Searching

El estreno sorpresa de hace un par de semanas fue una especie de thriller cuyo trailer me dejaba siempre descolocado, pinta demasiado bien para ser cierto y con la cantidad de información con la que te bombardean en dos minutos, siempre tenía la sensación de que estaban mostrando muy poco de lo que en realidad sucedía y eso me hacía temer todo lo peor, como siempre. La película se titula Searching y se estrena en España al final de septiembre con el mismo título pese a la obvia traducción de este gerundio al español, que es truscoluña no es nación

Un julay kabezudo-koreano pierde a su hija y aunque el piense que es puta, resulta que no, que es más bien rarita y kabezuda

Un julay charla con su hija por teléfono y así como si dijéramos, la hija desaparece del universo conocido. Cuando por fin se comienza la búsqueda, el chamo está desesperado y ve como la policía son unos güevones, así que abre el portátil de la hija, por su puesto desentraña su contraseña usando tretas sucias y a partir de ahí, le cambia todas las contraseñas, toma control de sus redes sociales y comienza a investigar qué coño le pasó a la pelleja para que haya desaparecido. Lo ayuda una policía que no se sabe muy bien si le quiere poner la pierna encima para que no levante cabeza y además le coma el chichi o algo parecido.

Esta es una película comercial que camina una fina línea ya que somete a los espectadores a un esfuerzo adicional. Gran parte de la historia no la vemos actuada en la manera convencional, la vemos en los mensajes que escriben, en sus fotos publicadas, en los vídeos que suben a la red o en los vídeos de las cadenas de televisión que usan el secuestro para llenar minutos. En ese sentido es muy original, nos muestra que hoy en día, en el año 2018, ya no somos julays simples y sencillos, somos la suma de todos nuestros rastros digitales. Esto lo han manejado de manera soberbia, salvo por la chorrada de como averigua el padre la contraseña de la hija, aunque es una chorrada creíble. Por lo demás es una de esas películas en las que hay un giro dramático y transcendental cada pocos minutos y todos, todos, todos, son tarde o temprano sospechosos y la cosa va a tanto que en un momento determinado estuve por gritar “ha sido el acomodador” y seguro que el resto del cine se lo cree. En ese frenesí por encontrar un culpable y resolver el misterio, todos los que salen en pantalla tienen sus segundos de gloria. Si llegas a aparecer, eres sospechoso en primerísimo grado. La tensión está bien llevada y como la película no pasa de los cien minutos, no hay tiempo para aburrirse. El final me pareció un poquito exagerado pero bueno, se perdona. El protagonista es el actor John Cho, que lo hace bien, aunque en los primeros planos se chupaba toda la pantalla y la de las dos salas de los lados porque es kabezudo que no veas, en esa testa entra un piojo y se muere convencido que ha descubierto un nuevo continente.

No es el tipo de historia que mole a los miembros del Clan de los Orcos aunque sí que puede gustar a los menos exigentes de entre los sub-intelectuales con GafaPasta. Entretiene, intriga y sirve para matar el rato. Con tanto uso de redes sociales, se puede esperar y verla directamente en la tele ya que hay plenitud de ocasiones en las que lo que se ve en la pantalla del cine no tiene la mejor de las resoluciones.

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