Un drama tan grande como la vida misma

Ayer me tocaba y se daban las condiciones perfectas. Salí de la oficina como siempre, pillé el tren de las cuatro a Utrecht, hice la conexión al tren que me lleva a la estación en la que dejo la bicicleta sin problemas y desde allí fui a todo meter hasta mi casa para calentarme, en el mal sentido de la palabra, ese que implica ejercitar el cuerpo. Subí corriendo a la planta alta de mi casa, me puse el pantalón para ir a correr y una camiseta que transpira y aproveché y eché el segundo jiñote ya que todos sabemos que la eficiencia energética mejora a menor peso. Salí de mi casa, arranqué el programa que uso para medir la distancia y me lancé a correr por el clásico circuito de los seis kilómetros, ese que en su día comenté en Comienza la ronda de decisiones pero que tengo clarísimo que el único lector no se enteró con tanta letra, así que pensando en que ya tiene una edad, le he hecho una gráfica para que interprete las letras y vea la ruta que hago corriendo:

LaRuta

Obviamente, a menos que seas fascista-truscolano y te hayas especializado en barrer y tengas un pelado de cubo, todos damos por sentado que se comienza a correr en la letra A y en los dos últimos meses siempre, siempre, siempre, sigo el trayecto marcado con las flechas hasta la letra C y en ese punto es el único en el que tomo una decisión que es hacer el circuito que me devuelve al mismo lugar siguiendo el sentido de las agujas del reloj analógico que tuve en el pasado o el contrario. Fui pasando hitos, llegué a la letra B, luego a la C y allí opté por el sentido de las agujas del reloj. Pasó el primer kilómetro, el segundo, el tercero e iba ganando velocidad continuamente. ¡Ya era hora y por fin iba a bajar de los veintisiete minutos! Entraba en el cuarto kilómetro cuando uno de los sensores que culminan en mi cerebro recibe un mensaje: ¡ALERTA DE JIÑOTE! y lo empieza a recibir continuamente: ¡ALERTA DE JIÑOTE! ¡ALERTA DE JIÑOTE! ¡ALERTA DE JIÑOTE!

Yo estoy escuchando el audiolibro de IT, el clásico de Stephen King que pronto se estrenará como película y que quería refrescar en mi memoria. Recordaba que es un libro obeso, como un ladrillo en la primera edición del Círculo de Lectores que yo tengo en España pero es que en la versión hablada son cuarenta y cuatro horas de audio, es eterno. Hoy en día ya no se hacen libros así tan gordos, ahora lo dividen en tres o cuatro y ordeñan la teta todo lo que pueden. Regresando al asunto, una línea de procesamiento cerebral está manteniendo el ritmo mientras corro y asegurándose que mejoro, otra está siguiendo la historia del libro IT y ahora una tercera que reclama un incremento de prioridad y hasta la clasificación de emergencia ejecutiva avisa de que hay una ¡ALERTA DE JIÑOTE!

Yo estoy llegando al punto marcado en la gráfica anterior con una estrella. Es una carretera local, casi sin tráfico y junto a un canal. La parte de mi cerebro especializada en resolver problemas plantea la posibilidad de ¡Bajar al canal y jiñar! y lo justifica porque solo ha pasado un coche y nadie en bicicleta con lo que me puedo r-esconder un poquito y soltar ese JIÑOTE que pide salir pero-que-ya. Una nueva línea de procesamiento rebate esta posibilidad y le recuerda a las otras que ¡NO TENGO PAPEL! y que no habría manera de limpiarme el poto y que por allí hay mucha ortiga mezclada con la hierba, que es la opción que propone la rutina que reclama el jiñote .

En ese momento ya estamos con un montón de líneas de procesamiento:

  1. Corre
  2. Escucha audiolibro
  3. JIÑOTE
  4. PARA
  5. NO PARES

Estoy perdiendo la concentración para la primera tarea, algo catastrófico para un atleta consumadamente consumado como el Elegido que soy y en mi cerebro hay una retahíla de mensajes que en ocasiones se contradicen y todo amenizado con el audiolibro que estoy escuchando:
¡Para! ¡Jiña! ¡Corre! ¡No pares! … ¡Para! ¡No pares! ¡Corre! ¡Jiña! … ¡Jiña! ¡Corre! ¡No pares! ¡Para! … ¡No pares! ¡Jiña! ¡Corre! ¡Para! … y así con todas las posibles permutaciones de estos cuatro grupos y que todos sabemos que son veinticuatro. A falta de una decisión que soy incapaz de tomar, sigo corriendo, con el peso del JIÑOTE que amenaza con caer al suelo y que me pone de parto instantáneo y empiezo hasta a dilatar, solo que las contracciones son super-rápidas, cada treinta segundos o así. Voy chiflándome, sin saber que hacer, sigo corriendo mientras alguien me lee un libro y una parte de mi celebro me pide que para, otra que no lo haga y el jiñote lo único que quiere es salir y empuja para caer y yo con el pantalón de correr que tiene el calzoncillo ese propiamente dicho de corredor y sin otro calzoncillo con lo que esa cosa se puede salir fácilmente y a ver que hago yo con el garrote vil ese cayendo al suelo como misil en la isla de Guam. El tiempo pasa y al llegar a la parte inferior de la gráfica anterior entro en una carretera en la que ya sí que no es posible el jiñote porque hay muchos ciclistas. La línea de pensamiento que pedía lo de PARAR se extingue pero eso no soluciona el problema porque ahora me faltan unos dos kilómetros para llegar a mi casa, necesito urgentemente jiñar y estoy dilatando segundo a segundo y ni de coña DESPACITO como dice la canción. Tampoco puedo incrementar la velocidad porque es que ya casi toda la capacidad sub-intelectual de mi cerebro está concentrada en el jiñote y cada metro que me acerco a mi casa es uno menos al baño y se incrementan desproporcionadamente las ganas de jiñar y empiezo a creer que lo de cagarte por las patas pa’bajo es real y no una expresión usada cuando hablamos. Cuando llego al quinto kilómetro y estoy aproximándome al punto C en el regreso, una nueva línea de pensamiento surge en mi cerebro, una conocida y que ya comenté en Los últimos quinientos metros. Se transforma en una nueva orden cerebral que exige PARAR porque estoy cerca del final pese a que otras partes de mi cerebro me apremian a llegar, estoy corriendo, estoy escuchando un audiolibro y estoy a punto de tener una pérdida brusca de peso corporal. Intento neutralizar esa última orden cerebral con el clásico ¡TRUSCOLUÑA NO ES NACIÓN! pero me estoy volviendo loco … cruzo por el punto C y quiero incrementar la velocidad pero no se si puedo, dilato, corro, me agobio, quiero detenerme, quiero jiñar y sudo tinta negra con tanta recalentura cerebral.

No sé ni como pero consigo hacer los seis kilómetros pero el cuerpo como que huele el trono de mi casa y quiere sentarse en el mismo y las contracciones ahora son cada cinco segundos, es que estoy literalmente ¡CAGÁNDOME TOOOOOÓ! … intento no pensar, avanzo como un robot y creo que hasta algún vecino me saludó pero yo ya era como un muerto viviente solo que bien sudado. Entré en mi casa, corrí al trono y por fin solté ese tercer y mortífero jiñote. Cayó riéndose de las leyes de la gravedad, fue una acción de milisegundos, que para verla habría que usar el modo ese de alta velocidad de las cámaras o te lo pierdes.

Cuando miré los resultados no me lo podía creer ya que pese a todos los retos y dificultades, me quedé a diez segundos de cruzar al territorio de los veintiseís minutos:

A diez segundos de los veintisiete minutos

7 opiniones en “Un drama tan grande como la vida misma”

  1. Yo se que los ciclistas profesionales se lo hacen encima, deberías considerar averiguar si te interesa el sistema…
    Ah! Yo si me entero de tóo, pero al poco ya se me olvida para poder entender otras cosas, ha de quedar hueco libre en mi vetusto cerebro… 🙂
    Salud

  2. Genín, si fuera como las cabras y echara bolitas igual se podría pero yo lanzo el JIÑOTE y no me veo dándome golpes en las piernas con ese garrote vil. Que yo sepa los ciclistas meaban desde la bici, no creo que jiñen. Y seguro que o ellos llevan papel o se lo dan desde los coches esos que van alrededor como mosquitos truscolanes.

  3. Si, si, por lo visto jiñan en la bici, sin problemas, se cagan encima, ahora bien, aunque hace tiempo le escuché a Perico Delgado explicar como era el tema, no lo recuerdo… 🙂
    Salud

  4. yo también busqué y se bajan, salvo uno que se cagó encima en el tour de Francia por un problema de estómago y el resto del pelotón se alejó de él por el hedor a mielda

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *