Estofado de carne y cerveza Guinness

Hace cosa de un mes que me compré el nuevo libro de Jamie Oliver llamado Ministry of Food. Además de poner unas recetas fantásticas, su objetivo es que todos y cada uno de los que cocinemos alguna de ella la pasemos al menos a otras dos personas para que la gente mejore un poco y dejemos de comer tanta comida basura. Yo llevo intentando eso desde hace años, compartiendo las recetas y tratando de convencer a todo el que se presta a escucharme que no es tan difícil el preparar algo sabroso.

De entre todas las recetas que me han llamado la atención de este libro he elegido la que explicaré hoy, un estofado de carne y cerveza Guinness que se prepara muy fácilmente y está delicioso. Esta es una receta que lo único que requiere es tiempo ya que una vez lo tienes todo en el caldero, has de dejarlo unas horas a fuego lento para que se produzca la magia. Las cantidades dan para unas cinco o seis personas dependiendo de lo mucho que comáis.

Los ingredientes: 500 gramos de carne para estofado cortada en cubitos. Hoy en día ya la podéis conseguir en el supermercado cortada. 3 hojas de laurel, medio litro de cerveza Guinness (o cualquier Ale or Stout), 2 ramas de apio, 2 zanahorias, 2 cebollas de tamaño mediano, aceite de oliva, 1 cucharada bien colmada de harina, 400 gramos de tomates picados (también se pueden comprar ya en lata), sal y pimienta.

La implementación: Se prepara un caldero hondo y de buen tamaño. Se lavan y se cortan las ramas de apio, se pelan las cebollas y se cortan en trozos no muy pequeños, se pelan las zanahorias, las cortas a lo largo y después vas cortando cada mitad. Cuando tienes todo esto, pones el caldero a fuego medio, echas en su interior todo lo que has cortado, las hojas de laurel, un par de buenos chorros de aceite de oliva y lo fríes todo durante unos diez minutos. Pasado ese tiempo, se añade la carne y la harina, la cerveza, los tomates picados, se remueve todo bien, se añade una cucharadita de sal y algo de pimienta y cuando comience a hervir se tapa, se pone el fuego al mínimo y se deja cocinando durante dos horas y media. Pasado ese tiempo se quita la tapa y se deja cocinando media hora más. Si al quitar la tapa veis que está muy seco se añade algo de agua. Pasadas las tres horas al fuego tenéis un estofado delicioso. Antes de servir podéis quitar las hojas de laurel y si es necesario ajustar el punto de sal y pimienta.

En mi caso lo serví con krieltjes, unas papas pequeñas que se venden en holanda ya peladas y que fritas son deliciosas. Un buen pan ayuda para limpiar el plato cuando acabéis de comer. La receta es perfecta para ponerla al fuego un par de horas antes de que lleguen los amigos y así para cuando comienza la reunión la comida ya está a punto de salir del fuego.

Si queréis ver la receta original, la podéis encontrar siguiendo este enlace. Si os animáis a prepararla, dejad un comentario después de hacerla.

La foto que acompañaba originalmente esta anotación fue la siguiente:

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Castañas guisadas con anís

Castañas guisadas con anís

Castañas guisadas con anís, originally uploaded by sulaco_rm.

Yo me crié pensando que en todo el Universo, todos y cada uno de los seres humanos comían castañas al llegar el otoño porque eso era lo que sucedía en mi casa. Siempre subíamos a la Cumbre de Gran Canaria a buscarlas en Valsendero o en Ariñez, lugares en los que mis padres tenían una casa y familia. Conocíamos los lugares en los que estaban nuestros castañeros y nos lo pasábamos bomba aplastando los erizos o abriéndolos con un palo y extrayendo sus deliciosas castañas. En otoño, el postre eran siempre castañas y las comíamos guisadas con matalahuga (anís, matalahuva o matalauva) o asadas al fuego en una sartén llena de agujeros que se pasaba nueve meses tirada en el patio de casa de mi abuela hasta que se convertía en el caldero más importante de todos los de la cocina y nuestra vida giraba alrededor de ella.

Cuando llegué a Holanda y descubrí que los holandeses no comen castañas y no se pueden comprar por la calle me llevé un gran disgusto. Me dediqué a rastrear el mercado de Hilversum hasta que encontré un puesto en el que las vendían y a partir de ahí volví a mi rutina habitual. Ahora conozco hasta un par de sitios en los que hay castañeros y en ocasiones voy a coger una buena bolsa.

De las dos formas en las que preparo las castañas, hoy veremos las castañas guisadas con matalauva. Según mi madre, que es una experta en el tema, las guisadas con anís producen menos flatulencias, peos (pedos) o bufos, da igual la forma en la que los llaméis. Es una lástima porque una de las cosas más divertidas de comer castañas son los ataques químicos que uno puede lanzar unas horas más tarde. Sin ir más lejos, esta semana pillé a uno en uno de los retretes de mi trabajo y desde fuera le mandé un regalito que lo dejó dando gritos agónicos en su cubículo.

Dejemos los temas escabrosos y vamos a concentrarnos en esta receta tan sencilla:

Los ingredientes: Castañas, sal, agua y matalauva (o anís o matalahuga o matalahuva).

La implementación: Se hace un corte en las castañas. Se pone en un caldero agua a hervir con una buena cantidad de anís y algo de sal y se echan las castañas. Se dejan hirviendo unos quince minutos (o algo más si no se cocinan por dentro, dependerá de la fuerza del fuego) y ya está.

Sencillísimas de cocinar y deliciosas. Todo un pecado para disfrutar en otoño.

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Gambas en salsa de tomate

Gambas en salsa de tomate

Gambas en salsa de tomate, originally uploaded by sulaco_rm.

Una de mis comidas favoritas son las gambas en salsa de tomate. Mi madre borda esta receta y siempre que paso por las Canarias disfruto con este plato. En realidad es bastante sencillo de preparar y lo hago con cierta frecuencia en Holanda, aunque los tomates tienen un sabor distinto y no se acercan ni por asomo al de los que se venden en España. Lo más complicado es preparar la salsa de tomate y esto no tiene ciencia. En poco más de una hora se puede tener este plato en la mesa y seguro qeu no dejará a nadie indiferente.

Los Ingredientes: Para la salsa de tomate necesitaremos un kilo y medio de tomates, una cebolla, aceite de oliva extra virgen, sal, azúcar, orégano. Y además hace falta una pimienta de cayena y medio kilo de gambas peladas (o un poco más si se quiere).

La Implementacion: Comenzamos lavando bien los tomates y cortándolos en trozos. Se pone en una sartén honda o en un caldero un chorro de aceite de oliva virgen y se añaden los trozos de tomate y la cebolla cortada no muy fina. Después solo hay que esperar a que suceda la magia y la salsa de tomate comience a aparecer. Se ajusta el punto de sal y cuando esté cocinada se pasa por el pasapuré. Después se ajusta el sabor añadiendo un poco de azúcar y orégano. Se vuelve a poner al fuego y se añaden las gambas peladas y una pimienta de Cayena (o una guindilla). Esto último es opcional. Si os limitáis a una sola, no estará muy picante pero como pongáis dos o tres, espero que os gusten las comidas que os hacen arder la boca. Se deja cocinar alrededor de media hora y se sirve con arroz blanco.

Como veis, es sencillo y delicioso.

La imagen que ilustraba originalmente esta anotación es la siguiente:

Gambas en salsa de tomate

Gambas en salsa de tomate, originally uploaded by sulaco_rm.

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Lacitos de hojaldre

Lacitos de hojaldre

Seguro que más de uno de los que leen esto entra en las dulcerías como si lo hiciera en un templo sagrado y se le saltan los ojos a las vitrinas llenas de todas esas cosas deliciosas. Ni siquiera nos paramos a pensar en cómo las harán, asumimos que son muy complicadas y que quedan fuera de nuestras posibilidades. Pues no. Algunos dulces son muy sencillos de preparar y os garantizo que el resultado levantará murmullos de admiración entre los que prueben vuestra obra.

Gracias a un amable lector que dejó en un comentario un enlace, descubrí la bitácora de Erdecai y de allí he sacado un par de recetas. Hoy veremos una de ellas, unos lacitos de hojaldre con miel y leche condensada que en la iglesia seguro que catalogan como pecado mortal por lo buenos que están. La realización es muy sencilla y desde el momento en el que encendéis el horno para calentarlo hasta que tenéis los lacitos en la mesa, bien calentitos, no pasará más de media hora.

Sobra comentar que esta receta es una bomba energética y que por tanto, hay que cocinarla siempre que os visiten muchos amigos para que no sobre nada.

Los Ingredientes: 2 láminas de hojaldre congelado, leche condensada, miel, agua y azúcar glas.

La implementación: Se sacan las dos láminas de hojaldre del congelador al mismo tiempo que se pone el horno a calentar a 180 grados. Se prepara la bandeja del horno cubriéndola con papel de cocina. Esperamos unos diez minutos a que se descongelen las láminas de hojaldre. Después, se unta leche condensada sobre una de ellas, ayudándonos de un pincel y se pone un poco de miel por encima. Se cubre con la otra lámina y se cortan tiras finas, de un centímetro y medio más o menos de ancho y cinco o seis centímetros de largo. Con el tipo de láminas que se venden en Holanda, de cada tira salen dos lacitos. Se coge cada rectángulo y se retuerce por el centro para hacer los lazos y se van poniendo sobre el papel de cocina. Cuando estén todos, ponéis en un pequeño cazo un poco de miel y la misma cantidad de agua y lo calentáis para que se diluya. Si tenéis un recipiente no metálico lo podéis hacer en unos pocos segundos en el microondas. Con ese líquido se untan los lacitos y se pone la bandeja en el horno durante unos doce minutos (o hasta que los lacitos estén dorados). Al sacarlos, se vuelven a untar con la mezcla de agua y miel y se dejan enfriar. Espolvorear con azúcar glas y ya os los podéis comer.

Nunca pensé que algo tan sencillo y que solo tiene hojaldre, miel, leche condensada y agua pudiera ser tan rico. En las últimas dos semanas los he hecho en más de seis ocasiones, son el colofón de cualquier cena y engalanan el café espectacularmente.

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