Trasmallos

El solitario camino que comencé hace unos meses me lleva hoy a hablar de los trasmallos, otra de las subespecies en las que se organiza el Hembrario, ese proyecto que acabará por consumir la escasa capacidad intelectual de la que puedo alardear. Quiero recordaos que no debéis confundir a los trasmallos con las rebenques, que como ya se dijo en su momento, es el paso necesario para toda hembra que quiera avanzar de niña a mujer, al menos cuando este cambio es visto desde los ojos de otras hembras.

Los trasmallos aparecen unos años más tarde y de nuevo he de decir que esta palabra es seguramente de uso muy local en las Islas Canarias. Seguro que en otros lugares se han forjado otras expresiones para definir el mismo tipo de comportamiento. En tiempos del caudillo dudo mucho de la existencia de estas hembras. Llegaron con la democracia, el despiporre y el socialismo. Hasta entonces una se casaba y se jodía ‘pa los restos si le tocaba una manzana podrida. De repente apareció la ley que permitía el divorcio y unas pocas pioneras se lanzaron a la piscina de las divorciadas. Eran tías que se habían casado muy jóvenes, o las habían cazado aún de chavalas, seguramente porque les entró algo de frío en el chumino y el miembro cavernoso que crece por fricción que usaron para calentarse acabó vomitando provocado por el olor a pescado y de aquellas leches surgieron esos bombos. Estas chicas no tenían otra opción que casarse con el panoli de turno, generalmente un descerebrado más próximo al mono que al hombre y después de unos años ambos eran infelices, tenían dos chiquillos y no se podían ver. El divorcio les permitió recuperar sus vida.s Ellos salieron en estampida a buscar una nueva lolita a ser posible descerebrada y con labios grandes para que la chupe mejor y ellas se echaron a la calle a recuperar el tiempo perdido. Para ellos la sociedad machista no creo una marca pero a ellas se les reservó la de trasmallos.

Los trasmallos se ganan ese título cuando llegan a la treintena y de repente son libres, madres y divorciadas. Se ponen los zapatos de tacón, se equipan con una de esas minifaldas minúsculas que no consiguen tapar las bragas, se acoplan un buen top en colores vivos y a ser posible que marque pezones para abobar a los machos, se pintan como indias dispuestas a entrar en batalla, se arreglan el pelo con tanta laca como pueden conseguir y de esa guisa se lanzan a la calle al anochecer. Sus zapatos taladrarán el silencio del barrio y las alcahuetas y marujas las verán pasar desde detrás de sus persianas torciendo el gesto. El trasmallo es visto por las otras mujeres como un caso perdido, un alma errante cuya brújula se ha vuelto loca y no sabe hacia donde debe ir. Ni siquiera saben que sucede cuando sale del barrio parra entrar en batalla pero se imaginan lo peor, que irá por ahí a putear, como cualquier otro arretranco. La realidad es bien distinta. El trasmallo va directa a la discoteca, casi siempre en el día de las mujeres y allí se reúne con otras como ella. Permanecerán en manada bebiendo y procurando que cualquier macho despistado les pague las copas. De cuando en cuando bailarán con los machos que las cortejan, sabedoras de su poder, con sus encantos acentuados por las luces de la disco y camuflados por la belleza que surge de la borrachera. Los machos las idolatrarán y quizás tengan suerte y podrán encontrar otro hombre para calentar sus camas. Mientras llega ese momento, se lo pasarán bien y disfrutarán de las cosas que debieron hacer durante la juventud pero que no tuvieron oportunidad por ese embarazo tan temprano que las sacó de la circulación.

Aunque en el barrio se le da una connotación despectiva a la palabra trasmallo por parte de las otras mujeres, os aviso que para nosotros los hombres, espíritus insensibles y de una gran simplicidad solo hay que recordar una cosa: los trasmallos entran de lleno en la categoría de follables y eso es lo único que importa. Si te encuentras con una y tienes la oportunidad de enfundarla en caliente no lo dudes ni un momento. Hazte una foto con la cámara de tu móvil para enseñársela a tus amigos y que flipen y puedan envidiarte por haber disfrutado de tremenda pieza. Respeta a los trasmallos porque son madres, mujeres que lo han pasado crudo y porque saben darle a su cuerpo alegría y cosa buena y no como esas bordes que se creen que su chumino es una pieza de museo que no se puede tocar y que solo está ahí para admirarlo.

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