Un día entero regresando a casa

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Después de veintipico días fantásticos, llegaba la hora del terrible regreso. A la depresión por saber que se te acaban las vacaciones se une el eterno desplazamiento entre dos lugares del mundo separados por miles de kilómetros.

Mi vuelo era a las siete menos diez de la mañana así que me desperté sobre las tres de la mañana, me duché, dejé mi último jiñote filipino, me vestí y la bolsa con mis provisiones de mango seco ya estaba preparada. Pedí un Grab, que llegó al poquito y enfilamos hacia el aeropuerto. A esa hora, el desplazamiento no debería tomar más de quince minutos sin tráfico. No fue así. Pronto descubrimos que la policía decidió cerrar la arteria principal de Manila y tuvimos que ir por calles secundarias, con lo que tardamos algo más de media hora. Después el taxista te deja en la zona de salidas y hay unas colas kilométricas en las seis puertas de acceso. Para entrar hay que pasar un primer control de seguridad que es lentísimo. No ayuda que familias con bebés o viejos se puedan colar, al completo, con lo que a cada momento, veinte o más personas se saltan la cola y entran. En un punto determinado alguien escaneó a los que esperaban y pilló a los extranjeros y también nos trataron como si fuéramos bebés o sencillamente, viejos como algunos comentaristas que no vamos a mentar. Una vez dentro fui al mostrador de facturación de Emirates y me separé de mi bolsa de cuarenta litros y casi diez kilos en mango seco y pan bizcochado filipino, que me encanta. La chica me dijo que no perdiera el tiempo y entrase inmediatamente y me fui a la siguiente cola, una que debía tener fácilmente ciento cincuenta metros y serpenteaba por el aeropuerto y que era para el control de pasaportes.

Avanzábamos lentamente cuando vino un empleado y me dijo que los extranjeros teníamos que ir al principio y saltarnos la cola, que era filipina. Por supuesto que lo hice y me pusieron en una nueva cola para el control de pasaporte. Era para extranjeros. En las otras colas tenían la de los viejos, minusválidos y mujeres con bebés que era la más concurrida, varias filas para pasaportes filipinos y una en la que un tipo ponía a la gente que estaba por perder su avión. Tardé como media hora en pasar el control de pasaporte. Después un segundo control de seguridad y tras esto finalmente llegué a la sala de embarque. Eran las seis y cuarto de la mañana y ya iban a comenzar a entrar a la gente. En Manila, para volar, hay que ir horas y horas antes por culpa de lo anteriormente narrado.

El avión se vino retrasando una media hora. El embarque fue caótico. En mi primer avión iba sentado en la parte trasera derecha, en ventana. Era un boeing 777 y estaba lleno hasta la bandera. Al volar de día, procuré no dormirme y lo conseguí y me di un empacho a ver series de las que tenía en mi iPad. En el vuelo, de nueve horas y media nos dieron un desayuno y un almuerzo. Me ha sorprendido la compañía Emirates porque la gente los vota como número uno pero mi impresión es que en lo relativo a comida en la clase de pobres, no es para nada especial y las opciones que tienen durante el vuelo para entre-horas son muy escasas. Aterrizamos en hora en Dubai y tenía casi tres horas de conexión. Me dediqué a caminar el aeropuerto de Pé a Pá y una hora antes de la salida del segundo vuelo comenzó el embarque.

Era de nuevo un A380, el mega-avión ese de dos pisos y en el que entra un país entero. Iba petado. En esta ocasión me senté en ventana por delante en el lado izquierdo. Lo hice a propósito para grabar vídeos aterrizando y despegando de los diferentes lados de Dubai. El avión salió más o menos en hora y corrimos por la pista hasta pensar que se nos acababa y moríamos allí todos y logró levantarse del suelo y comenzar a subir. Fue otra tanda de vídeos de series en mi iPad acompañada de un almuerzo. La llegada al aeropuerto de Schiphol es espectacular y como el avión aterriza tan lentamente, pude hacer buenos vídeos desde la ventana. El desembarque fue lento, lentísimo y desde allí fui a la cola de pasaportes en donde conseguí pasar en menos de cinco minutos. Después tuve que esperar casi una hora hasta que salió mi maleta. En lo relativo a entregar el equipaje facturado, el aeropuerto de Schiphol es el más lento que conozco.

Con todas mis cosas, fui a la estación de tren bajo el aeropuerto y casualmente ese día no habían trenes directos por mantenimiento de las líneas. Me tuve que ir a Amsterdam y allí esperar diez minutos para pillar el tren a Utrecht con lo que tardé bastante. Después hice el tramo final en guagua hasta mi casa. En total, entre pitos y flautas, habían pasado exactamente veinticuatro horas desde el momento en el que me desperté en Manila hasta el momento en el que entré en mi casa en Utrecht. Y así acabaron las vacaciones del año 2017 en las Filipinas.

Las fotos y el vídeo de esta anotación están en Volando de Manila a Amsterdam por Dubai

FIN

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