Pimientos y tomates rellenos con carne molida y arroz

Pimiento y tomate rellenos con arroz y carne

Quiero empezar recordándoos a todos el voto de silencio que habéis hecho para que Virtuditas no se entere que estoy poniendo la receta en el mejor blog sin premios en castellano. Que no pase como con la receta de la semana pasada que nos la pilló.

Con los años, mis visitas a Estambul se han intensificado y desde hace dos años, visito esa increíble ciudad al menos dos veces cada año y en ambas ocasiones, una o varias veces como pimientos y tomates rellenos o eso que se agrupa bajo la palabra dolma y que incluye a todas las verduras que se rellenan (y pueden ser otras). Como es algo muy fácil de preparar y que me encanta, acabé por buscar entre las recetas disponibles en Internet la más cercana a mis gustos y adoptarla y adaptarla a mi gusto. Como se puede ver en la foto, esta receta funciona igual de bien con tomate que con pimientos y se pueden usar tanto los rojos como los verdes. El arroz que mejor funciona en esta receta es el Basmati o el Jasmine, arroces que una vez cocinados, tienen granos grandes y sueltos. En esta receta no se usa el horno sino un caldero que se pueda cerrar y que sea de un tamaño acorde a los pimientos o tomates o mezcla de los mismos que vayas a preparar. El pimiento relleno, una vez preparado, congela fabulosamente y lo único que hay que hacer es descongelarlo en la nevera desde el día anterior y después ponerlo en un caldero pequeño y calentarlo. Conviene guardar también algo del jugo en el que se cocinaron al congelarlo. Las cantidades son como para cuatro personas.

Los ingredientes: 3 tomates y 4 pimientos de tamaño medio, 6 dientes de ajo, 110 g de carne molida (vaca o cordero si eres estricto, yo que no soy musulmán prefiero la mezcla de cerdo y vaca), 115 g de arroz basmati lavado (pero sin cocinar), 2 cebollas medianas picaditas, cuatro cucharadas de perejil fresco picado, 1 cucharada de aceite de oliva, 2 cucharaditas de menta seca, 2 cucharaditas de pimienta negra molida y sal al gusto. Para la salsa se pueden aprovechar el interior de los tomates y combinarlo con 1 cucharada de aceite de oliva y 2 cucharadas de concentrado de tomate. Al servir se puede acompañar con yogurt natural.

La implementación: Ponemos en un bol la carne picada y la mezclamos con el arroz lavado, las cebollas picadas, el perejil, la cucharada de aceite de oliva, la menta seca, la pimienta negra molida y la sal. Ese será el relleno.

Cortamos los pimientos por la parte superior, guardamos la parte que cortamos y los limpiamos de semillas por dentro. Cortamos los tomates también por arriba y con una cuchara los vaciamos por dentro (guardando la pulpa) procurando no romper la piel y de nuevo guardamos la cubierta superior. Rellenamos los pimientos y tomates con el relleno preparado pero sin completarlos ya que el arroz cuando se cocine aumentará su volumen. Los rellenamos alrededor del ochenta por ciento. Los cerramos con sus cubiertas y los ponemos todos en un caldero en el que previamente hemos puesto una cucharada de aceite de oliva, procurando que no quede espacio libre para que no se muevan. Con todos dentro, echamos en el caldero los dientes de ajo, la pasta de concentrado de tomate y la pulpa de los tomates si la guardaste. Añadimos agua hasta cubrir como mucho la mitad de los pimientos o los tomates. Le ponemos al agua un poco de sal y pimienta, tapamos y cocinamos unos cincuenta minutos.

A la hora de comer, retirar la cubierta (de tomate o pimiento) y se puede añadir algo de la salsa en la que se cocinaron dentro de cada uno. Se pueden acompañar con yogúrt natural al servir. Contando el tiempo de cocinado, se puede tener el plato listo en menos de hora y media y no tiene ingredientes extraños o difíciles de conseguir. Repito que los pimientos se congelan perfectamente una vez preparados. Yo los dejo que se enfríen y los envuelvo en film transparente antes de ponerlos en bolsitas de plástico con cierre ZIP y congelarlos. En las bolsitas pongo también algo de la salsa en la que se cocinaron.

Pesto rojo

Pesto rojo

El año pasado aproveché cuando se marchó Virtuditas de vacaciones para colar la receta del Pesto de albahaca que hago con frecuencia, sobre todo porque mi planta de albahaca no para de producir hojas y cada dos o tres semanas le hago una podad que no veas y preparo pesto, tanto para comer con pasta como para mojar con pan. El otro pesto al que me he acostumbrado es el rojo, uno para el que no necesito tener ninguna planta en casa aunque su sabor depende mucho de los tomates secos que consiga y que en Holanda, si son locales, son malos.

Para hacer este pesto lo único que se necesita es una picadora y cinco minutos de tu vida. Como no es muy líquido, si lo quieres usar como salsa que acompañe a alguna pasta lo mejor es añadirle media taza del agua que se use para cocinar la pasta y así crear la salsa al pesto rojo.

Los ingredientes: 60 gramos de tomates secados al sol, 2 dientes de ajo, 1/3 de taza de aceite de oliva virgen, 1 cucharadita de tomillo fresco, un poquito (pero muy poco) de sal, una pizca de pimienta de cayena molida gruesa o coges una ya seca y la pasas por el almirez y de ahí pillas el pizco y por último 1/4 de taza de piñones.

La implementación: Esto no tiene ciencia alguna, se ponen en la picadora los tomates secados al sol, el ajo, la pmienta de cayena molida gruesa, el aceite de oliva, el tomillo y la sal y lo picamos hasta que tenemos una masa en la que se ve que están todos los ingredientes mezclados. Se añaden los piñones y le damos a la picadora un par de toques más y ya está.

Lo dicho, que teniendo una picadora y los ingredientes, esto lo puede hacer cualquiera. El pesto aguanta bien una semana en la nevera en un recipiente cerrado, si es que consigues no comértelo todo en un par de días como me pasa a mí.

Rollitos de canela

Rollitos de canela

Rollitos de canela, originally uploaded by sulaco_rm.

Yo no puedo ni quiero desayunar cada día lo mismo. A mí me gusta que el desayuno, como la cena, sea un festival variado en el que cada mañana tenemos una nueva sorpresa. No estoy tan loco para pegarme un madrugón y ponerme a cocinar (salvo los fines de semana) y así, busco cosas que pueda hacer y congelar y la noche antes, las paso a la nevera y las tengo a mano por la mañana. Desde hace años, estaba fascinado con los cinnamon rolls o rollitos de canela y tenía varias recetas marcadas para hacer. Es uno de esos dulces que tiene la cantidad de azúcar precisa para crear adicción y que están de morirse de buenos. Cuando finalmente los preparé, recuerdo que de la primera tanda, llevé unos pocos a casa de mi amigo el Rubio y tanto él como su Primera Esposa me dijeron que a los niños no les iban a gustar. Cogí uno y le di un trocito a la mayor, que se lo comió y salió corriendo para avisar a los otros que había traído algo increíble y casi que maravilloso. Todos los chiquillos estuvieron de acuerdo. Eran deliciosos. Esta es una receta fácil pero que requiere sus tiempos de espera.

Los ingredientes: 1 paquete de 7 g de levadura instantánea, media taza de agua tibia, media taza de leche tibia, 55 g de azúcar, 75 g de manteca de cerdo (o mantequilla) derretida, 1 cucharadita de sal, 1 huevo, 500 g de harina. Para el relleno, 112 g de mantequilla derretida, 130 g de azúcar morena, 2 cucharadas de canela molida. Para el glaseado, 4 cucharadas de mantequilla derretida, 200 g de azúcar de repostería, 1 cucharadita de extracto de vainilla y de 3 a 6 cucharadas de agua caliente.

En un bol mezclamos el agua y la leche con la levadura instantánea. añadimos el azúcar, la manteca de cerdo (que previamente habremos derretido poniéndola a fuego bajo en un cazo), la sal y el huevo y lo mezclamos todo bien. Yo uso el robot de cocina, sobre todo porque en el siguiente paso añadimos la mitad de la harina y hay que ir mezclando (le pongo el accesorio para hacer masa). Seguimos poniendo harina hasta que la masa se transforme en una bola que se puede trabajar fácilmente. Lo amasamos unos diez minutos. Cubrimos el bol y lo dejamos reposar para que suba la masa una hora y media.

Cuando haya doblado el tamaño, la extendemos y creamos un rectángulo de unos 22 por 38 cm. En este punto usamos los ingredientes para el relleno. Untamos este rectángulo con la mantequilla y espolvoreamos con la mezcla del azúcar moreno y la canela (que habremos hecho unido previamente). En uno de los lados largos (38 cm), comenzamos a enrollarlo hacia el otro. Cuando tengamos el cilindro, lo cortamos en unas doce partes. Embadurnamos una bandeja como la de la foto con mantequilla y ponemos en la misma los doce rollitos que hemos hecho. Los volvemos a dejar crecer y en una hora estarán todos unidos y su tamaño será mucho mayor. Metemos la bandeja en el horno que habremos precalentado a ciento ochenta grados (sin aire) y horneamos durante media hora.

Para el glaseado, ponemos en un bol la mantequilla derretida, el azúcar de repostería, el extracto de vainilla y vamos añadiendo cucharadas de agua caliente hasta que el glaseado tenga cierta consistencia. Con esto cubrimos los rollitos de canela una vez los sacamos del horno y dejamos enfriar. Para separarlos, no te compliques demasiado, corta con un cuchillo fino lo que puedas. Da igual, todos los trozos están deliciosos. Si los pones en bolsitas individuales, los puedes congelar perfectamente.

Tarta de tres chocolates con hojas de gelatina

Tarta de tres chocolates

Tarta de tres chocolates, originally uploaded by sulaco_rm.

Una de las recetas que llevo años viendo pero que no hacía por no tener uno de los ingredientes es la de la tarta de tres chocolates. Todo el mundo la hace con sobres de cuajada y ese producto jamás cruza las fronteras españolas y cuando estoy en Gran Canaria y paso por el supermercado, se me olvida comprarlo. Por eso pasé un tiempillo tratando de encontrar alguien que lo sustituía por hojas de gelatina para calcular las cantidades y una vez tuve ese dato esencial, se me abrieron los cielos. La diferencia entre esta tarta y la que lleva cuajada es que las capas espesan mucho más lentamente con lo que se tarda unas horas en tenerla lista, aunque no hagas nada en los tiempos de espera. Una ventaja brutal de esta variante es que congela fabulosamente y si eres avaro como un servidor, la haces, cortas las porciones, las congelas y cuando te quieres dar un gustazo, sacas una porción por la mñana antes de ir al trabajo y la dejas en la nevera y al regresar a casa y cenar estará de fábula. En mi receta, yo no añado azúcar al chocolate ya que me gusta con los sabores del chocolate y lo compenso un poco usando un tipo de galletas que en Holanda se llaman kandijkoek y que son galletas a las que se les ha añadido caramelo. A la hora de hacerla, uso el molde de tarta desmontable.

Los ingredientes: La base lleva 1 paquete de galletas (Kandijkoek) y 150 g de mantequilla. Para los tres niveles de chocolate, yendo del más negro al blanco, uso 100 g. de chocolate con un contenido de cacao del 86% y 50 g de cacao en polvo, 150 g de chocolate con leche y 150 g de chocolate blanco. Además, 600 ml de nata líquida, 600 ml de leche y 12 hojas de gelatina neutra.

La implementación: Para la base, derrito la mantequilla y en paralelo, paso por la picadora el paquete de galletas para triturarlas. Mezclo en un bol ambos productos y los pongo en el molde desmontable, el cual he recubierto en su parte inferior con papel de horno y cuyas paredes he untado con mantequilla. Al poner la base, se aplasta un poco con el fondo de un vaso y se enfría la mantequilla en la nevera para que se ponga dura.

El orden de las capas es el que a cada uno le haga más gracia. Yo voy siempre del negro al blanco así que ese es el que seguiremos en la receta. Ponemos en un cazo 200 ml de leche (1 tercio del total) y lo ponemos a calentar. Cuando aún no está muy caliente, ponemos cuatro hojas de gelatina y removemos para que se disuelvan mientras seguimos calentando. Añadimos 200 ml de nata (1 tercio del total) y revolvemos de cuando en cuando hasta que hierva. Cuando suceda, añadimos el chocolate negro troceado y el cacao en polvo y mezclamos bien con varillas hasta tener una crema que hierve durante un par de minutos. Lo quitamos del fuego y vertemos la crema en la tartera ayudándonos de una cuchara para que el chorro no acabe haciendo un agujero en la base. Lo ponemos en la nevera al menos hora y media.

La siguiente capa es la de chocolate con leche, que ya trae una buena cantidad de azúcar en su composición. De nuevo, ponemos al fuego 200 ml de leche y cuando empiece a calentarse, añadimos las cuatro hojas de gelatina, cuando se disuelvan ponemos 200 ml de nata líquida y seguimos calentando hasta que hierve. En ese punto añadimos el chocolate con leche y mezclamos bien con varillas hasta tener una crema que hierve durante un par de minutos. Sacamos la tartera de la nevera y rayamos con un tenedor la superficie para que no sea muy lisa y ambas capas se peguen bien. Añadimos la crema que conforma la segunda capa y lo volvemos a meter en la nevera hora y media.

Para la capa final, el proceso es el mismo. Ponemos al fuego 200 ml de leche y cuando empiece a calentarse, añadimos las cuatro últimas hojas de gelatina y cuando se disuelvan ponemos 200 ml de nata líquida y seguimos calentando hasta que hierve. En este paso el chocolate troceado que añadimos es el blanco y mezclamos bien con varillas hasta tener una crema que hierve durante un par de minutos. Sacamos la tartera de la nevera y rayamos con un tenedor la superficie de la segunda capa. Añadimos la crema que conforma la tercera capa y lo volvemos a meter en la nevera. Yo la hago el día anterior para dar tiempo a que el conjunto adquiera la textura adecuada.

El resultado es fantástico, es muy adictiva y ya tiene que ser rara la persona a la que no le guste.

Hay un montón de recetas más en Mi pequeño libro de recetas de cocina