Social o insocial, según se mire

El domingo tomaba unas cervezas en el Three Sisters con mi amigo el Niño y hablábamos sobre la amistad, un tema recurrente en mi universo y que siempre me ha fascinado. Nos conocemos desde hace casi dos años y en ese tiempo pasamos del recelo inicial y la desconfianza a la fase actual en la que ambos estamos en la zona segura, en el interior del círculo de confianza. Si fuesen los años universitarios y estuviésemos en clase sería algo normal, lo que se puede esperar de la gente con la que estás durante bastantes horas al día pero estamos hablando de un montón de años de diferencia, casi veinte entre el momento en que comenzó mi línea temporal y la suya. Recuerdo que cuando mi jefa me dijo que me tendría que encargar del becario me jodió bastante porque lo último que me apetecía era llevar detrás mía a un chiquillo. Me acerqué al despacho en el que estaba trabajando, me planté delante suyo, me presenté y en ese mismo instante supe que seríamos amigos. El Niño me miró con odio porque sabía que estaba a mi merced y mantuvo todas sus barreras de protección alzadas pero en quince días compartíamos despacho y en un mes éramos como uña y carne en la empresa.

Aunque lo intento, nunca he llegado a comprender como funciona el mecanismo que hacer posible ese milagro, que allana los muros y te acerca a cierta gente y no a otra. En ocasiones he sido consciente de los intentos de otras personas por entablar algún tipo de relación y de una forma fría e impersonal puedo analizar la situación y ver como les voy desplantando en cada asalto hasta que se dan por vencidos. También me ha pasado en alguna ocasión, aunque no muchas. Por lo general la gente que selecciono para que orbiten a mi alrededor quedan atrapados en muy poco tiempo. O quizás son esas personas las que me eligen a mi.

El mismo domingo en el que tomaba unas cervezas con el Niño, unas horas antes preparaba el desayuno en casa de mi amigo el Rubio. ?l y su mujer aún dormían y sus dos hijos mayores me ayudaban a cocinar Pannenkoeken y magdalenas. Cuando el Rubio y su esposa bajaron a la cocina la comida estaba lista y todos nos sentamos a la mesa a comer. Si a cualquiera de los dos nos dicen el día que nos conocimos que sucedería algo así no lo creeríamos. La amistad es una fuerza extraña que nos une a otras personas de forma misteriosa. No se sabe muy bien los beneficios que se extraen de la misma (si es que los hay) pero no parece que podamos (o queramos) prescindir de ella.

Lo que nunca he conseguido entender de las nuevas Redes Sociales es su inhumanidad, el desprecio que se desprende en las mismas por algo tan sagrado como la amistad. Yo no tengo ningún interés por saber de alguien que estudió conmigo hace veinte años o que vivió en mi calle. Si los caminos se separaron y se perdió el contacto en realidad es porque ambas partes lo quisieron así. Mi mundo es muy real y está lleno con la gente que quiero y que me quiere, vivimos aventuras, descubrimos lugares fantásticos y hacemos inolvidables cada uno de nuestros encuentros, llamadas, mensajes, correos, miradas, guiños o el formato que usemos para transmitir y recibir información. Todo lo demás, ese intercambio de mensajes enlatados y que preparamos para consumo masivo de aquellos que añadimos a nuestras redes sociales, todo eso no es más que ruido blanco que nos distrae de aquello que es importante. Mi experiencia con esas redes de amigos siempre ha sido muy mala. A mí me interesa como máximo una persona del grupo, una nada más y el resto no dejan de ser ganado que genera ruido blanco alrededor. Por eso no tengo un grupo de amigos, un conjunto sistemático y consistente de personas que con las que supuestamente comparto un vínculo llamado amistad. En el pasado traté de mantener alguno de esos grupos pero la experiencia exigía un gasto de energía considerable y era muy insatisfactoria. Siempre tenías una oveja negra dentro de la banda, una a la que no le caes bien o que está esperando el momento oportuno para clavar el puñal o que sencillamente conspira por detrás para conseguir algún fin que no es el tuyo. Lo más terrible es que en esos tiempos mi camino se cruzó con el de otras personas que inmediatamente dispararon mis sensores y con las que seguramente hoy habría sido un buen amigo de no ser por el rechazo del grupo y porque no encajaban en la banda.

De ahí viene mi aversión a los grupos de amigos. Prefiero los elementos aislados con los que he ido tropezándome a lo largo de los años, gente de distintas edades, razas y religiones cuyo único punto en común parece ser su amistad conmigo, gente que en ocasiones ni siquiera se conoce aunque posiblemente han oído hablar unos de otros.

Y ahora que ya tenemos mareada la perdiz conviene responder a la pregunta que alguien me hizo hoy: ¿Por qué no tengo cuenta en esa famosa e inútil red social? ¿Por qué no podemos jugar con la granja o con la chorrada que se os ocurra? Porque no lo necesito, porque no me aburro aunque no veo la tele, no tengo casi tiempo libre aunque no trabajo horas extras y porque prácticamente cada día tengo alguna actividad planificada con alguno de mis amigos. Y para los demás, para aquellos que sienten algún tipo de curiosidad y quieren atisbar lo que sucede en mi mundo, para esos está Distorsiones, el diario en el que dejo anotadas las boberías que se me ocurren y que puede leer cualquiera. Y si por eso crees que soy un insocial, que así sea y que ¡Viva mi insocialidad!

5 opiniones en “Social o insocial, según se mire”

  1. Cada quien tiene su forma de pensar, y siempre muy respetable, a mi las redes sociales no me van, no por lo que tu dices sinó simplemente porque me aburren soberanamente, me parece una perdida de tiempo, a cambio no me dan nada, pero comprendo que haya gente a la que le interese. En este tema, tengo mas que suficiente con mi humilde blog, que si me interesa, como también leer lo que escriben mis amigos virtuales en los suyos, varios de los cuales, ya son amigos normales porque nos hemos conocido físicamente.
    Y el tema de la amistad, pues es esa química que se establece entre dos personas y que uno no sabe porque, entre unas si y con otras no hay manera. Hay gente que bastaron unos días para hacernos amigos y otros que conozco desde hace mil años, solo llegan a la categoría de conocidos, y por mas que nos veamos con frecuencia y sigan pasando los años, son solo eso: conocidos.
    Coño, perdonar, me he pasado varios pueblos.
    Salud

  2. Yo si que tengo cuenta en esa red, me lleva un minuto al día ponerme al tanto de los cotilleos de quien me interesa, cierro, y hasta cuando me vuelva a dar la gana. No tengo amigos por inet, solo contacto. Yo sería incapaz de plantarme el tiempo que tú seguramente te echas delante del ordenador para escribir o preparar dos post al día, eso si que sería imposible. Soy vaga.
    PD-> Genín, has batido récords!

  3. Virtuditas, a mí los amigos me inundan a información sobre ellos solo con el correo electrónico. El tiempo que le dedico a escribir es de una hora o menos y si tenemos en cuenta que no tengo tele (se rompió durante la visita de mis padres), si no fuera por todo lo que cocino hasta me sobraría tiempo para aburrirme. Ayer llegué a mi casa y en lugar de hacer los deberes de holandés me puse e hice Salmón cocido con gambas y cuscús y después seguí con el enrale y preparé un montón de Galletas de chocolate que estoy regalando en la oficina.

    Genín, a mí los que no tienen chispa los desecho con la primera brisa, en eso soy un borde, no pierdo el tiempo en algo que ya sé que no llegará a nada.

  4. ¿Y nunca te has llevado una sorpresa con eso de la chispa? ¿Nunca te ha pasado que la sensación de la primera impresión que sacas de una persona cambia de golpe cuando la conoces un poco mas?

  5. No porque también creo que las amistades tienen un ciclo de vida y cuando ha terminado sigo adelante y no me preocupo más. No tengo esa fijación por el amigos para siempre que parece ser la norma de otros. Mis primeras impresiones suelen ser muy acertadas. Mis segundas impresiones o cuando fuerzo la amistad porque creo que más adelante encontraré algo bueno, esas no suelen funcionar así que he optado por dejarme llevar por mis instintos. También he descubierto que el tipo de gente que encuentro en Holanda es más de mi estilo, amigos que te dejan una gran libertad para vivir tu vida y a los que no tienes que mantener constantemente informados. Me gusta esa sensación de misterio, de no saber lo que hacen, en donde están o con quien en cada momento. Y conviene enfatizar que aún mejor que haciendo amigos lo soy bloqueando a la gente, en eso puedo dar clases si hace falta. Y en manipulación tengo dos masters aunque desde que emigré no he usado ese don innato pero te aseguro que en mi juventud hacía y deshacía a mi antojo en mi entorno y cuando alguien iba por un camino que no me interesaba, anulaba a esa persona sin más miramientos.

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