Un fin de semana pedaleando

El sábado tuvimos el primer fin de semana de este año en el que no llovió y aunque hizo algo de frío, el día era perfecto. Después de levantarme y desayunar, me acerqué al mercado de Utrecht y conseguí pulpo, italiano y del mediterráneo pero pulpo igualmente. Estuve intentando conseguir berberechos pero no hubo suerte. Compré unas cuantas cosas más que necesitaba, volví a mi casa y cogí la bicicleta eléctrica y me fui a dar un paseíllo de unos sesenta kilómetros. No lo planeé de antemano y me limité a ir sin rumbo fijo, primero hacia una ciudad, desde allí a otra y a veces por el bosque o pedaleando junto al río Rin. En algunos tramos el viento era bastante fuerte y en ellos le metía candela a la bicicleta y seguía como si nada. Un gustazo divino.

Al llegar a mi casa estuve un rato hablando con mis vecinos y explicándoles los mapas y rutas que les he preparado. Irán a Gran Canaria de vacaciones y les tengo las rutas que han de hacer. Se las he programado en mi GPS Garmin, el cual se llevarán y junto a un cuadernillo será como si yo estuviera allí junto a ellos.

El domingo me levanté temprano y cuando la mayor parte de la ciudad aún dormía, yo me preparaba el desayuno de los campeones y cocinaba Falafel para comer el lunes. Después fui hasta la estación en bicicleta y con un frío tremendo, aguzado por un viento insidioso que hacía que la sensación térmica rozara los diez grados bajo cero. Tomé el tren para Amsterdam, después cambié al metro y más o menos tenía el tiempo justo para ir al cine. Mi cuidada planificación se fue al carajo cuando alguien decidió saltar en las vías del metro o algo parecido y nos detuvimos una estación antes de la que debía ser mi destino. Es justo al lado de la casa del Turco, algo que siempre me trae recuerdos de cuando iba por allí todas las semanas. Aligeré el paso, atajé por calles y canales que los turistas no conocen y llegué al cine cuando la publicidad y los trailers estaban a punto de terminar. El Niño me esperaba al borde de un ataque de ansiedad, pensando que lo había hecho madrugar en domingo para nada. Entre películas nos fuimos al Replay a tomar un cafelito y controlar que los culos de las empleadas no han aumentado de volumen.

Cenamos en un restaurante de Amsterdam que a mí personalmente no me parece gran cosa pero que a él le gusta un montón, aunque yo me temo que lo que le gusta es una de las camareras, a la que mira y remira y nunca le dice nada porque según él es ella la que tiene que tomar la iniciativa. Me machaca con sus elucubraciones y llegó un momento que yo estaba por levantarme e ir hacia ella y preguntarle: ¿Qué tú chupas polla? y si me dice que sí, le señalo al Niño le digo que se acerque a él y se beba un biberón completo a ver si lo relaja y podemos tener una conversación normal. Estuvimos negociando la asistencia a alguna de sus fiestas de cumpleaños, algo que sucederá en abril. Yo ODIO profundamente a dos de sus amigas porque son cigarrillos andantes. Apestan, hieden y me provocan arcadas con ese tufo a alquitrán tan repelente. Tienen esos dientes negros tan típicos de los fumadores y parecen incapaces de permanecer más de tres minutos sin el humo que las acompaña así que yo me mantengo a años luz de ellas. Al final acordamos que yo iré a la cena con sus amigos del poblacho en el que se crió y con su familia, una en la que nadie fuma y en la que lo único malo es que yo seré como un pigmeo entre gente que mide por encima del metro ochenta y cinco y con varios que superan el metro noventa. Yo creo que en ese villorrio en el colegio había un disléxico o un daltónico y en lugar de leche les daban abono porque hay que joderse, yo soy un enano al lado de esa gente.

Al volver a mi casa en bicicleta, el viento era terrible y cortaba la piel de puro frío. Hay un tramo en el que parece que el mundo se va a acabar y deseas con ganas que se acabe el puto invierno, algo que ya sucederá más bien pronto. En mi jardín, los tulipanes ya asoman y en los canales, los patos, gansos y cisnes comienzan a oler la primavera y andan poniéndole la pata encima a las hembras para ver si se la pueden endiñar.

Y así más o menos fue el fin de semana, uno de transición y tranquilo antes de pegarme el tute en Granada y Málaga y un par de semanas más tarde ir a Gran Canaria. En fin, que no puedo quejarme porque la vida me trata muy bien.

6 opiniones en “Un fin de semana pedaleando”

  1. sulaco, búscale el lado positivo, no serás un enano entre gigantes, serás “exótico”, y se supone que lo diferente tiene más capacidad de atracción, eso unido a tu labia innata…. Seguro que resultas mucho más interesante que los gigantones rubios.
    Muchas veces yo tambien he pensado que el Cola-Cao que me daban de pequeña era de oferta….

  2. Jajaja, totalmente cierto Virtuditas, te lo digo yo que he vivido tanto tiempo en Holanda. Besos.

  3. Virtuditas, yo no me quejo. Ya los conozco a casi todos y ya han comido galletas, magdalenas y hasta suspiros de Moya. Dicho esto, son gente altísima. Hasta la hermana del Niño me saca una cabeza. De hecho, el mote que me han endiñado es Pequeñito, aunque cuando lo dicen suena más bien como pekenito. Y sí que no tengo ningún problema en ser el centro de atención principal, es algo que llevo en la sangre corrupta.

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