Temporada de caza

Ha llegado la hora de rescatar otra de esas grandes historias que forman parte del patrimonio de esta bitácora. Para muchos de vosotros, leer sobre el turco es algo habitual y posiblemente nunca os habéis parado a pensar en donde comenzó su leyenda. Hoy, aquí y ahora tendréis oportunidad de descubrirlo. Esta historia fue publicada por primera vez el veintiseis de Noviembre del 2003. Esta es la primera parte de una serie de cuatro capítulos de los que únicamente escribí el primero y el último. Creo que me pondré y los acabaré en estos días.

Existe un lugar secreto en Hilversum al que acudo con mi amigo turco. Es un antro sucio y oscuro en el que bebemos las cervezas mas baratas. Por supuesto no le decimos a la gente donde se encuentra porque su ubicación es un secreto que juramos proteger con nuestra vida. Tampoco os contaré su nombre. A pesar de tanto misterio, el lugar es muy popular, sobre todo entre la fauna femenina.

Esa es otra buena razón para esconderlo de los pervertidos ojos de la competencia. Un macho cabrio que se precie no facilita la labor a los adversarios y quien tenga dudas que se siente una tarde a ver los documentales de la National Geographic y verá como llega a esa conclusión. La naturaleza es dura e injusta y los cotos de caza han de ser protegidos para evitar la competencia. Así que mi amigo turco de mierda y yo acudimos allí los fines de semana, a cazar. El turco esta desesperado por encontrar novia. Tiene como una fiebre que le come por dentro y que lo altera de tal manera que él se ve incompleto a sí mismo. Necesita una hembra a su lado, una unidad femenina que le permita satisfacer sus necesidades primarias. Desde que rompió con su novia vive sin vivir en sí y eso que la turca vivía en Niza y más que un noviazgo convencional era una rara sucesión espacio-temporal de polvos. Ahora que el vínculo se ha desvanecido, su corazón se ha llenado con la necesidad de tener compañera. Así que acudimos a este santuario de la feminidad para rogar al Dios competente que colme su ansia y le provea con una media naranja.

Es llegar al lugar y el hombre se hincha como un pavo. Saca pecho, enseña dentadura blanqueada y a rondar a las bebas. Por desgracia hay algo que no hace bien porque su estrategia solo le ha deparado fracasos hasta este momento.

?l fija el objetivo en una primera fase. Busca una chocha y la centra en su punto de mira. Su estrategia es la correcta. Se fija en el aspecto físico ya que la meta es follar y para eso no hace falta descubrir la belleza interior ni cualquier otra de las mierdas con las que los mediocres que salen con un callo malayo se autojustifican. Miramos el envoltorio, juzgamos, puntuamos y buscamos una ganadora. Esto es como Eurovisión pero con carne. Se analiza la cantidad de celulitis, la tersura del cutis, la presencia de caspa, el equipamiento frontal (ya sabéis, que haya al menos algo que agarrar). Se controlan las caderas, el que no marquen paquete (por aqui hay mucha chica con “SORPRESA“) y que la susodicha no esté rodeada por competidores masculinos. Una vez hecha la criba se pasa a la siguiente fase. Es el círculo de la vida de los depredadores.

Tras la selección previa viene el abordaje. El turco es muy básico, muy directo. ?l se acerca a la unidad femenina y le empeta un: “¿Follamos o qué?” Esto no le ha funcionado nunca, así que desarrolló otras estrategias: “¿Quieres tomar una copa conmigo?” [Respuesta: No, piérdete], “No hablo holandés pero estás más buena que el queso de Gouda” [mirada despectiva y espaldazo al canto], “Toa toa toa te comería toa” [Respuesta con mirada lastimosa: “No soy un bocadillo, ¿sabes?“]. Ha intentado comprar cigarrillos para invitar a una fumadora, regalar copas, ofrecer su silla y en todos los casos ha cosechado fracasos estrepitosos.

El comité de evaluación creado para analizar las causas de semejante tragedia ha concluido que en lugar de enfilar directamente el objetivo, el turco se debe dirigir a ESO que acompaña a la papaya y que es su amiga. Este sutil cambio en el protocolo de comunicación puede marcar la diferencia y encauzar al individuo en una estrategia exitosa. Los estudios demuestran que la belleza deseada responderá de una manera más amigable cuando ve que el individuo posee cualidades como la caridad y la misericordia humana, que salen a la luz cuando el tiene la deferencia de hablar con los fetos de los que la ninfa se ha rodeado. Estas conclusiones han sido transmitidas a nuestro amigo caucásico pero él sigue sin comprender por qué para follar con el individuo “A” tiene que hablar primero y perder un tiempo precioso con los individuos “B“, “C” y “D” los cuales no son relevantes y no despiertan su interés. Su ansiedad lo pierde. Si pensara con la cabeza en lugar de con el glande vería las cosas más claras.

Hemos realizado algunas pruebas, pero el amigo no parece haber captado el mensaje. La idea es sencilla: aproximación, abordaje a través de la fauna que acompaña el objeto de su deseo, conversación casual, conquista del terreno deseado. El turco comienza bien, identificando el objetivo, se acerca no directamente sino derivando casualmente hacia ellas, encara a la más fea y le dice: “Mira que eres fea hijaputa, sobre todo cuando te comparamos con éste pedazo de hembra que está contigo que me la está poniendo como un mástil“. Huelga decir que no cosechó una espalda, sino cuatro y un bofetón. En otras situaciones sus aproximaciones y entradas fueron demasiado violentas y truncaron el objetivo deseado.

Lo malo de todo esto es que una vez ha entrado en la lista negra de cualquiera de las chicas, la perdemos para siempre porque parecen estar dotadas de memoria de elefante. La fauna del local se va reduciendo y cada vez resulta más difícil. Acabará teniendo que buscar nuevos territorios en los que cazar, ya que su estrategia hasta este momento ha estado abocada al fracaso.

Os preguntaréis si existe algún defecto físico que lo marque de tal forma que haga fracasar su estrategia. La respuesta es negativa. Os diré más, ante la pregunta “Señala al turco entre estos dos individuos” el 96% de las encuestadas apuntaron hacia , español de pura cepa.

Una descripción superficial del sujeto del que estamos hablando quedaría como: “Individuo alto, rubio con ojos claros, de estructura facial caucásica, dentadura en buenas condiciones y dientes de buen color, pelo corto peinado con la raya a un lado, de complexión deportista-venido-a-menos, ni delgado ni gordo y andar desgarbado. Viste ropa de marca casualmente descuidada compuesta de pantalón vaquero de 200 euros, modelo muy exclusivo y comprado en una tienda que garantiza que todos y cada uno de sus empleados son unos pedazo de maricones. El vaquero es usado por supuestísimo sin cinto y dejando ver los calzoncillos de marca. Lleva camisa ligeramente arrugada, proceso que toma unas horas porque hay que plancharla previamente para poder estrujarla y darle el toque adecuado más tarde. La camisa es de una exclusiva tienda francesa que no realiza más de cinco unidades de cada modelo“.

Con el chaval vestido de esta guisa, con dinero en el bolsillo, un trabajo interesante bien remunerado, casa y coche propio no hay justificación posible para su soledad. Reunido el comité de expertos, hemos concluido que su cultura (o incultura) musulmana es el principal obstáculo para enganchar una chorba europea.

Como comprenderéis no nos vamos a rendir por un quítame allá un moro de mierda y ya hemos diseñado un nuevo plan de acción, aunque me temo que tendréis que esperar a una futura comunicación para averiguar el desenlace.

Tras años de dejadez absoluta, esta historia ha vuelto a continuar su andadura. Podéis continuar leyendo la segunda parte, llamada Temporada de caza: el elegido