Visitando el barrio de Belém

El relato comenzó en Viajando a Lisboa y comiendo pasteles de Belén

Lo bueno de viajar a Lisboa desde Holanda es que regresé al pasado y recuperé una preciosa hora gracias a esos extraños politiqueos que hay en Europa que ponen a Portugal en una zona horaria mucho más conveniente y exacta que a España. Como estoy acostumbrado a levantarme temprano, me pude dar el lujo de dormir dos horas más que de costumbre y aún así, levantarme, ducharme, vestirme y estar en la puerta del recinto del hotel reservado para los desayunos a las ocho y un minuto, exactamente sesenta segundos después de que comenzaran a servirlos y siendo el primer cliente que llegaba allí. Desayuné procurando no encochinarme y dejar algo de espacio en el estómago para lo que estaba por llegar. Antes de las ocho y media estaba en la calle, tomaba el metro en la estación de Anjos y me bajaba en la de Baixa-Chiado para visitar la Praça de Comércio. El lugar estaba prácticamente vacío a esas horas. Después tomé allí mismo el tranvía número 15 pero la cagué hasta el fondo y me monté en la dirección equivocada, así que una parada más adelante se detuvo y el hombre me dijo que llegaba hasta allí. Estaba en la Praça de Figueira y puesto que el conductor se bajó a fumarse un pitillo o un porrillo, hice unas cuantas fotos del lugar. Cuando regresó el hombre, me subí y dos paradas más tarde el tranvía iba más petado que un avión de Ryanair. Era uno de los nuevos, de los largos en los que cabe mucha más gente que los de juguete pequeñitos que parecen tener cientos y cientos de años. Me bajé en Belém junto al Mosteiro dos Jéronimos y fui directo a la fábrica de los Pastéis de Belém para mi segundo desayuno, el cual quedó documentado aquí, aunque estoy convencido que todos habéis visto la susodicha imagen. Aunque el interior es gigantesco y tienen sala tras sala llenas de mesas, había bastante gente pero no tuve problemas en conseguir mi pequeño rinconcito y desayunar. Al salir se cumplían las diez en punto de la mañana y a esa hora abrían los monumentos. Fui directo al Mosteiro dos Jéronimos, el cual se comenzó a construir después del 1501 y perteneció a la Iglesia de los Presuntos Tocadores de Niños hasta 1834, cuando en Portugal alguien tuvo un momento de genialidad y espantaron a los presuntos pervertidos y les dieron candela. El refectorio es sencillamente increíble, digo yo que harían falta más arquitectos como los que soñaban y plasmaban en papel estas maravillas y menos cabrones como los que hacen moles hoy en día. El Claustro es también un derroche de belleza que te deja sin palabras y la Iglesia de Santa María en cualquier otro país sería una catedral o una basílica y la usarían para casar a los retrasados mentales producto de la sangre azul o los caciques autonómicos con pretensiones dictatoriales como los que se reproducen en el norte de España. En el interior de la iglesia está la tumba de Vasco de Gama, aunque el hombre debe estar ya como una uva pasa después de tantos siglos en el lugar y con los calores que hay en ese país. Este monasterio está en la lista del Patrimonio de la Humanidad Todavía maravillado aproveché para entrar en el Museu Nacional de Arqueologia, el cual ocupa un ala del monasterio que en el pasado ocupaban los dormitorios de los monjes, así que supongo que por aquel lugar y durante los siglos que lo ocuparon, la cantidad de pajillas debe ser de unos cuantos millones y a más de un chaval seguro que le taponaron el orto. La colección no resulta muy llamativa, sobre todo después de haber pasado en el mismo año por el Museo Británico. Desde allí me acerqué al Padrão dos Descobrimentos, el enorme monolito que se construyó en 1960 para conmemorar los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante y que parece un barco lleno de chusma y gentuza y frente al que hay una gigantesca Rosa de los vientos que se puede ver perfectamente desde la parte superior del monolito, el cual tiene una pequeña terraza a la que se sube en ascensor y desde la que se disfruta de unas vistas increíbles de la desembocadura del río Tajo, del Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém. Al salir fui andando por el paseo junto al río hasta la Torre de Belém, la cual parece como de juguete. Se construyó en la misma época que el monasterio, en estilo Manuelino y venía a ser la oficina aduanera y de cobro de impuestos a los barcos que llegaban a Lisboa. La torre está ligeramente separada de la costa y se accede por una pasarela. También forma parte del Patrimonio de la Humanidad y solo por ver el Monasterio y esta torre merece la pena visitar Lisboa (además de ponerse tibio a Pastéis de Belém. Creo que entre estos tres monumentos debo tener casi cuatrocientas fotos. Al lado de la torre hay un museo militar y a la entrada tienen el Monumento a los Caídos así que fui a hacerle una foto y después subí callejeando hasta el Palácio Nacional de Ajuda, el cual fue la residencia real después del incendio que destruyó en 1795 el palacio real. Es un edificio de estilo Neoclásico y que no se llegó a terminar, ya que los reyes, como las ratas, salieron por patas hacia Brasil cuando Napoleón se acercó a saludarlos. Yo era el único visitante en el museo, un palacio muy bonito y bien conservado y los empleados me seguían para justificar sus salarios y por la alegría de tener una cara distinta. La sala de los banquetes es de cuento de los hermanos Grimm. Cuando salí de allí, bajé una cuesta ya que el museo está en alto y fui al Museu Nacional dos Coches, seguramente el mejor museo en el que he estado en toda mi vida y que está dedicado a las carrozas tiradas por caballos. Hay algunas italianas que no puedes describir con palabras. Es un museo pequeño pero en el que todo es perfecto y por lo que he leído, es la mejor colección de Europa de carruajes de los siglos XV (equis-uve) a XIX (equis-palito-equis). Los carruajes de los Papas son decadentes al máximo. Cuando salí de allí hice algunas fotos más en la calle, regresé a la fábrica de los Pastéis de Belém y me comí otro pastel, me compré seis más para llevar y además comí una empanadlla de carne. Me acerqué a la parada del tranvía y así acabó mi visita a este barrio de Lisboa.

El relato continúa en El castillo de San Jorge, un montón de miradores, Alfama y mucho más

9 opiniones en “Visitando el barrio de Belém”

  1. Pues ahí en Belem, un poco antes de llegar, estaba el palacio del Presidente y casi enfrente el restaurante O,Caseiro, donde hacen los mejores besugos al horno del universo, bueno pues aparqué el coche enfrente del palacio presidencial o como se llame, cenamos y cuando llegamos al horel nos dimos cuenta de que habian abierto el maletero, inspecionado las maletas y robado lo que quisieron, lo que mas sentí fue un abrigo de piel que había comprado en Uruguay y al que amaba profundamente, fue un robo selectivo, a mi me robaron solos el abrigo y a mi mujer la ropa interior ¿No es curioso?
    Se lo dijimos al día siguiente al dueño del restaurante que era amigo por nuestras frecuentes visitas a través de los años, y el tío, con un par, cruzó la calle y denunció el hecho en el palacio.
    Salud

  2. ¡Lo que es la vida!… Por un lado (leyendo lo que ha escrito Sulaco) dan ganas de ir a Lisboa enseguida; y por otro (leyendo la aventura de Genín) dan ganas de quedarse en casa.
    Genín: Supongo que no recuperasteis nada de lo robado ,¿verdad?…
    Y, aparte de esto, decir que yo siento una admiración enorme por las personas que son capaces de levantarse tan temprano, y vivir la mañana al máximo (con desayuno y todo); a mí me resulta casi del todo imposible estar despejada a ésas horas.
    Sulaco: Podrías buscar la receta de ésos pastelitos, los haces, y luego cuelgas la receta (con tu manera de explicarlas; la cual agradezco enormemente??porque me resulta sencillo y ameno, y me hace disfrutar de la cocina).

  3. Genín, ¿cuántos años hace de eso? Aquella calle tiene más gente que una oficina del INEM durante el día y el palacio que dices, enfrente tiene un aparcamiento en el que hay varios traperos que chantajean a los conductores por aparcar allí pero con la de gente que pasa, robar tiene que estar complicado.

    Huitten, no tengo interés en hacer esa receta. No me quedarán igual así que paso. Hay un montón de gente que la ha puesto en sus bitácoras.

  4. Todo en Lisboa es alucinante. La segunda parte de ese día fue otro palizón, que aquí lees tres párrafos y parece que esto te lo caminas en quince minutos pero fue una caminata de cuatro horas a piñón fijo y sin paradas.

  5. Sulaco, si, el dueño del Restaurante me dijo que estaban implicados los guardias del edificio, por eso se cabreó tanto y fue a denunciar.
    No recuerdo cuantos años hace de eso, sobre diez o quizá mas, no, seguro que mas, porque estaba casado. No había estacionamiento entonces, bastante mas adelante si había aparcamiento, se aparcaba en la calle sin problemas y pillaba justo enfrente del restaurante.
    Salud

  6. Cuando voy a Lisboa me pongo tibia a bacalao, cada comida lo tomo preparado diferente, y el cochinillo… diossssssssssss lo bordan!!!! por no hablar de las sopas…. al final se va a notar mucho que me encanta la cocina portuguesa.

  7. Huitten, el comidista ha puesto hoy una receta de pasteles de Belem en su bitácora en el País. Igual hasta la hago para regalárselos a mis compañeros de italiano la semana que viene.

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