Sábado por la tarde y domingo por la mañana en Budapest

El relato comenzó en Regresando a Budapest y paseando por la ciudad de noche y de día

Nos habíamos quedado cruzando el Puente de las cadenas y desde allí seguimos andando junto al río Danubio en dirección al parlamento húngaro. Si viajo solo, suelo planear mucho mejor y procuro que no se me pase nada pero al ir con mi amigo el Rubio y combinar la visita turística con la celebración de la amistad, voy más a su bola y si tiene que suceder, pues que no pase. Así, aunque añadí tanto en el Trips como en el Tripadvisor un montón de sitios que igual merecía la pena ver, muchos se quedaron atrás y algún otro apareció de la nada, como el monumento a los zapatos.

Monumento a los zapatos en Budapest

Todos sabemos el cariño tan grande que hubo por los judíos durante la Segunda Guerra Mundial en Europa y como se inventaron un montón de maneras de mostrar esa pasión y en Hungría, aprovecharon que el río pasaba por la ciudad para fusilarlos junto al río y que la corriente se los llevara. En la zona han hecho el monumento que se puede ver en la foto anterior, ya que los obligaban a dejar los zapatos atrás para poder volver a usarlos. Supuestamente vivimos en un mundo en el que todos somos respetuosos y todo lo demás así que no puedo comprender como habían turistas haciéndose fotos con los zapatos para publicar en su CaraCuloLibro y mandar a sus amigos y familiares, siempre con la mayor de las sonrisas. Sirve para recordarnos que ya va siendo hora que llegue la plaga que borre de la Tierra a más de la mitad de los julays que la habitan.

Országház - Parlamento de Hungría en Budapest

El monumento está muy cerca del parlamento de Budapest, un precioso edificio inspirado en el británico y que en mi visita anterior no pude ver. Nos acercamos a las taquillas y quedaban algunas plazas para la visita en español de las dos y cuarto. Había un grupo denunciando el terrorismo cultural totalmente inaceptable porque no hay visitas guiadas en truscolán, esa jerga repugnante y asquerosa que hablan las ratas deleznables que habitan el noreste peninsular. Por supuesto, siempre pueden hacer la visita en ruso, alemán o alguna otra lengua que seguro que hablan ya que el español lo han perdido hace tiempo en su afán por volverse el centro del mundo mundial.

Cerquita del parlamento está el Elysée Bistro and Café y entramos a tomarnos una birra mientras esperábamos media hora para hacer la visita guiada (la única que se permite) del parlamento. Pasamos el cutre-control de seguridad y en tres cuartos de hora nos llevaron por algunas de las salas del edificio y nos contaron parte de su historia. Es simétrico ya que albergaba tanto el senado como el parlamento pero en la actualidad Hungría solo tiene el segundo así que la parte dedicada al primero no se usa, idea que se debería copiar en más países ya que hay mucha boca mamando de la teta del gobierno. La visita es amena y didáctica.

Desde allí fuimos a la Basílica de San Esteban, la cual casualmente estaba cerrada ese día y ya van dos veces que he estado en Budapest y no he podido entrar. Subimos a la cúpula para ver la ciudad desde allá arriba e hice varios vídeos que podréis ver al final del relato. Entre pitos y flautas ya eran las cuatro de la tarde que justo es la hora a la que abren los pubs y como estábamos cerca del Léhuto – Craft Beer Bar fuimos a tomar unas cuantas cervezas y piquear algo. Tienen un menú español, pero más bien de algún pueblo chiquistaní u otra barriada parecida ya que algunas de las cosas no las reconocí y yo una vez fui españó, españó, españó. Desde allí volvimos a pasar por la pensión para largar el lastre de la cámara y además, a esa hora comenzó a llover con saña. Todas las opciones que teníamos previstas para cenar se torcieron y acabamos cenando en el Darshan Udvar, que no recordaremos por lo exquisito de la comida y en el que tardan lo imposible en traerte el papeo una vez lo pides. Tras cenar nos pasamos a un bareto cercano y allí seguimos empapándonos de alcohol hasta la medianoche.

A la mañana siguiente, desayunamos en el motel y nos despedimos del lugar. El día estaba malo tirando a peor y habíamos elegido pasarlo en el Balneario Gellért, ya que Budapest es famosa por tener un montón de balnearios en la ciudad. Ese nos pillaba relativamente cerca, justo al otro lado del puente de la Libertad, en el magnificente hotel Gellért. Como ambos viajábamos ligeros, fuimos con nuestras mochilas y siguiendo el consejo que nos dieron en la pensión, compramos una entrada con taquilla y una con cambiador. Por supuesto esto lo teníamos planeado y ambos llevamos bañadores y toballas.

Piscina a 36 grados en el balneario Gellért

Las siguientes horas las pasamos relajándonos a conciencia entre piscinas a diferentes temperaturas, desde los once grados y medio que te ponían los güevos en el lugar anteriormente ocupado por las amígdalas hasta otras de ochenta grados en la sauna y entre medias, piscinas con treinta y seis grados como la de la foto, temperatura que es sencillamente ideal.

Querubines toqueteándose en el balneario Gellért

Todo el balneario está muy requete-decorado, como de estilo arquitectónico chimpún y en la entrada de las piscinas cálidas estaban los dos querubines que aparecen en la foto anterior y que estaban como toqueteándose o aterrorizados y dándose apoyo emocional porque el supuesto tocador de niños y cura estaba por venir a hacerles una faena. Este momento es perfecto para repetir mi rencor porque a mí el presunto tocador que me asignaron en la infancia lo que me arreaba era unos moquetazos que no veas cuando casualmente preguntaba por la razón por la que la virgen María era virgen si estaba casada o por qué aquel Dios tan todopoderoso, teniendo todas las hembras del mundo, eligió a una que encubría a un julandrón como su hembra para parir a su hijo. Estas y muchas otras son las injusticias de la vida y si a alguno lo han echado de más de cuatro iglesias, por favor que lo diga por aquí que yo creo que tengo uno de los récords mundiales.

Piscina principal en el balneario Gellért

La piscina principal del balneario, esa en la que la gente hace como que nada, es bastante bonita y está rodeada por columnas. Sobre la una y media de la tarde dejamos el lugar, cruzamos el puente y tras almorzar en la zona, cogimos el metro de la línea tres hasta la última parada y allí cambiamos a la guagua que te lleva al aeropuerto. Pasamos el control de inseguridad y nos bebimos y comimos la calderilla que nos quedaba. El vuelo salió con precisión absoluta y llegamos a Holanda quince minutos antes de tiempo. Al salir del aeropuerto hicimos el primer trayecto juntos y después el Rubio cambió de tren mientras yo seguía hacia Utrecht.

En general, Budapest es una ciudad agradable para visitar y hasta podría volver por tercera vez para terminar de ver las cosillas que tienen, ya que lo malo de ir con amigos o familia es que siempre te dejas mucho atrás.

Todo lo sucedido en el relato está por supuestísimo capturado en el vídeo que podéis ver AQUÍ o más abajo y que nos lleva desde el río Danubio delante del Parlamento húngaro a ver una guaguacuática a subir a lo alto de la basílica de San Esteban para ver la ciudad y finalmente entrar en el balneario Gellért. La música es la canción Untouched del grupo The Veronicas que seguro que todos conocéis tan bien como yo.

6 opiniones en “Sábado por la tarde y domingo por la mañana en Budapest”

  1. ¡El riobús es increible! … 🙂
    La piscina principal acongojante!!!
    Lo raro es que solo dejaran los zapatos y no toda la ropa… 🙁
    Salud

  2. Espero que tu no seas de los del selfie con los zapatos para enviar a tus doscientos más-mejores-amigos. Es zafio y la persona que lo hace se merece el finiquito allí mismo.

  3. Soy antiselfie y tengo muy pocos mejores-amigos, paso de feisbuk y de esas tonterías, así que ya te digo que conmigo que no cuenten para contar mi vida a gente desconocida o conocida, a las que no les importa en absoluto. Mis fotos y mi vida son mías.

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