Soy apple

Este es quizás el mejor momento para declarar nuestras lealtades, justo ahora que la empresa que nos proporciona los dispositivos que usamos ha perdido al hombre que la ha guiado con puño firme durante tantos años.

Yo soy apple

Ha sido así desde el día que me llegó el paquete desde los Estados Unidos con mi iPod mini. A veces las cosas no salen como uno las planea y cuando en el año 2004 yo planeaba mi viaje a Nueva Orleans y Washington D.C., aproveché para comprarme un iPod mini, el cual había salido al mercado en febrero de ese año. La demanda de los mismos era tan grande que al final mi pedido se retrasó y llegó a Washington D.C. unos días después de que yo me marchara. Mi tío me lo reenvió a mi oficina y el día que llegó el paquete y saqué su estilizada caja, supe que lo nuestro sería amor verdadero. Yo llegué al iPod mini traumatizado por Samsung, empresa que fabricó el Yepp que yo usaba hasta ese momento, una puta mierda del copón, odiosa y malcriada que cuando le salía del mondongo se negaba a reconocer el ordenador y no me permitía transferir música. Recuerdo que podía estar horas reseteando mi PeCé, conectando y desconectando los cables, encendiendo y apagando el puto aparato y desesperándome y no conseguir nada. Esa basura diseñada y fabricada por la empresa de los cabezudos copistas coreanos sencillamente no funcionaba. Con mi iPod mini fue conectarlo al PC y comenzó a funcionar, sin más, sin tirones, sin dolores de cabeza, sin malos rollos, de manera elegante y sencilla. Ahí se quedó con mi corazón. Debería haber aprendido la lección con Samsung pero más adelante volví a tropezar en la misma puta piedra con esa mierda de compañía.

Con ese pequeño troyano le fue suficiente a apple para convertirme y hacerme suyo. No mucho más tarde decidí cambiar el sistema operativo de mi ordenador y poner Ubuntu, agotado de la eterna lucha contra virus y similares en güindous XP. Un año más tarde, en octubre, justo hoy hace un año, firmaba la hipoteca que convertía a un banco en el dueño de mi casa y unos días más tarde venía mi tío desde los Estados Unidos a verme. Consigo traía mi iBook, el cual ordené con teclado español. Fue encenderlo, responder a unas pocas preguntas y todo empezó a funcionar y aún hoy lo sigue haciendo. Fue uno de los últimos que se hicieron con el procesador G4 y sigue siendo una máquina fabulosa. En seis años, nunca me ha fallado, nunca me ha dado un problema, nunca ha tenido un programa antivirús para protegerlo porque no le hace falta. En todo ese tiempo, ha viajado por todo el mundo y en todos lados se ha conectado a redes, ha subido montañas, saltado entre islas, caminado por la jungla, ha sido maleado con humedades altísimas y ha pasado frío y sigue ahí, en mi mesa de noche, con esa lucecilla que parece un latido y que me recuerda que está vivo y dispuesto para lo que quiera pedirle.

En esa misma época necesitaba una televisión y mi amigo el Rubio me convenció para comprar una Samsung, el mismo modelo que él se compró. Ambas televisiones se rompieron inmediatamente después de acabarse la garantía, dejándonos muy mal sabor de boca y recordándonos que los putos cabezudos esos no saben ni mear dentro del retrete y por eso en el país de los cabezudos solo hay baños de mujeres, para que los hombres meen sentados. Fue el último aparato del país de los cabezudos que entró en mi casa.

En el 2008 volví a visitar los Estados Unidos y en Nueva York, en el templo apple de la Quinta Avenida, me compré mi mac mini, ordenador que sigo teniendo, una máquina que no hace ruido, no se calienta, es pequeña y sigue funcionando tan bien como el primer día y eso que lleva dando caña casi tres años y medio. Con este ordenador mi casa pasó a tener ordenadores única y exclusivamente de apple y únicamente en caso de tener que trabajar desde la misma entra el portátil Dell horrendo que me asignan en la oficina y de los que nunca sacas nada bueno. Mi iPod mini, el iBook y el mac mini hablaban entre ellos. Ese mismo año, en julio, llegó a mis manos mi iPhone 3G, el mismo que sigo usando, la máquina que reinventó la telefonía móvil y que han copiado hasta la saciedad todos los demás. El iPod mini se retiró y mi vida digital giraba en torno al portáil iBook, el ordenador mac mini y el teléfono iPhone 3G.

Cuando en el 2010 salió el iPad, inmediatamente vi que sería una máquina perfecta para mi madre y nada más salir a la venta en España, se la regalé. Un par de meses más tarde me compré uno idéntico para mí y de nuevo, la forma en la que interactuaba con la informática cambió. A finales de ese año, durante las vacaciones en Gran Canaria, mi tío me regaló un apple tv, una pequeña maravilla que está conectado a mi televisión Philips (recordad, en mi casa ya no queda basura coreana) y que habla con mi iPhone, mi iPad y mi mac mini y que gracias al AirPlay hace cosas asombrosas.

Este año, tan pronto como se pongan a la venta los iPhone 4S desbloqueados, yo estaré comprándome uno y el día que tenga que reemplazar cualquiera de los otros dispositivos, solo hay una compañía que parece entender que yo soy un usuario, nada más, que no quiero complicarme la vida, que no quiero gastar segundos en mantenimiento ni quiero saber lo que sucede por detrás. Quiero que funcione y que no me obligue a configurar nada y eso, hoy por hoy, solo te lo da apple.

Por eso y por muchas cosas más,

yo soy apple

2 opiniones en “Soy apple”

  1. A mi apuntame al gremio de los comemierdas… tengo que cambiar de móvil y como no ofrecen más que chismes de esos que hacen de todo con pantalla táctil y grandes como ataudes me tuve que quedar con uno que tiene tu querido Julandroid. Por mi me pedía un iPhone, pero con un consumo de UN EURO el último mes, las risas de mi operadora se iban a escuchar ahí. En cambio de estos les deben sobrar que me lo regalan.

Comentarios cerrados.