Vaya día

Esta mañana cuando me desperté supe inmediatamente que algo no iba bien. Se suponía que me debía levantar a las siete para irme a trabajar antes ya que pensaba irme pronto de la oficina para ir al cine con el Niño. Olvidé cambiar la alarma y para cuando desperté ya había perdido veinte minutos. Ese primer tropezón me puso de mal humor. Aligeré la rutina habitual pero aún así no llegaba a tiempo para el tren que yo quería tomar y para cuando salí de mi casa con La Dolorsi ya iba muy mal de tiempo para tomar el siguiente. Tuve que volar por las calles prestando atención por si encontraba hielo en algún lado y además totalmente engullido por una bruma pegajosa que le tomó apego al suelo holandés.

Durante todo el camino tenía muy presente los minutos que me faltaban y entré en la estación prácticamente como un caballo desbocado y sin aliento. Subí al andén corriendo. El revisor estaba a punto de soplar el silbato que marca la salida cuando yo entré en el tren a través de una de las puertas reservadas para gente que lleva bicicletas y me tiré en uno de los asientos a recuperar el hilo de la respiración. Eran las 8.38 minutos. Mi idea inicial consistía en ir al trabajo a las 7.58.

El tren arrancó y yo me dediqué a mandar SMSs a los colegas. El Niño me avisaba que la hora de la película era muy temprano y no iba a poder llegar a tiempo y solicitaba un cambio de horario y/o película. Comenzamos una frenética charla a través de mensajillos, mientras en paralelo me reía del Rubio y de otro en conversaciones simultáneas. El tren llegó a Utrecht Overvecht y el conductor nos dijo por megafonía que había algún tipo de problema técnico e iba a mirar si podíamos seguir. Un par de minutos más tarde arrancaba y pasados trescientos metros el tren se petaba y dejaba de moverse. El conductor volvió a comunicarnos que iba a intentar reparar la avería y mientras tanto nosotros esperando dentro del tren. Yo seguía mandando mensajes y después de veinte minutos el hombre nos dijo que iban a mandar un mecánico. El tráfico entre Utrecht y Hilversum o Baarn quedó afectado y los trenes tenían que pasar por el carril junto al nuestro. Yo maldecía mi suerte y contacté con mi jefa para avisarla y que no me esperara en la reunión que teníamos esa mañana. El tren lo habían parado y desconectado la calefacción y poco a poco se metía el frío que hacía afuera. Estábamos a cero grados.

A cero grados

Después de otros veinte minutos el mecánico nos informó que no se podía arreglar y que el tren volvería a Utrecht Centraal dejándonos a todos en Utrecht Overvecht, la estación que estaba trescientos metros más atrás. Aún no comprendo como es posible que si el tren no podía moverse ellos pudieron llevarnos a la estación y después continuar su camino pero supongo que es parte de la magia ferroviaria.

En el andén parecíamos los protagonistas de una película con éxodo de por medio, cientos de personas apretujadas y mirando anhelantes en la dirección en la que tenía que llegar nuestro siguiente tren. Finalmente para cuando lo hizo allí hubo hasta empujones y codazos para subir. Yo no voy a desvelar mis truquillos pero os diré que no solo subí sino que además conseguí asiento. A las diez y algo llegaba a Hilversum y la sensación de día gafado era muy intensa.

Llegué a la oficina y cuando aún estaba encendiendo mi ordenador sonó mi teléfono del trabajo. Era un número internacional con código de país 90. Le pregunté a mi compañera si tenía idea de quien podía ser pero a ella tampoco le sonaba. Respondí cautelosamente y la voz que escuché al otro lado fue la del turco. Si tenemos en cuenta que hace más de dos años que se marchó de Holanda y desde entonces hemos tenido una tenue relación porque aún no me ha perdonado que no asistiera a su bodorrio, el sorpresón fue triple. Nos tomó quince o veinte segundos en recuperar la complicidad de tiempos pasados y después de decirme que estaba en Hilversum, quedamos para almorzar. Todo un giro radical para un día que había empezado tan mal.

Antes de salir miré la cartelera del cine y comprobé estupefacto que la película que queríamos ver había cambiado de horario y ahora nos venía perfecta a los tres. Estas cosas tan raras no suceden habitualmente. Avisé al Niño y este contactó con su novia, la cual también quería ver la película.

Avisé a los amigos y les dije que si no volvía en unas horas, contacten con la policía y denuncien mi asesinato y posterior despedazamiento a manos de un asesino en serie. Para ir al centro de la ciudad usé la Otra, la bicicleta que heredé en el trabajo y que nunca ha aparecido por aquí y a la que aún no he bautizado (esto lo solucionaré pronto porque ya le hice hoy una foto junto a la Dolorsi. El encuentro fue en un lugar público y abierto lleno de ojos mirones en donde no pudiese acabar conmigo y desde allí buscamos un restaurante para comer. Creo que tardamos cinco o seis frases en recuperar el tiempo perdido. Quizás menos. No deja de asombrarme la tenacidad y capacidad que tienen todos mis amigos y amigas para volver a conectar. Siempre asumí que era algo que le pasaba a todo el mundo hasta hace muy poco tiempo en que me di cuenta que NO es lo normal. Yo soy el portador de ese gen defectuoso. El almuerzo se convirtió en una conversación de casi tres horas. Recordamos momentos que hemos vivido juntos, aventuras desternillantes y todo volvió a la normalidad de una forma normal.

Al volver a la oficina se desactivó el dispositivo de emergencia. En el rato que estuve allí no hice prácticamente nada y a las cuatro y media me marchaba para Amsterdam ArenA que es en donde íbamos al cine. Después de la película nos tomamos una cerveza por allí y volví a casa.

Haciendo balance, un día que parecía destinado a ser olvidado por todo lo malo que sucedió en el se ha convertido en un día para recordar y celebrar. El reencuentro con un viejo amigo. Hemos quedado para vernos en Estambul o en Gran Canaria.

4 opiniones en “Vaya día”

  1. Si, las situaciones dan muchas vueltas, como la vida misma, lo que empieza bien puede acabar fatal y viceversa.
    Me alegro que en este caso terminara bien.
    Salud

  2. Es muy agradable eso de reencontrar a un amigo al del que, las circunstancias (o un tercero), te separaron. A mi me ocurrió hace poco y fue muy agradable.

    Arreglaste el día… afortunadamente.

    Saludos.

  3. 0 grados en un tren lleno de gente cabreada porque llegan tarde al trabajo!?! Sajerao!!! Mira el lado positivo. Segun la foto si os hubierais quedado hasta el martes dentro del tren la temperatura hubiese subido 6 grados!!! de minima, claro, sigh!

  4. Querido, los trenes que van a Hilversum son de los viejos, con ventanas que la gente abre y cuando llegan a la estación se quedan diez minutos con sus puertitas abiertas. Dentro del tren habían 14 grados fácilmente. El tren era además uno de los convoyes largos y en la parte delantera, que es donde yo estaba, hay siempre menos gente porque es la más alejada del vestíbulo de la estación. Yo entro por otro lado, un túnel que está fuera de la estación.

    El lado positivo de la historia es que ya solicité la devolución del precio del billete y la semana que viene seguramente tengo mi dinero.

    ¿No tendrás algún fin de semana largo a primeros de diciembre para ir a algún lado? Estoeselcolmo o Londres o alguna ciudad marrullera de Europa tipo Budapies o Braga. Mi cámara está pidiendo a gritos que la saque a pasear.

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