Soy una cobaya

Hoy nos han descubierto las verdades de la vida. Se han abierto los cielos y la luz lo ha inundado todo. Nuestra profesora de holandés nos ha contado que somos cobayas, que nunca antes habían hecho un curso para aprender la lengua tan rápido y estresante. Si funciona, en Enero continuaremos con los tres modulos restantes y en Abril hablaré el idioma mejor que la mayor parte de los neerlandeses. Si no funciona, en Diciembre acabará el experimento y en Enero nos pondrán en cursos normales.

Lo que ya se ve claro es que hay unos cuantos que no lo van a conseguir. Se les ve perdidos, mirando con ojos turbios a la profe mientras esta nos explica las excepciones que se tienen que hacer a la hora de usar los pronombres personales y las excepciones que se aplican a las anteriores.

Ahora que han pasado cuatro semanas desde que comenzamos y con el primer módulo completo, o sea, medio libro acabado, os juro por las bragas de Mafalda que esto es un palizón. Cuando duermo me salen por los oídos unos chorros que deben ser las neuronas asesinadas en el día. Cuando voy por la calle y veo a un rubio o a una rubia, me dan ganas de escupirles a la cara. Les estoy cogiendo manía. Una gente que mantiene un idioma tan puto no puede ser buena.

La próxima semana tenemos las vacaciones de Otoño, como el resto de estudiantes del centro de Holanda. Inmediatamente después de las vacaciones pasaré mi primer examen de holandés. Y por si no tuviéramos bastante, tengo que prepararme un tema completo durante esta semana de vacaciones. El resultado es que mañana me voy a Galicia y me iré cargado con los libros. Tendré que sacar una o dos horillas diarias para azuzar las neuronas restantes con esta vaina.

Por hoy es suficiente. Me voy a intoxicarme con Bockbier al centro del pueblo.