba y sonreía con todos esos buenos momentos que compartimos y le deseo que allá adonde vaya, que le vaya lindo. Rosi, D.E.P.

2 respuesta a “Rosi”

  1. Vaya hombre, lo siento, yo a mi edad estoy muy sensible con el tema de la muerte, y en este caso, la pobre Rosi, tan joven, es tan injusto, en fin, que descanse en paz… 🙁
    Salud

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