Una semana en el infierno

Como pille a cualquiera de esos negacionistas que dicen que no hay cambio climático, aparte de escupirle es que le meo encima. Esta semana, hasta según dicen esta noche, los Países Bajos han sido una sucursal del infierno. El martes fue el día trece de septiembre más caluroso de la historia del universo conocido por aquí. Nunca antes hubo tanto calor tan entrado el mes que supuestamente da la bienvenida al verano. Se produjo una paradoja difícil de creer, hacía más calor en Holanda que en España, Portugal, Grecia o Turquía, destinos a los que va la gente de por aquí cuando quiere calorcito. Las casas, mayormente de hormigón, comenzaron a absorber todo ese calor y se convirtieron en hornos, como la mía, en la que las paredes parecen tener calefacción integrada porque las tocas y lo notas. Ese día, tuve la feliz idea de ir a correr por la tarde, con treinta y tres grados y vi hasta el vestíbulo que hay después de la luz al final del túnel. Quería hacer diez kilómetros pero después de seis mil trescientos metros lo dejé porque estaba totalmente cubierto de sudor, que caía como lluvia al suelo.

Al día siguiente, el miércoles, la temperatura subió aún más y el récord del día anterior, que rompió otro que venía de 1964, duró UN DÍA antes de caer. Al salir del trabajo, el calor se respiraba, el aire era como el que se puede obtener con un secador de pelo. La temperatura, mezclada con una baja humedad es tan molesta, que no te apetece ni sentarte en la calle. Salí de la oficina y ni siquiera podía usar el cine, como hice el día anterior, para protegerme. El martes me fui a ver una película por aquello del aire acondicionado gratuito que tienen en la sala. El miércoles, por desgracia, era imposible. Ese día, todas las portadoras de potorro holandesas se sincronizaron y para que después digan que los chamos somos los raros, todas, todas, todas, decidieron ir al cine juntas y mezcladas al pre-estreno de la nueva película de Bridget Jones. Pagaron un precio más alto por la entrada que les daba derecho a vaso de plástico con vino barato-de-lo-malo-lo-peor y además recibían una bolsa con morralla regalada por cadenas. Se vendieron TODAS las entradas para TODAS las salas de cine disponibles en Utrecht y en cualquier otra ciudad de los Países Bajos. Todos los cines en un miércoles por la noche, en el día más caluroso de septiembre de la historia de la humanidad, todas llenas con potorros sudados. Sin cine, me refugié en mi casa a sobrevivir como pude. Después por la noche, cuando comenzaba a refrescar, aproveché para regar el jardín y regarme a mí mismo. Por la noche, creé una corriente artificial en la casa obligando el aire a entrar por el dormitorio y salir por la parte de atrás de la casa empujado por un ventilador a la máxima potencia y por suerte, dormí de un tirón, pero algunos colegas hoy tenían caras demacradas después de malvivir en una noche infernal.

Hoy dicen que no llegaremos a los treinta grados, que SOLO habrá unos veintinueve, como si eso fuera una bendición. Hoy sí que saldré del trabajo diez minutos antes para pillar el tren adecuado y pirarme al cine a hacerme una sesión triple y hasta después de las diez y media de la noche no pienso volver a casa. Como ladilla agarrada a güevo en el cine, chupando aire acondicionado y viendo algo de cine. Nos han jurado y prometido que el fin de semana tendremos máximas por debajo de los veinte grados, algo más normalito para esta época del año. Mañana trabajaré desde mi casa para comenzar el largo y arduo trabajo de enfriamiento del hormigón, la última vez que pasamos por esto, me tomó casi dos semanas conseguir que la casa no fuera un horno por la noche.

Lo único bueno que he sacado de este calor es que por primera vez, las uvas de mi parra son dulces y te las puedes comer pillándolas directamente de la misma. En años anteriores, ni los pájaros tenían redaños para pillar una uva ácida de esas que te puede crear una úlcera en el estómago por el ácido tan grande que tenían.

Si este es el cambio climático, ya veo que Genín terminará con chilaba y camellos en su duna y yo tendré que quitar el césped del jardín y plantar palmeras, olivos y naranjeros, que son más apropiados para los calores.

4 respuesta a “Una semana en el infierno”

  1. Será el mes que da la despedida al verano, o la bienvenida al otoño, no??
    Y no te fíes, aquí pasamos del verano abrasador-asfixiante-atípico por seco, al otoño frío- lluvia-manta a mayores, en 12 h. Si la semana pasada casi no se aguantaba una camiseta, hoy, calcetín.

  2. Ah! y no me entusiasma Bridget, creo que ni he visto la segunda. Soy como el verano, atípica!

  3. yo vi la película ayer en mi sesión triple y tengo que decir que me partí de risa. Le daré por lo menos un 8. No tiene nada que ver con la segunda, es más cachondeo al estilo de la primera.

  4. Yo hace tiempo que tomé decisiones de protección frente al cambio climático que vi clarísimo que ya estaba aquí, aumenté el aislamiento de mi ranchito, cambié las ventanas completas con doble cristal, me instalé un aire acondicionado inverter -la mejor compra que he hecho en mi vida- dupliqué la capacidad de mis placas solares y las baterías para alimentar todo eso sin problemas, me quedé sin un duro, pero frente a los 43 y 45º grados que hemos tenido yo estaba en mi ranchito del carajo de fresquito, salia a caminar a la puesta del sol, y por la noche aquí siempre hay que ponerse algo encima en la cama, hace fresquito, en general las mínimas son de 15º y a lo mas 20º aunque ha habido alguna noche, una o dos de 24 de minima, pero con esa temperatura, estando la casa a la misma, no hay problema, yo tengo el termostato a 24º que es como estoy agusto, con menos tengo frio y no estoy cómodo 🙂
    Salud

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