Un viaje a Granada via Málaga

Cada año me planteo el mismo objetivo: al menos una vez al mes, ir a algún lugar y hacer un poco de turismo, ya sea solo o en compañía de aquellos que considero los míos. En enero estuve en Gran Canaria y casi que fui a Dusseldorf aunque al final me pudo la pereza y lo dejé pasar. En febrero organicé junto con Waiting, er Pisha de Caí y el Niño una escapada de fin de semana largo a Granada. Para marzo tengo previsto una visita a Gran Canaria y ya ando en negociaciones con varias partes para cubrir el mes de abril. En mayo me gustaría saltar a Tailandia y Birmania, viaje que cubriría también gran parte de junio y ya más adelante no puedo saber a ciencia cierta aunque tengo una visita a Munich, otra a Nuremberg, otra a la Selva Negra, un viaje a Lisboa y algunas otras cosas pendientes. Que conste que no me quejo.

Como decía, un buen día, quedé como todos los domingos para ir al cine con el Niño. Lo que convirtió aquella cita en especial es que Waiting también se vino con nosotros y después de una sesión doble, acabamos los tres cenando junto ar Pisha de Caí. Aunque no se conocían de nada, la magia que rodea mi mundo hizo su efecto y no se cayeron mal. Para cuando llegamos al postre ya hablábamos de ir juntos a Granada, lugar en el que podíamos combinar actividades deportivas de invierno para el Niño y er Pisha con actividades puramente turísticas para Waiting y un servidor. El martes de esa misma semana ya discutíamos fechas y para el jueves ya teníamos los billetes, permiso en nuestros trabajos y era cierto que nos iríamos de vacaciones.

El viernes de la semana pasada, me marchaba a trabajar con una mochila preparada para una escapada de tres días. Mi lista de objetos para viaje que creé hace un tiempo me sirvió para organizarlo todo en cinco minutos y no dejarme nada. Esto de los viajes lo he llegado a dominar de tal manera que hago la maleta en un instante. Me fui al trabajo en guagua y una vez en la oficina, pasé la mañana trabajando. La parte más dura fue dejar todo el contenido de los siguientes tres días escrito, algo que me tomó bastante tiempo.

A la una menos cuarto salía de mi trabajo e iba a la estación de tren de Hilversum. A las dos menos cuarto me encontraba en el vestíbulo de la estación de tren del aeropuerto de Schiphol. El Niño se había enamorado de una chica que estaba tocando música junto a otra fea que la enaltecía y que al parecer hacían por una causa benéfica. Como le sucede siempre, tan pronto como se enamora se pone de un paliza que no veas. Lo tuve que arrastrar hasta los mostradores de facturación para dejar su pesado bolso, con la ropa de esquiar y piedras o algo parecido. De los cuatro, yo era el único que va con lo mínimo y si hay una desgracia, compro lo que necesito en el terreno. Para que no pongan pegas a mi mochila, tuve que camuflar los objetivos de la cámara y algunas otras cosas en el abrigo de invierno y al pesarla lucía cuatro kilos y ochocientos gramos, doscientos por debajo de la arbitraria marca establecida por Transavia. Cruzamos el control de seguridad y nos sentamos en un café a tomarnos una cerveza y unas tostadas. El Niño avisó a sus compañeros de trabajo y por allí pasaron algunos a conocer la Leyenda, ya que lo de la gente conmigo es como religioso. Repartí bendiciones a todo el que las pidió y a las tres y media nos acercábamos a la sala de embarque asignada a nuestro avión, la cual obviamente ya habían cambiado y tuvimos que deshacer el camino andado. Yo había hecho las reservas cuarta y quinta y elegí sentarnos en la primera fila, en ventana para que el Niño tenga sitio para esas patitas tan cortas que tiene con su metro noventa y seis centímetros de carne neerlandesa. Como dice el título del libro y la película, I Am Number 4 y ese era mi número de secuencia en la tarjeta de embarque. Se notaba desde distancias siderales que los dos azafatos sufrían de julandrismo y uno de ellos me quiso tocar el paquete para asegurarse de que mi cinturón estaba bien abrochado, algo que me pasa en casi todos los vuelos. Me gusta mucho el nuevo detalle en el uniforme de los azafatos, con esa botellita enganchada a la pernera para recoger todo el aceite que van perdiendo. No creo que sea virgen pero seguro que es refinado.

Volar es un puro engaño. Cada vez me lo creo menos. Montan un espectáculo, hablan, te explican el cuento de los chalecos salvavidas y para cuando te das cuenta, llevas media hora de retraso, acabas de separarte del suelo y durante las siguientes dos horas y veintinueve minutos, te aburres como una ostra porque nunca hay turbulencias, nunca hay despresurizaciones de cabina y nunca pasa nada. Saqué mi iPad de primera generación y estuvimos compitiendo con el Fruit Ninja HD. Al llegar, aterrizamos y nuestro avión se acercó a la puerta asignada en ese mastodóntico y horripilante aeropuerto nuevo que han hecho en Málaga. Que yo recuerde está casi recién estrenado pero parece que los problemas ya han comenzado. Tardaron veinte minutos en conseguir mover la pasarela y conectarla al avión. Primero había uno, después vinieron dos empleados más y finalmente eran cinco, todos moviendo las manos acalorados, gritándose y sin que pasara nada. Esto lo veíamos desde nuestra privilegiada ventanilla en la primera fila y yo le explicaba al Niño que eso es lo que hace a España el líder del Tercer Mundo. En otros sitios las cosas funcionan y se puede tener una cantidad razonable de empleados pero como en el Reino de la Alianza de las inCivilizaciones todo se construye con mentalidad faraónica y la mitad de los empleados son primos, amigos, sobrinos y demás, pues así va la cosa.

Cuando los tipos aquellos descubrieron donde estaba el freno de mano de la pasarela y la lograron poner en marcha, la conectaron al avión y salimos. Ya había pasado tanto tiempo que al llegar a las cintas para recoger el equipaje ya estaba todo afuera. Lo comenté en diciembre. El aeropuerto de Málaga está muy mal señalizado, parece que los carteles los puso un bizco. El Niño ya se me iba para el lado equivocado cuando le señalé la oculta salida. Si crees que hay un montón de bares en la parte insegura del aeropuerto, estás muy equivocado. Dimos con uno que no tenía cosas que nos gustaran en llegadas y después con otro en la terminal vieja de salidas, sitio al que tuvimos que caminar un güevo ya que estábamos por la parte nueva. Mientras avanzábamos hacia el bar, nos cruzamos con un grupo de africanos (personas de color si eres muy sensible y negros si te criaste en mi época y te la suda enormemente el comemierdismo actual). Una mujer perteneciente a ese grupo parecía haberse separado y un blanco o Bwana que estaba con ellos le gritaba desde una terminal a la otra. Si le ponen las lianas, aquel era Tarzán pero en versión estropeada. Los gritos eran espeluznantes y la mujer andaba como veinte metros por detrás de nosotros, así que durante toda la travesía veíamos al energúmeno dando gritos y agitando las manos pero no sabíamos muy bien por qué lo hacía. Cuando se topó con la mujer le montó un espectáculo completo y consiguió la atención plena de todas las personas que estaban en la antigua terminal de salidas del aeropuerto de Málaga. Nosotros nos compramos unos bocadillos y unos refrescos y cuando nos íbamos a sentar a comérnoslos me avisó Waiting de que estaban entrando en el recinto aeroportuario y nos jodió el festín.

Salimos a encontrarnos con ella y er Pisha de Caí, metimos nuestro equipaje en su utilitario y comenzamos el viaje hasta Granada. Llegamos de noche y buscamos el piso que habíamos alquilado, La casa del cadí, muy céntrica y que ha resultado un descubrimiento fantástico. Después de tomar posesión y que cada uno eligiera su dormitorio, salimos a cenar y como este cuento se ha alargado mucho, lo dejo aquí y ya seguiré contando el resto.

El relato continúa en Yendo a la Alhambra

7 opiniones en “Un viaje a Granada via Málaga”

  1. Tiene buena pinta la casa según la describe el tío, aunque algunas fotos del interior e información de precios, los clientes potenciales lo agradecerían, parece que está bien equipada, todo depende en el plan que se tenga, yo siempre he ido a hoteles, pero puede dar mas libertad yendo en grupos, seguramente.
    Salud

  2. me apunto lo de la casa para un próximo viaje a Granada. Hijo cómo cuentas las cosas, me harto de reir, sigue pronto.

  3. A Granada va esta semana y lo está contando, a mi tierra hace ahora un año justo, y ni una palabra… al final tendré que celarme….

  4. Virtuditas y más que voy a contar de éste. No lo contaré todo, pero vamos, todo lo que se pueda contar.

    Y sí, me gustó Granada.

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