Todo sobre mis aires

La semana pasada, mirando en el congelador para ir acabando con toda la comida congelada antes de ir de vacaciones navideñas a Gran Canaria, encontré tres chorizos y justo ese día había visto una receta de alubias con chorizo que encajaba perfectamente. Compré las alubias, descongelé también un trozo enorme de panceta que tenía en el congelador y al día siguiente por la tarde/noche hice las alubias con chorizo para comérmelas el miércoles, ya que yo soy un firme creyente en la mejora de estos platos cuando tienen unas horas para reposar.

Alubias con chorizo

El miércoles antes de irme a clase de italiano me di un homenaje épico y legendario. Me puse tibio con esta comida de invierno. Me quedaron mortales de necesidad. Después de volver de clase, sobre las nueve de la noche, vi un par de episodios de mis series favoritas, perdí el tiempo arreglando fotos y finalmente sobre la medianoche subí a mi dormitorio para acostarme. Estaba lavándome los dientes cuando de repente me entra un tremendo apretón circunstancial y fuera de lugar y lo que sucedió a continuación seguramente ha sido investigado por la policía de la ciudad en la que vivo porque sonó como un tiro. Me tiré un peo brutal, con una cantidad de decibelios como altavoz de discoteca. Fue tan fuerte que me sorprendió hasta a mi, su creador y me dio un ataque de risa tras soltarlo, lo cual disparó un segundo y un tercer tiro. Supongo que las alubias blancas y las castañas incrementan el calibre de esas expresiones artísticas tan denostadas. El jueves por la mañana, fue salir de la cama y lanzar otro aún más sonoro y el resto del día, en cualquier lugar en el que intuía que no me veía nadie, lanzaba tremendos petardos y me partía a reírme con semejantes atrocidades. Estuve casi veinticuatro horas soltando gases de efecto supersónico e invernadero y cuando pienso que tengo cinco bolsas congeladas, me río yo solo con el jolgorio que me espera. El jueves usé el ascensor en la oficina más que nunca en la vida, me metía, bajaba tres plantas y por el camino aquello era como un campo de tiro. Cuando el ascensor se detenía, recomponía la expresión y salía super-hiper-mega profesional y unos metros más allá me reía pensando en el pobre incauto que usase el ascensor después de yo salir. Por suerte para el viernes ya había regresado a la normalidad y a los peos de castañas, que son silenciosos pero venenosos, que esos no los oyes pero cuando se te pegan en las terminaciones nerviosas de las fosas nasales, esa marca no se te quita en la vida.

5 opiniones en “Todo sobre mis aires”

  1. Y como niegan algunos que se tiren peos. Yo enl o que llevamos de día, fácilmente una sopladera llena y ya pronto empiezo con la segunda

  2. Ni niego ni dejo de negar, me abstengo. No hay comentarios. Hay ciertos temas en los que mejor callar que cagarla (nunca mejor dicho). 😀

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