La visita anual a los arrabales de Londres

Desde hace unos años en mi empresa me castigan con una reunión en Londres por motivos medioambientales que a mí me la sudan hasta el infinito y más allá, mayormente porque esto es todo un paripé para mantener la certificación y no hay ningún interés en realmente trabajar por el medioambiente. La reunión la preside alguien de la oficina en Londres y cuando lo echaron en diciembre, yo me alegré porque me solucionaban la vida pero reasignaron la tarea a una pava que hacía otra cosa y la muy capulla resucitó la reunión. Siempre la hacen de un día para otro por razones que me son desconocidas con lo que paso una noche en un hotel que está en el CARAJO, lo llaman Londres pero está tan lejos de la ciudad que resulta difícil creérselo.

A la hora de comprar el billete, mi empresa se rige por el barato es el bueno y te obligan a viajar con esa opción, con lo que en los últimos años siempre ha sido con las líneas aéreas del Reino desUnido, esas que forman parte del grupo integrado también por lIberia y Buelin. Mi avión salía después de las diez así que no tuve que darme un madrugón brutal y fui al aeropuerto con todo el tiempo del mundo. Pasé de llevar mi bicicleta a la estación y la empresa me tendrá que pagar el coste de la guagua y del tren. Cuando llegué a Schiphol atravesé el control de inseguridad y pasaporte y después caminé durante una hora por el aeropuerto esperando el momento del embarque y quemando energía ya que sabía que al llegar a la oficina inglesa me iban a tener sentado todo el día. En la sala de embarque busqué a un colega de recursos inhumanos que iba a una reunión en el mismo lugar y hablamos un rato. Yo me colgaba de él para el taxi al llegar. El avión, al menos el del vuelo de las diez de la mañana a Heathrow es un Boeing 767 de antes de que Moisés escribiera los mandamientos. Las azafatas debían ser adolescentes cuando Napoleón conquistó Europa y ahora asustan por lo viejas que son. El avión es enorme y lo petaron y la salida se retrasó en veinte minutos que recuperaron luego. Desde el año pasado a este, British Airways ha cambiado su política y han adoptado la rastrera y miserable y ya no dan nada gratis en este tipo de vuelos así que vimos como las chamas seniles pasaban con los carros para intentar vendernos café a precio de whisky y las ninguneamos. Llegando a Londres se abrió un poco el cielo nublado e hice algunos vídeos que espero que sean muy chulos.

El día de la requete-roamin-dencia

Al aterrizar se produjo un evento histórico y del que queda constancia en el pantallazo anterior. Mi operador telefónico ha introducido el Roaming europeo que oficialmente comienza hoy desde el uno de junio y por primera vez en mi vida me podía mover por Europa sin que te la metan hasta los pelos de los güevos. En el mensaje me informaban que tanto los minutos de llamada como los eSeMeSes y los datos de Internet salían todos toditos de mi contrato con ello, que por si alguno está interesado cubre cien minutos o eSeMeSes al mes o una combinación de los mismos y un giga de datos, todo por la friolera de nueve leuros mensuales y solo con el 2G y el 3G. Ese contrato de dos años está cercano a su conclusión y ya he solicitado uno nuevo y como siguen siendo los más interesantes para mi, he cambiado a otro con los mismos minutos y mensajes y un giga y setecientos cincuenta megas de datos mensuales con el 4G, todo por doce leuros al mes. Esto también quiere decir que por primera vez en la historia del universo, no cambiaré mi número de teléfono durante al menos cuatro años. No quiero que nadie se preocupe, que ahora en el androitotorota puedo bloquear y bloqueo a quien me sale de los mondongos, y si no que se lo digan a la borde de una de mis compañeras de universidad que vive frustrada porque no puede mandarme todos los días mil mensajes de estupideces que no quiero leer. Regresando al tema del roaming, cuando uno lee sobre el mismo y lo de la abolición europeda se debe creer que es automático y más de dos y de tres se llevarán un disgusto porque te tienes que meter en los oscuros menús de configuración de tu teléfono y decirle que siga usando los datos cuando estás en roaming. Además, recuerda que eso no se desactiva solo y si viajas fuera de Europa, lo tendrás que cancelar o prepárate para cuando te llegue la factura y descubras que estás jodido y bien jodido.

De la reunión de la empresa mejor no hablar. Creo que batí todos mis récords anteriores de consumo de café expreso para no dormirme. Al día siguiente, el jueves de la semana pasada, acabamos a las tres y a esa hora salimos cuatro para el aeropuerto. Yo me quedé con el chamo alemán hablando y tomando una cerveza porque los vuelos de los otros dos eran más pronto. El embarque de mi avión fue en hora y hubiésemos podido llegar a tiempo pero al elegir la pista polderbaan para aterrizar, tardamos veinte minutos en llegar a la terminal y ahí perdieron la puntualidad. Salí del avión, en el que iba sentado en la parte delantera para no perder mucho tiempo, fui al control de pasaportes y después busqué el primer tren que me llevaría hasta Utrecht en donde terminaría el recorrido hasta mi casa en guagua. En la carpeta de borradores del programa de correo corporativo estaba el que mandé al día siguiente informando que ni de coña pienso volver a esta reunión, que es una pérdida de mi precioso tiempo sin ningún valor añadido. Aún no me han respondido pero creo que les ha jodido bastante.

Por casualidad, el día que regresé a los Países Bajos era el de las elecciones inglesas y todos sabemos lo mal que acabó eso para la vieja menopaúsica esa que parece tener el clítoris hiper-desarrollado y totalmente funcional para jincárselo a posibles tortilleras. En círculos de mi empresa se dice que mi presencia en aquel país tuvo una relación directa con las elecciones, que gafé a la pelleja aquella. Yo ni niego ni confirmo ese rumor.

Mi paso por Londres por movidas del currelo

La semana pasada estuve un par de días en Londres por culpa de las coñas medioambientales de mi empresa, que todos los años organiza un evento terrorífico al que me obligan a acudir porque al parecer, se rumorea que yo soy un experto en esas coñas. Son dos días con una noche de por medio de presentaciones interminables que te matan la ilusión por vivir, con temas aburridísimos y otros que ni siquiera te puedes imaginar que existen. No me voy a regodear en ese drama y nos centraremos en la parte lúdica del evento, que es ir y volver desde mi casa al aeropuerto de Heathrow, que resulta ser el mas cercano a la sede europeda de la multinacional que me mantiene desde hace más de una década y menos de dos. El tipo que organiza los cursos cada año los plantea en un horario diferente y este año se le ocurrió que comenzar a las doce y media de la tarde y acabar a las tres de la tarde del día siguiente era lo más óptimo y por eso, me pillé un avión a las diez y media de la mañana, ya que al viajar en contra del tiempo, la hora que pierdo en el vuelo la recupero con el cambio de zona horaria y desde el aeropuerto hasta la oficina de la empresa hay menos de veinte minutos. Salí de mi casa más o menos a la misma hora que siempre, sobre las siete de la mañana por aquello de estar en el aeropuerto al menos dos horas antes y tener un tiempo de reserva para los imprevistos. Fui en bici a la estación, desde allí en tren hasta el aeropuerto de Schiphol y en el trayecto aproveché para hacer mis ejercicios diarios de italiano en el duolingo y seguir con la racha de regularidad, que ya llevo quinientos sesenta y cinco días seguidos haciendo al menos tres ejercicios diarios. En el aeropuerto, accedí a la zona de la inspección y como los ingleses no están en Schengen, es la misma que para los gringos y los truscolanes y tienes que enseñar el pasaporte. Fui por el control de seguridad, después el de pasaporte y luego me acerqué a la puerta de embarque. El avión según mi tarjeta de embarque debía ser gigantesco, ya que estaba en la fila treinta y pico. En Holanda, esa mañana teníamos un triste día gris y con llovizna.

Despegando en Schiphol con lluvia

En el vídeo anterior tenemos el despegue del avión, que resultó ser un enorme Boeing 767 de antes de que Cristo-Rey se mudara a la cruz para crear la secta de los presuntos tocadores. El vídeo es como mágico porque habían gotas de agua en la ventana y desaparecen en uno de los grandes misterios de la vida. El vídeo acaba cuando entramos en la famosa nube esa, aunque por más que miré no encontré los vídeos con guarrerías que todos guardan por ahí. El vuelo en principio es de cuarenta y cinco minutos pero después te ponen a dar vueltas antes de aterrizar y acaba durando hora y media. Gracias a todos los dioses que Ryanair no vuela a ese aeropuerto o ya habrían caído un montón de aviones.

Aterrizaje en Heathrow

El vuelo transcurrió sin más incidencias y por supuesto, no hice uno, sino dos vídeos que gracias a la magia del iMovie combiné en uno solo. Ambos están acelerados (como el anterior). En el aterrizaje, primero tenemos un trozo en el que el avión se mueve justo encima de la nube, intentando cortarla con el ala y el piloto estaba desesperado buscando toda esa pornografia que guardáis por allí pero no tuvimos suerte. La segunda parte (o el segundo vídeo dentro del segundo vídeo) es el aterrizaje, cuando salimos de la nube y tocamos tierra en el aeropuerto londinense de Heathrow.

Despegando de London Heathrow

Después de las soporíferas sesiones de trabajo, mi regreso estaba previsto para las seis de la tarde y sobre las tres y pico me fui con un colega al aeropuerto. Esta vez el avión era de los más recientes y estaba petado. A mi lado se sentó un tío que tenía hasta músculos en los pelos de las cejas. En el vídeo anterior se puede ver el despegue y aquí hay que fijarse muy bien porque cuando quedan treinta y siete segundos para que acabe se puede ver en la parte inferior de la pantalla un CONCORDE, el avión ese terrorífico que tiene la peor estadística en todo el universo en cuanto a accidentes de aviones, ya que se hicieron un puñado escaso y murió un montón de gente. Esta vez el retraso fue en el despegue por congestión del aeropuerto pero recuperamos el tiempo en el vuelo y aterrizamos de un tirón y sin quince mil vueltas al aeropuerto.

Aterrizando en Schiphol por la tarde

Por una vez y sin que sirva de precedente, en el vídeo anterior aterrizamos en una pista que no es la jodida polderbaan que está a kilómetros del aeropuerto. El problema fue que estaba sentado del lado del sol y hay que echarle mucha ilusión para ver algo pero lo que sí se puede ver claramente y confirma las sospechas que tienen los doscientos que me mandan comentarios qeu modera el sistema de mi blog con información turística es que no hay UN PUTO CAMPO DE TULIPANES EN FLOR a finales de mayo, ya que la ruta de aterrizaje fue por la zona en la que un mes antes era un festival de colores.

Al salir del avión, nuevo control de pasaporte por regresar a Europa y después tuve más suerte que un tonto y pillé el tren al instante y me dio tiempo a regresar a Utrecht e ir al cine antes de volver a casa para al menos no perder por completo dos días de mi vida adquiriendo información sobre movidas que quedan muy bien de cara a la calle y la prensa pero que al final, aquí todos se pasan por el forro del trasero peludo.

Holyrood, el museo de Escocia y un regreso con tropezones

El relato comenzó en El terrible viaje a Edimburgo y la primera mañana de turismo

Mi último día en Edimburgo comenzó, por supuesto, madrugando. En lugar de comer por el camino opté por pagar el desayuno del hotel ya que más tarde iba a llover y quería ver unas cuantas cosas en el exterior antes de la lluvia. Me encochiné a destajo en el bufete sin considerar que todo lo que se come aporta sus granos para el jiñote que seguro que vendrá más tarde. Elegí llevarme la mochila y así no tener que regresar al hotel, en gran parte porque la diferencia en peso entre un escenario y el otro se limita a cargar el iPad, ya que la cámara ya iba conmigo. El paseo comenzó por los Royal Terrace Gardens que están en la falda de Calton Hill y rodeé la pequeña montaña del otro lado para llegar a través de Croft-An-Righ a la trasera del palacio real y a Holyrood Park

Palacio de Holyrood desde la montan?a de Arthur's Seat

Comenzamos recordando que de casualidad hemos recalado en el mejor blog sin premios en castellano y que como parte del contenido único e inigualable que lo conforma, tenemos este vídeo en el que se puede ver el Palacio de Holyrood, el nuevo parlamento escocés y la ciudad desde un punto alto ya que estaba subiendo por Arthur’s Seat. También se puede ver que el día estaba jodido, con llovizna y en la zona, un viento que no veas.

Edimburgo desde Arthur's Seat

Siempre me entra el frenesí fotográfico en algún lugar y este parece ser que fue el elegido. En la foto anterior tenemos otra imagen de la ciudad hecha mientras caminaba. A la chita cayando y pese a la lluvia terminé empleando cerca de tres cuartos de hora en la montaña, con dos periodos de lloviznas y algo más de luz y viento entre ellos.

Edimburgo desde el parque de Holyrood

El segundo vídeo está tomado más o menos en el lugar en el que opté por regresar. Se puede ver la ciudad desde otro punto de vista y algo del cutre-camino mojado por el que se pasea. En la zona éramos tres gatos. Lo normal es que la gente se acerque cerca del palacio, suba cien metros, hagan las fotos, los selfies y después regresen al nivel de la ciudad.

Edimburgo con Calton Hill al fondo

En el regreso hice la foto anterior cerca del palacio. La cancha que se ve es el Our Dynamic Earth, una especie de lugar para eventos y conciertos. Al fondo está Calton Hill y se pueden ver algunos de los monumentos que la coronan. A la derecha y fuera de la imagen está el Palacio de Holyrood que era mi siguiente destino.

Hice un montón de fotos por fuera del palacio pero casualidades de la vida, ninguna con el teléfono o la cutre-cámara así que hay que joderse. En el interior no dejaban hacer fotos. El Holyrood Palace está al final de la Royal Mile y es la residencia de los Reyes británicos cuando visitan Edimburgo. Es un bonito palacio real y en la visita se incluye la audioguía con lo que te empapas de todo. Lo único que no decían es cual era el baño favorito de la Princesa Di para hacerse los DosDedos con los que mantenía su dieta fabulosa y que le daba aquel cuerpo de noréxica-bulímica que la hizo tan famosa. Como dije, en el interior del palacio no podía hacer fotos pero al llegar a la parte trasera se podía salir para ver las ruinas de la Abadía de Holyrood, la cual estaba en el lugar antes de que construyeran el palacio.

Ruinas de la abadi?a de Holyrood

El vídeo es tan asombroso y estremecedor que no me queda ninguna duda que fue mencionado en la Biblia en varios de los libros del viejo testamento. Se puede ver la trasera del Palacio de Holyrood y se ve perfectamente como está adosado a la Abadía de Holyrood o a las ruinas que quedan de la misma y gracias a mi bondad avanzamos y entramos en la misma flipando con la falta de techo y los grandes espacios abiertos.

Jardines del Holyrood palace con la abadía y el palacio

Tenemos también una foto en la que se puede ver la hierba que no necesita agua, el palacio y la abadía, todo desde el jardín.

Holyrood Palace y abadi?a

Junto a la abadía también hay restos arqueológicos del complejo que había en el lugar y por supuesto los podemos ver en el vídeo anterior. Además se aprecia el lateral del palacio y se ve la montaña de Arthur’s Seat desde donde comencé haciendo fotos y vídeos. Al salir del lugar me hice una gran parte de la Royal Mile volviendo a pasar por algunos lugares conocidos. Sabía que iba a llover pronto así que enfilé hacia el National Museum of Scotland

Patio interior cubierto del Museo de Escocia

Este es un museo relativamente reciente ya que se creó hace poco más de seis lunas tras fusionar otros museos. El acceso es gratuito y es bastante grande, cubriendo dos edificios muy diferente arquitectónicamente. En la foto vemos el patio del que se inauguró en 1866 y al final del patio se accede al horripilante y monstruoso edificio de diseño de 1998.

Museo de Escocia

Obviamente, todo el mundo sabe que al comentarista oficial le mola más un vídeo que una comisión del tres por ciento a un truscolán y por eso tenemos también el vídeo anterior en el que estoy ubicado en el vestíbulo del patio cubierto y lo vemos por arriba, por los lados, por delante y por detrás, casi como si tuviéramos unas gafas de esas TresDé. Todo un flipe que te deja cambao de pura emoción. Cuando salí del museo me acerqué a ver Greyfriars Kirkyard un cementerio que es muy visitado en los tours de historias de fantasmas. Hay una iglesia pero estaba cerrada. Desde allí hay una bonita vista de la ciudad. También me acerqué a Middle Meadow Walk para hacer fotos pero no bajé hasta el parque de The Meadows. Después enfilé de vuelta al centro y pasé por Bank St. jnto al Museum of the Mound que tiene un bonito edificio pero al que no entré.

Scottish National Gallery y Princes Street Gardens

En el vídeo anterior vemos mi llegada a la zona en la que está el mercado navideño. También aparece la Scottish National Gallery y se ve que la zona estaba ya muy animada. Por allí también está la Royal Scottish Academy. Visité los museos de arte por aquello de tratar de educarme y dejar de ser verdulero pero no cuajó y sigo siendo igual de basto que antes. En uno de ellos tenían un Bernini y todos sabemos que yo estoy obsesionado con ese genio así que lo tenía que ver sí o sí. Aproveché para comprar comida en el mercado navideño y almorzar. Creo que me comí una hamburguesa de carne orgánica que sabe igual que la carne orgánica que no lo es y que hay en los supermercados y que al parecer ya trae las vitaminas, medicinas y minerales necesarios para vivir hasta los cien años. De postre opté por unos donuts caseros que resultaron una mierda del copón, aquello eran bolas de aceite refrito hasta tres kilómetros más allá del infinito. Estuve tentado de subir al Scott Monument pero vencí la tentación, sobre todo porque con la feria navideña no me molaba el aspecto que iban a tener las fotos de la zona. Visité también St. Andrew Square. No lo parece pero el tiempo pasaba y ya eran cerca de las cuatro de la tarde y tenía que ir al aeropuerto así que me acerqué al Waverley Bridge para coger la guagua que te lleva al mismo. Allí pasé el control de inseguridad y busqué un rincón en el que apalancarme. Por supuesto este viaje nació gafado con retraso y parece que se propagó al regreso. Pronto anunciaron dos horas de retraso y luego otra más. Terminaron dándonos unos vales para gastar TRES libras en la única tienda que quedaba abierta y comprarnos un magro tentempié. Además íbamos contra el tiempo ya que en el regreso perdemos una hora por el ajuste y puedo confirmar y confirmo que el nuestro fue el último avión en despegar aquel día al parecer porque sufrieron un pinchazo en un aterrizaje previo y tuvieron que solventar el ligero problema. Por culpa de esto, vinimos llegando a Schiphol bastante después de la medianoche y aterrizamos en la odiosa Polderbaan, la pista que está a varios kilómetros de la terminal con lo que pasamos veinte minutos de paseo en avión hasta llegar al lugar en el que esperaban desesperados los que viajaban hacia Edimburgo en aquel avión. Perdí la conexión con el último tren así que tuve que esperar un poco más de una hora por el tren nocturno de las dos de la mañana, el cual tarda casi una hora en llegar a Utrecht y después ir a mi casa en bicicleta con lo que vine entrando en mi casa sobre las tres y cuarto de la mañana y así, con todo este drama, fue como acabó la escapada da Edimburgo. La ciudad me ha gustado aunque como todos los sitios en la isla esa que no se sabe si es Europa, siempre me quedo con la sensación de que donde esté Italia o las Filipinas, que se quite lo demás.

Más del castillo y una visita a la capilla de Rosslyn

El relato comenzó en El terrible viaje a Edimburgo y la primera mañana de turismo

Nos habíamos quedado en el Castillo de Edimburgo y en el lugar, me metí en todos los edificios abiertos, lo miré todo, todo, todo y por supuesto, no aprendí nada ya que eso siempre me ha quedado fuera del alcance.

El centro de Edimburgo desde el castillo

Un ramalazo de artisteo del chabacano me llevó a hacer la foto anterior en la que se puede ver el meollo de la ciudad enmarcado y con un cañón apuntando a la misma. En el panfleto que me dieron al comprar la entrada decía algo de un cañonazo que se dispara a la una de la tarde y que en tiempos remotos era la manera en la que muchos ponían en hora sus relojes.

El momento del cañonazo sin chimpún

Casualmente, a la hora prevista yo estaba en el lugar y una multitud se aglomeraba alrededor del julay que se encargaba del evento, hoy en día más bien un espectáculo para turistas ya que incluso los pobres tenemos teléfonos con güindous que buscan la hora automáticamente, los tontos lo logran gracias al androitotorota y los pijos y bordes con sus teléfonos de la manzana que empieza a pudrirse. En cualquier caso, yo inmortalicé el instante en el que disparan el cañón (aunque juro por las bragas más sucias de Mafalda que no oí nada) y hasta hice un vídeo espeluznante que dejo por aquí para el populacho.

El Castillo de Edimburgo

Cuando acabé la visita me piré por otro lado y mientras regresaba al nivel de la ciudad hice la foto anterior del Castillo de Edimburgo pero visto del lado opuesto al centro de la ciudad, el equivalente a su trasero. Cuando pasaba por la calle King’s Stables resultó que allí había un mercadillo con un montón de puestos de comida y aproveché para almorzar algo en un sitio en el que no había turistas.

St Marys Cathedral

Después seguí hacia la St Mary’s Cathedral que no es católica sino Episcopal o algo parecido y que construyeron a finales del siglo XIX (equis-palito-equis) en estilo gótico fantástico. Lo mejor del edificio está en su fachada ya que por dentro era muy pobre tirando a pobrísima y no estoy muy seguro si merece la pena adorar al dios que trabaja allí visto lo poco que se lo han currado en su keli.

Regresé hacia la zona cerca de la estación de tren callejeando y haciendo fotos y eso en las calles y una vez en la zona busqué y encontré con mucho esfuerzo la oficina de turismo, la cual estaba escondida entre la feria navideña infantil y totalmente rodeada por una marabunta de chusma y gentuza. Me dieron un par de ideas con cosas que podía ver y me dijeron que de ninguna de las maneras me debía perder la Rosslyn Chapel, la cual yo ni sabía que existía pero que al parecer salió en una escena de la película el Código de DaVinci y por eso se hizo super-hiper-mega famosa. Igual hasta la nombran en el libro aunque con lo ignorantón que soy y como no sé leer ni escribir, no lo sabré nunca.

Rosslyn Chapel

Si alguien te dice que en Escocia oscurece pronto en invierno tiene toda la razón del universo. Con la hora británica, la noche llegó corriendo. Me pilló entrando a la dichosa Rosslyn Chapel, la cual está a casi cuarenta minutos del centro de la ciudad en guagua, con un recorrido muy bonito pero en el quinto o puede que hasta el sexto coño. En la foto anterior podemos ver el lateral de la capilla Rosslyn, en la cual no se podían hacer fotos en el interior porque se desgastan las piedras y nos tenemos que conformar con la parte de afuera.

Rosslyn Chapel en el recon?o

Estamos muy mal acostumbrados y damos por supuesto que no hay ningún esfuerzo en contar el relato de un viaje de manera multimedia y casi hasta visual y no valoramos que hice vídeos con tres cámaras distintas y después lo tengo que arrejuntar todo. En el vídeo anterior estoy en la entrada de la capilla pero del lado opuesto al de la foto. Esta capilla es del siglo XV (equis-uve) y está petada, pero petada, petada de motivos masones y templarios. Hay un señor dentro que te cuenta unos rollos que no veas tratando de aportar misticismo. El lugar está bien y es muy interesante pero chica, yo he estado por todos los rincones del universo visitando templos y este se me antoja algo pobre y con mucha charlatanería que supongo que es necesaria porque de algo tienen que vivir los julays de por allí.

Espectáculo navideño de luces en Edimburgo

Regresar me tomó de nuevo tres cuartos de hora y para cuando volví al centro era noche obscura que no veas y hasta amenazaba con llover. Volví a la zona de la Royal Mile para ver el andamio con la iluminación navideña. Para entrar dentro del mismo y vivirlo en su interior había que pagar, vamos que alguien lo flipa que no veas allí ya que desde donde mejor se ve es desde afuera.

El chou navideño de luces en Edimburgo

Como no quiero que se diga que este no es el mejor blog sin premios en castellano hice también un vídeo estremecedor con lo de las luces sucediendo en vivo y en diferido y la plebe allí fascinada con cuatro bombillos de colores, que hoy en día se contenta al populacho con dos boberías. Al parecer hacían el espectáculo un par de veces y así se sacan una pasta de los tontos que entran. Me apunté para una visita guiada a unas cuevas o algo parecido con fantasmas y cosas de esas y la visita era en Español. Resultó que para la de inglés había una multitud que no veas y la de la lengua de Cervantes y esa misma lengua que están perdiendo los totorotas y desgraciados sub-humanos de truscoluña, para esa visita éramos tres, con lo que fue más bien como una visita con guía privado. La guía era una chica que nos contó varias historias, nos explicó algunos de los luctuosos sucesos de una ciudad en la que les fascinaba la tortura y el sadismo. No me molesté en hacer vídeos porque con lo oscuro que estaba el lugar, no se vería nada. Resulta que debajo de uno de los puentes que conectan ambos lados de la ciudad y de las calles hay un montón de galerías que desaparecieron al ser rellenadas de escombros. Una purriada de años más tarde (décadas … más de un siglo … quizás dos) un chamo se puso a escarbar en su casa, las encontró, las limpió y montó su negocio. La visita es espectacular y te sueltan un montón de movidas sobre los fantasmas que viven allí pero yo puedo confirmar y confirmo que no se cruzaron conmigo.

Cuando acabé ya era bien entrada la noche (ejem … ejem) y en la feria busqué algo para cenar porque no tenía mucha hambre. Además, chispeaba.

El bar al que iba la madre que parió a ChapaPotter

De chiripa y sin buscarlo me tropecé con el bar The Elephant House que todos sabemos que fue el sitio al que acudía J. K. Rowling cuando era pobre que no veas para escribir el primer libro de la épica y legendaria saga de Harry chapaPotter. Había hasta un montón de acarajotados dentro tomando café y haciéndose fotos para poder decir que estuvieron allí.

Carrusel bar

En la feria vi algo fabuloso y que tuve que grabar para enseñárselo a mi amigo el Rubio. Por supuesto mi generosidad es legendaria y dejo el vídeo aquí. Reconvirtieron una atracción de niños y la han hecho un bar que gira. Mi amigo el Rubio que es un alcohólico super-conocido llevaría a los chiquillos todos los días a la feria a echarse unos carajillos si pusiesen algo así en Holanda, en lugar de delegar la tarea en su Primera Esposa como hace en la actualidad.

Después, regresé al hotel más muerto que vivo y di por concluido el día.

El relato terminó en Holyrood, el museo de Escocia y un regreso con tropezones