Un olvido muy desafortunado

Este relato basado en hechos reales y obviamente distorsionado puede herir las insensibilidades de aquellos que no las tengan así que quien lo quiera leer lo hace por su propio riesgo.

Las juergas de los jueves son las mejores. Los bares no están tan llenos y te puedes mover por ellos sin sentirte como una sardina en una lata. Además, es el día perfecto para encontrar pareja y comenzar relaciones que en el peor de los casos, son llevaderas hasta el fin de semana y eso, quieras que no, es una bendición ya que las amigas de una son lo peor de lo peor y como te vean sola dos semanas seguidas, ya empiezan a buscarte plaza en algún convento. Ese jueves la cosa prometía. En el bar estaban los de siempre pero también había caras nuevas, todos muy monos, todos con su vaso en la mano como manda esa norma no escrita del figureo nocturno. Los pudientes hasta se tomaban las copas y los que no tienen tanto dinero estiraban la bebida durante unas horas, llevándose el vaso a la boca únicamente para mojar los labios.

Mientras saltaba de grupo en grupo luciendo su fantástica sonrisa y repitiendo una y otra vez las mismas conversaciones intrascendentes y los mismos falsos piropos, se fijó en un chaval de pelo castaño y con un bronceado de revista. Poco a poco fue rotando entre grupos acercándose al objetivo y casi sin darse cuenta, estaba hablando con una vieja conocida a la que ni le debía ni le quería deber nada pero que casualmente estaba con él y fue la que los presentó. Así supo que su nombre era Yonatán, algo que le trajo a su cabeza recuerdos de esos deliciosos yogures que se comía en verano en un chiringuito playero y que regaban por encima con miel de flores. Una vez comenzaron a hablar buscó la manera de deshacerse de la otra y cuando lo consiguió comenzó con el ritual para llevárselo fuera de allí y poder trabajárselo a gusto. Acabaron en un pequeño café, obscuro y casi desierto, sentados en un rincón cuchicheando y manteniendo una conversación banal que se supone que giraba en torno a asuntos importantes. Después de averiguar que no tenía novia, que trabajaba como profesor universitario y que le gustaba comer marisco, tiró a matar y acabaron dándose el lote sin que nadie los observara.

Salieron del café y se fueron a casa de él ya que ella aún no ha cumplido cincuenta años y sigue viviendo con sus padres, una tradición muy arraigada en España, esa España mía, esa España nuestra, ay, ay, ay …

En el ascensor pensó que se corría de puro gusto allí mismo. Entraron en el pequeño apartamento y el fuego uterino la quemaba tanto por dentro que casi no llega al sofá. Se sacó la ropa como buenamente pudo mientras él hacía lo propio y sin música ni esas cosas que se ven siempre en las películas acabaron revolcándose por toda la casa. Fue una noche de sexo fantástica, maravillosa y para cuando acabaron rendidos en la cama, ella era la mujer más feliz del mundo. Su reloj biológico la despertó a las siete de la mañana y sabía que tenía el tiempo justo para prepararse e ir al trabajo. Se fue al baño y se llevó con ella su bolso, ya que una mujer que se precie y que no sabe en qué cama dormirá esa noche siempre lleva consigo el equipamiento mínimo para sobrevivir y restaurarse. Según entró al baño le dio un apretón, uno de esos que sabes que solo pueden acabar de una manera, cagando, o haciendo de vientre, que era la forma más suave con la que a ella le gustaba pensar en esa actividad diaria. Se sentó en el retrete y mientras dejaba que su cuerpo diera el resto e hiciese su trabajo, comenzó a mandar mensajes a sus ochenta mejores amigas informándoles que había encontrado el hombre de su vida. Al obrar notó que lanzó una sola carga, un objeto contundente que cayó chapoteando. Se limpió, se levantó y bajó la cisterna. Aquel fruto de su esfuerzo se quedó allí, parado, inmutable a las corrientes de agua que trataban de engatusarlo para llevárselo. No le dio mayor importancia y esperó a que se llenara la cisterna para volver a tirar de la cadena. La segunda vez sucedió exactamente lo mismo, solo que el papel con el que se había limpiado el trasero ya no estaba. Buscó la escobilla del retrete para darle un empujón y ayudarlo a emanciparse pero no había ninguna. Mierda. En algún lugar muy dentro de ella se disparó la alarma. Ahora sí que tenía un problema. Una no se acuesta con un tío y le deja en el baño un mojón como un pepino de grande. Eso solo se hace una vez te has casado, pero no en la primera noche. Sopesó las alternativas y decidió que lo mejor era meter la mierda en una bolsa y llevársela, que seguro que en la calle hay papeleras y la puede dejar allí. Ya habría tiempo en el futuro, cuando tenga derecho en esta casa un cajón para poner su ropa para comprar una escobilla y ponerla en el baño. Todos los hombres son iguales, pensó, aunque este me mola mazo. Se terminó de arreglar y cogió una bolsa de plástico que llevaba en su bolso. La viró del revés, comprobó que no tenía roturas y con ella capturó el boñigo. Cerró la bolsa cuidadosamente haciendo un doble nudo y salió del baño, felicitándose por lo ducha que era en estas tareas gracias a los paseos con el perro de su tía. ?l seguía durmiendo, con un suave ronquido que despertó algo dentro de ella y que le pareció encantador.

Antes de marcharse decidió dejarle una nota así que fue a la mesa de la cocina y allí encontró papel y un bolígrafo. Escribió en el papel: Ha sido fantástico. Llámame. xXx y añadió su número de teléfono.

Salió de la casa, cerrando la puerta con cuidado y una vez en la calle buscó la parada del autobús. Se fue a trabajar contentísima y se pasó la mañana mirando su teléfono móvil para ver si había recibido algún mensaje. Nada. Por la tarde ya comenzó a preocuparse puesto que se había ido de la casa con la impresión que él también había pasado una noche fantástica y que eran almas gemelas. De repente algo se iluminó en su cerebro y un estremecimiento de pánico le recorrió el cuerpo. Se había dejado la bolsa con la mierda sobre la mesa de la cocina, junto a la nota. ¡No!, ¡No!, ¡No!, esto no podía estar sucediéndole a ella. Entonces comprendió el por qué él no la llamaba. Seguro que al levantarse, se acercó a la cocina, vio la nota, la leyó y cuando abrió la bolsa se encontró con toda una señora mierda dentro de la misma.

Nunca volvió a saber de él y las pocas veces que se cruzaron en algún bar, él la miraba de lejos con cara de auténtico pánico y se marchaba inmediatamente …

24 respuesta a “Un olvido muy desafortunado”

  1. jajaja Esto ha superado la bañera del niño jajaja
    Pero me parece terriblemente injusto el comportamiento del tipo, coño, sea lo que sea, aunque pensara que la chica lo había hecho adrede, no hubiera dejado una nota como esa, y si sigue pensando que la nota era parte de la burla, hay que hablar, pero en serio, yo me hubiera imaginado que el olvido fue el motivo, y es mas me sentiría avergonzado de no tener escobilla…jajaja
    Gracias Sulaco, me has dado mas vida…jajaja
    Salud

  2. Vuelvo a reiterar, que les pasa a tus amigos con los mojones. Descojonante y como pa volverla a llamar, pensaria que era una bruja. Estoy estrenando mi ipad, ya me enterare como se ponen los acentos.

  3. Darliz, si te lo compraste ayer compartirás aniversario con el Niño, que ayer mismo se pasó al reverso de la manzana mordida (aunque ya tenía un iPod y desde que salga el iPhone 5 se comprará uno).

    Genín, a mí me dejas un mojón en la mesa y me importa un carajo las notas que puedas poner, te lo guardo y te lo devuelvo y te escupo a la cara por lo menos.

    Si la semana que viene no ando muy liado, tengo una trilogía también seguro que escabrosa y polémica que llevo queriendo escribir desde hace nueve años y que ya va siendo hora. El verano es fantástico para estas cosillas porque la gente no revisa los archivos y cuando vuelven de vacaciones ni se enteran de lo que sucedió por aquí y mi maltrecha reputación no sufre más daño.

  4. jajajaja Pues sinceramente, yo comprendo perfectamente lo que le pasó a la pobre, sus intenciones y su olvido, y si folló bien (Que al final va a ser el quid de la cuestión) lo entendería, insisto, perfectamente, y no tendría problemas en volver a compartir mi tiempo con ella, sigo pensando que el estrecho de miras fue el…
    Salud

  5. Genin, yo lo siento mucho, pero ni que haga el amor como la super mujer, yo creo que un hombre nunca volveria a llamar a una mujer que se olvida de algo tan terrible en la mesa de su cocina, especialmente porque pensaria que es ironia, con eso de gracias por una noche que ha sido una simple mier..
    Sinceramente que pobrecita, lo que no entiendo es como alguien que ha tenido una noche de pasion tenga ganas de hacer eso en un toilet ajeno, primero muerta, como puedes hacer esas cosas en casa de un hombre que te gusta y la primera noche, no se, hay de todo. Prefiero salir corriendo a mi casa. Un besito.

  6. Waiting, te comprendo perfectamente, pero precisamente al ver la protagonista del olvido, es decir, el gran mojón, a mi si que me interesaría mucho hablar con esa persona, está claro que algo excepcional le pasó, normalmente nadie te deja una plasta encima de la mesa, a mi desde luego no me ha ocurrido nunca, tomó una decisión y le salió mal, eso, lo que pasa por ese cerebro durante y después de darse cuenta de la gran cagada (Nunca mejor dicho) que accidentalmente puso en todo el asunto, no ocurre todos los días y no tiene uno oportunidad de saberlo en directo, para mi seria impagable hablar con ella.
    Ya ves,” habemos gente pa to”, nuestros cerebros son insondables…jajaja
    Besitos y salud

  7. Genín, yo estoy totalmente con Waiting. A mí me dejas ese regalo en la mesa, en vez de despertarme y preguntarme por una escobilla y no te lo perdono jamás de los jamases y no te vuelvo a hablar nunca-jamás.

  8. Estoy con vosotros. Yo me iría echando leches a mi casa, antes de cagar la primera noche en la casa de un tío. Yo no sé como la gente puede ir cagando por todos lados, yo, salvo que me ponga mala y me de un retortijón, sólo cago en mi casita o en los baños de los hoteles, si estoy de viaje, of course.

  9. Yo con lo de jiñar no tengo ningún problema, lo que sí que no se puede hacer es dejarlo en la mesa de la cocina, UN POQUITO DE POR FAVOR.

  10. Yo solo jiño en mi casa, y solo en caso de mucha urgencia y con muchas precauciones lo hago en W ajeno,lo cual no es óbice para comprender lo que le pasó a esa chica y perdonarle si hubiera estado en la parte contraria…jajaja
    Uno es como es, sea como sea…jajaja
    Parece mentira el jugo que se le puede sacar de comentarios a un simple mojón, bueno, no tan simple…jajaja
    Salud

  11. Sulaco, parece que obvias que a la pobre se le olvidó, no lo dejó aposta, eso seria diferente, claro, a cualquiera se le puede olvidar un mojón…jajaja
    Salud

  12. A mí me dejas un mojón en una bolsa en la mesa de mi cocina junto a una nota y ya me lo puedes jurar por el mismísimo Snoopy que no te lo perdono en tres o cuatro vidas. Con lo fácil que es preguntar si tienes una escobilla, por más que te de corte.Y si no, que le costaba tirar la bolsa en la basura de la casa, ni que el tío la fuera a abrir para mirar dentro. Lo que ella hizo es pura maldad con alevosía.

  13. Pero coño Sulaco, el quid de todo el asunto es que se le olvidó el mojón a la pobre, si no mis argumentos no tendrían sentido alguno ¿No?…jajaja
    Salud

  14. Precisamente y el otro quid es que si a una persona le dejan un regalo así, te piensas todo lo peor siempre porque nadie en su sano juicio te regala algo como eso a menos que su odio sea infinito y haya fingido más que una folclórica en la Noria de telajinco

  15. Hombre, lo obvio es pensar que lo que ha querido decirte es que la noche ha sido una mierda y no le perdonas eso en la vida. Luego si la tía te llama y te cuenta lo que le pasó y te lo crees y te ríes, sería otra historia, pero sin ningún contacto posterior, es lógico pensar que es una bruja con todas sus letras.

  16. jajajaja Es curioso, estoy seguro que yo desde el primer momento hubiera pensado, después de haberme quedado a cuadros en los primeros minutos y pensar a millón, que la tía se había olvidado la plasta, porque si a ella le paso, es probable que al tio le hubiera pasado con anterioridad, es mas yo le hubiera llamado y preguntado para tranquilizarle, insisto, cada quien tenemos la calabaza distinta, por eso es tan divertida esta perra vida…jajaja
    Uno sabe cuando la noche ha funcionado o no en lo sexual.
    Salud

  17. La chama no podía llamarlo porque no tenía su número, por eso le dejó el de ella. Si hubiera sido tan bueno y estuviese tan avergonzada, ese mismo día cuando sale del trabajo va a la casa de él y se lo explica cara a cara, que es la única manera de arreglar estas cosas. Al no hacerlo, le demostró a él lo que pensaba de la noche que pasaron juntos y se lo demostró con una prueba tangible …

  18. Hay que ver lo que da de sí el tema escatológico, es que nos encanta hablar de jiñar, mojones y demás.

  19. Me temo que sí. He mirado y no está en la lista de moderados así que algo debió salir mal cuando confirmabas que tú aprecias a todo el que deja en tu casa una bolsa con un mojón.

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