Yendo a Sevilla y volviendo desde Cádiz por Barcelona

No hay dos viajes iguales. Saliendo a la misma hora que la semana anterior cuando fui a Málaga y desde el mismo aeropuerto, la situación de partida de mi viaje a Cádiz volando por Sevilla era completamente distinta. Se juntaron varios problemas. Por un lado la nieve y el hielo y por otro el volar en sábado por la mañana, día en que el transporte público no es el mismo que en días laborables. Entre las opciones para ir al aeropuerto tenía el caminar a la estación de tren y tomar el primero de la mañana, alrededor de las siete menos cuarto, hacer un cambio de tren a medio camino y una vez en Eindhoven tomar el autobús. En total eran casi dos horas de viaje y si algo salía mal no tendría demasiado tiempo para rectificar. Además se sumaba la incertidumbre de no saber si las calles estarían heladas y tendría problemas a la hora de andar a la estación, la cual está a unos diez minutos de mi casa. Esta era la alternativa más barata.

Otra posibilidad era tomar el autobús que lleva desde Amsterdam a Utrecht y de allí al aeropuerto de Eindhoven. Está gestionado por una empresa privada y aquí el principal problema es que no paran en el centro de la ciudad sino en un lugar bastante alejado con lo que debía tomar un taxi para ir a ese sitio. Si sumamos el dinero del autobús y del taxi, me quedaba en unos treinta y cinco euros y además debía estar en la parada de autobús a las seis de la mañana.

La tercera opción era alquilar un coche, usando a Hertz, compañía que siempre tiene buenos precios para coger un coche en la estación de tren de Utrecht y llevarlo al aeropuerto de Eindhoven. Al final elegí esta opción y por cuarenta euros tenía un vehículo, el cual recogí el viernes a las seis de la tarde. Dejé mi bicicleta en uno de los aparcamientos gratuitos vigilados de la ciudad y tras pasar por el papeleo de rigor, conduje a mi casa. Por la mañana, me levanté alrededor de las siete y a las siete y media estaba en ruta, sin tráfico alguno y sin agobios. Llegué al aeropuerto sobre las ocho y media, entregué el coche y me acerqué al control de seguridad. En este viaje mi mochila iba más cargada que nunca, con casi diez kilos ya que a las cosillas habituales se unían el trípode y el objetivo de 400 mm. Pasé el control y me senté a tomar un café. El día anterior se habían cancelado gran parte de los vuelos desde ese aeropuerto debido a la niebla ya que parece que el Ángel de la Guarda de la gente que volaba en esa fecha no es tan eficiente como el mío.

El avión llegó puntual y de nuevo tenía prioridad en el embarque así que entré de los primeros y me senté nuevamente en la primera fila del lado derecho. El avión despegó justo a la hora estipulada y aunque el piloto dijo que seguramente habría turbulencias, no las notamos y las dos horas y media pasaron con rapidez. Al llegar a Sevilla salí y por supuesto, Waiting no estaba esperando ya que venía con retraso. Mientras esperaba me tomé un cafelito y una palmera.

?? de lo que sucedió durante el fin de semana hablaré otro día ?? 

Para regresar, la combinación era totalmente distinta. Salía del aeropuerto de Jerez con Vueling en dirección a Barcelona y desde allí hacia Amsterdam tras una parada de dos horas y media. El aeropuerto de Jerez debe ser de esos que pierden una pasta gansa. En todo el día tenían programados unos pocos vuelos y el mío era uno de ellos. Pasé el control de seguridad y me senté en una sala enorme a esperar, no sin antes pasar por la tienda y comprar una botella de vino español para regalarle a mi amigo el Rubio, el cual agradece siempre ese tipo de detalles. Antes de salir me compré una botella de agua y aproveché para sacar el pajarito, que en los aviones no me gusta hacerlo. Junto a la puerta de embarque se iban acumulando sillas de ruedas, algo inquietante y mosqueante ya que llegaron a ser cuatro. El avión llegó en hora y no parecía ir muy lleno. Yo tenía un asiento asignado en la penúltima fila. Un ejército de empleados fueron sacando a las personas en silla de ruedas y los metieron en un vehículo que los llevó al avión. El resto caminamos por la pista y cuando estábamos cerca nos pararon en la pista para esperar a que entraran los supuestos minusválidos. Desde donde estábamos los podíamos ver y se produjo un milagro asombroso. Se levantó de la silla y se echó a andar sin problemas y entró en el avión. Llegó el turno del segundo, el cual también se levantó y caminó sin problemas ante nuestro asombro. El tercero hizo lo mismo y alguien en la fila comentó que aquello ya era guasa, que esos jetas por conseguir entrar primero se montan el paripé. Con el cuarto pensamos que realmente estábamos frente a un minusválido real pero no hubo suerte, se levantó y caminó como los otros. Con todos ellos dentro, llegó nuestro turno. Yo no les vi las cara al entrar porque usé la puerta trasera pero imagino que más de uno les recriminó con la mirada lo que habían hecho.

Una vez estábamos todos dentro, cerraron puertas, hicieron el espectáculo de los cinturones y chalecos y salimos de Jerez con un minuto de retraso. En el aire nos esperaban turbulencias que tampoco llegamos a sentir. LLegamos a Barcelona diez minutos antes de la hora prevista y como tenía tiempo suficiente, me recorrí la nueva terminal para concluir que aunque mejor organizada que la del aeropuerto de Madrid, no me termina de gustar. La calefacción parece ser caprichosa y hay zonas del aeropuerto en las que te hielas y otras en las que te ponen a hervir. Las zonas de fumadores están pensadas para que el humo de esos malnacidos entre de vuelta a la terminal y joda a los que no comparten esa estúpida drogadicción. Almorcé en uno de los bares del aeropuerto y después maté el rato viendo episodios de mis series favoritas en el iPad. El embarque se supone que era a las cinco y media así que media hora antes fui a comprarme otra botella de agua y tomarme un café. Cuando terminé miro una pantalla y han cambiado el vuelo de puerta y lo han puesto muy cerca de donde yo estoy y a distancia sideral del lugar en el que debía estar así que para cuando llegué a la puerta, fui uno de los primeros en embarcar porque la gente estaba tratando de llegar desde el más allá. El avión se llenó casi al completo. Era uno de los dos aviones de Vueling decorados por la hija de Mick Jagger, la cual tiene un mal gusto legendario que se refleja en la cagada que les ha hecho. Espero que no le hayan pagado por esa mierda con colores de mal gusto y unos fluorescentes dentro del avión que lo hacen parecer un puticlub de carretera nacional lleno de camioneros.

Despegamos con cuatro minutos de retraso y el vuelo transcurrió sin problemas. Al llegar a Schiphol nos dejaron en la zona en la que aparcan los aviones de Iberia y Vueling y que es la más alejada de la estación de tren, así que te toma casi veinte minutos el andar hasta la misma. Yo soy como una muñeca de Famosa con pilas alcalinas y como me conozco el lugar, sorteo obstáculos y corro con los holandeses para no perder el tren. Mientras avanzaba, hablaba con los amigos y me ponía al día en lo relativo al drama de sus vidas. Compré mi billete para el tren y prácticamente no tuve que esperar nada. Media hora más tarde estaba en la ciudad de Utrecht, con dos grados bajo cero y un frío sin escarcha ni hielo, el cual se había derretido en días anteriores. Me acerqué al aparcamiento de bicicletas y recogí la mía. Del frío tan intenso el sistema de cambio de velocidades se había congelado y tuve que hacer todo el recorrido sin cambiar de marcha. Llegué a mi casa sin más problemas, el martes por la noche y así terminó mi segundo fin de semana en España durante el mes de diciembre y mi quinto vuelo en avión de este mes. Aún me quedan cinco aviones más antes de que el año llegue a su fin.

2 opiniones en “Yendo a Sevilla y volviendo desde Cádiz por Barcelona”

  1. Y no te iba mejor el vuelo de vuelta directo desde Sevilla?
    Es una pregunta tonta porque cuando no lo hiciste así tus razones tendrías.
    Salud

  2. El avión salía demasiado temprano y Waiting me convenció para no hacerlo. La próxima vez vuelvo por Sevilla y me ahorro el paseíllo por Barcelona.

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