Yendo desde Ubud a Amed

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur pasando por Abu Dhabi

Después de tres días en Ubud, el circo que es un viaje por Asia se volvía a poner en movimiento. La tarde anterior contraté transporte para Ubud a un chamo que está cerca de la puerta de mi hotel. La verdad que el tío daba mala espina cuando está allí, en su pequeño puesto y ni siquiera tiene un bolígrafo para rellenar el vale con los datos del viaje. Me costaba unos nueve leuros y se supone que saliía a las once de la mañana. Ese día, me levanté como siempre, preparé mis mochilas, desayuné, liquidé con los del hotel y me senté a esperar en mi terraza a que se acercaran las once de la mañana. Cinco minutos antes salí a la carretera y el chamo me dijo que me esperara allí hasta que vinieran a recogerme. Había otra chica que se quedaba en mi hotel y dos parejas, aunque una de ellas iba en dirección a las islas Gili.

Con quince minutos de retraso y cuando algunos ya se empezaban a poner nerviosos, apareció un mini-bus o más bien una furgoneta. El tío me dijo que no era el transporte mío, tampoco el de la chica y parecía que solo se llevaba a una de las parejas. En su lista al parecer tenía más gente pero no estaban allí. Se acercó a los del puesto en el que contraté esto y resultó que el panoli que nos hizo los recibos los escribió en el talonario equivocado y sí que era nuestro transporte. Solucionado el lío, tomamos posiciones en el interior, en donde ya se encontraba una pareja. Nos dijo que tenía que recoger a tres más y que seríamos nueve. Recorrimos los diferentes callejones de Ubud recogiendo a la otra gente y en un cuarto de hora tenía la furgoneta petadísima entre los nueve pasajeros y las correspondientes maletas y mochilas. Nos pusimos en ruta y se nota que en Bali son más cuidadosos al conducir, ya que en ningún momento le poseyó el espíritu de Fitipaldi y nos llevaba prácticamente sin adelantar a nadie.

El viaje es de unas dos horas, aunque la distancia no lo justifica. El problema son las carreteras y la escasa veocidad que pueden adquirir los vehículos en las mismas. Yo iba escuchando un audiobook y controlando la ruta con el CityMaps2Go y en el punto en el que debería bajar a Amedd siguió de largo. Comencé a inquietarme y le pregunté a la pareja francesa que iba a mi lado y me dijeron que ellos iban un poco más adelante y que seguramente los lleva a ellos primero. En un punto de la carretera en el que no hay nada el colega se para y dice que aquel es el lugar en el que tiene la parada y les dice a los franceses que por una cantidad de dinero adicional, los alcanza al hotel. Ellos accedieron y otro pasajero se bajó y decidió seguir por su cuenta. Lo peor es que el cabrón sabía que el hotel estaba ciento cincuenta metros más adelante con lo que les sacó pasta por abusar. Todavía estaban sacando las maletas de los franceses cuando lllegó el mochilero descojonado al mismo hotel.

Después regresamos por la misma ruta y tomamos el desvío de Amed. Allí nos hizo lo mismo. Se paró y nos dijo que esa era la parada oficial y que quien quería servicio hasta la puerta lo tenía que pagar. Opté por joderlo y dejarlo en la estacada y cogí mis dos mochilas y me eché a andar. Lo bueno de viajar ligero es que estas cosas las puedes hacer y solo por ver la cara de rabia y decepción del tío, mereció la pena los quince minutos que tuve que caminar.

Mi hotel era el Deddy’s Sea Side View Bungalow y en el mismo solo hay unos pocos bungalows, todos con vistas al mar. Al llegar había una pareja de australianos que se marchaban y dos holandesas hospedándose. Largué las cosas, me puse el bañador y me pasé la tarde en la piscina. A la hora de cenar vi a las holandesas y me acoplé con ellas y fuimos al Corner Warung, lugar al que seguí acudiendo cada noche. Una de las holandesas era muy agradable y la otra estaba paranoica perdida, al parecer por todo lo nuevo ya que era su primer viaje a Asia.

Y así más o menos transcurrió el día, una jornada de transición pero también de relajo y para disfrutar del sol.

El relato continúa en En Amed

3 respuesta a “Yendo desde Ubud a Amed”

  1. ¡Cómo me gustaría ver la cara que puso el “presunto estafador”! El gustazo de chafarle el negocio, es impagable. Ese tipo de gente me repatea muchísimo; no puedo con los “listillos” de turno.

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