Un regreso poco sincronizado

El relato comenzó en Otra vez hacia Estambul

Después de un fin de semana muy intenso en Estambul con mi amigo el Turco, su preciosa esposa y su hija, tenía que volver a los Países Bajos. De todo lo que sucedió con ellos no queda constancia alguna ya que es información encriptada y que algunos que están dentro del círculo de confianza ya conocen. Mi avión salía por la noche, a las nueve y pudimos hacer un montón de cosas. Sobre las seis de la tarde salimos para el aeropuerto ya que Transavia no permite la facturación a través de Internet en el aeropuerto de Sabina y no quería llegar tarde y quedarme en tierra.

Yo le sugerí a mi amigo de ir por el segundo puente que cruza desde Europa a Asia pero él se empeñó en usar el primero aunque veíamos coches de policía a la entrada del mismo. Primero paramos en una gasolinera Shell y como siempre aluciné con el sistema. El Turco no paga. Entra en las Shell, pone gasolina y por algún milagro tecnológico su empresa recibe la factura y él no tiene ni que bajar la ventana para dejar escapar una pizca del aire acondicionado del interior del coche. Según salimos de la gasolinera entramos en el monumental atasco para el puente y estuvimos en el mismo casi media hora. Para cuando llegábamos al comienzo del mismo, un helicóptero daba vueltas alrededor de la zona como una mosca cojonera, mil millones de policías gritaban y gesticulaban y cada veinticinco metros había un soldado en el puente. Obviamente, solo se podía tratar de una cosa: el hijoputa de Bono, el cantante de U2, se había salido con la suya y le habían permitido caminar en el puto puente, algo que está prohibidísimo por la de gente que se suicidaba. Hubiera estado bien que se tirase del puente y se estampase contra uno de los barcos de turistas que pasan por debajo pero no hubo suerte.

La prohibición para caminar sobre el puente que se aplica a todos los mortales salvo a comemierdas líderes de banda musical que llevan gafas horteras y no ha eliminado los suicidios en el puente aunque la mecánica ha variado. Ahora coges un taxi y le pides que te lleve a una dirección del otro lado y cuando está a la mitad amenazas al taxista y le obligas a parar, sales, corres unos metros, saltas y acabas con tu vida de forma rápida y con la satisfacción de saber que tu último acto fue joder a un taxista, algo que te envía al otro lado con una sonrisa en la cara. Técnicamente al tratarse de un suicidio estás condenado al infierno, si es que de verdad existe ese timo creado por los folladores de niños y sus amigos los terroristas musulmanes de mierda y uno no deja de preguntarse la vara que usan si follando niños vas al cielo y decidiendo soberanamente poner punto y final a tu vida consigues billete para el infierno. En mi caso me temo que iré a la nada más absoluta porque no creo ni en un lugar ni en el otro y prefiero vivir la vida que me ha tocado y que le den por culo a la que prometen los pederastas.

Sobre el puente nos cruzamos con el tocagüevos de Bono cruzando el puente con cien políticos por lo menos y unos quinientos soldados. Tremendo despliegue, cualquiera diría que el tío ese ha salvado al universo del desastre total. Hice alguna foto con mi teléfono pero no quedaron bien.

Una vez dejamos atrás el puente la autopista volvió a la normalidad y recuperamos parte del tiempo perdido gracias a la potencia del BMW del Turco y a su ligereza a la hora de conducir. Por supuesto escuchábamos música de Eminem como en los viejos tiempos y agitábamos la cabeza como los muñecos esos que la gente pone en la parte trasera de sus coches.

En el aeropuerto nos despedimos con un gran abrazo y la promesa de volver a vernos pronto y preferiblemente en los Países Bajos. En este aeropuerto pasas el control de seguridad antes de facturar y con todo tu equipaje. Después vuelves a pasar un nuevo control solo con el equipaje de mano al llegar a la puerta de embarque. En el primero la gente como siempre parece que es retardada y dejan portátiles en las mochilas, no se quitan los cinturones ni las joyas y lo que debería ser una dinámica fluida se convierte en un atasco eterno. Una vez lo dejé atrás me acerqué a los mostradores de facturación y allí un empleado te pide el pasaporte y el billete para comprobar que estás en la fila adecuada. Después te mandan a uno de los mostradores y cuando me preguntaron si quería ventana o pasillo le respondí que quería sentarme tan adelante como se pudiera y me la sudaba el lugar y el hombre se me bloqueó y hubo que resetearlo. Finalmente le pregunté por la fila más adelante con ventana, la fila más adelante con pasillo y la fila más adelante sentado en el medio y resultó que podía ir en la fila 6 en pasillo y esa fue la que escogí. Pasé el control de pasaporte en el que la ley de Murphy me jugó una mala pasada. Habían tres colas con varias personas y una con una pareja y dos niños turcos y yo elegí esa. Las otras se movían pero los turcos con los turcos son como perras en celo y le hicieron un cuarto grado a aquella familia y estuve esperando casi diez minutos. A mí me despacharon en menos de cuarenta segundos, los que tardaron en encontrar la visa en mi pasaporte y la sellaron.

Los aeropuertos de Estambul son bien conocidos por tener los precios más caros de Europa (y Asia) en los bares y restaurantes y como lo sabía opté por tomar un cafelito y nada más. Un grupo de franceses pidieron cuatro cervezas y cuando les trajeron la factura con casi treinta euros no veas como gritaban y se lamentaban, parecían plañideras. A otra francesa le levantaron siete eurolos por medio bocadillo y a la mujer se le cayeron los pelos del coño del susto que se llevó y yo creo que hasta se pensó el vomitar y devolver el bocadillo que ya se había comido para no pagarlo.

A una hora de comenzar el embarque comenzaron a llamarnos para pasar el control de seguridad y allí me encaminé. Imaginaba que el avión iría lleno y así fue. En el segundo control de seguridad solo llevas el equipaje de mano y es más rápido. Me senté a jugar en la sala de espera con mi iPad y al rato aquello se llenó de gigantes que debían volver a los Países Bajos después de haber estado viendo partidos del mundial de Baloncesto que se celebra allí en estos días. Nuestro vuelo se retrasó media hora y eso caldeó el ambiente, con la gente poniéndose nerviosa.

Cuando comenzó el embarque el tipo dijo que lo haríamos por zonas y pidió que se acercaran los de la fila 6 a la quince, lo cual nos sorprendió a todos pero hacia allí comenzaron a ir. Resultó que o tenía frenillo en la lengua o es tonto del culo porque lo que en realidad quería decir es que se acercaran la gente con asiento entre las filas veintiseis y la quince, claro que con su cagada consiguió crear un embotellamiento del copón y el supuesto embarque ordenado se convirtió en una muchedumbre empujándose para llegar al avión a cualquier precio. Al parecer no saben que no volábamos con Ryanair y que por mucho que te adelantes, tu asiento está asignado.

Los gigantes estaban esparcidos por todo el avión y salían como medio cuerpo por arriba del asiento. Por suerte a mí no me tocó ninguno ni delante, ni detrás ni al lado. Con el avión lleno cerraron las puertas y nos tuvieron más de quince minutos hasta que arrancaron los motores y enfilamos hacia la pista de despegue. Nada más levantar el vuelo pillamos unas turbulencias del copón, de esas con las que se puede hacer un cóctel pero tras un par de minutos desaparecieron y el resto del viaje fue bastante relajado y aproveché para ver un par de episodios de series y echarme unas cuantas partidas. Por culpa del retraso a la hora de salir toda mi planificación se fue a tomar por culo y sabía que al llegar a Holanda lo tendría complicado. Tuvimos un poco de suerte y no aterrizamos en el Polderbaan, la pista que está a varios kilómetros del aeropuerto y que te obliga a permanecer en el avión veinte minutos hasta llegar a la terminal después de aterrizar. En realidad nos echaron bien pronto y corrí soltando el gas adquirido en el vuelo y fui el primero en pasar el control de pasaportes. Compré mi billete para el tren y a las doce y veinte estaba en uno con dirección a Utrecht via Hilversum que debía llegar a la una y veintiuno a mi ciudad. A medio camino existía la posibilidad de transbordar a otro que me debería ahorrar seis minutos y eso hice, solo que ese llegó con cinco minutos de retraso y finalmente llegué a Utrecht a la una y veinte en lugar de la una y veintiuno. A esa hora no hay autobuses en dirección a mi casa así que tomé un taxi y diez minutos más tarde cruzaba el portal de eso que llamamos hogar. Lo solté todo y fui directo a la cama en donde caí muerto en cuestión de segundos y así acabó mi escapada de fin de semana a Estambul para visitar a mi amigo el Turco

3 opiniones en “Un regreso poco sincronizado”

  1. He estado riéndome un buen rato con lo de la francesa y los pelos del coño. Es lo malo de tener una imaginación capaz de visualizar las situaciones más absurdas o subrealistas. Lo de Bono es para meterle un puto misil por el culo y mandarlo a la estratosfera, allí por donde debe andar su ego.

  2. A lo mejor la francesa estaba depilada total…jajajaja
    Yo si fuera taxista para cruzar el puente cobraba por adelantado…jajaja
    Salud

  3. Yo opino que ha quien hay que meterle el misil son a los políticos que le dieron el permiso y luego fueron allí pa sacarse la foto con “La Estrella” y presumir delante de los colegas. A parte del gasto en horas extra de los polis y soldados a cargo del contribuyente, porque seguro que Bono no pagó nada.

    Me extraña el comentario de que la gente se ponga nerviosa por media hora de retraso, eso el lo menso que yo espero qal menos por estos lares.

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