Un nuevo curso de holandés

Comenzar de nuevo. Intentarlo otra vez. Y esta vez espero que sea la definitiva porque lo de aprender holandés es que se me atraviesa. Si los libros los llenaran de sexo y boberías seguro que no me costaba tanto pero eso de sentarme durante tres horas a hacer ejercicios destinados a que aprenda el vocabulario relativo a un hospital no me motiva. Aún así, he decidido tirar la casa por la ventana y volver a tomar clases. Aunque ya superé el nivel 2 la vez anterior y me quedé en el nivel 3, he retrocedido para refrescar conocimientos adquiridos en el pasado y desde esta semana hasta el 20 de diciembre iré a un curso para superar los niveles 2 y 3.

La primera clase siempre es la más dura. Has de conocer a un montón de gente y acomodarte a una mecánica que salvo que seas un estudiante profesional es un poco pesada. En este curso iré dos veces por semana, tres horas y cuarto en cada ocasión y lo voy a hacer por las mañanas. Esto ha sido motivo de polémica en la oficina porque normalmente no permiten a la gente acudir a clases durante el horario de trabajo pero mi vida está hecha de excepciones, soy amigable, la gente me quiere sinceramente y de alguna forma me las apaño para que la regla no se aplique a ciudadanos europeos nacidos en colonias ultra periféricas africanas o algo parecido.

El martes llovía un montón y en lugar de ir en bicicleta fui en transporte público. Estaba totalmente convencido que la clase empezaba a las 9.15 y llegué a esa hora llegué encontrándome con que el horario real de comienzo era a las 9.00. Hubo más gente que llegó tarde (¡gracias a Dios!).

Elegir las clases por la mañana tiene mucho sentido. Están menos concurridas, yo ando más lucido ya que no arrastro el cansancio del día y el factor ese que todos queremos evitar no se da en absoluto. Si vas por la tarde aquello parece un congreso de terroristas islámicos, con tías feas como callos quemados y por culpa de las cuales uno tiene que rogar a Dios y a la Virgen María para que cambien las leyes y las obliguen a usar el burka porque dan miedo. Por la mañana es otra cosa, algo que ya descubrimos en mi intento anterior y que por supuesto habéis leído en esta bitácora durante el otoño del 2004.

En la clase tenemos una rusa, una ucraniana (yo pensaba que esos también eran rusos), una de Tayikistán (otra rusa para mí), una de Bangla Desh, una mexicana, una peruana, una latina de los Ángeles, una turca emancipada, una inglesa, una china, un chino y un servidor. Yo solo necesito escucharlos hablar una vez para saber quién no acabará el curso y veo que este año perderemos muchos estudiantes. La profesora es una jovencita encantadora, rubia guapísima nacida y criada en el paraíso Holandés. En la primera parte de la clase el chino que nos tocó dio el canto cuando se quedó completamente dormido mientras la profesora hablaba con la china que se sentaba a su lado. Fue increíble. El hijoputa ni se inmutó cuando abrió los ojos quince minutos más tarde y nos vio a todos estudiándolo con atención. En la segunda clase desapareció y fue reemplazado por una coreana y ya sabéis lo que pienso sobre esa sub-especie que puede ser extirpada de la tierra sin que perdamos nada. Por culpa del cabezón que se gasta ya no volveremos a ver el sol en la clase hasta que se marche, lo cual espero que suceda pronto. La coreana tiene ese tipo de cara fea, aplastada y grande como un globo aerostático que produce tanta repulsión. No entiendo por qué no hay resoluciones de las Naciones Unidas instando a mantener a todos los coreanos bajo arresto en su país. El resto del mundo no tenemos que sufrir con su presencia. No es humanitario.

A la coreana la ignoraré tanto como pueda y rezaré al buen Dios para que le de pasaporte al infierno bien pronto. Con la turca me llevo muy bien porque a ella también le cae mal la coreana. Se ha emancipado y después de quince años encerrada en su casa criando hijos y cocinando para la multitud que vive allí la han dejado salir a la calle para que aprenda holandés, buscarle un trabajo y que aporte algo de dinero a la casa. La mujer ha vivido en este país tres lustros y no ha visto nada del mismo, solo lo que sucede entre las paredes de su casa.

Las rusas de múltiples nacionalidades tienen todas las mismas historias. Aspiraban a vivir en el primer mundo y como sus países son una puta mierda se hicieron unas fotos, se apuntaron en una agencia, las incluyeron en los libros de selección e informáticos holandeses las compraron para poder follar con ellas, tener quien les limpie la casa, fardar con los amigos y prolongar su extirpe en este mundo, que nacer con ceja única y estudiar informática te convierte en un paria en este siglo de los Metrosexuales. Todas tienen novios que las quieren tanto que las sacaron de sus países sin conocerlas y ahora ellas en agradecimiento aprenden el idioma para poder saber qué coño les dicen sus hombres en la cama, aunque yo les podría explicar que el mensaje es muy sencillo: ¡Chúpamela guarra!

Las latinas han sido la sorpresa. Dos de ellas aparentemente son babysitter, chicas traídas al país para que se encarguen de cuidar los hijos de otras y puesto que su negocio es con menores, han de aprender el idioma nacional para comunicarse con las pequeñas bestias. Dos de las latinas se ajustan a este perfil. La otra es punto y aparte y merece su propio párrafo.

Cuando una dice que es de los Angeles si le preguntan sobre el país del que procede yo inmediatamente calculo que además de un complejo de inferioridad de órdago tiene que ser tonta del culo o soplapollas integral. Cuando más tarde nos enteramos que está aquí de vacaciones por dos meses con su nuevo novio holandés y este la ha metido en clases para aparcarla ahí durante unas horas y pasado el periodo de prueba devolverla a los Estados Unidos, hasta la profesora se queda con la boca abierta. A esa le echo yo dos semanas antes de que deje el curso. No se entera de una mierda y se preocupa más del estado de sus uñas y de que su peinado mantenga la forma gracias a toda la laca que ha puesto en el mismo.

Así que con este panorama hemos comenzado el curso y mi plan es hacer al menos una vez por semana un resumen con lo que suceda en la clase. Quiero decir públicamente que echo de menos a LaMasmo, la sensación de mi curso del 2004 y no veo potencial entre las candidatas para substituirla. Y acabamos reflexionando con el hecho de que tengo doce compañeras y una profesora en este curso. De esta me sincronizo con ellas y por venir me viene hasta el renglón.

7 opiniones en “Un nuevo curso de holandés”

  1. tipo c, yo también la recuerdo. El otro día encontré su email y sentí la tentación de establecer relaciones diplomáticas pero logré contenerme.

    Jean Bedel, yo tampoco me lo explico.

  2. Estoy con Bedel, no consigo entender cómo lo haces. En fin, que hay quien tiene capacidad para componer una sinfonía y quien tiene capacidad para salir ganando en las negociaciones.

    Con el párrafo en que describes a la chica coreana… me partí el pecho. Lograste hacerme recordar a cierto individuo con poca personalidad y que lo arreglaba todo poniendo bombas y, cuya principal característica era el cabezón con el que eclipsaba el Sol.

    Un post genial.

  3. El individuo que nombras tiene pasaporte español para mayor vergüenza nuestra, que regalamos pasaportes hasta a cabezudos de esa mierda de país.

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