Una semana de rodeos

Desde el sábado de la semana pasada y hasta el domingo de esta semana, el servicio ferroviario entre la ciudad de Utrecht y las ciudades a su norte y noreste, como Hilversum o Baarn ha estado cortado. Es una de esas paradas programadas veraniegas en las que aprovechan que no hay colegio y la gente está de vacaciones para trabajar en el mantenimiento de las vías del tren. Como yo uso una de esas rutas ferroviarias, la de Utrecht a Hilversum, toda la semana mi rutina se ha visto muy afectada. Han puesto guaguas pero el pollaboba que preparó la planificacion como que debía tener ancestros truscolanes y nos demostró su estupidez poniendo una cantidad de guaguas insuficiente en las horas puntas. Además, no indicaron a los guagüeros la ruta y la cosa comenzó con un montón de problemas.

El lunes, mi primer día con esta nueva operativa, salí de mi casa dos minutos antes para pillar el tren anterior ya que imaginaba que las cosas no irían como la seda. Llegué a Utrecht Centraal y seguí las señales hacia los NS-bussen. Encontré el lugar y me dijeron que aquel que estaba aparcado allí era el siguiente. Tardó un cuarto de hora en salir. Después el conductor no debía conocer la ciudad y nos hizo la gira monumental para llegar a la estación de Utrect Overvecht, primera parada de la guagua. Ya salió llena de la estación y en ese lugar había una muchedumbre y así, sin comerlo ni beberlo, la guagua se convirtió en el Bangalore Exprés, con cienes y cienes de seres humanos. Solo nos faltaban los del techo. Seguimos con la ruta escénica y tras dar vueltas sin rumbo fijo, el chófer consiguió encontrar el caminito hacia Hollandse Rading que es la siguiente parada del tren. En el interior, la gente que iba en los pasillos sufría, apretados como ganado. En la parada, salieron seis y entraron diez con lo que se incrementó la masa humana en el cacharro. Seguimos hacia Hilversum Sportpark y cuando todos veíamos la luz al final del túnel el joputa decidió salirse por la tangente y para llegar a la parada dio un rodeo épico que hasta pasaba por delante de la empresa en la que me prostituyo. Entre pitos y flautas, entre en la guagua a las siete de la mañana y llegó a la parada en Hilversum a las nueve menos veinte. En mi empresa ya estaban pensando en organizar una expedición a mi casa para ver si la había diñado, algo que sucede por aquí con cierta frecuencia.

El regreso a Utrecht solo tomó una hora porque el chófer tenía una guagua que al parecer no permite llevar gente de pie así que una vez estuvo llena de chamos sentados, si no se bajaba nadie, no subía nadie y continuábamos la ruta. Después de la frustración, las quejas y cachondeo del lunes, el martes todos nos temíamos todo lo peor. Se negaron a incrementar la frecuencia pero pusieron dos guaguas con lo que no se quedó nadie atrás. También, por fin, explicaron a los guagüeros la ruta y saliendo a las y cuarto llegamos a Hilversum a las en punto, solo cuarenta y cinco minutos, con rutas más directas. Ese día en el regreso el chamo bajó la duración del trayecto a cuarenta minutos y el miércoles estaba previsto el diluvio universal y opté por trabajar desde mi casa. El jueves, los habituales ya tenemos muy trabajada la rutina y aprovechamos el larguísimo trayecto en transporte público (frente a los trece minutos que tardo en el tren) para charlar, jugar con los teléfonos o sobar como un bellaco.

Este fin de semana acabarán las obras o eso han prometido, habrá un nuevo sistema de señalización en la línea, habrán nuevas vías y líneas eléctricas entre Utrecht Centraal y Overvecht y en dos semanas ya ni recordaremos que esto ha sucedido.

Mencionar que la forma de notificar a los pasajeros estas obras, además de con correos a los regulares y carteles luminosos por la estación fue con unas azafatas o eso que en la intimidad llamamos chochas del martes y que se subían entre las dos últimas estaciones e iban persona a persona dándonos unas pequeñas tarjetas como las de visita en donde se cuenta todo y te indican los lugares de esa mágica e inagotable red en los que puedes encontrar más información e incluso la planificación de las guaguas.

6 opiniones en “Una semana de rodeos”

  1. 40- 45 minutos todos los días para ir a trabajar…. rediós…. yo bajo andando en 15 y ya me parece que vivo lejos…. ventajas de ciudad pequeña.

  2. Que parte de ANDANDO no pillaste? A ver que te explico: con las piernas, un pie detrás de otro, eso que hacías tú hace tiempo por el bosque ese detrás de tu oficina, pues eso. Pobrecillo. 😛 (aún te guardo lo de que me enveneno si me muerdo la lengua, que lo sepas).

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