Se hace camino al volar

Esta debe ser la primera vez en que vuelvo a Gran Canaria por Navidades y en los previos, esos días en que compro y preparo las cosas, me sobra tiempo de sobra. El lunes hice las compras que me faltaban por hacer e incluso me sobró tiempo para ir al cine y hacerme una sesión triple de cine con Australia como plato principal y Twilight – Crepúsculo y Madagascar: Escape 2 Africa – Madagascar 2 como acompañantes. Me apetecía volver a ver estas dos películas y para mi sorpresa me gustaron más en el segundo pase. Puede que haya sido injusto con ambas y merezcan una puntuación más alta.

Al volver a casa compré algo de comida en uno de los innumerables locales de la Estación Central de Utrecht ya que mi nevera estaba en modo vacaciones, con lo mínimo en su interior. Por la noche me dediqué a escribir el texto que acompaña a las fotos que aparecerán por aquí hasta que yo vuelva a Holanda y también algunas anotaciones adicionales. Sabiendo que lo tenía todo preparado, me levanté tarde y ganduleé durante la mañana, escribiendo un poco más. Pasado el mediodía decidí que ya era hora de preparar las maletas y como me temía, el regalo de mi sobrina era tan voluminoso que no dejaba espacio para más nada en mi machacado trolley así que aproveché para llevar uno que se dejaron mis padres y devolvérselo. Hice las maletas cuidadosamente para que nada se rompa y después las pesé comprobando que estaba tres kilos por debajo del límite permitido por las Líneas Aéreas de España. En mi Lowepro Primus AW descansaba la cámara de fotos, mi nueva cámara de vídeo y algunas cosas más que nunca facturo.

Siguiendo la lista que fui escribiendo durante la semana anterior, comprobé punto por punto las cosas que en ella aparecían: programé la calefacción en modo vacaciones, los temporizadores de las luces, apagué todos los aparatos eléctricos y los desenchufé, controlé las ventanas y puertas y solo cuando estuve satisfecho con el resultado marqué cada tarea como completada.

Sobre las tres y media salí de mi casa, con tiempo más que suficiente. Fui en autobús a la estación y allí cogí uno de los trenes que van directos al aeropuerto. Me acerqué con tres horas de antelación al mostrador de Iberia, pensando que estaría cerrado pero me llevé una sorpresa al ver que los empleados ya se estaban empezando a preparar para realizar su trabajo. Esta es la primera vez en cuatro años que vuelo con esa compañía, después de innumerables historias terroríficas y malas experiencias. Tenía mis asientos ya asignados así que la facturación fue rápida y puesto que me sobraba el tiempo me paseé por el centro comercial que hay dentro de Schiphol y comí algo en una cadena de comida rápida. Alternaba esto con llamadas y mensajes que recibía y mandaba a la basca, despidiéndome de ellos. Me compré una bolsa de bombones en Leonidas, pensando en guardarla para el avión pero la glotonería me pudo y me la jinqué allí mismo.

El control de seguridad fue más largo y tedioso que de costumbre. Había muchísima gente y los arcos no dejaban de pitar, ralentizándolo todo. A veces creo que muchos pasajeros son estúpidos de nacimiento. Saben que no pueden llevar líquidos, tijeras ni similares y no se les ocurre otra cosa que llenar sus mochilas con latas de cerveza, botes enormes de líquido limpia uñas y tijeras de todo tipo. Cada uno de esos sub-humanos acarajotados luchará con los trabajadores e intentará que hagan con ellos la única excepción a la regla y no solo no lo conseguirán sino que terminarán recibiendo el tratamiento de hijoputa terrorista islámico que incluye sobado corporal y humillación pública.

Una vez crucé fui directo a la puerta en la que embarcábamos y pese a que faltaba más de una hora, allí ya estábamos todos. Se me había olvidado que volar con Iberia es hacerlo con una hartada de japoneses, todos cabezudos y con pinta de no haber dormido en dos días y siempre entre ellos está el típico cabrón que lleva una mascarilla puesta porque nuestra respiración le es repulsiva. Me senté al lado de la pareja que tan sensible era y me dediqué a estornudar en su dirección procurando que les salpicara algo de saliva. En un par de minutos los tenía huyendo con cara de pánico y posiblemente dopándose con todo tipo de desinfectantes. Que les den. Si tanto asco les da que no vengan.

Cambiaron la puerta del vuelo y salimos a la carrera para coger un sitio en la nueva, lugar en el que aún estaban los pasajeros de otro vuelo. Mientras los embarcaban a ellos anunciaron que nuestro vuelo de Madrid saldría con una hora de retraso por llegada tardía del avión, estúpido eufemismo que no da ninguna información sobre el asunto. La hora se estiró plácidamente en hora y media, comiéndose todo el tiempo que tenía para hacer mi conexión en Madrid.

Al entrar al avión ni se molestaron en mirar la correspondencia entre la tarjeta de embarque y el pasaporte o el documento de identidad. Creía que era una normativa Europea que se aplica a todas las compañías aéreas pero supongo que me equivoqué y los de Iberia no tienen por qué hacerlo.

En el avión me tocó un español sentado a mi lado y la esposa que se compró en Cuba en alguno de sus viajes y a la que traía a la patria para que conozca la capital del antiguo imperio. La mujer estaba aterrorizada con todos y cada uno de los sonidos que hacía el cacharro, que son muchos. Los de Iberia gustan de los Airbus y el nuestro era un A321. Yo vuelo más con Boeing y sus 737-800 o 737-900 y no sé, me parecen mucho más silenciosos. Las butacas eran como las de Vueling y Clickair, sin bolsa para poner nada y únicamente una ranura a la altura de la mesa para la comida en la que la gente tira todo tipo de papeles y los de la limpieza no los recogen.

El piloto nos comunicó que la causa del retraso era la salida con retraso del vuelo desde Madrid. Supongo que nos toma por retardados. Espero que a ese lo pongan en la lista de empleados que van a la puta calle. Llegamos a Madrid retrasadísimos y el tipo se dedicó a hacer el paseíllo al ralentí por el aeropuerto, tomándose sus veinte minutos para llegar a la plaza que tenía asignada. Si además de echarlo, el hijoputa ese pilla una enfermedad venérea y le cortan los huevos y el rabo y se los meten por la garganta pa’bajo, estaremos en paz.

Salimos del avión en la flamante terminal cuatro y en mi caso la puerta de embarque de mi siguiente vuelo era al otro lado, a unos doce minutos andando según los carteles. En las pantallas aparecía como “embarcando” así que metí el turbo y crucé el aeropuerto en cinco minutos. Cuando llegué la gente hacía cola pero nadie recogía sus tarjetas de embarque. Un hombre me dijo que el piloto aún no estaba en la cabina y en ese momento lo vimos entrando. Nuestro vuelo debería haber salido en ese instante. Se lo tomaron con calma y nos tuvieron media hora esperando. Cuando entramos volvieron a ignorar mi pasaporte y el de los que iban por delante de mi. Ahora entiendo por qué España es el coladero de inmigrantes ilegales de Europa, supongo que todos llegan con esa compañía.

Me tocó sentado entre británicos, unos treinta que iban de vacaciones Navideñas a Gran Canaria, como yo. Pedí una almohada y traté de dormir un rato. Ya estábamos todos dentro, el avión petado de gente y no salíamos. Tras un cuarto de hora el piloto nos anunció que tenían un problema con el sistema informático y debían contarnos a mano. Según él, en cinco minutos estaba todo resuelto. El azafato pasó y le comentaba a una compañera que solo había un asiento libre, así que el total era el número máximo de pasajeros menos uno pero el piloto no parecía aceptar esta línea argumental. Me quedé dormido y me desperté tres cuartos de hora más tarde cuando el piloto anunció que ya habían conseguido contarnos (o al menos ya estaba satisfecho con la cantidad que le habían repetido durante una hora) y que podíamos salir. Llevábamos hora y media de retraso. Recorrió la distancia desde la terminal a la pista de despegue a la misma velocidad irracionalmente lenta que el avión que me trajo desde Amsterdam. Creedme, llevo volando toda mi vida y nunca había visto aviones tan lentos. Me quedé dormido de nuevo y me despertó el anuncio del piloto en el que nos comunicaba que íbamos a aterrizar en el aeropuerto de Tenerife. Se me fue la sangre del cuerpo y por un instante pensé que la había cagado y me había metido en el avión que no era. Cuando repitió la información en inglés, dijo que íbamos a llegar al aeropuerto de Tenerife-Las Palmas. Obviamente, el cabildo de esa isla lo debe tener en su lista de sobornos. El viento era del sur y en lugar del aterrizaje habitual, entrando desde Juan Grande, lo hicimos aproximándonos desde Las Palmas de Gran Canaria. La toma de tierra fue la peor que he vivido este año. El avión saltó y se bamboleó durante un rato. Le tomó QUINCE MINUTOS recorrer la distancia entre la pista y la terminal del aeropuerto, algo impensable. Espero que este piloto pille la misma enfermedad que el anterior.

Salimos del avión pasadas las tres y media de la madrugada. Mis maletas me estaban esperando en la cinta y los ingleses que venían a mi lado al parecer también iban hacia la Garita. Cuando fui a buscar un taxi y le comenté al tipo mi destino final, me ignoró y cogió a los ingleses. Igual sucedió con los dos taxistas siguientes. Me acordé que en el colegio cuando querías insultar a un chiquillo le decías hijo de taxista. Ahora entiendo la frase. Son tan cabrones como los pilotos. Lo que ninguno de esos tres taxistas sabían y yo sí es que sus carreras iban a ser iguales a la mía, de doce o trece euros y se iban a joder y no poder sablear a esa gente como hacen cuando te llevan hacia Maspalomas o Playa del Inglés o incluso a la ciudad de las Palmas. Digámoslo clarito: es más barato un taxi desde el aeropuerto de Barcelona al centro de la ciudad, desde el aeropuerto de Schiphol al centro de Amsterdam, desde el aeropuerto JFK de Nueva York a Manhattan que lo que cobran esos ladrones iletrados que tienen el monopolio de los taxis en el aeropuerto de Gran Canaria. Espero que algún día pongan el puto tren que lleva a los turistas y se les acabe el negocio.

Eran las cuatro y pico cuando por fin llegué a la casa de mis padres. Creo que Iberia volverá a la celda de aislamiento y hasta las Navidades del 2013 no volveré a intentarlo con ellos.

8 opiniones en “Se hace camino al volar”

  1. Me temo que te ha tocado una huelga de celo de los pilotos, que ellos niegan estar haciendo, pero todos los vuelos salen con retraso y hay varias cancelaciones diarias. Iberia ha tenido que alquilar varios aviones (con sus respectivas tripulaciones).

  2. A parte de la huelga encubierta, yo hace muuuucho tiempo que no vuelo con Iberia. Y muuuuucho tienen que cambiar las cosas para que lo vuelva a hacer…sigh!

  3. Para mí volar con Iberia es sinónimo de masoquismo. JAMÁS he tenido con ellos un vuelo normal y hace cuatro años juré no volver a montar en un vuelo de esta compañía, aunque fuese el más barato (cosa que además no suele ocurrir).
    Lo de que anuncien el aeropuerto canario equivocado pasa cada dos por tres, a mí me han dado más de un susto viniendo a Tenerife y declarando que aterrizaríamos en el aeropuerto de Gran Canaria en breve. O es despiste inocente y falta de interés, o el sanedrín que vuelve a hacer de las suyas…

  4. Ines, yo también los evito como la peste pero estas Navidades no tuve elección. Si el año pasado sucede lo mismo, barajaré la posibilidad de ir a Londres y volar desde allí directo con British Airways para evitarlos, o quizás con alguna aerolínea alemana desde Düsseldorf. Transavia en Navidades no es opción. Se les va el santo al cielo y ponen unos precios tan increíbles como un ida y vuelta por 800 euros.

  5. Sulaco me he reido tanto. De pana que me suena tan bueno como cuando me lo contaste por la otra via. Un beso.

  6. Increíble, eres benévolo con lo del 2013… aunque quizás para esa fecha Iberia será historia. xD

    Ah! ya llegaron las setas. ¡Gracias! 🙂

  7. Lo de la tardanza en el avión hacia la terminal/pista es por la puta huelga de celo. Cumplen el manual de la compañía a rajatabla y ruedan a 10 nudos, cuando lo normal es hacerlo a unos 20-25 nudos. Cabrones.

  8. Espero que los quince nudos que se guardan se los meta alguien por culo a esos hijosdeputa.
    A ver si se curran ya unos buenos ordenadores para llevar los aviones que en cabina no hace falta poner a un cabrón. Prefiero que me lleve una máquina.

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