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  • Olores sucios

    17 de abril de 2005

    Una de las cosas que mis amigos más me reprochan es que por alguna razón, siempre estoy en el medio de todo. Si ha de pasar algo, será cerca de donde yo me encuentro. Esto, que a priori puede parecer una ventaja, a veces se convierte en una maldición. Ayer estábamos en el cine, esperando que comenzara la película cuando los vimos venir. Por la puerta de la sala entraron lo que al principio parecían un par de miembros del clan de los Simpsons pero que resultó ser una pareja de indios sij, esos con turbantes como el que salía en la película El paciente inglés. Yo nada más verlos supe que se sentarían delante de nosotros, pero me callé para que no digan que soy gafe.

    Efectivamente, se sentaron delante de nosotros. Según avanzaban por la sala, podíamos ver como la gente viraba la cabeza y trataba de contener las arcadas. No daba la impresión que fuese nada bueno. Cruzaban la sala como una plaga, arrojando a la gente hacia los lados tratando de escapar de algo que aún no podíamos ver. Cuando estaban a tres butacas de su objetivo nos alcanzó el aroma inicial. Era algún tipo de colonia, sólo que su olor era como sucio y macilento, similar al del pescado podrido. Debía ser algún tipo de incienso o aroma cuyo objetivo era el camuflaje de otros aromas. Bajo esa fragancia espantosa se agazapaba un terrorífico olor a sobaco, a falta de limpieza. Ni siquiera Fefa la hedionda podría competir con esta gente. Era mucho más de lo que uno es capaz de aguantar. Se sentaron y comenzaron a emitir para todo el mundo desde aquel lugar. Yo miraba los trapos esos que se ponen alrededor del cabezón y me imaginaba lo terrible que tuvo que ser la muerte para los piojos que fallecieron allí. Con ese olor, ni las bacterias más fuertes pueden sobrevivir. Yo no dije nada sino que prediqué con el ejemplo y me marché unas filas más atrás. En la fila donde se puso aquella gente se formó una zona cero, un área impenetrable en la que nadie era capaz de permanecer. Ellos, la parejita de la que emanaban los efluvios, permanecían inmunes a los mismos, hablando alegremente entre ellos como si nada sucediera mientras el resto nos manteníamos arrinconados en la parte de atrás de la sala. Por suerte no se movieron en toda la película y pudimos disfrutar del espectáculo sin otros problemas.

    Digo yo que por muy sij que se sea, se puede ser un poco más limpio y ducharse con más frecuencia. Eso por no decir que a estas alturas de la evolución, el desodorante debería ser de uso obligatorio y todas las religiones deberían incorporar sacramentos al respecto. No es de ley que haya gente andando por el mundo que puedan ser confundidos con armas biológicas. Estos dos se juntan con un par de parejas más de su misma calaña y seguramente hay que evacuar un área de al menos un kilómetro alrededor de ellos. Y que conste que yo conozco gente que no usa ningún tipo de productos de cosmética y además de feos, horrorosos y poco estilosos, no despiden olor porque pasan por debajo de la ducha de sus casas dos o tres veces por día.

    A mí no me gusta tampoco la gente que usa desodorantes de estos que anuncian su aroma tres horas antes de que llegue el susodicho. Personalmente siempre he preferido los que son sin olor, algo discreto y que no se note. En mi trabajo, sin ir más lejos, nuestro compañero travestido cree que el perfume lo hace más mujer y suele venir con un aura de perfume que mata hasta las caries. Es como llevar un par de querubines anunciándote. Lo olemos antes de que entre en nuestra oficina y así nos da tiempo a abrir la ventana de par en par para que corra el aire. El siempre se ha quejado de las corrientes de aire, pero nos la trae al fresco. Han de pasar al menos dos horas desde que deja nuestro cubículo para que podamos respirar aire limpio nuevamente. Ya le hemos comentado que huele demasiado a perfume, pero el maricón se lo toma como un cumplido y sigue de la misma guisa y manera. En este caso, sin embargo, supongo que hay que camuflar el olor de esos huevillos aprisionados bajo esas bragas prietas.

  • Assault on Precint 13 – Asalto al distrito 13

    16 de abril de 2005

    Lo de hoy es la historia de un gatillazo. Un tráiler excelente que no tiene continuación en la película. Assault on Precint 13 o Asalto al distrito 13 como seguramente la conoceréis vosotros es una mediocre revisitación de un clásico de serie B. A falta de ideas, se dedican a rastrear películas de hace unos años y las vuelven a rodar, adaptándolas a los tiempos. En este caso, han cogido una película de John Carpenter, que aparece como guionista de la historia original.

    El director es un tal Jean-Francois Richet, muy conocido por su madre y su mejor amigo pero desconocido para el resto de los mortales. Visto lo que ha hecho, ya he olvidado su nombre y con suerte no nos lo volveremos a topar en nuestra vida. El hombre fue a lo fácil, a lo bobo y el resultado se ve en pantalla. Le dieron un guión y le plantaron un montón de nombres conocidos y él no supo que hacer con todo eso. La historia que nos trata de contar es la del ataque a una comisaria en el medio de la nada por parte de un grupo de policías corruptos para matar a un preso. El ataque se produce la noche de fin de año y además coincide que es el último día en el que esa comisaría estará en funcionamiento. O sea, una encerrona para poner muchas escenas de tiros. Para que no sea todo muy neutro y muy machote, pusieron a una mujer poli más caliente que los fogones del infierno y a una psicóloga más tonta que las bragas de la infanta.

    El actor principal es Ethan Hawke, un hombre al que yo tengo endiosado desde que protagonizó esa obra maestra que es Gattaca. A pesar de tenerlo en un podio intocable, como siga por este camino le doy dos hostias y lo quito del pedestal. No hay nada que merezca la pena ser recordado de su actuación aquí. Junto a él, John Leguizamo haciendo el papel que hace siempre y Laurence Fishburne, el Morfeo de la matriz, que ha perdido el norte totalmente y ahora sólo interpreta papeles de Morfeo. Que pena de actor, mejor lo llevan al desguace y lo retiran de la circulación que me da mucha lástima ver como esta gente se encamina alegremente hacia el ocaso de sus carreras. Una de las chicas es Drea de Matteo, que no será recordada por este papel y nadie hablará de ella en el futuro como siga así.

    A pesar de tanto comentario positivo, si os gusta el cine de acción no deberíais ir a verla, si os gusta el cine policíaco no deberíais ir a verla y si os gusta tirar el dinero, os gusta una tía que está emperrada en ir o no tenéis nada mejor que ver, entonces deberíais ir a verla. Comentar que dos de mis colegas se durmieron en el cine a pesar de los tiroteos y demás. Patético.
    gallifantegallifantemedio gallifante

  • Un día cualquiera

    15 de abril de 2005

    Hoy me apetece tener una bitácora normal y hablar de mí y mirarme el ombligo como hace todo el mundo. Esta anotación será por tanto unas pequeñas vacaciones para ayudar a enfriar mi recalentado cerebro. Esta semana he sobrevivido a una serie de desafortunados desastres en cadena. Me he pasado los días apagando fuegos que mis colegas de trabajo encendían sin darse cuenta. He tenido uno de esos periodos altamente productivos por los que soy ampliamente respetado en el trabajo. De alguna manera me las he apañado para acabarlo todo antes del fin de semana.

    El resultado ha sido espectacular. Los correos de agradecimiento llueven sobre mis jefes y como siempre, pasarán por mi despacho a darme las gracias (o eso espero). Mis amigotes siempre insinúan que yo me toco mucho los huevos en la oficina, aunque ninguno me ha visto trabajar. Ayer me pasé el día colgado del teléfono arreglando problemas en Suiza y en Holanda.

    Al tiempo que esto sucedía me han asignado dos nuevos productos. Ya he perdido la cuenta de las cosas de las que soy responsable, pero a este ritmo en dos años seré el único superviviente, el super-responsable de productos. Me acuerdo que cuando me asignaron el primer producto mi gerente en aquella época tenía sus dudas y decía que yo no estaba preparado. Me endiñaron una patata caliente y un año más tarde era un remanso de paz altamente productivo. Después me colocaron unas cuantas más y el milagro volvió a repetirse. Ahora ya no sorprende a nadie. Me ven hablando con dos teléfonos en tres idiomas diferentes, tomando decisiones, resolviendo problemas y les parece de lo más normal. Cuando me voy de vacaciones es cuando se dan cuenta de lo que hago. Entro tarde en las reuniones y me marcho el primero. Mantengo la red de conocimiento más sofisticada de la empresa y el equipo que trabaja conmigo es el más eficiente con diferencia y todo eso lo hacemos pasando un buen rato, sin malos rollos.

    Esta semana también saqué tiempo para ir al cine, para visitar un par de barrios en Utrecht en los que estoy buscando casa y para almorzar con una vieja amiga. He salido de copas y he escrito tanto como suele ser habitual por esta bitácora. También he sabido cuales serán los próximos lugares que tendré que visitar. A muy corto plazo creo que pasaré por Frankfurt y después iré un día por Bruselas. En el primer sitio intentaré quedarme algunos días y hacer turismo, que por allí tengo amigos y la segunda será una visita relámpago.

    En las próximas semanas visitaré también el Keukenhof, el parque de los tulipanes holandeses. Como en años anteriores, haré cientos de fotografías espectaculares. Será la última vez que mi vieja Canon Powershot G2 tenga el privilegio. El año que viene su lugar lo ocupará una cámara un poco mejor, espero que una Canon EOS 350D. Para la visita al Keukenhof, me compré una revista de mujeres, llamada Libelle, que trae unos cupones de descuento fantásticos. Por lo que pagan los demás, yo consigo la entrada, un poster, una bolsa de bulbos y un cafelito con tarta dentro del parque. Este es el tipo de ofertas que los extranjeros no conocen. El cupón vale para cuatro personas y se publica siempre en el número de marzo de dicha revista.

    El fin de semana promete ser interesante. Mañana me lo pasaré en Amsterdam y el domingo, si se mantiene la previsión meteorológica, me pasaré el día en bicicleta. Me apetece mucho salir a cruzar los campos holandeses y hacer fotos de las flores, ahora que todo está llenándose de algo de color.

    Y eso es todo por hoy. En lugar de las habituales distorsiones, un poquito de cruda realidad.

  • Regalo de boda II

    14 de abril de 2005

    Sería conveniente que te leas la primera parte de esta historia, regalo de bodas, antes de continuar.

    Cuando avistamos a la parejita se estaban haciendo carantoñas frente al palacio real, en el Dam. Nuestro gozo en un pozo. La primera señal enviada para mostrar el enfado por no invitarnos a la boda y no fueron capaces de captarla. La segunda la recibieron claramente. Nada más verlos les dimos aquella caja mostruosamente grande envuelta en papel de regalo para que la cargaran durante todo el día, que teníamos pensado pasar el día juntos. Como no teníamos ni idea de adonde ir (mentira, lo sabíamos perfectamente pero siempre es bueno cansar al enemigo) nos echamos a andar sin rumbo fijo. Nos separamos en grupos. El chino con la flamante esposa, el indonesio con su hermana y yo con el sueco. De las otras conversaciones no puedo contar mucho, pero la mía fue productiva. En primer lugar confirmar que el sueco por fin se la ha follado. Cuando lo dijo se pudieron ver los fuegos artificiales que el ayuntamiento de Amsterdam lanzó para celebrar el evento. Por darle, hasta le di una palmadita en la espalda, alqo que para alguien tan nórdico y criado sin ningún tipo de afecto materno, le produjo un escalofrío de horror. Lo segundo que me contó fue que su boda fue por la iglesia católica y que para ello se tuvo que convertir. Le di la bienvenida a la fe auténtica y le recordé que en esta religión hay categorías y que ya pueden pasar lustros hasta que sea bienvenido en la liga de Campeones, que es a la que yo pertenezco como campeón de la fe y santo en ciernes. No quiero que piense que cualquier protestante de mierda se hace dos cursos y llega a primera división sin más. No estoy muy seguro que el eslavo este capte los conceptos de nuestras creencias al completo, pero seguro que al menos lo intenta. Lo que ha comprendido perfectamente y sin fisuras es que la indonesia no usa anticonceptivos porque van en contra de la palabra del señor y que como no tenga cuidado, se le acaba la juerga bien pronto y tendrá que volver a sacar músculos en los brazos. El colega muestra una gran preocupación por dicho asunto y me confesó en la intimidad y el incógnito que da el hablarle a alguien en quien no confías que puesto que no puede usar protecciones no homologadas por la iglesia, se pone un sello de la reina de Holanda en la punta de la polla y así cuando se corre los espermatozoides se mueren del susto al ver semejante vieja fea. Como erudito de la ignorancia no puedo confirmar si este método es moralmente aceptable, pero como no supone envolver el cipote en plásticos ni la ingestación de espermicidas, supongo que el hombre se puede arrallar un par de millos y continuar con su sistema. Hasta ahora le ha ido bien. Parece que los sellos de sesenta céntimos funcionan mejor que los de veinte. La hembra ponedora aún no se ha dado cuenta y eso que ahora, cuando ovula, lanza cien gramos de celulosa, por no decir que si pones las compresas en un buzón y les escribes una dirección, llegarán a su destino por estar certificadas. ?l se está dejando el sueldo en sellos, pero debe aprender bien pronto que quien algo quiere algo le cuesta.

    Con semejantes temas de tertulia casi ni me di cuenta que habíamos cruzado la ciudad. El chino nos había llevado hasta un cine para coger el programa y ver si después de comer podíamos ver algo. Después de arduas negociaciones la ganadora fue Robots. Deshicimos el camino andado ya que el lugar en el que íbamos a comer no estaba en aquella zona (parte de nuestra estrategia, obviamente). Elegimos un restaurante bastante famosillo, el Dim Sun Palace, especializado en la primera parte de su nombre. El chino como siempre estableció la comunicación, al utilizar el mismo tipo de señal portadora que los empleados del lugar. Nos trajeron una gran selección de Dim Sun y semejantes y como regalo especial a la novia, un plato de patas de gallina fritas, plato que ni probé ni permití que pusieran cerca de mí, que a mí me dan mucha grima las patas de pato o de gallina, como todos sabemos perfectamente. La comida fue soberbia. Durante la misma nos enteramos que la reciente esposa se pensaba que el indonesio se había echado novia, así que le tuvimos que explicar que son hermanos, algo obvio cuando uno mira el tamaño de los cabezones, que parecen globos de lo grande que son. Tras la comida, paseito para hacer la digestión y terminamos en The Three Sisters Pub, uno de mis favoritos y un lugar al que acudo muy a menudo con el turco por ser un punto en el que se pueden realizar avistamientos fácilmente. Como aún era invierno no hubo carne fresca, pero una cerveza es una cerveza, así que no me quejo.

    De la película ya he hablado, así que nos saltamos esa parte y continuamos tras el espectáculo cinematográfico. Teníamos planeado cenar juntos y como siempre, acabamos en un chino. En esta ocasión nos fuimos al barrio de los susodichos y cenamos en uno de los restaurantes que frecuentamos. Cometimos el error de pedir comida para cinco (aunque éramos seis) y nos sobró un montón. Ya veníamos requintados del almuerzo y los estómagos, por más que tengan paredes flexibles tienen un límite. De todo lo que nos trajeron yo hubiera prescindido del pato a la pekinesa, que sigo repitiendo que no me gusta comer pato con palillos, que te lo ponen con los huesos y yo no tengo la suficiente soltura dental para separar carne y masa calcárea, por no decir que me da un asco terrible lo de escupir el hueso en el platito que tenemos a nuestro lado.

    A estas alturas del día el sueco y su esposa indonesia aún no habían abierto el regalo, así que tras la comida llegó la hora de ver su cara de decepción. Merecieron la pena todos y cada uno de los euros que pusimos para comprar la cafetera sólo por las caras que pusieron. Huelga decir que esperamos que nos inviten a su casa para poder probar el café sublime que hace dicha máquina.

    Tras la apertura del apreciado presente, levantamos el campamento y nos fuimos juntos a la estación, que unos íbamos a Hilversum, otros a la Haya y el último grupo a Eindhoven. Seguro que pasará bastante tiempo antes de que volvamos a estar todos juntos.

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