El regreso a Holanda desde Gran Canaria

No hemos llegado ni siquiera a la primera mitad del primer mes del año 2016 y en Distorsiones ya hemos superado todas las expectativas para este año, el próximo y los tres siguientes y todo con contenido tan original y fresco que puede provocar flatulencias. Sigo repasando el periodo de mis vacaciones navideñas, del cual ya hablé en El regreso a España en Navidades, anotación que ahora parece como del siglo pasado cuando la gente compraba libros si la comparamos con el fabuloso montaje fotográfico en vídeo que hay en La playa de la Garita durante casi una hora y la asombrosa y espectacular anotación que nos transportará a otras galaxias y que fue el Reportaje visual de mis vacaciones navideñas en Gran Canaria. Aún así, hoy damos un nuevo paso adelante centrándonos en el retorno, la vuelta a los Países Bajos desde Gran Canaria.

Todo comenzó a las cinco de la mañana cuando me vino a recoger el taxi que me llevaría al aeropuerto. A esa hora, diecinueve grados de temperatura y yo vestido para el invierno. Por razones que desconozco pero que seguro que son místicas, mi reserva con Iberia Express no permitía la facturación on-de-lain así que lo hice en el aeropuerto y pedí y supliqué que me pusieran en ventana para poder hacer los vídeos. El aeropuerto de Gran Canaria lo han rediseñado y ahora tras pasar el control de inseguridad te tienes que mamar las tiendas del aeropuerto obligatoriamente. Por si los diseñadores no han recibido comentarios, les confirmo que ODIO eso y dado que me fuerzan a ese paseíllo larguísimo yo elijo no comprar allí.

La mitad de una línea aérea en Gran Canaria

Me compré una botella de agua en las máquinas que hay en la terminal y al entrar en el avión podía ver la mitad de la flota de la línea aérea de la imagen anterior. Tienen dos aviones, así que allí estaba el cincuenta por ciento de sus aparatos.

Amanece sobre Fuerteventura

Salimos con una puntualidad brutal, hay que reconocer que Iberia Express, pese a pertenecer al mismo grupo, no tiene los retrasos escandalosos de Vueling, a la cual deberían cambiarle el nombre y llamarla Retrasing porque ni por azar consiguen que despegue uno de sus aviones en hora. No hice el vídeo del despegue porque aún era de noche pero ya en el aire y al pasar cerca de la isla de Fuerteventura tenemos la foto anterior con el sol asomando en el horizonte y la isla de Fuerteventura a sus pies.

Amanecer sobre Fuerteventura

Cualquiera alimaña mediocre de esas que aspiran a conseguir premios por su capacidad para copiar, pegar y lamer culos estaría contenta con la foto pero yo no así que en el vídeo anterior (que está aquí) tenemos lo mismo pero en vídeo, solo que la cámara no es capaz de manejar las diferencias de luz tan bien como la del teléfono y por eso, prefiero la imagen al vídeo, pero ahí tenemos ambos, para poder elegir.

Llegamos a Madrid y otra vez flipamos en colores y en blanco y negro con un estremecedor y terrorífico vídeo en el que aterrizamos despegando y reculando al doble de la velocidad que grabó la cámara. Con una Distorsión que podría tener que ver con el nombre del blog, vemos el aterrizaje desde el final hasta el comienzo mientras escuchamos una versión instrumental fabulosa de I had the time of my life. Uno no puede sino emocionarse hasta las glándulas más internas con cosas como esta.

T4 Madrid

La joya de esta anotación, la guinda que lo corona todo y que demuestra de una vez por todas la mierda de terminal que es la mastodónticamente horripilante y con los baños más hediondos del universo T4 de Madrid es el vídeo anterior. Esta obra de artisteo máximo está hecha yendo hasta el extremo de la T4 en el que hay un control de pasaporte y no se puede seguir y desde allí, andando hasta la otra punta haciendo una foto cada DOS segundos. En la zona central fui por la parte de las tiendas y los bares para darle algo de alegría y cosa buena. Después de unos quince segundos hay una concentración de pasajeros bloqueando el paso y tirados por el suelo qeu sirve para dos cosas. Una, para requeteconfirmar que el diseño de ese aeropuerto es una mierda y dos, Retrasing o la aerolínea anteriormente conocida como Vueling logró que con el único avión que tenían esa mañana pasando por Madrid la gente se desesperara tanto que se tiraran allí a esperar el embarque. La música fabulosa de este vídeo es una cancioncilla de la banda sonora de la peli Stardust compuesta por Ilan Eshkeri a la que le tengo mucho cariño.

Antes de entrar en un Iberia Express en Madrid

En mi segundo vuelo me sentaron tan adelante que me tocó entrar casi que el antepenúltimo y por eso, mientras esperaba en el pasillo ese que se menea y se conecta a los aviones hice la fabulosa imagen anterior del morro de un avión de Iberia Express. Me tocó sentado detrás de la clase vísnes con lo que había como un mantel viejo que usan de cortina separándonos de ellos. Delante mía había una jadelagránputa de esas que se creen superior porque la sienten ahí gracias a los puntos que acumula el chamo que se la empeta hasta los pelos de los güevos. La tipa decidió que todo el espacio a su alrededor era suyo y me metió un neceser debajo de su asiento y reduciendo el espacio para mis pies. Como no lo quitó lo pateé hasta el infinito durante todo el vuelo, a conciencia, como si pisara uvas para hacer vino y estoy seguro que no quedó nada intacto en el mismo aparte de la mierda de mis zapatos sobre el tejido exterior. En inglés hay una expresión que dice karma is a bitch que se puede traducir iliteralmente como el karma es una perra-sucia y rastrera truscolana que implica que lo que se hace se paga. Al aterrizar en Amsterdam, la pollaboba se olvidó de recoger su neceser y todos podemos adivinar quién NO le dijo nada, con lo que allí se quedó, por siempre y para siempre. Por una parte me quedó pena ya que su cara cuando veía los raspones hechos con los zapatos y los daños al contenido interior seguro que no tenían precio pero en fin, saber que lo perdió y que cuando lo encuentre iba a tener algún disgusto más me consuela.

Despegando de Madrid hacia A?msterdam

Regresando al viaje, mi generosidad volvió a desbordarse y la prueba está en el vídeo anterior. Tiene sus intríngulis porque casualmente despegamos por la misma pista que aterricé por la mañana así que volvemos a ir del final al comienzo con una música epopéyica que homenajea los spaguetti western y no la mierda esa que ha cagado Tarantino y que mata de aburrimiento durante más de dos horas de parloteo sin sentido alguno. Este vídeo también destaca lo peculiar de mi colección de música ya que en lugar de tener a los Bisbales y similar escoria, yo opto por cosillas más variadas.

Atardecer sobre Be?lgica

El primer vídeo de esta asombrosa anotación arrancaba con el amanecer visto desde la ventana de un avión y por eso, el último es más de lo mismo pero del otro lado, para que haya equilibrio. En el vídeo tenemos el momento de la puesta de sol mientras yo volaba sobre Bélgica.

Ni de coña cojas un taxi de un chamo que te lo ofrezca

Y de colofón, al tomar tierra tuvimos la clásica hora de espera por las maletas que sucede siempre en Schiphol, aeropuerto que a la hora de recoger el equipaje de aerolíneas baratas es de pesadilla. Imagino que los tíos, para ahorrarse dos leuros, pagan para que traigan las maletas en carreta de mulas o similares y siempre al llegar, si has cometido el error de facturar equipaje, has de contar una hora adicional usando la Wifi gratis del aeropuerto. En las cintas de recogida de equipaje del aeropuerto de Schiphol han añadido una maleta especial, la de la foto, que recuerda a todo el mundo que cuando un desconocido te ofrece un taxi, eso no es un impulso sino un delincuente o criminal que te la va a meter sin doblar porque te lo mereces por acarajotado y subnormal y por tener sangre truscolana en tu familia. La maleta se veía de buena calidad así que la próxima vez igual me llevo mi bolsa gigantesca de Iquea y la afano.

Desde el aeropuerto, paseíllo en tren hasta la ciudad de Utrecht y guagua hasta mi casa. En total, CATORCE horas para ir desde la Garita en el municipio de Telde, la isla de Gran Canaria hasta mi keli en Utrecht en los Países Bajos. En el mismo tiempo puedo ir desde Amsterdam a Kuala Lumpur incluyendo facturación y recogida de equipaje en el destino …

Saltando islotes por el archipiélago Bacuit

El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Uno no viene al Nido para ver la ciudad sin calles asfaltadas y que parece el lejano oeste o flipar con la playa que tiene. Uno viene para apuntarse a una o varias excursiones y visitar el Archipiélago Bacuit, saltando entre algunas de las cuarenta y cinco que lo forman (yo los llamaría atolones o islotes, pero bueno, no soy un sub-intelectual de GafaPasta ;-))

Me recogían sobre las nueve menos cuarto así que pedí mi desayuno para las ocho y me lo trajeron a las ocho y media. Después de encochinarme con longanissa, arroz frito, café, zumo, mango y sandía, saqué mi mochila y mi arsenal acuífero de la habitación y lo dejé en un cuarto que tienen en el Lolo oyang, la cual sería mi pensión las siguientes dos noches. Me vinieron a recoger en motocicleta y como siempre, agarrado para no caerte con los baches ni los frenazos. He visto a gente que van como príncipes sin cogerse a nada y también los he visto caer. Fuimos a la agencia de viajes, desde allí andamos a la playa que estaba a veinte metros y el barco delante de nosotros. Éramos en total dieciséis julays, con dos suecos, dos franceses, dos británicos, el Elegido, uno de Zimbabwe (que seguramente he escrito mal) y el resto filipinos. Nos dieron un chaleco salvavidas a cada uno y hasta pretendían que nos los pusiéramos. Salimos y tardamos una media hora en llegar a la isla Miniloc. Allí fuimos en primer lugar al lago pequeño, al cual se llega nadando con las gafas y tubo. Muy emocionante y bonito pero el fondo no tiene nada interesante, creo que en algún lado leí que los pescadores, como no sabían que el turismo es un negocio mejor que la pesca, dinamitaban el lugar para pillar el pescado y acabaron con los corales y todo lo demás. 

La segunda parada en esa misma isla fue para ver el lago grande, tan grande que se puede entrar con el barco y hacer una gira por el mismo. A la salida, paramos en un lugar cercano para bucear y ver corales y peces. Como yo quería probar la innovación de la grabación de vídeos con mi funda a prueba de agua de dos leuros comprada en mi tienda china favorita, tardé algo más que los demás. Al parecer eso me salvó de cruzar por en medio de una banda de crías de agua-vivas que atacaron al resto. Yo de feliz haciendo mis vídeos despacito y aislado de los demás sin enterarme de nada. Al regresar al barco, uno de los marineros había capturado una tortuga y la sujetaba para que la gente la viera  por supuesto, tengo vídeo de ese cruel momento para la posteridad. 

Después fuimos a la isla de Shimizu, llamada así por los dos julays nipones que se mataron allí explorando una caverna submarina. Tras bucear un poco, almorzamos en el lugar y se produjo ese fenómeno antológico llamado el encochinamiento, que fue el resultado de poner en la mesa dos platos llenos de gambas, uno de calamares y una bandeja de mejillones. Creo que para cuando los filipinos se enteraron que había calamares, yo me había comido el setenta por ciento y como estaba del lado de los europedos y tampoco comían gambas o mejillones, sudé para bajar sus raciones, la mía y las de todos los demás. Acabé pujando como mula de parto y me tumbé en la proa mientras nos llevaban al lago secreto, el cual está totalmente escondido y se entra por una pequeña abertura entre las rocas. Como no tiene profundidad, pasé de llevar el telefonino naranja y fui con la cámara de hombres y pese a que el agua llegaba por los hombros, yo como un campeón con la cámara en el aire y fui el único que hizo unas fotos decentes en el lugar. En Asia siempre buscan parecidos en las rocas y allí tenían el pájaro, el cocodrilo y la última cena. Es un decir, yo solo veía rocas. 

Después tuvimos un viaje en barco de media hora que pasé tomando el sol para llegar a la playa de los Seven Commandos, llamada así por los siete comandos japoneses que vivieron allí como malamente pudieron después de que los dejaran abandonados sus tropas en la Segunda Guerra Mundial. La playa tiene arena blanca, palmeras y es muy agradable. Estuvimos allí algo más de una hora antes de regresar. 

Al volver, tomé posesión de mi nueva habitación (reconozco que me gustaba más la anterior), me duché y salí a comprarme más bollos y chucherías en la Midtown bakkery  y después cené un plato de pasta boloñesa en un sitio llamado V and V. La acompañé de una cerveza San Miguel, la marca más popular del país y que desconozco si está aún emparentada con la española, pero vamos, el logo es clavadito. 

Cuando se hizo de noche, los mosquitos aparecieron por millones y salí por patas a refugiarme. Desde las cuatro de la tarde no había luz en el Nido, algo que al parecer sucede continuamente y aquí nadie le da importancia. 

El relato continúa en Otra ronda de islotes en el archipiélago Bacuit

Viajando al Nido

Cuando yo esperaba lanzarme a explorar una de las nuevas maravillas del Universo, el destino me tenía reservado otro camino y ese día, salía de la habitación tres horas antes de la hora Virtuditas, desayunaba y me lanzaba a buscar banco para conseguir dinero en efectivo. Mi tarjeta no quiso funcionar en ninguno de los cinco en los que estuve y acabé usando esa que sirve para todo lo demás. La razón es que el Nido, es la última frontera, un lugar al que aún no han llegado los cajeros automáticos y hay que ir con la talega petada de pesos. Comentar también una curiosidad del desayuno. Como aquí la gente se encochina con salchichas y similares para desayunar, o pescado con arroz, en las pensiones te piden y te ruegan que les indiques lo que quieres desayunar y la hora a la que piensas aparecer para poder prepararlo.

Con mi cartera a punto de reventar, solo me quedaba esperar el micro, que llegó con veinte minutos de retraso porque había una procesión por la única calle de la ciudad. Manda güevos con la religión de los presuntos tocadores de niños. 

Cuando por fin llegó, cogí mi botella de agua grande, mis dos botellas de agua chicas, mi mochila y la sub-mochila con la cámara y el iPad y me senté en el micro, el cual estaba vacío. El colega me dijo que se llenaría y salimos y fuimos a buscar a una pareja de franceses, a dos filipinas y finalmente a un grupo con cinco julays, siendo uno un francés-español de nacionalidad suiza casado con filipina que estaba en el país con su hembra, su cuñada que también vive en Zurich y su marido para ver a la mamuchi, una señora de ochenta y cinco años seguramente vividos al completo sin dientes, pero con unas encías que probablemente cortan hasta láminas de acero esmaltado. Ese era el equipo al completo y después fuimos a un negocio porque según el conductor, el agua en el Nido es un bien tan preciado que lo mejor es llevarla y acabé con otra botella de litro y medio y una garrafa de 6,6 litros. Todo eso para tres días. 

El viaje nos demuestra que esta isla, conocida como la Última Frontera, sigue siendo mayormente virgen. Está totalmente cubierta por jungla, la carretera desaparece con las tormentas y se pasan la vida rehaciéndola y la velocidad es algo desconocido. Tardamos unas siete horas para doscientos treinta kilómetros con una sola parada de veinte minutos para comer y mear. El paisaje es flipante y en realidad, el viaje fue muy entretenido, hablando con el francés que casi ya no habla español, con su hembra y la hermana de la misma e incluso el conductor, que se animó a participar en la tertulia. La única que no dijo ni pío era la momia, digo la abuela,  por un momento pensé que llevaban el cadáver allá arriba como en cualquier película cubana y nos tenían a todos engañados, pero no, en una ocasión la vi soltar una burbuja creada entre las encías. 

Al llegar al Nido, no permiten a los vehículos de transporte dejar a la gente en sus establecimientos y desde la terminal de guaguas, concepto muy elaborado para referirnos a uno solar en el que paran los vehículos, tienes que tomar un tricycle, las motillas esas con sidecar. Por un leuro, uno me trajo a mi pensión, que en realidad era la primera ya que la que yo quería estaba llena y me colocaron en otra cercana llamada Mountain Side Inn. Semejante concepto sirve para cuatro habitaciones con su baño correspondiente, sin agua caliente pero con aire acondicionado y ventilador en el techo. Suficiente para lo que uno usa el cuarto y yo, mientras no haya tarántulas (e incluso con ellas … como quedó demostrado cuando estuve en Camboya …) hecho igual de bien el jiñote por la mañana, que so como una fábrica de la mierda. 

Tomé posesión de la habitación y me lancé a explorar el villorrio con la cámara. Lo que hay que ver es la playa, la iglesia y nada más. Hice mi ronda, tomé fotos a discreción y después al regresar veo una multitud en la calle y una panadería. El olor era espectacular y acabé comprándome un bollo que estaba de morirse, un pan de huevo que estaba para llorar de riquísimo y unas galletas del copón y me encochiné tanto que acabé por no ir a cenar. Toda la bollería me costó unos veinte céntimos de leuro, me pareció que les estaba robando pero voy a volver cada día e incluso alguna mañana porque me han dicho que a las siete ponen unos dónuts frescos que se te camban los pezones de gusto y te hacen el helicóptero. 

Estando inflado, pasé de hacer nada más y maté el resto de la velada escribiendo las anotaciones pertinentes y viendo episodios de las cosillas que me he traído. No se lo cuenten a nadie pero me he enviciado a una serie española que creo que se llama Bajo Compresa de dos julays picoletos que tienen que resolver un crimen en una familia de orcos y que pa’ mí que acaban cogiendo como perros en celo, pero aún no he llegado a ese episodio. 

El relato continúa en Saltando islotes por el archipiélago Bacuit

Callejeando por Manila y el salto a Puerto Princesa

El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

Mi primer día de turismo en las Filipinas comenzó temprano y como siempre, me sorprendió que todo el mundo estuviera activo en el hotel. Bajé a desayunar antes de las siete de la mañana o eso que conocemos como cuatro horas antes de la hora Virtuditas y la cafetería del hotel estaba petada. Después de comer, en recepción me pidieron un taxi y salí hacia Intramuros, la parte más antigua de Manila y que por el nombre, hasta el más lerdo sabe que hubo / ha habido / hay una muralla en esa parte de la ciudad. Pese a que la distancia no era muy larga, nos tomó unos cuarenta minutos gracias al tráfico infernal de la ciudad. El hombre me dejó al lado de la Catedral, que llaman así, en español. En el idioma filipino, cada vez que hay una referencia al señor ese que preñó a una adúltera casada con un marico y con la que tuvo un hijo que le ayudó a completar cierta trinidad, la palabra en su idioma es Dios. Imagino que los dioses locales tenían nombres más bonitos, como Yónatán, Ayose o similares y cuando les llegó el de los presuntos tocadores de niños, los pilló descolocados y sin palabra y adoptaron la española.

Volviendo al relato, Intramuros se creó en el año de nuestro señor del 1570 y sigue siendo una reliquia colonial, aunque durante la Segunda Guerra Mundial sufrió mucho por los bombardeos.

Después de hacer unas fotos por fuera y justo cuando acabó la misa de las ocho y media, entré a ver la catedral. Esta es la octava reconstrucción de la misma, ya que a Dios parece que se la suda bastante y la tumban a cada rato, ya sea por fuego, tifones, terremotos o guerras. En este octavo intento reconstruyeron la catedral romanesca del séptimo y se acabó en 1958. Al ser tan nueva, carece del poderío de otras iglesias pero es grande e impresiona, que es de lo que se trata. En una de las capillas, entrando a la izquierda, tienen una copia de La Pietà del genial Michelangelo, famosa tortuga ninja y artista poli-todo y los chinos y otros se hacen fotos con ella como locos, poniéndole las manos encima y sobando la estatua sin respeto alguno por lo que representa, lo cual calienta a los filipinos que los acaban echando de allí. Salí, le hice fotos al Ayuntamiento y al Palacio del Gobernador que flanquean la Catedral y fui a Fort Santiago, en la marte noroeste de Intramuros. Este fuerte lo mandó a construir Legazpi cuando llegó y fundó la ciudad en 1571. El fuerte está vinculado a las épocas coloniales española y yanqui. Su parte más siniestra ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, cuando descubrieron que los japoneses dejaron un regalito de más de seiscientos hombres muertos en sus celdas subterráneas. La visita te lleva por muchos jardines, el baluartillo de San Francisco Javier y el fuerte propiamente dicho. Tras pasar por un pórtico de piedra llegamos a la Plaza de Armas y en ella hay una estatua de Juan Rizal. También hay un museo en el que se pueden ver obras originales de ese hombre, así como la celda en la uqe see quedó hasta que lo llevamos a un parque cercano y lo fusilaron, ya que el chamo era independentista. Que pena tan grande que los gobiernos actuales no tengan los bemoles para hacer lo propio con un puñado que yo me sé de sangre truscolana. Molarían esas retransmisiones con esos traidores gritando como mariconas cluecas clemencia  y después de un intermedio para ver unos anuncios de nuestras bebidas favoritas con mucha chispa de la vida, fusilamiento y tiro de gracia, expresión que en filipino significa el tiro que le das para asegurarte que el hijoputa muera. Bueno, el Rizal es un héroe nacional y antes de diñarla escribió un poema a su familia declarando el amor por su nación y que es la obra cumbre de la literatura de ese país. Allí tenemos el original y unas copias enormes traducidas a un montón de idiomas. Casualmente, esta es una de esas visitas en la que no hay que buscar traducción, está en la lengua del mejor blog sin premios en castellano.

Al salir de allí me acerqué al Memorare Manila, por detrás de la Catedral, una escultura de una chama con un niño muerto que supuestamente representa la destrucción de la ciudad en la Segunda Guerra Mundial. Después seguí el paso hasta la iglesia de San Agustín, la mejor de la ciudad, con un glorioso interior en barroco, llena de murales, techo azulejeado e imágenes religiosas como una que los elegidos ya han visto en un correo separado. Se construyó en 1587 y es la iglesia más antigua de las Filipinas construida en piedra. En ella está la tumba de Miguel López de Legazpi, fundador de la ciudad. La iglesia es además el único edificio de Intramuros que sobrevivió a los bombardeos y destrucción de la Segunda Guerra Mundial. Pegada a la iglesia había un monasterio de agustinos que ahora es un museo, lleno de parafernalia religiosa. Por supuesto, tiene un bonito claustro. 

Al dejar la iglesia me acerqué a Casa Manila, que está al lado y es una casa restaurada en estilo colonial, con sus muebles y la distribución de las casas en la época en la que el sol no se ponía en el Emporio y truscoluña tampoco era nación, por más que le mientan a los niños que tiene la mala suerte de recibir su educación allí y les cuenten otra historia. El edificio está muy bien, los muebles son muy bonitos, pero la sensación sensacional e invento único y exclusivo español es el doble retrete, ya que allí la gente jiñaba a pares y así podías mantener conversaciones o jugar a las damas. Mi amigo el Rubio ya está pensando en hacer uno así en su casa. Al salir de este lugar más o menos ya había acabado con las cosas del centro. Salí por el lado sur de la muralla, que por fuera es un campo de golf en el centro de la ciudad y le hice fotos y demás. Me acerqué a la Luneta  que ahora se llama Rizal Park, un parque en el centro de la ciudad, o mejor dicho, EL único parque en el centro de la ciudad.  Allí está el Rizal Memorial, una estatua en donde aún no tengo claro si han enterrado al héroe nacional y que está guardada por soldados todo el día y al lado del mismo está el lugar en donde lo fusilaron y le dieron garrote vil a tres curas que se rebelaron contra el Reino y se declararon a favor de los tocamientos a menores y de truscoluña y les dieron candela de la buena. Vi por fuera el Manila Hotel,  el más histórico de los de la ciudad y pillé un taxi para regresar al mío. Descansé un rato repuse fuerzas y después me pidieron un taxi para ir al aeropuerto, a la terminal 3. Los filipinos son los reyes del desorden y el Ninoy Aquino International Airport tiene cuatro terminales totalmente descomunicadas entre ellas y rodeado de un atasco eterno. Desde mi hotel, a menos de dos kilómetros, tardé unos cuarenta minutos en llegar. fui a la terminal más nueva, aunque lo de nuevo es relativo. Saqué mi tarjeta de embarque, pasé el control de seguridad para vuelos nacionales, que te permite llevar una cantidad ilimitada de líquidos (vi a una señora con una garrafa de cinco litros de algo que podía ser y posiblemente fueran explosivos)  y me compré una empanada de carne, que viene ser algo similar a nuestras empanadillas, aunque con masa más gorda. Una vez has entrado a la zona segura, no ay ningún panel para indicar el número de puerta de tu avión. Lo tienes que busar en unos anuncios en texto que ponen al lado de las puertas y estar al loro. El embarque fue rápidamente caótico, salimos solo con quince minutos de retraso pero después tuvimos veinte minutos de espera en pista por congestión del espacio aéreo. Mi vuelo era con Philippines Airlines y tardó una hora hasta Puerto Princesa. A mi lado iban dos niños que jamás habían volado y que fliparon en colores con la mesa abatible, los cinturones de seguridad, las luces y todo lo demás. Detrás iba un julay americano que se compró hembra filipina y que había venido con su chama al país y debía estar pagándole el viaje a los chiquillos y sus padres, los cuales iban aterrorizados al otro lado del pasillo. Tras aterrizar, salí por patas y cogí un tricycle, una especie de moto con mega-super sidecar que te lleva por prácticamente nada, con su ruido y todo lo demás. Mi destino era la pensión Lola Itang y al llegar me enteré que no me podía apuntar para la excursión al Underground River o río subterráneo que es una de las nuevas maravillas del mundo y que me obligó a cambiar los planes y organizar la escapada a Nido. 

Cené junto al mar en un puesto en el que hacían pescado y marisco a la barbacoa y después de eso me retiré a mis aposentos.

El relato continúa en Viajando al Nido