Tercer día. Kuala Lumpur – 4

El relato de este viaje comenzó en Camino a Kuala Lumpur y Tienes un índice con todos los capítulos en Viaje a Malasia del 2009: Índice con toda la historia.

Desde el Mercado Central volví a caminar por JIn Petaling pero nada me llamaba la atención y no piqué pese a las llamadas de los mercaderes. Seguí mi camino hacia la mezquita Masjid Jamek, preciosa por fuera y construida en una isla entre dos ríos que se unen. Estaba abierta y me dejaron entrar con la condición de no poner pie en las zonas de rezo y como vestía apropiadamente seguí rodeando el templo y haciendo fotos de los terroristas musulmanes mientras esperan recibir la orientación de su Dios y pasar al ataque. A la gente que llegaba con pantalones cortos o los hombros descubiertos les ponían telas para cubrirlos pero igual de gratis se van con enfermedades porque aquellas telas y ropas estaban bien pero que bien sudadas.

Crucé la calle, entré en el barrio hindú y esta vez si que conseguí dar con el Cine Coliseum y menuda decepción, el edificio tendrá un montón de historia pero está pidiendo a gritos un par de manos de pintura y una restauración. Le hice las fotos de rigor, miré los carteles de las películas hindúes que anunciaban y como todo el mundo parecía tener algo de fijación con mi cámara y los hindúes no parecen captar el concepto de la honradez como el resto de los Malasios, seguí mi ruta y enfilé hacia el Sogo, los grandes almacenes que también esquivé el día anterior. Allí dentro había más gente que en las manifestaciones pro-católicos que se hacen en Madrid y en las que la policía de la comunidad siempre ve millones y millones de personas. En la planta de caballeros encontré otras dos camisetas a precio de risa y unos calzoncillos Levi’s que si son auténticos, han sido la compra de gallumbos más barata de mi vida. Tras esto volví a toda prisa y corriendo al hotel y me di una sesión de piscina.

Por la tarde, relajado y con la sensación de haber cubierto los objetivos previstos salí sin cámara y bajé caminando hasta Bukit Bintang, la zona de tiendas del Triángulo de Oro, la parte de la ciudad en la que me hospedaba. Fue una caminata de unos quinientos metros y si no fuera porque se les olvida poner aceras en las calles, no merecía una reseña. Allí, cuando entré en la Zona Cero, comenzó el acoso de ticketeros que te quieren llevar a comer a su restaurante o de compras a su tienda. Los despachaba de mala manera y al final ya ni se acercaban porque me veían la cara de mala leche. El barrio está más concurrido que la zona de los chinos. Fui directo al Berjaya Times Square, un centro comercial que según mi guía de viajes es grande. Se equivocaban. Es GIGANTESCO. Calculo que entre doce y quince pisos de tiendas y más tiendas y grandes almacenes, bares, cafeterías y lo que se os ocurra, con patios interiores inmensos y un barroquismo que no había visto jamás. Me aburrí de caminar y vi que en la tercera planta tenían un Wendy’s. La última vez que estuve en uno fue en el 2004 así que desvié mi rumbo y enfilé hacia allí para comerme una hamburguesa. Estaba disfrutándola cuando un rumor llegó de lejos y el edificio empezó a vibrar. Pensé que era el fin de los días, que un terremoto acababa con la ciudad y el rumor crecía por momentos y la bebida saltaba sobre la mesa. Unos segundos más tarde pareció alejarse y como veinte segundos después volvía y además con gritos histéricos. Al momento lo supe y no podía creerlo. Era el sonido de una montaña rusa. Acabé de comer, salí corriendo fuera del local miré hacia arriba y casi lloro con lo que vi. Una montaña rusa, con dos lazos verticales y un montón más horizontales dentro del centro comercial. El penúltimo día pienso volver y subirme en ella. Ahí me sentí como un paleto que llega a la gran ciudad por primera vez. ¡Guau!

Todavía con el cuerpo destemplado por semejante descubrimiento me acerqué a otro centro comercial, el Plaza Low Yat y en la misma puerta casi me cago con lo que vi. Imaginad un centro comercial enorme, de esos que se han reproducido por todos lados, de unas siete plantas, pero especializado en una sola cosa: Electronica. Las dos primeras plantas eran solo de fotografía, con tiendas y más tiendas que vendían todo y más. Después venían unas seis plantas de ordenadores y teléfonos con millones de cosas que habéis visto en páginas web y pensabais que no se fabrican. Allí te puedes comprar todos los componentes para comprarte un ordenador o elegir uno ya preparado de marcas que jamás habéis oído y que tienen lo último de lo último. Era el sueño de todos los tíos. Me tenía que parar a llorar en la puerta de algunas tiendas porque no me lo podía creer. Nunca pensé que alguien pudiese tener la sensibilidad suficiente para hacer un centro comercial de hombres, con las cosas que nos gustan y unas putas anoréxicas increíbles atendiendo con pintas de japonesas, todas de piel pálida y en puro hueso que te la ponen dura con esos ojitos de pestañas postizas que cierran como si estuvieran abanicándose y que cuando hablan te recitan de memoria las especificaciones de los productos sin dudarlo un solo instante. A este volveré también el penúltimo día.

Me tuvieron que sacar porque yo quería dormir allí y del disgusto me metí en el Sungei Wang Plaza pero ese es más normal, con tiendas de todo tipo y me aburrí al poco. Pasé por el afamado Lot 10 y ya cansado de tanta tienda decidí regresar al hotel y aprovechar para darme un buen baño en la bañera tamaño piscina de mi habitación y acostarme temprano que al día siguiente madrugaría aún más.

El relato del viaje continúa en Cuarto día. Kuala Lumpur – Pulau Perhentian Kecil

8 opiniones en “Tercer día. Kuala Lumpur – 4”

  1. Años que no como en un Wendy’s, me encantan las hamburguesas de alli. Lo de la montaña rusa seguro que era de pinga solo que yo ni muerta me monto. Besos.

  2. Al final no me monté. Con casi 35 grados me dio pereza bajar hasta ese centro comercial y me quedé en otro que me pillaba más a mano.

  3. ¡Que asco con las ropas esas sudadas que ponen!
    Y además de eso, totalmente ridículo y cabreante…
    ¡No voy, ala!…jajajaja
    Salud

  4. Ja, ja, ja… centro comercial para tíos. Me ha recordado el anuncio ese de la Heineken y el frigorífico-vestidor lleno de cervecitas.

  5. Ale, pues sí, era como un sueño hecho realidad. Solo tiendas de fotografía, electrónica y hardware y chochas anoréxicas con micro-faldas recitando las especificaciones de los productos.
    Virtuditas, la respuesta a ese anuncio de la cerveza Bavaria es incluso mejor, pero no sé si lo darán en España.

  6. A mi me parecía que en el de Heineken, mas que tios gritando eran nenazas gritando, por eso me gusto tanto el de Bavaria, era tal cual lo que yo pensaba, yo lo he visto porque tengo toda la tele holandesa aqui incluyendo Canal Plus, pero el comercial lo encuentran en youtube si buscas Heineken Bavaria. Besos.

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