Vídeos en aviones desde Legazpi a Camiguín

Esta serie de vídeos que complementan la historia del viaje comenzó en Viajando de Manila a Corón en vídeo y si lo que quieres es leer el relato del viaje entonces tendrás que saltar a Cruzando China camino de Manila

Desde el punto de vista logístico, el día más complicado de mis vacaciones en las Filipinas fue cuando me transladé desde Legazpi a Camiguín. Prácticamente fueron veinticuatro horas de viaje por culpa de la locura de las conexiones aéreas en las Filipinas y por organizar las cosas en el último momento, ya que había una conexión mejor pero era con un pequeño avión turbo-hélice y estaba todo vendido en el momento en el que yo hice mi reserva. El relato de este viaje lo tenéis en Transición de Legazpi a Camiguin pasando por Manila y Cebu. El vídeo de hoy es uno de aviones y al comienzo, despegando desde Legazpi podemos ver por la ventana del avión el volcán Mayon que cualquier día revienta y barre a toda la gente de por allí. Después tenemos un aterrizaje en el aeropuerto de Manila y un despegue desde Cebú acabando con el aterrizaje en el paraíso de Camiguín. La musiquilla es el clásico A Night to Remember de Cyndi Lauper cuando estaba en lo alto de la ola y el mundo se movía a sus pies. El vídeo está aquí

Y para continuar hay que saltar a los Vídeos de la Isla Blanca en Camiguin

Vídeo del cambio de escenario a Donsol

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El salto desde el escenario de Corón al de Donsol lo tuve que hacer en dos pasos y con un día perdido de por medio ya que si hay una certeza absoluta en el universo es que en las Filipinas los retrasos de los aviones son como los que hacen en España los de Vueling, espectaculares y allí también gustan de cancelar vuelos como en esa compañía y por eso, si no hay conexión directa, tienes que añadir un día de seguridad entre saltos.

Del viaje en el cutre avión aquel con cuatro motores y viejísimo ya vimos un vídeo en Viajando de Manila a Corón en vídeo así que en esta ocasión nos centramos en momentos que ocurrieron y fueron relatados en la anotación Desde Manila a Donsol pasando por Legazpi. En el documento espeluznante que viene a continuación, comenzamos con un estremecedor viaje en triciclo motorizado desde el aeropuerto de Legazpi a la estación de guaguas. En algún momento hasta se puede ver el careto del Elegido, The Chosen One, De Uitverkorene o il Scelto, que son los títulos por los que algunos se refieren al autor del mejor blog sin premios en castellano. Tras esto vemos el complejo en el que me quedé, con sus piscinita y el mar pegadito, pegadito y en la última parte presenciamos una puesta de sol en esa misma playa que está frente al lugar en el que los tiburones ballena gustan de empacharse y que fue la razón por la que acudí a aquel lugar. La música que acompaña las imágenes es de Burkhard Dallwitz y Philip Glass y se trata de la canción instrumental It’s a life que forma parte de la fabulosa banda sonora del clásico The Truman Show, película que recomiendo encarecidamente a cualquiera que haya osado no verla. El vídeo está aquí:

El siguiente episodio está en El vídeo de mi primer día nadando con tiburones ballena en Donsol

Transición de Legazpi a Camiguin pasando por Manila y Cebu

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Este fue el día con el plan de transporte más complicado. Comencé pateándome de nuevo Legazpi y comprobando que ningún cajero funcionaba con mi maestro. Con eso le he terminado de coger manía a la ciudad. Sobre las doce crucé los cien metros que salvaban la distancia entre el cutre-hotel en el que me hospedé y el aeropuerto y facturé. La chica me dijo que calculaban una hora de retardo. Me senté en la terminal, atestada con la gente de los vuelos anteriores también con retraso a esperar. Finalmente, el retraso fue de hora y media y subimos al avión con la espectacular vista del monte Mayon casi sin nubes. Aunque tenía ventana (y de emergencia) estaba en el lado malo del avión y no pude ver el volcán. El vuelo a Manila duró más o menos una hora y cuando llegamos aquella ciudad era un infierno de casi cuarenta grados. Mi segundo avión era a las doce menos cuarto de la noche así que me acerque´a las oficinas de Cebu Pacific para ver si lo podía cambiar pero solo lo hacían por uno que salía una hora antes y pedían a cambio cincuenta leuros, con lo que pasé. Encontré una sala de descanso en el aeropuerto en la que por siete leuros podía pasar cinco horas y después de cenar me eché una sobadilla de tres horas. Para cuando me levanté, el aeropuerto ya no estaba tan lleno, yo era la única persona en los mostradores de facturación y también pasé el control de inseguridad sin más. Bajé a la sala de espera asumiendo que tendríamos un retraso de órdago pero resultó o que no y de hecho, anunciaron el embarque a la hora prevista y antes que el vuelo al que me habían propuesto cambiar. Mi teoría es que este último vuelo es para mover un avión de vuelta a Cebu y pillan el que pueden con una tripulación descansada y lo bajan al otro aeropuerto. Despegamos relativamente en hora y todos nos dedicamos a dormitar. Aterrizamos sobre la una de la mañana y en la terminal de llegadas había un restaurante de comida rápida en donde me senté a matar el tiempo. Uno de seguridad nos echó a todos sobre las dos, subí a la terminal de salidas nacionales y me aposté enfrente de una máquina de aire acondicionado a ver episodios de mis series favoritas. Sobre las tres pasé el control de inseguridad externo y me quitaron mi botella de agua. En el segundo control de seguridad me quitaron el desodorante porque según el tipo, puede explotar. Curioso que el mismo desodorante no haya tenido problemas en Ámsterdam, Chegndú, la otra ciudad china, Manila terminal 4, Coron, Manila terminal 3 o Legazpi. Desayuné algo y con tanto comer sucedió lo que todos nos temíamos y acabé echando el jiñote en el aeropuerto. Mi último vuelo era un turbohélice, un ATR72 y entramos en hora y despegamos en hora. El piloto dijo que tardaríamos una hora en llegar pero fueron poco más de media hora. 
Al salir, cutre-transporte a mi nueva casa, Marianita’s Cottages y llegué a la misma a las siete pero mi habitación seguía ocupada, así que bajé a la playa que está a dos metros del recinto a matar unas horas. Cuando tomé posesión de la habitación me pegué una siesta de dos horas antes de salir a a dar un garbeo. Después disfruté una alucinante puesta de sol y acabé en un italiano cenando y hablando con sus dueños. 

El relato continúa en La isla Blanca y recorriendo la mitad oeste de Camiguin

Mi segundo día nadando con tiburones ballenas y traslado a Legazpi

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Ya comenté en el capítulo anterior que según regresé de la excursión para ir a ver ballenas, lo primero que hice fue apuntarme para repetir al día siguiente y a las seis de la mañana yo ya estaba en el bar del hotel pidiendo mi desayuno y a las siete menos cuarto, era el primero en el centro de inscripción para la gente que quiere vivir la aventura. Uno de Singapur que casualmente vino conmigo a Donsol en mi micro era el segundo y nuestro barco, con seis pasajeros, se llenó con un argentino que ha estado casi cinco meses recorriendo el sureste de Asia y ese era su penúltimo día antes de regresar a su patria, un francés, una australiana y un alemán con el bañador todo roto y que cada vez que se sentaba nos enseñaba a los tres que nos sentábamos enfrente de él sus gregorios. Es el problema de los mochileros, que tienen un presupuesto tan ajustado que cuando algo como esto les sucede, apechugan y siguen adelante sin gastarse un leuro en algo tan banal e innecesario como un bañador. 

En la primera hora los oteador es no vieron ningún tiburón. Recorríamos los mares dando vueltas y más vueltas sin suerte. Cuatro ya habíamos hecho la excursión el día anterior y visto los tiburones así que culpábamos del gafe a los otros dos. Finalmente, nos topamos con uno y como en ocasiones anteriores, todos al agua con el barco en marcha. El agua estaba más llena de plancton que el día anterior y la visibilidad era menor. El tiburón ballena era de unos seis metros y se mantenía algo sumergido con lo que nos resultaba difícil seguirlo. Estuvimos nadando con él unos quince minutos y en ese tiempo, nos subíamos al barco cuando se alejaba, nos volvían a dejar caer por delante de él y así podíamos seguir con la actividad. El tiburón estaba haciendo círculos y cuando los otros botes descubrieron que teníamos uno, llegaron hasta cinco botes más con lo que en un momento determinado éramos cuarenta y pico personas en el agua y aquello no molaba mucho. Salimos escopeteados y nos acercamos a otro barco y encontramos otro tiburón ballena, mucho más grande y que subía y bajaba lentamente con lo que podíamos nadar con él tranquilamente, al menos los primeros díez minutos. Mientras estábamos con ese pasó otro pero iba muy rápido y no lo pudimos seguir, o al menos no sabemos si en los diferentes saltos que hicimos allí, estábamos siempre viendo al primero o se alternaban. 

Cambiamos de zona y seguimos con suerte y pillamos otro tiburón, enorme y muy elegante. Uno de los que iban conmigo pilló mi cámara y si todo salió bien, debo tener hasta un vídeo en el que se me ve nadando junto al tiburón. Los primeros Díez minutos estábamos solos pero después empezaron a llegar barcos y estos eran los peores, los que llevaban chinos y filipinos, que no parecen saber nadar, todos van con chalecos salvavidas y cuando los lanzan al agua los tienen que arrastrar porque no se mueven. 

Llegamos a ver otro más, aunque iba muy rápido y se sumergió con lo que lo vimos muy poco tiempo y también tuvimos otro que yo no llegué a ver, aunque uno dijo que vio un poquito. Acabamos agotados, esta vez estuvimos mucho más tiempo en el agua nadando. Como había pagado el impuesto gubernamental el día anterior y es válido por una semana, esta segunda salida me costó menos de diez leuros o a tres leuros y pico la hora. Se me ha olvidado comentar que ambos días, en ambos barcos, teníamos una persona con algún tipo de minusvalía. El primer día era un gangoso. Yo tenía que meter la cabeza debajo del agua para descojo arme porque era como ver a Arévalo contando chistes. Claro, una persona rumbera y con un alto nivel de educación sabe como comportarse en una situación como esta pero es que a mí me criaron en la Isleta y allí te partías de risa con los gangosos y ni te cuento cómo corría el Mórcoba huyendo de las viejas que le querían pasar el billete de lotería o de ciegos por la chepa para que les tocará el premio. El gangoso de vez en cuando nos decía algo pero como aún no vamos por ahí con gafas de realidad virtual que nos pongan los subtítulos, no nos enteramos de nada. El segundo día teníamos a uno al que le faltaba una pierna y la otra la tenía como flaca y doblada en una forma in natural. Lo pusieron a pilotar y visto de lejos parecía hasta normal, hasta que abría la boca y solo tenía tres dientes y con mucho espacio entre ellos. 

Desde allí volví al hotel, dejé fuera de la habitación el bañador para que el albor lo secara y me duché y empecé a hacer la maleta. Después pillé un triciclo al pueblo y en la furgoneta ya había cuatro Filipinas. Puso mi micro-bolsa atrás y me senté en la quinta fila. El espacio para las piernas es mínimo. Después llegó el de Singapur, dos más con mochilas gigantescas y el tío les dijo que si las querían llevar, las mochilas tenían que pagar por un puesto. El billete nos valía un leuro y medio. El resto fueron filipinos. Salimos con diecisiete personas incluyendo al conductor (y podrían haber sido dieciocho si no es por las mochilas). La siguiente hora y media recorrimos los cincuenta kilómetros que separan Donsol de Manila. Yo me bajé en el aeropuerto porque mi hotel estaba allí. Era el Legazpi AirPort Hotel & Restaurante y es bastante cutre aunque barato. El calor en la ciudad era horrendo y de hecho, opté por quedarme en la habitación hasta que el sol empezó a bajar. Quería sacar dinero de un cajero y sabía que había uno a unos setecienttos metros y fui andando hasta allí y estaba fuera de servicio. Lo que vino a continuación fue increíble. Recorrí los dos kilómetros y medio que había entre el aeropuerto y el centro comercial de la ciudad parando en todos los bancos y supermercados con cajeros y TODOS estaban fuera de servicio. En algún punto del paseo mi teléfono dejó de funcionar y mostraba un mensaje diciendo que solo llamadas de emergencias. Llegué al centro comercial, con unos diez cajeros automáticos de seis bancos y todos estaban fuera de servicio. Cené en el First Colonial Grill, más que nada para probar su famosísimo helado Sili, el original helado picante, eso con fresa y chili. Tiene tres niveles siendo primero para ñangas, el segundo para hombres de verdad y el tercero para chiflados. Ví a gente pedir el de nivel tres y dejarlo en la mesa porque no aguantaban el picante. Yo me conformé con el nivel 1 para ñangas. Estaba riquísimo pero me tuve que beber tres vasos de agua. 

Después elegí una ruta alternativa con otro montón de cajeros y regresé andando al hotel y de nuevo, todos, todos, todos, estaban fuera de servicio. Un policía me dijo que esas máquinas dependen de la red de Internet de Global, casualmente mi operador de teléfonía filipino y esta red se había caído. 

Y así acabó el día de mi segunda aventura con tiburones ballena en este viaje a las islas Filipinas. 

El relato continúa en Transición de Legazpi a Camiguin pasando por Manila y Cebu