The Happy Prince

Viajamos de nuevo al estremecedor universo de las películas de la filmoteca, esas que cuando las vas a ver, jamás has visto un trailer y no son como la caja de bombones de Forrest Gump porque aquí hay grandes probabilidades de que te pille una que te dejará un sabor de boca malísimo y raramente te tropiezas con una buena. Este fue uno de esos casos en el que al menos la historia era entretenida y estaba bien contada. La película se llama The Happy Prince y hasta donde yo se, jamás se estrenará en los cines españoles, ni siquiera con el título de truscoluña no es nación que tanto se ajusta al original.

El julay de Oscar Wilde no tiene estreñimiento porque el orto lo tiene del tamaño de un culo de florero

Mira tú que resulta que Oscar Wilde era mariquita y que se encoñó de un niñato inglés ricachón y que acabó en juicios con el padre, los perdió por julandro y acabó pasando dos años en la cárcel. Esta película empieza cuando sale de la misma y se exilia a Francia y allí trata de rehacer su vida sin éxito antes de reencontrarse con el chamo que se la pone morcillona y acaban viajando ambos a Italia, en donde las cosas no salen bien y finalmente el chamo termina en Paris, sin jode y malpagado y allí morirá.

No me importa clamar al cielo por mi ignorancia y puedo confirmar y confirmo que después de mirar la lista de las obras de Oscar Wilde en la Wikipedia, parece que solo he leído dos de sus libros (o cuentos, que no tengo claro que fueran libros). Aún así, el nombre del chamo me suena, pero tampoco lo asociaba al marikitismo. En ese aspecto, la película es fascinante porque nos desvela que el chamo estaba encoñado hasta los pelos del culo de un joven inglés que era un gilipollas integral y que lo puteó y chuleó todo lo que pudo y eso que tenía a otro joven cerca que hasta le abría la boca para ver si le empetaba el cipote en la misma, cosa que no pasó. Esto es biográfico o algo así, pero centrado en los años finales, cuando ya no escribía y estaba en plena desintegración. Rupert Everett borda el papel y lo hace muy creíble, aunque por otra parte, es un homosexual haciendo de mariquita, con lo que mucho empeño no tuvo que poner ya que se sabía la letra de la canción. Aún así, se curra la personalidad de Oscar Wilde y es el que hace que la película sea creíble, ya que hay otros papeles que no terminaron de cuajar y se ven demasiado falsos. Pese a que la película está bien, aprendemos algo y no aburre,le falta un toque para que sea mágica. Se queda más bien en el universo de los buenos telefilms y no me extrañaría que acabe como una de las favoritas en la tele.

Si eres un miembro del Clan de los Orcos, esto te puede provocar daños cerebrales. Aunque está bien, no creo que mole demasiado a los sub-intelectuales con GafaPasta.

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