Veleros, recuerdos y una virgen aérea

Este último viaje a Gran Canaria ha sido algo atípico. En lugar del tradicional recorrido al aeropuerto, lo hice en dos etapas y primero estuve en Ámsterdam para ser testigo del Ámsterdam Sail 2005. Salí temprano de mi casa para poder verlo todo y cogí el tren para la estación de Ámsterdam Central. En los últimos días ha habido muchas dudas en el país sobre si iba a ser posible llegar en tren a dicha estación después del accidente del pasado lunes, cuando un tren de pasajeros descarriló y escoñó las líneas de tensión que alimentan a los trenes. Es el tercer accidente de este tipo que sucede en lo que va de año y comienza a levantar serias dudas sobre la profesionalidad de la compañía que se encarga del mantenimiento de las vías.

Una vez en la estación dejé mi equipaje en la consigna, lo cual no fue fácil ya que han puesto más controles de seguridad que los que se ven en el aeropuerto. Una vez pasas por este escrutinio has de encontrar la taquilla que vas a usar y meter los cachivaches dentro. A aquella hora ya no quedaban muchas libres, así que me imaginé que aquello más tarde sería el acabose.

En lugar de salir de la estación por la puerta principal, sales por la parte de atrás y ya estás en el Ámsterdam Sail 2005. Cada cinco años vienen veleros de todo el mundo y durante seis días Ámsterdam se convierte en la capital náutica del mundo. Ya estuve en el año 2000, recién llegado a Holanda y junto con la Floriade, que sucede cada diez años y el Keukenhof forma el trío de mis atracciones favoritas en este país. En esta ocasión se esperan unos dos millones de visitantes durante estos seis días.

Las siguientes tres horas fueron un paseo entre veleros y otros tipos de barcos, fotos que tendréis la ocasión de ver próximamente. La mayor parte de los veleros permiten la entrada y se forman grandes colas. Hace cinco años ya entré en bastantes de ellos y los restantes los he visitado en el puerto de Las Palmas de Gran Canaria. Este paseo ha abierto el baúl de los recuerdos. En el año 1992, durante las celebraciones del quinto centenario del descubrimiento de América hubo una regata que salió de la península, pasó por Gran Canaria y siguió rumbo hacia el nuevo continente. En aquella ocasión también fueron cientos de veleros y muchos buques escuela. El puerto de Las Palmas fue una fiesta gigantesca y recuerdo que pasé unos días geniales deambulando por allí y entrando a ver estas maravillas flotantes. También recuerdo que pude ver esos barcos enfilar hacia América desde Juan Grande. En aquel verano yo trabajaba con mi amigo Sergio en la puesta en marcha del primer turbo gas en la central eléctrica de ese municipio. Estábamos allá abajo cuando vimos los barcos llegar desde el puerto de Las Palmas de Gran Canarias, soltar velas y adentrarse mar adentro empujados por la fuerza del viento. Fue algo mágico.

La sensación hoy era la misma. Hueles la sal del agua, ves los barcos balanceándose suavemente y las tripulaciones siempre trabajando, siempre pintando y limpiando y arreglando esas joyas acuáticas. En lugar de hacer cola durante media hora o más opté por pasear y hacer fotos como un loco. Entré únicamente en un pequeño velero perteneciente al sultanato de Omán y en un barco de la armada neerlandesa llamado el Rótterdam. El barco omaní no tenía mujeres, como supondréis y los hombres iban vestidos con un traje diferente al que usaban los ciudadanos de su país. El barquillo no es muy grande pero estaba muy bien cuidado. El Rótterdam es una mole enorme que lleva en su interior un montón de tropas y equipamiento para desembarcos. Cuando estás en cubierta, a unos quince metros de altura, se pueden ver unas vistas preciosas de todo el evento.

En todo el recorrido habían puestos de comida, bebida y souvenirs. Hace cinco años no estaba tan mercantilizado como ahora. Es curioso porque no se puede pagar con dinero. Hay que comprar unas monedas que son el único medio de pago aceptado en todos estos puestos. De vez en cuando hay unos pequeños bancos en los que se compran las susodichas. También se paga por los baños, lo cual despierta siempre la picaresca de la gente, que aprovecha cualquier rincón para aliviarse.

También recuerdo que hace cinco años el ayuntamiento recién comenzaba a rehabilitar esta zona, una parte del puerto que había caído en franca decadencia. En aquella época, sólo las pequeñas islas en las que vive un montón de gente estaban arregladas. El resto era un amasijo de ruinas y naves decrépitas y llenas de graffittis. Ahora tenemos la terminal de cruceros, el nuevo auditorio y un montón de edificios con espectaculares diseños. Hay también un nuevo puente para cruzar hacia esas islas y también han puesto líneas de tranvías. Me pregunto como estará dentro de cinco años cuando vuelva a celebrarse. Ya os lo contaré porque pienso volver.

En un par de momentos de este paseo hay que coger unos barcos de transporte que te llevan de una a otra isla y finalmente de vuelta a la estación central. Esos barcos, pagados con los impuestos de la ciudad operan todo el día con bastante frecuencia. Por culpa de este evento van como cualquier barcaza hindú, cargados hasta los mástiles. No lo he dicho, pero al mismo tiempo que la gente camina junto a los barcos, por el canal miles de pequeños veleros, motoras y cualquier cosa que se pueda mover en el agua se mueven en una cabalgata eterna mirando también esas naves majestuosas. Es como una gran avenida con un monstruoso atasco de tráfico, solo que la avenida es un canal. Los ferries han de cruzar cortando el tráfico y siempre se producen situaciones complicadas.

Al volver a la estación, con el tiempo más o menos justo para irme al aeropuerto, fui a recoger mi equipaje. De nuevo tuve que pasar por los controles de seguridad y cuando entré en la consigna estaban todas las taquillas ocupadas. Me dirigí a la mía y cuando la abrí para sacar mi equipaje llegaron tres negras corriendo. Saqué mis cosas y una de ellas lanzó su mochila dentro del casillero. La otra empezó a gritarle que ella estaba primero y acabaron a hostias, tirándose de los pelos y diciéndose unas lindezas que no veas. Yo me quedé a un lado viendo el espectáculo, mientras los de seguridad corrían a separar aquellas dos tipas que eran capaces de matarse entre ellas sólo por conseguir una taquilla en la que poner sus cosas. Cuando el espectáculo hubo acabado cogí el tren y me marché a Schiphol. Al contrario que en las ocasiones anteriores que he ido a Gran Canaria en el año en curso, en esta ocasión voy desde Ámsterdam. También vuelvo a volar con Martinair, posiblemente mi compañía aérea favorita. Vuelan directos a Gran Canaria, siguen dando comida y bebida en los aviones y las azafatas son unos soles.

Del vuelo poco que contar. Un MD-11 configurado con clase turista únicamente y 393 almas dentro. Son los modernos transportes de ganado. A mi lado se sentó una pareja en la que el tío debía rondar los cuarenta y la unidad femenina era de esas barely legal, si llegaba a los diecisiete era un milagro. Además de la diferencia de edad era la primera vez para la pipiola. Jamás antes había puesto su culo en el asiento de un avión. Estaba más tensa que los sostenes de Pamela Anderson. Lo miraba todo y el hombre la iluminaba con su docta sabiduría adquirida en vuelos anteriores. Cuando el trasto se empezó a mover, ese pajarraco enorme, la tía poco menos que gime del gusto y al entrar en pista y empezar a correr para levantar el vuelo, entre ella y una chiquilla gritaban como locas. Una lástima que ya no se permite fumar en los aviones porque esa una vez despegamos lo que necesitaba era un pitillo para sentirse realizada.

El resto del viaje pasó sin pena ni gloria, entre comida, película, aperitivos y tienda libre de impuestos con precios abusivos, o sea, lo habitual en estos casos.

6 opiniones en “Veleros, recuerdos y una virgen aérea”

  1. Sigo vivo y os quiero a todos. Paz y salud y gloria en el cielo y a mí que me dejen con mi resfriado en la playa bajo ese solito tan bueno. No tengo wifi así que he aprovechado hoy para parasitar la conexión de bleuge.
    Emo, contacta urgentemente con bleuge y quedamos para tomar unos cafelitos.
    El proyecto camisetas sigue adelante, aunque con parones.
    Besos y abrazos para todos y para todas incluso para las malas personas que me insultan y sus comentarios no ven la luz.

  2. Cuando querais… estoy de vacaciones hasta el dia primero del proximo mes. Como decia “Tu siiiiiiiiiillllbame”.

  3. Hombre, a mi tambien me gustaria conocer al “distorsionado” que me hace pasar tantas buenas mañanas en la ofi. Emo, si quedan dame un toque o algo.

    Salud

  4. Esoesoeso, y llamadme a mi tambien, venga va, que este finde no trabajo.

    Sulaco: aprovecha el sol mas, doce horas al dia te quiero en la playa, que Emo lleve el cafe, si hace falta y bleuge camisetas y te las enseñe en la playa. Ha vuelto a empezar a llover; ayer hizo bueno, pero un frio del carajo, de bufanda. Tio, no seas tonto, quedate ahi, no vuelvas, esto va a peor, no veo la luz, ni las estrellas, echo de menos al sol. Mamaaaaaaa!!!!!!

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