Veinticuatro horitas en Estambul

La semana pasada tenía la segunda visita programada a Estambul ya que es cierto el dicho ese que dice que nunca se tienen suficientes visados de Turquía en tu pasaporte y dan confianza a los señores de los aeropuertos occidentales, que cuando te los ven, te califican en seguidita de joputa-terrorista-de-mielda y en ocasiones hasta te dan el tratamiento VIP en los aeropuertos. Yo ya he perdido la cuenta de las veces que he estado en Estambul pero con certeza, más de dos y de tres y he ido y vuelto por ambos aeropuertos de la ciudad, el europeo, Ataturk y el que está en la parte de Asia, Sabiha Gökçen. Gracias a cierto alzamiento y movidas parecidas en esta ocasión conseguí un billete a precio de risa por el lado europeo y lo compré a través de una de esas agencias de viaje rarísimas que florecen en las Internet y que se llama Supersaver. Cuando puse las fechas, me salió una combinación perfecta en la que el primer vuelo era con una compañía llamada Onurair y el regreso con KLM con lo que supuse que debe haber algún tipo de acuerdo entre ellas, suposición basada en que desde el programa de los segundos podía ver la reserva completa. Mi vuelo de ida era el viernes por la tarde y me quedé a trabajar desde mi casa para así ganar tiempo. Por la mañana, mientras resolvía eficientemente los asuntos laborales, miré la página del aeropuerto para ver si el avión de ida llevaba mucho retraso y en la misma aparecía como CANCELADO. ¡DRAMA TOTAL Y TAL Y TAL! La reserva en el programa de KLM seguía diciendo que volaba ese día, la reserva según el enlace de Amadeus decía que volaba ese día y el aeropuerto indicaba que el vuelo estaba cancelado. Llamé al número de des-atención al cliente de Supersaver y alguien en la India que no tenía ni puta idea de nada me toreó durante cincuenta minutos sin saber que hacer y pretendiendo cambiarme el vuelo a otro día por solo ciento ochenta leuros, mucho más de los ciento diez que yo pagué por la ida y vuelta. Por más que le explicaba a ese trozo de carne miserable con ojos que si te cancelan el vuelo no te pueden cobrar por cambiarlo, no lo entendía. Desistí, llamé al número turco de la aerolínea de origen y en ciento veinte segundos me dijeron que tenía plaza confirmada para el día siguiente a la misma hora. Mi fin de semana en Estambul se transformaba en 24 HORAS en Estambul. Ya he comenzado la reclamación para que me indemnicen a través de una de esas compañías de perros de presa que se llevan una comisión si lo consiguen para no perder mi tiempo en ello. De este ejercicio he aprendido que Supersaver NUNCA MAIS y que Onurair tiene menos veinte de credibilidad.

Mi ángel de la Guarda seguramente decidió que no volara porque mi amigo el Turco regresaba a su país ese día después de pasar una semana en Holanda y Croacia y su vuelo de retorno, que debía llegar al aeropuerto de Ataturk a las nueve de la noche, al parecer llegó a las dos de la mañana con lo que tampoco hubiésemos hecho nada.

El sábado confirmé que el vuelo estaba en la parrilla de salidas, fui en bici a la estación de Utrecht y desde allí al aeropuerto de Schiphol. Pasé el control de inseguridad y una vez me sentía seguro, me dediqué a esperar el avión. Aterrizó en hora y cuando iba a aparcar le hice la siguiente foto:

Onurair en Schiphol

Parece hasta normal y no se ven los dos o tres terroristas que supongo que llevan colgados de las alas con sus mochilas para dejarlos caer sobre la vieja y acarajotada Europa. Aunque llegaron en hora, por misterios místicos difíciles de comprender el embarque se retrasó media hora. Cuando finalmente lo hicieron, eligieron el sistema con filas solo que la chusma y la gentuza con niños podían entrar primero, lo que resultó en que básicamente todo el mundo salvo dos o tres pudieran entrar y se produjo tal caos que la pollaboba de la azafata de tierra terminó por renunciar al sistema que había preparado tan cautelosamente y que todos sabíamos que no funcionaría. Desde mi asiento se podía ver un mega avión de otra compañía terrorista, creo que el único de ese modelo de dos pisos que suele pasar por Amsterdam:

A380 de Emirates en Schiphol

Una vez en Estambul, el Turco me fue a recoger con su chófer ya que dice que así podemos hablar tranquilamente mientras el otro se agobia y conduce. Nos llevó de vuelta a su casa para encontrarnos con sus padres y su hija, cenamos con ellos y después siguió el programa privado del que no diré demasiado, aunque incluía la evaluación de una de las candidatas a segunda esposa y a la que le he dado mi VOTO NEGATIVO. Tiene dinero por un tubo, no es de esas que te dan un asco de que te cagas sino que la podemos catalogar como follable, pero ¡NO le gusta el cine! y por ahí sí que no paso.

El domingo era el cumpleaños del padre del Turco y lo celebramos con un desayuno buffet con encochinamiento en un restaurante a la vera del Bósforo, pero no en la zona turística sino más cerca del mar Negro y uno de esos sitios que jamás de los jamases descubren los turistas. Después por la tarde, regreso al aeropuerto y retorno a Holanda con KLM, con vuelo en hora, con comida y todo.

Por supuesto, hice algunos vídeos de mi teleportación desde Schiphol a Ataturk y viceversa. Los he agrupado en uno en el que primero vemos el mastodonte A380 llegando al aeropuerto, después asistimos al estremecedor despegue en Holanda, saltamos a una carrera por la pista del aeropuerto de Ataturk el domingo, sigue el despegue en el que se puede ver un templo de entrenamiento de esos que-tú-sabes y acabamos con un aterrizaje en Schiphol justo al ponerse el sol. Un documento estremecedor, original, único e irrepetible que como siempre solo está disponible en el mejor blog sin premios en castellano. la música elegida es un clásico, la canción A Kind Of Magic de la banda Queen, posiblemente, uno de los mejores grupos de la historia del universo conocido y por conocer. Espero que no esté bloqueado en muchos países o dispositivos. El vídeo lo subí al llutuve y se puede ver más abajo pero si no aparece, también está AQUÍ:

Mi próxima escapada, Budapest con el Rubio, aunque antes de eso veré al Turco que estará de nuevo en Holanda la semana que viene.

5 opiniones en “Veinticuatro horitas en Estambul”

  1. Agobio! Si a falta de tan poco tiempo abro la página y veo que lo han cancelado, entro en pánico durante por lo menos dos minutos antes de pasar a la ira y cagarme en toditos sus ancestros.
    Estambul está a precio de risa porque ahora mismo no es el destino más apetecible del mundo, me muero por ver Santa Sofía, pero quiero ir con mi niño, y me parece que voy a tardar un tiempo en ir tranquila.

  2. A tí si que había que hacerte algo en la cabeza, so animal de bellota! Pero que bruto eres…. a mi niño no me lo toca nadie! no ves que ni lo he bautizado para minimizar riesgos? 😉

  3. Si eso es mejor que un bautizo, prácticamente le dan la formación de carnicero, enseñándolo como hacer los cortes perfectitos para separar cabezas de cuerpos. Ya después cuando acabe la universidad, en lugar de NiNi, se puede buscar un currelo en el negocio del papeo.

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