Bollos Suizos o Cristinas

Bollos Suizos  o Cristinas

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Desde que pasé por Santiago de Compostela tenía clarísimo que quería aprender a preparar Cristinas (o bollos suizos) y de hecho he estado unas semanas dale que te pego ajustando la receta. Aún no estoy del todo satisfecho pero la iré retocando y afinando según pase el tiempo.

Mi relación con estos dulces viene de hace mucho tiempo, de cuando era pequeño y mis padres me llevaban de vacaciones a Santiago de Compostela. Siempre íbamos a la pastelería Mora y yo me ponía ciego. Según pasó el tiempo llegué a llevarme bandejas con 30 Cristinas que congelaba y me iba comiendo poco a poco. En realidad el preparar los bollos suizos no es muy complicado, el problema es que hay que mezclar muy bien y el tiempo que toma. Para ello, la amasadora me ha venido de perlas. Con las cantidades de esta receta salen unos nueve bollos suizos y se pueden congelar perfectamente.

Los ingredientes: 100ml de leche, 100 gramos de azúcar, 60 gramos de mantequilla, 2 huevos, 275 gramos de harina, 1 sobre de levadura (que no sea de la química), un poco de sal y para adornar 1 huevo, azúcar y si se quiere agua de azahar.

La implementación:

Se pone en un bol la leche, el azúcar y la mantequilla y comenzamos a batir con unas varillas. Añadimos la levadura y los dos huevos y seguimos batiendo hasta que la masa no tenga grumos. Se echa la harina poco a poco y la sal y se sigue batiendo. Después de unos minutos dejamos reposar la masa hasta que doble su tamaño (más o menos una hora).

La masa estará muy pegajosa así que os ponéis un poco de harina en las manos y la troceáis en nueve partes. Se engrasa la bandeja del horno y vamos depositando cada bola que hagamos en la misma. Lo volvemos a dejar reposar unas dos horas para que doble su tamaño.

Se enciende el horno y se pone a calentar a 200º. Después de ese tiempo se bate el huevo restante y en otro cacharro ponemos tres cucharadas de azúcar y unas gotas de agua (o el agua de azahar si es eso lo que estáis usando). No pongáis mucho porque el azúcar ha de quedar como pegotes.

Se hace un corte con una cuchilla por encima de cada bollo, los pintamos con huevo batido y en el corte le ponemos un poco del azúcar con agua.

Dejamos reposar, hasta que doble su volumen, cerca de hora y media y después les practicamos un corte longitudinal, no muy profundo, por encima.

Les pintamos con huevo batido y mezclamos tres cucharadas de azúcar con unas gotas de agua de azahar. Nos tiene que quedar como “pegotes” de azúcar.Se pone la bandeja en el horno y lo dejamos doce minutos.

Después de hornearlos los sacáis y los dejáis enfriar. Están deliciosos.

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Zandkoekjes

Zandkoekjes

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En las últimas semanas he estado haciendo pruebas hasta conseguir preparar zandkoekjes, unas galletas de mantequilla que me recuerdan mucho a las de las latas de galleta danesas con las que me ponía ciego de pequeño. Son unas galletas muy típicas en Holanda y el nombre significa literalmente galletas de arena ya que la sensación al morderlas y sentir como se deshacen en tu boca es como si estuvieran hechas de ese material. La primera receta que me pasaron no me terminó de convencer y seguí probando hasta que di con una que me ha gustado. Su preparación es muy sencilla y una vez les coges el punto se hacen en un rato. Tras un par de fracasos he incorporado un truco que leí para que no se deshagan y que funciona muy bien.

Los ingredientes: 100 gramos de azúcar moreno (en Holanda se vende en las modalidades blanco y moreno y al parecer lo hacen a partir de meleza de remolacha), 150 gramos de mantequilla fría, 200 gramos de harina y la yema de un huevo.

La implementación: Para hacerlo se mezclan el azúcar, la mantequilla cortada en daditos y la harina con una batidora de varillas. Es un trabajo que toma algo de tiempo y tendréis que mezclar y mezclar hasta que os quede una masa bastante unida. Si quedan trozos grandes de mantequilla cortadlos con un cuchillo y seguir mezclando. Se añade la yema de huevo y se sigue mezclando rápidamente. Después trabajáis un poco la masa con las manos (que previamente os habréis lavado con agua fría) y hacéis un cilindro. Yo lo envolví en film transparente y lo metí en la nevera media hora para que se vuelva a endurecer. Este paso tan banal es el que ha hecho que consiga que me salgan bien las galletas ya que si las metía en el horno directamente, al final lo que lograba era una plancha enorme. Mientras se está enfriando la masa se enciende el horno a 160 grados si es de circulación de aire caliente y a 180 si es un horno convencional. Al sacarlas de la nevera, se cortan rodajas del cilindro y se van poniendo en la bandeja del horno previamente engrasada o sobre papel de hornear. Se hornean entre 15 y 20 minutos, hasta que se pongan bien doraditas como en la foto.

Una vez las saquéis del horno, ponedlas a enfriar en la rejilla del horno y a la hora de guardarlas, si usáis un tupperware se conservan tres o cuatro días.

Muy simples de preparar e increíblemente sabrosas. Esto es la perdición, yo no puedo parar de comerlas.

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Lasaña boloñesa

Lasaña boloñesa

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Esta debe ser la receta que he mirado más veces en un libro sin hacerla. Siempre me proponía preparar una lasaña y al final, por una cosa o por otra, desistía. Aunque tengo una receta de Lasaña de carne muy sabrosa, quería probar una en la que se usa crema fresca (crème fraîche) en lugar de bechamel. En el libro de Lasaña de carne de Jamie Oliver está la receta de hoy y pertenece a la serie de Pass It On así que espero que alguno se anime y continúe la cadena. La preparación no es muy complicada y lo único es que hay que hacer primero la salsa boloñesa.

Los ingredientes: 50 gramos de beicon troceado, 2 cebollas medianas, 2 dientes de ajo, 2 zanahorias, 2 troncos de apio, 2 cucharadas bien llenas de oregano seco, 500 gramos de carne picada (mejor mezcla de cerdo y vaca), 2 botes de 400 gramos de tomates troceados, 250 gramos de hojas de lasaña, 500 ml de crema fresca, 100 gramos de queso parmesano, 1 tomate, aceite de oliva, sal, pimienta negra molida y un puñado de hojas de albahaca.

La implementación: Comenzamos preparando la Salsa boloñesa. Troceamos el beicon, pelamos y troceamos finamente las cebollas, los dientes de ajo, las zanahorias y las ramas de apio. Ponemos un caldero grande a fuego medio/alto, añadimos dos chorros de aceite de oliva y echamos el beicon troceado con el orégano y lo cocinamos hasta que el beicon se ponga doradito. Se añaden los vegetales y revolvemos cada treinta segundos durante unos siete minutos. Se añade la carne picada y los tomates troceados y se mezcla bien. Se llena una de las latas de tomate vacías con agua y se añade al caldero. Le ponemos un buen pizco de sal y pimienta molida y podemos picar los tallos de la albahaca y añadirlos al caldero, reservando las hojas. Se lleva hasta el punto de ebullición y después se baja el fuego y se deja cocinando tapado durante una hora, revolviéndolo de cuando en cuando.

Después de esa hora, encendemos el horno a 190 grados. Sacamos la salsa boloñesa del fuego y echamos dentro 25 gramos de queso parmesano, mezclándolo bien. Se añaden las hojas grandes de albahaca y dejamos las más pequeñas para adornar. Probadlo y ajustar el punto de sal y pimienta si es necesario.

Ahora preparamos una bandeja para hacer la lasaña. Se pone en el fondo una capa de salsa boloñesa. Después ponemos encima hojas de lasaña y las cubrimos con crema fresca, espolvoreamos con abundante queso rallado y encima ponemos una capa de salsa boloñesa. Repetimos añadiendo dos o tres niveles con una base de hojas de lasaña primero, después la crema fresca, queso rallado y salsa boloñesa. Se cubre todo con una última capa de hojas de lasaña y sobre ella ponemos crema fresca y queso rallado. Cortamos el tomate y ponemos rodajas por encima y también las hojas pequeñas de albahaca. Se cubre con papel de aluminio y se mete al horno durante veinte minutos. Después, se quita el aluminio y se baja la temperatura del horno a 180 grados y continuamos cocinando durante treinta y cinco minutos.

Si os sobra algo, congelar en tupperware y ya tenéis la cena de otro día. Está deliciosa. De hecho, creo que voy a hacer a partir de ahora esta receta más que la otra.

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El día que llegó la Kenwood KM336 Chef Classic

Hoy al llegar a mi casa me esperaba una sorpresa muy agradable. Ya comenté que el domingo me levanté con ganas de comprarme una amasadora y después de dudar y mirar todo lo habido y por haber, elegí una Kenwood. La conseguí muchísimo más barata en la tienda amazon y el mismo domingo la compré. Por la tarde me llegó un correo avisándome que la habían enviado y que la debía recibir a partir del jueves. Me sigue pareciendo alucinante la experiencia de comprar por Internet. Es segura y extremadamente eficiente. Cuando entré en mi casa y vi que había un papelito del cartero diciendo que habían pasado con la máquina casi me corro de puro gusto.

Kenwood KM336 Chef Classic

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La dejaron en la casa de unos vecinos así que pasé a buscarla inmediatamente, una caja enorme y espectacular en la que han puesto una foto que hace que el aparato parezca algo mágico. Tuve que aguantarme las ganas y correr a buscar la cámara de fotos para documentar este instante irrepetible en mi vida, mi primera Kenwood, una máquina de la que espero muchísimo y que si me da la mitad de lo que quiero, me va a salir una tripa como la del Falete de aquí a seis meses.

Kenwood KM336 Chef Classic

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Saqué todo el contenido de la caja y lo desperdigué sobre la mesa. Me sorprendió mucho que pusieran la licuadora ya que pensaba que ese era un accesorio que debía comprar aparte. El aparato me recuerda a la máquina de coser Singer de mi madre, tanto por los colores como por el diseño.

Kenwood KM336 Chef Classic

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Cuando terminé de sacarlo todos me empapé las instrucciones y me puse a calibrar las palas de amasado ya que para una perfecta operación hay que ajustarlas al máximo y eso se hace una vez la has recibido. El aparato es una auténtica maravilla y mañana mismo me pongo a hacer Cristinas para ver que tal me quedan. Ya sé que va a ser mi perdición pero a partir de ahora en mi casa, ya tenemos el equipo necesario para hacer mil y una tareas.

Kenwood KM336 Chef Classic

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Entre las cosas que incluyen hay un CD con recetas y un libro con casi doscientas recetas así que ya lo he puesto junto a la cama para ojearlo por la noche e ir eligiendo recetillas con las que puedo preparar parte de la comida usando mi fastuoso Robot de cocina Kenwood KM336 Chef Classic. Lo primerísimo que preparé fueron unas Magdalenas y para evitar tentaciones le regalé la mitad a mi vecino y la otra mitad a los que recogieron el paquete cuando pasaron los de correos.

Queque de yogur y trocitos de chocolate

Hace unas semanas descubrí una bitácora llamada The Food Traveller escrita por un italiano que vive en Bélgica y en la que tiene algunas recetas deliciosas. Mirando las recetas que tenía me llamó mucho la atención un Queque de yogur y trocitos de chocolate que tenía un aspecto delicioso. La receta original la podéis encontrar en Chocochips and yogurt muffin cake y lo único que he variado es la cantidad de chocolate y que yo le pongo un poco de levadura química porque me gusta más levantado. Desde que lo cociné por primera vez lo he hecho al menos cuatro veces y está resultando tan popular como las magdalenas. Lo que más me gusta y lo que más me comentan los amigos que lo han comido es que es muy suave de sabor y no es demasiado dulce. Supongo que es gracias al yogur. La realización es extremadamente simple. El tiempo de preparación es de más o menos una hora incluyendo lo que se tarda en calentar el horno.

Los ingredientes: 280 gramos de harina de repostería, 50 gramos de azúcar glas, 8 gramos de azúcar de vainilla, 60 gramos de mantequilla, 2 huevos, 160 ml de yogur natural entero, 100 gramos de trocitos de chocolate, 1 cucharadita de levadura química y sal.

La implementacion: Ponemos a calentar el horno a 180 grados. Se pone en un bol la harina, el azúcar glas, el azúcar de vainilla, la levadura química y se mezcla. En otro bol ponemos los dos huevos, la mantequilla derretida, el yogur y un poco de sal y mezclamos bien. Se añade esta mezcla al bol con la harina y el azúcar y se mezcla un poco, solo hasta que haya combinado. Después añadimos los trocitos de chocolate y mezclamos un pelín más.

Se engrasa un molde rectangular para queques con un poco de mantequilla y repartimos bien en su interior la masa. Se mete al horno unos cuarenta minutos y se deja enfriar antes de servir.

Simple y delicioso. Todo un descubrimiento muy fácil de preparar y perfecto para acompañar el café de la tarde o para esos desayunos copiosos de las mañanas de domingo. Los hijos de mi amigo el Rubio se zamparon uno sin dudarlo un solo instante. Los trocitos de chocolate actuaron como un potente imán.

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Sopa de guisantes y menta con jamón serrano

No hay nada mejor que una buena sopa para comenzar una gran comida. No hablo de esas sopas clásicas con las que nos torturaban de pequeños, aquellos platos con letras y estrellas que nos negábamos a comer por más que nuestras abuelas nos contaban milongas y nos juraban y perjuraban que estaban riquísimas. Las sopas son el primer paso para una comida fantástica y se preparan fácilmente. Me gustan las que tienen ingredientes variados y sabores exóticos y siempre ando buscando nuevas variantes. Hace poco me compré un libro de Gordon Ramsay llamado Fast Food. Es un cocinero británico que tiene un montón de estrellas michelín en varios de sus restaurantes y que presenta programas en la tele. Le gustan las comidas sencillas de preparar y que enfatizan los productos que usas.

Husmeando en el libro me tropecé con esta receta de sopa de guisantes y menta con jamón serrano que está riquísima y es muy sencilla. Las cantidades son para cuatro personas.

Los ingredientes: 4 lonchas de jamón serrano cortado en tiras, 500 gramos de guisantes (pueden ser congelados), 200 gramos de crème fraîche (crema fresca), 1 puñado de menta (unas seis ramas) de las que usaremos solo las hojas, 2 cucharadas de aceite de oliva, sal y pimienta.

La implementacion: Calentamos el aceite en una sartén. Echamos el jamón cortado en tiritas y le ponemos pimienta negra. Se fríe a fuego fuerte hasta que el jamón se quede crujiente. Lo sacamos del fuego y lo ponemos en un plato con papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

En un caldero con agua hirviendo se pone algo de sal y se añaden las hojas de menta y los guisantes. Se dejan durante unos tres minutos y se sacan escurriéndolos y reservando el líquido en el caldero. Ponemos los guisantes con las hojas de menta en la batidora, añadimos medio litro del agua del caldero y hacemos con la mezcla un puré. Se le añade un chorro de aceite de oliva y toda la crema fresca salvo un par de cucharadas, se ajusta el punto de sal y pimienta y volvemos a mezclar durante unos segundos en la batidora.

Al servir, se puede poner por encima de cada plato una cucharadita de la crema fresca que reservamos y lo rociamos con el jamón serrano frito.

Como veis el plato se prepara en unos minutos y además de curioso está riquísimo. La menta le dará un sabor especial a los guisantes y el punto de jamón serrano es delicioso.

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Appelmoes – Compota de manzana

Appelmoes - Compota de manzana

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El appelmoes fue una de las cosas que hicieron que me enamore de los Países Bajos. He estado mirando y parece que la traducción que mejor se le ajusta es la de compota de manzana aunque no estoy muy seguro que la compota se haga igual. De lo que se trata es de una salsa hecha de manzanas y que sirve de acompañamiento a carnes, verduras y a lo que se preste. En los supermercados de Holanda hay secciones enormes dedicadas al appelmoes con mucha variedad de marcas y por descontado, no están en la zona de la comida para bebés.

Hasta hace un par de semanas yo pensaba que preparar appelmoes era algo complicado y no me había molestado en cocinarlo. Me pasaba por el supermercado y compraba los botes con el preparado. La pregunta me llegó de la mano de mi madre, que después de pasar un mes aquí y volver a España quiso comprarlo y no lo encontró allí. Mi amigo el Rubio y su esposa me explicaron que es muy simple y me dieron unas vagas indicaciones que según ellos no podían fallar. Lo he cocinado en dos ocasiones y la verdad que además de ser muchísimo más sabroso que el de bote, es sencillisimo y creedme, una auténtica golosina que acompaña cualquier plato de carne y lo sube a los altares. Como las cantidades variarán dependiendo del número de personas que vayan a comer (o si queréis guardar un poco en la nevera y gastarlo durante dos o tres días) he optado por poner cantidades para una persona y seguro que vosotros podéis ajustarlo sin grandes problemas.

Los ingredientes: una manzana roja, un tercio de cucharada de azúcar, un poco de canela, agua y un poco de zumo de limón.

La implementación: Digamos que vamos a preparar tres manzanas para que las cantidades sean redondas. Se pelan las manzanas, se les quita el corazón y se cortan en daditos que se ponen en un caldero. Se añade un chorro de zumo de limón y un culito de agua, nada más que para cubrir el fondo del caldero y poco más. Por cada tres manzanas se pone una cucharada de azúcar, aunque si las manzanas son muy dulces os la podéis ahorrar. Esta es una receta perfecta para aprovechar manzanas que ya están algo pasadas. Añadimos un poco de canela al gusto. Se pone el caldero a fuego medio y cuando el agua comience a hervir las manzanas se irán ablandando poco a poco. Con una cuchara de madera lo removéis y controláis que las manzanas se vayan deshaciendo. Cuando han pasado quince minutos o así los trozos de manzana se deshacen fácilmente y aprovecháis para machacarlos y crear la salsa. Lo quitáis del fuego, lo ponéis en un recipiente y lo servís con la comida. Se puede guardar dos o tres días en el frigorífico. Está delicioso. Hay gente que lo pasa por el pasapuré porque no les gusta que las manzanas no estén disueltas del todo aunque no es obligatorio y yo personalmente prefiero no hacerlo.

Es una receta muy simple que es imposible que os salga mal y algo que enriquecerá cualquier plato.

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Tarta de queso con sabor a vainilla

Todos los que me conocen saben que llevo desde siempre buscando la tarta perfecta de queso. Comencé con una en la que el ingrediente principal era el queso Philadelphia de kraft y que aún una de mis amigas sigue diciendo que es lo mejor hecho nunca. Mejoré y perfeccioné esa receta hasta que la podía hacer con mis ojos cerrados. Hace algo más de año y medio me enamoré de la receta de la Tarta de quesos Ricotta y Mascarpone y es la que he estado cocinando hasta ahora. Aunque es maravillosa, requiere algo de trabajo y por eso me da bastante pereza. Este verano, revisando mi libro de Ministry of Food de Jamie Oliver vi que tenía una receta que tenía una buena pinta y que no parecía difícil de preparar. El único problema es que alguno de los ingredientes eran difíciles de encontrar en los Países Bajos así que tuve que investigar un poco para adaptarlos a lo que tenemos por aquí. La primera vez que la hice aluciné en colores. Es la mejor tarta que he cocinado nunca y sé que me costará un montón encontrar otra receta que pueda superar a esta. El selecto grupo de probadores no se podían creer que era la primera vez que la hacía, todos pensaban que era alguna receta que ya tenía muy trabajada porque repito, es deliciosa. Como forma parte de la filosofía PASS IT ON, espero que algunos se atrevan con la misma y la cocinen. Os aseguro que no os arrepentiréis. Una gran ventaja con mis otras recetas es que no requiere de horneado y la podéis hacer el día antes sin más problemas. También es apta para congelar con lo que os sobra lo podéis guardar y así tenéis postre para otros días. Lo único que tenéis que tener en cuenta es que la base tendrá que estar fría antes de poner el resto así que tendréis que dejar al menos una hora entre la preparación de la base y del resto de la tarta.

Los ingredientes: 150 gramos de mantequilla y un poquito más para engrasar el molde, 200 gramos de galletas Digestivas, 100 gramos de copos de avena, 1 cucharadita de esencia de vainilla, 750 gramos de queso Mascarpone, 200 ml. de nata para montar, 150 gramos de azúcar de repostería, 1 limón, 1 naranja y para cubrirla medio kilo de frambuesas (o fresas o cerezas) y 100 gramos de azúcar de repostería. Lo de recubrir es opcional y también la podéis hacer sin ponerle nada por encima.

La implementacion: Para preparar la base empezáis embadurnando con mantequilla el molde de tarta desmontable, de unos veintitrés centímetros de diámetro. Después se pone en una talega (o bien envueltas en un trapo) las galletas y les dais una paliza hasta que tengáis trocitos más o menos finos. Os podéis ayudar de un rodillo de repostería. Se pone un sartén a fuego bajo y añadís los copos de avena y los tostáis durante unos cinco minutos. Después se corta la mantequilla en daditos y se añade al sartén junto con la galleta. Con una cuchara de madera lo mezcláis bien hasta que combine. Se quita del fuego y se pone dentro del molde, igualando para que la superficie sea más o menos plana. Aplanar empujando la masa en el molde con la ayuda de una cuchara de metal y meter en la nevera al menos una hora para que se enfríe y endurezca.

Para preparar la tarta, se pone en un bol grande medio kilo de queso mascarpone (reservando un cuarto de kilo) y se añade la esencia de vainilla, el azúcar de repostería, el zumo del limón y ralladura de la naranja y el limón. Se mezcla todo muy bien hasta que la mezcla esté homogénea.

En otro bol se pone el cuarto de kilo de queso mascarpone restante junto con la nata para montar y lo mezcláis muy bien. En la receta original en lugar de esto tenían 300 ml de crema doble pero fuera del Reino Unido es muy difícil de conseguir así que he tenido que buscar alternativas. Cuando lo tengáis bien mezclado (la masa se mantendrá firme) lo juntáis con el contenido del otro bol. No lo hagáis todo de golpe sino en dos tandas para que lo podáis mezclar bien. Una vez lo tengáis todo en un bol se echa en el molde para tartas y lo aplanáis con una espátula de cocina si es necesario. Se pone la tarta de queso en la nevera y la dejáis enfriándose al menos tres horas.

Ya así se puede servir pero si queréis darle el toque maestro, a la hora de servirla cogéis las frambuesas y las echáis en un bol con el azúcar de repostería y lo mezcláis todo usando vuestras manos para aplastar las frambuesas. Sacáis la tarta de la nevera y abrís el molde para quitar las paredes laterales. Puede que os tengáis que ayudar de un cuchillo si alguna parte está muy pegada al molde. Después se extiende por encima la mezcla de las frambuesas con azúcar y se sirve.

La tarta es muy simple de preparar y creedme, causa sensación.

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Tres quesos marinados

Tres quesos marinados

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Hoy tenemos una receta muy sencilla y con la que puedes impresionar a la gente que te visita. Es una forma distinta de tomar el queso y que como tapa está fantástica. La elección de los quesos dependerá de los gustos de cada uno, lo único a tener en cuenta es que no sean muy tiernos. Por lo demás, hay que hacerla con algo de tiempo para que los quesos tengan tiempo a coger el sabor del marinado.

Los ingredientes: 150 gramos de queso de cabra, 150 gramos de queso Gouda (o Edam) y 150 gramos de queso Emmental, 1 taza de aceite de oliva virgen, 3 cucharadas de aceitunas negras picadas, 1 lata pequeña de pimientos morrones, 2 cucharadas de albahaca fresca picada bien fina, 1 cucharadita de ajo triturado, 1 cucharadita de oregano.

La Implementacion: Se cortan los quesos en trozos un poco más grandes que un dado. Podéis usar otros quesos. Se cortan los pimientos morrones en trocitos y en un tupperware se ponen los trozos de queso y el resto de ingredientes. Se tapa y se mete en la nevera durante unas horas, agitando de cuando en cuando para que el queso se impregne del sabor por igual. Al servir, sacarlo del tupperware y ponerlo en un bol.

No tiene ciencia alguna y esto, con pan está para chuparse los dedos y para mojar el pan en el marinado.

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