El Parque histórico de Sukhothai

El relato comenzó en Otro de esos saltos gigantescos

La parada en Sukhothai era para visitar el parque histórico que hay en ese lugar, ya que habiendo estado en todos los yacimientos arqueológicos de los países de los alrededores, no quería dejarme este atrás. Sukhothai fue la capital de Tailandia entre 1238 y el 1376 y han quedado varias ruinas de esa época de esplendor, que han sido parcialmente restauradas.

Me levanté temprano y antes de las ocho ya estaba desayunando. En la pensión en la que me hospedé, el concepto de desayuno no lo tienen muy desarrollado y terminé optando por un sandwich de atún, ya que era el menor de los males. Después crucé la calle y me monté en uno de los camiones de madera (en teoría) que te llevan desde la ciudad nueva a la vieja, sentados en banco y a una velocidad de tartana, con lo que tardan casi veinte minutos en hacer los doce kilómetros. En el que yo me subí, fui solo, ya que los turistas o estaban durmiendo o aterrorizados por el golpe de estado.

Al llegar lo primero que hice fue alquilar una bici por menos de un leuro y con ella salí de las murallas de Sukhothai por el norte para ir a ver el Wat Phra Phai Luang, una de las estructuras más antiguas que se conservan y que construyeron los Jemeres antes de que se construyera la ciudad por los tailandeses. Tiene el estilo que predomina en Birmania y Camboya. Después de verlo seguí hacia el Wat Sri Chum, en el cual se encuentra la imagen de Buda más grande que ha sobrevivido de esa época, una enorme figura de quince metros de alto de un Buda sentado. Muy impresionante.

Desde allí me eché a pedalear por la carretera que va a Tak y a unos cinco kilómetros (pedaleados a casi treinta y seis grados) y después de ver dos escorpiones aplastados en la carretera, una serpiente muerta y un lagarto venenoso corriendo paralelo a la bici, llegué al Wat Saphan Hin, o a la vera del mismo, ya que ay que subir unos trescientos metros por una rampa de piedra que asciende doscientos metros y que te deja sin resuello, todo para ver un enorme Buda de pie sobre la colina y una vista de la zona muy bonita. Huelga decir que estaba en el lugar totalmente solo ya que los turistas como que pasan de tanta molestia. Desde ese lugar y regresando a la ciudad paré para hacer fotos en varios templos, como el Wat Mangkorn, Wat Pa Sak, Wat pa Ma Muang y Wat Chang Rob. Tanto la zona norte como la zona oeste tienen entradas separadas y en las carreteras hay controles para los turistas. El precio de cada zona es de 100 Baht o dos leuros y pico. Regresé a la zona central, dentro de las murallas, compré mi entrada y fui a ver el Wat Mahathat, la joya de la corona, un enorme templo que era el corazón de la ciudad de Sukhothai. Es muy espectacular y en su día tuvo que ser impresionante.

Estuve también en el Wat Sa Si, con dos islas conectadas, muy bonito también y en el Wat Trapang Ngoen, otro templo que tuvo que ser muy hermoso. Después fui a ver el Wat Sri Sawai, el que más me gustó, con tres, con tres torres con forma de piña de millo (mazorcas de maíz para los peninsulares), un templo con un tufo hinduísta que tumba y que probablemente estaba allí antes de que hicieran la ciudad tailandesa.

En la zona hay otros templos menores (o ruinas de templos), como el Wat Mai, el Wat Tra Phang So, Wat Sorasak, Wat Son Khao y por supuesto las visité todas. Después fui al Museo Nacional Ramkhamhaeng, el cual no me pareció gran cosa, por no decir que es un timo. Entre pitos y flautas ya eran las tres de la tarde cuando acabé. Después de haber visto los maravillosos templos de Bagan, de Mandalay, de Angkor Wat, lo de Tailandia es pálido y pobre en comparación. En Angkor Wat o en Bagan estuve tres días a piñón, doce horas cada día, viendo templos sin parar. Aún así, es una visita interesante.

Regresé a la ciudad nueva en el mismo medio de transporte que me llevó, aunque en esta ocasión éramos varios y por la tarde me di un garbeo por el centro para ver que no me perdía nada.

Al día siguiente salía a las ocho de la mañana para Ayutthaya.

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Desde Chiang Mai a Sukhothai

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En estos viajes siempre tengo jornadas de transición entre escenarios en las que he de ir de un lugar a otro y pese a que las distancias no parecen muy grandes, toma un montón de horas. Para ir de Chiang Mai a Sukhothai sabía que salían un montón de autobuses, básicamente uno cada hora a partir de las seis de la mañana. Como me daba igual llegar un poco tarde, opté por ir en el de las once de la mañana y así no tenía que agobiarme. Me levanté relajado, salí a desayunar, volví, preparé la mochila y me sobró tiempo para no hacer nada durante un rato. Sobre las diez y diez de la mañana dejaba la habitación y por la calle, paraba un tuk-tuk para que me llevara a la estación de autobuses. Me dejó justo al lado del que debía tomar y compré mi billete, les di la mochila para que la pusieran en la zona de carga y subí. El autobús iba medio vacío y teníamos asientos asignados. Como había leído que en algunos de ellos el aire acondicionado es brutal, opté por llevarme la chaqueta en la mochila, por si acaso. Salimos puntuales y básicamente cubrimos todas las ventanas con las cortinas para protegernos del solazo y evitar que los treinta y pico grados entraran al interior. Yo me dediqué a ver algunos episodios de series. El autobús hizo unas cuantas paradas en el camino y finalmente se llenó.

Vinimos llegando a Sukhothai sobre las cuatro y media de la tarde y desde la estación de guaguas opté por caminar hasta la pensión que tenía reservada, la EZ Guesthouse. La distancia es de un kilómetro más o menos pero los tailandeses parecen ser incapaces de andar o de entender que a alguien le guste hacerlo y no había coche, moto o guagua que no me pitara para subirme. Finalmente llegué, me asignaron mi habitación, me dieron el mapa de la ciudad y de las ruinas y me explicaron las cosas básicas. Yo les di mi ropa sucia para que me la lavaran y me acerqué a la zona más céntrica de la ciudad para pasear, ver si merecía la pena hacer alguna foto y cenar. Cuando estaba por allí comenzó el diluvio. Sucedió en cuestión de cinco minutos. Estaba soleado, de repente se torna gris, la nube se oscurece y comienza a llover a cántaros. Media hora más tarde y de la misma manera en que llegó se fue.

Elegí para cenar un restaurante llamado Pai Sukhothai. Esta es la primera ciudad de Tailandia que visito en la que toda la gente que pone críticas en tripadvisor parece estar de acuerdo en que la comida es mediocre. Sin ser mala, tampoco era algo especial y de hecho, he comido mejor comida tailandesa en Holanda, algo triste si tenemos en cuenta que ellos están rodeados de las materias primas y el conocimiento necesario para transformarlas.

En Tailandia, el prestigio y poco menos que el calificativo de ciudad lo otorga el 7-11 o seben ileben, esas tiendas que tienen un poco de todo y que importaron de Estados Unidos. En esta ciudad hay al menos dos y son como puntos de encuentros a los que acuden locales y extranjeros. Después de cenar me acerqué a la que hay por mi zona y compré un par de cosillas antes de regresar al hotel. Al día siguiente tenía una jornada petada de aventura.

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