Segundo día. Una orgía de águilas

El relato comenzó en Los preparativos y el comienzo del viaje a Polonia

A las siete y diez de la mañana del segundo día en Stepniczka abrí los ojos y lo primero que hice fue mirar por las ventanas para comprobar el tiempo que hacía. El cielo era de un azul limpio y no se veía una sola nube en el horizonte. El agua parecía un plato y fijándome en los árboles vi que casi no había viento. Eran las condiciones perfectas para hacer fotos. Entre los árboles un montón de pájaros saltaban de rama en rama siguiendo intrincadas pautas. La habitación comenzaba a caldearse así que deduje que habían añadido madera a la chimenea. Fui al baño y estaba ocupado. Esperé un poco y cuando se abrió la puerta salió la única chica de nuestra expedición, la cual ni siquiera se quedaba a dormir en nuestra planta. Se puso completamente colorada y me dijo algo que no entendí. Como debió ver mi cara de confusión me explicó que el retrete estaba hecho un desastre pero que no había sido ella. Le sonreí y entré en el baño. Efectivamente, alguien había literalmente explotado jiñando y había dejado la cerámica del retrete como un cuadro impresionista. El agua del tanque de la cisterna no parecía ser capaz de llevarse aquel material. Hice lo único que se puede hacer en esas circunstancias: jiñé tranquilamente y después de dejar mi aportación al producto nacional bruto de Polonia bajé la cisterna y me metí en la ducha. Tras las abluciones matinales fui a la habitación y desperté al Moreno el cual me preguntó inmediatamente por el tiempo. Su cara de alegría cuando le dije que estaba soleado no tenía precio. También le advertí que tuviera cuidado en el baño porque la chica había entrado a cagar y la cabrona será mona, pero jiña como un caballo con diarreas. El me miró asombrado y se fue pensando que estaba bromeando. Me dediqué a preparar mi mochila, quité unos cuantos objetivos que me había llevado el día anterior y que no usé y opté por ir solo con la cámara y el 400mm además del Sigma ojo de pez y el 24-70mm para hacer algunas fotos en el muelle. Me aseguré de coger las dos baterías y toda la memoria que había llevado y que consta de dos tarjetas Compact Flash de dieciséis gigas, una de ocho y otra de cuatro. Cuando el Moreno volvió aún estaba alucinando con lo del retrete y no se podía creer que había sido la chica, lo cual le juré por mis uñas negras de los pies. Al rato bajamos a desayunar con nuestros termos y nos encontramos que ya estaban allí varios de los compañeros. Estuvimos hablando y felicitándonos por el día tan excelente que comenzaba y cuando bajó la chica el Moreno le lanzó un par de puntas y ella me acribilló con una miradas de odio intenso mientras yo me reía.

El desayuno fue tan copioso como el día anterior y mientras estábamos en plena faena el jefe de los pescadores llamó para decirnos que uno de los barcos saldría con algo de retraso porque aún no había llegado al puerto. Al igual que el día anterior, salimos cargados como mulas y cruzamos la playa camino del puerto con todo nuestro equipo. El pescador que se había retrasado era el nuestro así que los otros dos barcos se fueron y a nosotros nos dejaron tirados. Además, como el día anterior vimos un montón de águilas por el lado derecho, hoy los otros dos barcos salían en esa dirección y a nosotros nos tocaba el castigo de ir por la izquierda. El Moreno estaba echando pestes. Estuvimos esperando una media hora en la que aproveché para hacer fotos de los pescadores, de un gato que se comía un pescado que le habían tirado y de los barcos atracados. Finalmente llegó nuestro barco, uno con matrícula número 11 y tras descargarlo y limpiarlo un poco nos montamos y salimos. Con unas condiciones tan buenas de luz no teníamos que incrementar demasiado el ISO para conseguir una buena velocidad. Volvimos a poner los ajustes en -0.3 para oscurecer un poco las fotos y en mi caso opté por prescindir del punto central para enfoque y me arriesgué con el autoenfoque de mi cámara, la Canon EOS 50D. Conviene explicar que el Moreno tiene una Canon EOS 1Ds Mark III, que viene a ser el Ferrari de la fotografía digital y la chica que decora retretes tenía una Canon EOS 1Ds Mark II. Ella llevaba un objetivo 300mm al que añadió un extensor 1.4x y mi amigo usa su 500mm, un cañón enorme. En esas dos cámaras el sistema de enfoque es mucho más sofisticado y se puede configurar para que use una selección de puntos e incluso los alrededores de uno de ellos, algo que en mi cámara no es posible. Por eso opté por extender el enfoque y hacerlo automáticamente, con la esperanza de tener más suerte a la hora de pillas las águilas enfocadas.

Hicimos unos disparos de prueba con las gaviotas que nos seguían y pronto vimos el primer águila. Salió de entre los árboles, se fue acercando lentamente y cuando vio un pescado que le gustó se lanzó a cogerlo. Nosotros alucinábamos y hacíamos fotos. Según se fue llegó otra águila y también se lanzó a por pescado. A esta le siguieron otras, repitiéndose todo el tiempo las maniobras y las acciones. Nosotros disparábamos sin descanso nuestras cámaras, casi sin tiempo a comprobarlas, aunque en alguno de los momentos de pausa pude ver que ya tenía algunas fotos que prometían. Durante cuarenta minutos vimos unas treinta águilas de las que al menos quince se lanzaron a coger pescados. La palabra alucinante no le hace justicia a lo que vivimos. Los tres estábamos excitadísimos ya que en ese tiempo habíamos conseguido más y mejores fotos que en todo el día anterior. Yo comencé a preocuparme porque de seguir la cosa así iba a tener problemas con las baterías ya que con dos no llegaría muy lejos, sobre todo porque la que llevo de repuesto la compré por cuatro perras gordas y ha salido mala con ganas y tras unas doscientas fotos se descarga.

Después de pasar junto a un faro en construcción pasó el frenesí de las águilas y a partir de ese momento no vimos ninguna otra salvo algunas posadas en los árboles.

El relato continúa en Segundo día. No veas la suerte que hemos tenido

2 opiniones en “Segundo día. Una orgía de águilas”

  1. Pena de alguna imagen ilustrativa de adelanto, de las águilas, no de lo del retrete, que ya me dirás la dirección de la pensión esa y les mando un par de escobillas del Cadena 100, que para un apuro sirven, y aunque quede “algo en el ambiente”, al menos no dejas el retrato impresionista en la taza….

  2. Varios han recibido un adelanto por correo. Ayer conseguí borrar más de seiscientas fotos y hoy espero deshacerme de otras tantas. Después tendré que elegir las cien mejores y centrarme en esas o no acabaré en la vida.

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