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  • Día 13 – Kandooma Thila 3

    5 de septiembre de 2025

    Aquí acaba los vídeos en Kandooma Thila durante el 2024 y gracias a Dios que dentro de exactamente treinta días estaré de vuelta allí para hacer muchos más. La imagen que acompaña el vídeo engaña un montón. Se ve un águila marina y lo es, pero era un bebé, chiquitita y preciosa. La música que acompaña este vídeo es la canción You’re That Spider Guy de la banda sonora de la película The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro – The Amazing Spider-Man 2.

    Comenzamos con un tiburón gris cerca de mí y la corriente nos lleva, vamos sobre la thila. Después vemos un águila marina a la uqe nos acercamos, preciosa y que está disfrutando con la corriente. El siguiente encuentro fue con más tiburones grises y uno de ellos pasó muy cerca de mí. Seguimos avanzando y por delante había otros, de repente estaban todos por allí, en la zona de la estación de limpieza. También pasó un Napoleón grandísimo y por arriba, el águila marina seguía volando, pero resultó que era una pequeñita, el bebé, con una cola gigantesca. Allí lo teníamos todos. Fue una despedida gloriosa de Kandooma Thila.

  • La segunda tanda de drama amarillo

    4 de septiembre de 2025

    Después de los traumáticos sucesos que narré en Los pinches estos amarillos, esta semana, por desgracia, teníamos a los dos amarillos del país del sol caguiente aún en Europa. Por suerte regresaba de sus tres semanas de vacaciones y lo hacía entrando directamente en una sala de reuniones con los dos inútiles esos y pasando el día con ellos. Me mandó un mensaje diciéndome que si quería y lo deseaba o anhelaba podía unirme a sus discusiones con ellos por videoconferencia, que mi Ángel de la Guarda al parecer sabía que esto podía suceder y sucedería y me había puesto una cita con el dentista para ese lunes a las doce de la mañana, lo que hacía literalmente imposible que me bajara a Bolduque a trabajar y de hacerlo, habría ido como mucho una hora y media o así. Atrincherado en mi keli, le respondí a mi jefe que ni de coña, que prefiero que me laven los güevos con el ácido que tenían los Aliens de sangre a tener que pasar por otro día de tortura con ellos y le deseé toditito lo mejor, siempre y le recomendé que los denunciara a los servicios de inmigración y se los quitara de encima de cualquier manera, algo que no hizo. Un par de horas más tarde, un colega gabacho me manda un mensaje preguntando por qué no estuve de corpore insepulto en la reunión y le expliqué que eso sería tropezar tres veces en la misma mielda. Por la tarde un colega neerlandés, mientras atendía otra de las reuniones, chateaba conmigo y me confirmaba que llevaban hora y media y aún no había pillado una sola palabra de las que berreaban los dos del país del sol caguiente.

    El martes fui a la oficina y allí me encuentro a mi jefe que me pide por las bragas más sucias de Mafalda, que lo acompañe en una reunión de dos horas con ellos, la ultimísima y que no me pedía más nada en todo el mes si lo hacía. Yo había llegado a la oficina con un cargamento de Magdalenas del carajo en su versión del 2025, más sostenible y que tienen un corazón de mermelada de durazno casera baja en azúcar. Llevaba para regalarle al mexicano, al gabacho, a otro colega que me cae muy bien y tenía unas cuantas más para mi jefe y la escoria del país del sol caguiente. El segundo objetivo era que la rata-sucia-asquerosa y zarrapastrosa del joputa-terrorista-islámico que trabaja en mi equipo generara ácidos gástricos que le provoquen una úlcera sabiendo que estaba repartiendo comida gratis a destajo y a él no le doy ni un vaso de agua del retrete después del jiñote y antes de bajar la cisterna.

    Magdalenas del carajo, mi receta

    Lo que yo no sabía es que precisamente ese día era el cumpleaños de la unidad femenina amarilla. Mis magdalenas, que llevo produciendo en cantidades considerables desde el año 2004, son épicas y legendarias y los amarillos fliparon. Fui super-hiper-mega equipado de tecnología a la reunión, con el portátil, el telefonino de la empresa y el mío, porque ya me barruntaba que tarde o temprano, mi jefe me pediría que fuera yo el que compartiera pantalla y en ese momento, no podría hacer nada con mi ordenador. Las dos horas fueron de pesadilla y lo peor es que cuando pasaron, mi jefe seguía repitiéndoles lo mismo una y otra vez y yo recordándoles que se acabaría la comida en la cantina si no se apuraban y corrían a comer. Yo hui y me fui a caminar y para cuando volví, mi jefe me informó, con todo el dolor de su alma, que se los llevaba al otro edificio de Bolduque para que lo visitaran y me invitó a unirme a ellos, aunque cuando vio la mirada que le eché, dedujo que estaba a milímetros de que le arreara un tremendo guantazo con la mano abierta y lo dejo sin dientes. También le expliqué el tren que deberían pillar para ir al aeropuerto sin tener que hacer cambios y le recomendé encarecidamente que los dejara en la estación una hora antes y que procediera a denunciarlos en la comisaría más cercana.

    Por la tarde, cuando tomaba el cafelito con colegas de la fábrica, me informaron que el espectáculo del almuerzo fue espeluznante, que aquellos dos no dejaban de hacerse carantoñas y picoteaban del plato del otro, con lo que los rumores sobre los eventos carnales entre esos dos son ahora una realidad que quizás yo he incentivado, que a mí me parece muy raro que cuando ella descubrió los mosquitos en su habitación del hotel, el otro fuera a la misma habitación a matarlos, hay algo que no cuadra en esa historia y si lo combinas con las escenas románticas en la cantina, tenemos una teoría que prácticamente es una verdad confirmada y reconfirmada.

    Ya dije que los que fueron a cenar con ellos el jueves anterior definían el evento social como una pesadilla, un castigo divino o una maldición truscolana y mi jefe, que los llevó el lunes, me dijo que no le deseaba algo así, ni al deshonorable president que viaja en portabultos, que fue con los otros dos y nadie más y estuvo dos horas sin poder comunicarse con ellos y que a la hora de pagar fue un drama, porque él los invitó pero ellos no lo entendían y querían pagar sus partes por separado y se pasó media hora en el restaurante explicándoles que la transacción económica ya había sido realizada y que se fueran a tomar por culo cuesta abajo y sin frenos.

    Por la tarde un colega me mandó un mensaje avisándome que mi jefe desechó a los amarillos del país del sol caguiente en la estación una hora antes de lo esperado, con lo que parece ser que escuchó mi consejo.

  • Día 13 – Kandooma Thila 2

    3 de septiembre de 2025

    Llegamos a la segunda entrega de los vídeos de la última inmersión en Kandooma Thila en el 2024, aunque el plan era volver al día siguiente, pero las corrientes no eran las adecuadas y al final son ellas las que determinan nuestro destino, que tampoco se trata de arriesgar las vidas de la gente. Esa es una de las ventajas más grandes que tiene ir a bucear al lugar en vez de ir en un barco que te va llevando a los sitios con una ruta planificada. Todavía me acuerdo una vez que vimos un grupo como de treinta buceadores que pasaron por delante de nosotros a todo meter porque la corriente era fortísima y toda su experiencia de Kandooma Thila fue un par de minutos, que una vez pasas la zona, no hay nada más. La música que acompaña este vídeo es la canción Wild Life del grupo OneRepublic.

    Comenzamos llegando al lugar en el que a veces nos encontramos los tiburones. Estaba lleno de vida, pero los tiburones estaban algo lejos, hasta que un par de ellos se fueron acercando a nosotros, preciosos y espectaculares y quedándose muy pero que muy cerca de mí. Después los vemos alejarse hasta que llegó otro. Sobre los dos minutos nos movemos y vemos un tiburón a lo lejos. Vemos a un par de panolis mirando en la dirección equivocada. Era un águila marina pasando despacito, disfrutando de la corriente. Tambén se puede ver a los pececillos amarillos haciendo un esfuerzo tremendo para nadar a contracorriente mientras a lo lejos, un tiburón gris parece hacerlo sin esfuerzo alguno y con él acabamos esta parte de los vídeos.

  • Los pinches estos amarillos

    2 de septiembre de 2025

    El miércoles y el jueves de la semana pasada los tuve que pasar castigado y torturado con los dos amarillos del país del sol caguiente que vinieron a los Países Bajos mientras mi jefe estaba de vacaciones, algo que ya mencioné en Bitios de irrealidad. Por eso al final puse una foto de bicis, mi cerebro estaba totalmente fundido y el jueves no era capaz de más nada. A la lingüísticamente retrasada que vino el año pasado en diciembre se le unió otro aún más lingüísticamente retrasado, o subnormalmente retrasado desde el punto de vista del inglés, con lo que reunirte con dos que entre ambos no suman más de treinta palabras en inglés es una pesadilla y estos, al contrario que Tarzán y hasta la Chita, no aprenden en un pispás. El miércoles por la tarde, durante hora y media, uno de mis colegas les intentó explicar algo simple y sencillo y hasta obvio, pero después de noventa minutos, el hombre ya estaba por echarse a llorar y renunció. Ya yo le había advertido que viniese preparado para todo lo peor, siempre, pero no me hizo caso y acabó bien jodido y mal pagado. Después de esa reunión se los llevaron a visitar la fábrica y el centro de distribución europedo y yo aproveché para salir cagando hostias y me piré a mi casa para que no me vieran al volver.

    Al día siguiente nos enteramos que con sus nulas dotes para comunicarse, acabaron comprando comida preparada en un mini-supermercado y se la comieron en la habitación de uno de ellos en el hotel y después se pasaron la noche matando mosquitos en la habitación de la otra, que según ellos, había como quince, quizás hasta dieciséis, pero yo no me lo creo y estoy convencido que estuvieron chingando como perros en celo toda la noche, que a mí de esos dos me llegan unas ondas multidimensionales de folleteo laboral pese a que ambos supuestamente están casados, que para mí lo de picotear amorosamente del plato del otro, como me han confirmado varios compañeros durante los almuerzos de estos días, es la confirmación de mis sospechas. El jueves por la mañana, la tortura fue aún peor porque a estos dos inútiles retrasados lingüísticos se les unieron por vídeo otros cinco desde el país del sol caguiente y pese a ser siete en total, la cantidad de inteligencia entre todos ellos no se puede comparar a la de una aguaviva. Supongo que al menos, el día que lleguen extraterrestres al planeta y no estamos hablando de la chusma y la gentuza truscolana, podemita o suciolista, que esos son escoria y morralla terrestre, pues me pueden poner a mí en el equipo de comunicación con una buena metralleta y yo me encargo del primer contacto.

    Después del almuerzo que no atendí porque mis convicciones religiosas me impiden comer comida jalal y como en la empresa en la cantina han decidido que hay que respetar las opciones de la minoría y ningunear a la mayoría, yo no como ni les dejo un puto leuro, con lo que el día que dejen de dar el servicio, no solo me alegraré, tampoco pondré dinero para comprarle un regalo a esos. Volviendo al trauma, por la tarde, al comenzar la reunión, nos dijeron que ESA era la importante y la RAZÓN por la que habían venido. Por supuesto no entendíamos nada de lo que nos pedían, así que lo comenzaron a escribir en su lengua natal que GooglEVIL traducía al inglés y yo pensando sí soy el único que ha hecho los cursos de seguridad de la empresa que dicen que jamás pongas información confidencial en ninguna herramienta gratuita de terceros ondeline, pero me mordí la lengua y no dije nada. Pronto me quedó claro lo que querían, a mí y al gerente de la fábrica que estaba conmigo y ambos estábamos de acuerdo en que eso era un clarísimo REQUETEQUETEQUE NO. Por curiosidad, les pregunté cuál era el criterio para hacer lo que nos pedían y no queríamos hacer por ser una tarea dantesca, titánica y altamente imposible. Hablaron entre ellos entre gritos y gemidos malsonantes de su lengua natal, teclearon y teclearon y al final escribieron algo en inglés. Los paré en seco y les dije que me confirmaran, me juraran, me rejuraran y me prometieran que lo que querían de nosotros era lo que yo entendía que querían y todo, para setenta y nueve suministradores de partes para la fábrica y cincuenta y tres productos que compramos a otras empresas en Europa. Me lo confirmaron, juraron, rejuraron y prometieron. Por seguridad, les dije que lo escribieran allí en la pantalla y lo hicieron. Les dije que estaba de acuerdo y que no sólo lo haríamos, además, en lugar de hacerlo antes del último día de marzo del 2026, yo personalmente les mandaría lo pedido antes del último día de septiembre, tanto para lo pedido para la fábrica, que no es de mi incumbencia, como para los otros productos. El gerente de la fábrica me miró con cara de pánico y le dije en neerlandés que me deje hacer y no abra la boquita que le entran los mosquitos de los otros. Resultó que lo que nos pedían es algo que ya tenemos, pero ellos no lo saben, así que una vez me juraron que no nos pedirían más nada, confirmé que se haría y le pedí que pasaran al siguiente punto. No había siguiente punto. Daban por sentado que no lo querríamos hacer, esperaban pelear durante tres o cuatro horas y cuando fueron desarmados con el acuerdo, los pilló descolocados y sin munición, así que sesenta minutos después de empezar la sesión de tarde, ya estaba acabada, con un acuerdo que ellos ven como mágico y alucinante y yo lo veo como una estupidez que ha dicho un retrasado. Ese día, el gerente de la fábrica los invitó a cenar y de la gente que fue, me contaron que fue una pesadilla, con GooglEVIL traduciéndolo todo porque no había comunicación posible. El viernes siguieron allí tocando arriolas, pero como yo trabajé desde mi keli y me negué a participar en ninguna reunión, viví feliz como una lombriz.

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