Sanguijuelas corporativas

Cuanto mayor es una organización, más grande es el riesgo de que se les cuelen algunos trepas que brillan a fuerza de apropiarse del trabajo de otros y darse todos los méritos. En la multinacional amarilla en la que me prostituyo cuarenta horas a la semana, a fuerza de reorganizaciones se ha ido exponiendo poco a poco a esos seres del inframundo que cuando dan lo mejor de sí mismos, en realidad están dando el trabajo de otros. A estas alturas de la historia y con poco más de cien julays entrando en las galas finales, todos tenemos bien claro los nombres y apellidos de esos chamos y entre ellos está mi nuevo jefe, del que alguno de sus antiguos colegas en su puesto anterior te dicen que si lo ven trabajando, caen muertos al suelo del susto tan grande que se llevarían. Mi camino con este chamo se cruzó hace unos años cuando hubo una vendetta corporativa que está contada en algún lugar del dantesco archivo del Mejor blog sin premios en castellano y al colega lo nombraron mi jefe mientras él estaba de vacaciones. Regresó a trabajar un lunes, tenía una reunión conmigo a las diez de la mañana para explicarme su visión y todas esas polladas con las que los jefes llenan horas y se creen importantes y el espectáculo se le jodió cuando le dije que exactamente a las doce de la tarde de ese día, ciento veinte minutos más tarde, yo dejaría de trabajar para él y me habían asignado a un departamento diferente. No me pudo endiñar marrones ni mangonearme como hace con otros.

Años más tarde, ahora lo tengo como jefe pero creo que ya ha captado el concepto ese que dice que con vaselina te duele menos porque ya ni amaga con jincarme un marrón porque se ha dado cuenta que me los curro, los macero bien en el agujero del ombligo y cuando se los mando de vuelta, lo joden por todos los agujeros que tiene desde diferentes grupos de la compañía, ya que procuro que todo el mundo sepa la trastada que está planeando y lo dejo con el culo al aire. Su impecable historial de éxitos se está llenando de manchones por culpa mía, ya que sus errores son amplificados y distribuidos para que todos los tengan presentes. El chamo venía de esa saga gloriosa de contenido original y ahora, si yo produzco algo, ya me aseguro de distribuirlo con copia hasta Ritita la Cantaora, algo que definitivamente le produce unas sensaciones molestas en los mondongos y de gratis total, he comenzado cursos intensivos de educación para lelos en la oficina y todos los que trabajan para él están haciendo lo mismo, con lo que ahora se ve bastante más claro que es una sanguijuela o peor aún, una ladilla que vive de la sangre de otros.

Recientemente cambió su estrategia y comenzó a pedir retazos de información, en lugar de solicitar un trabajo entero lo trocea y lo reparte entre varios para conventirse en el autor del valor añadido, ya que junta todos los trozos y lo envía, en una intensa y exhaustiva tarea usando esas combinaciones mágicas de Control+C y Control+V o copiar y pegar para los iletrados. A mi me parece muy mal no disgustar a un capullo si puedo así que ahora tenemos en la máquina de café las tertulias de los marrones en las que todos comentan los marrones que han recibido y así de fácil, han descubierto que los vuelve a usar pero de una manera más sutil, con lo que ahora cuando alguien le envía información, añade entre los receptores del correo hasta la puta madre que lo parió y si el otro pretende juntar y llevarse el crédito, se le ha jodido el negocio.

Esta mañana vi al chamo por el pasillo y cada vez se le ve más demacrado. Igual tuvo algo que ver que el tema de las tertulias en otras plantas del edificio es el valor para la organización que tienen algunos jefillos y lo que perderíamos si sus nombres aparecen en alguna futura lista de despidos y el suyo es eso que en matemáticas se denomina Común denominador.

3 respuesta a “Sanguijuelas corporativas”

  1. Puedo confirmar que no pondría micrófonos y me limitaría a controlar el tráfico de Internet y jaquear todos los teléfonos.

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