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A Málaga de fin de semana con Gloria

La vida es así de dura. Yo entre las guerras de la empresa y la falta de luz, siempre salgo por patas a finales de enero y me bajo pa’bajo, a Málaga a pasar un fin de semana. En los dos milenios que llevo haciéndolo, siempre me pilla buen tiempo por allí, alegría y cosa buena pero no esta vez, que había una pendenciera, zarrapastrosa y truscolana llamada Gloria, que se bajó al mismo tiempo que yo para joder un poco y así, el viernes cuando llegué diluviaba, igual que toda la noche y que casi todo el sábado, con lo que nos tocó resguardarnos y esperar que la puñetera truscolana se fuera a tomar por jauer.

En realidad no hicimos mucho durante el fin de semana, salvo charlar y comer y comer y comer y comer y comer y aprovisionarme con algunas cosillas más para llevarme de vuelta a los Países Bajos y al final, el sábado y por primera vez en mi vida, ¡FUI AL CINE EN MÁLAGA!, la provincia, que no la ciudad, ya que fui al cine en Fuengirola. Esta es la tercera provincia andaluza en la que voy al cine, ya que ya he estado en Sevilla y en Cádiz. Por supuestísimo, fuimos a ver una película española en el día en el que se entregaban los premios esos tan famosos, los P.O.Y.A., que creo que ganó el Almorranas. Como yo nunca veo las galas, centrémonos en el vídeo, que el Ancestral tuvo un montón de suerte porque transavia, que era la aerolínea oficial de este viaje, aún permite elegir asiento a partir de las últimas treinta horas antes del vuelo y así pillé ventana en ambos sentidos. Los vídeos son una cagada épica y legendaria, aterricé en Málaga con la gilipollas esa de la Gloria y no se ve nada y además oscurecía y el regreso es de puritita noche y en Amsterdam también llovía. Aún así, como al viejillo le molan estas cosas, lo dejo por aquí. La música es la canción Wait del grupo M83, que me gusta y es lo suficiente larga para encajar bien con el vídeo.

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La subida a Ámsterdam

Llegamos al segundo vídeo, uno que no debería existir porque cuando la mañana del domingo saqué mi tarjeta de embarque, que mi truco actual es esperar hasta el final porque parece que la probabilidad de ventana es mayor, me pusieron en el asiento del medio de la fila 2, que se me había olvidado que en los aviones de Ryanair esa es la primera fila del lado derecho, considerada por la tripulación fila de emergencia pero que sepan que allí no hay ni ventana ni puerta que abrir, solo una pared delante tuya. El avión salía antes de las cuatro con lo que con todo el dolor de sus almas, me tuve que pirar en el trenecillo hacia el aeropuerto a las dos y diez, para llegar sobre las dos y media y pasar el control de inSeguridad, que en Málaga a veces toma un montón de tiempo, según el intelectual que haya organizado las filas y los turnos. En este caso tuve relativa suerte ya que me mandaron a la cola de los que tienen prioridad para el control de seguridad, en la que no había gente, ya que hasta esto se vende ahora en los aeropuertos. Tras el trámite, conseguí dar con el puto grifo de agua para llenar mi botella, algo que me ha tomado miles y miles de millones de visitas a Málaga, con lo que debe ser nuevo porque no lo recuerdo de enero, que fue la última vez que pasé por allí. El avión llegaba en hora y tras sentarme en mi asiento central y respirar aliviado porque no tenía que grabar vídeo, resultó que cuando cerraron el embarque no había nadie sentado allí, con lo que me cambié y porque soy tan grande y generoso, le hice el vídeo al Ancestral. Comentar que un par de días antes de viajar a Málaga, estaba mirando precios de billetes en ese trayecto por si había algo barato para volver más tarde y puedo confirmar y confirmo que el avión de Ryanair no daba la opción de comprar porque estaba lleno, con lo que hubo algunos que no se presentaron y perdieron el billete. Decir que la musiquilla es la canción Fix You de Coldplay, que ha sido una broma repetida hasta la saturación en el trailer de una película que vi recientemente. Comienza paseando por el aeropuerto camino del final de la pista ya que despegamos en dirección al mar. Alrededor del segundo minuto vemos Torremolinos, Benalmádena a lo lejos y similares. Hay un segundo segmento cuando el avión viró en el que se puede ver el aeropuerto y Málaga. Para el aterrizaje, otro espectacular llegando al aeropuerto desde el sur y se pueden ver algunas de las autopistas. Después de llegar, tren a Utrecht y para casita.

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La bajada a Málaga

Las circunstancias de la vida son muy complicadas y mi falta de tiempo es épica, así que como el Ancestral tiene que dormir sus horitas y descansar, en lugar de poner los dos vídeos del viaje a Málaga en una anotación, los divido y de paso lleno dos noches. Saltarse el orden es muy habitual por aquí así que nos olvidamos de los cienes y cienes de millones de vídeos que tengo del viaje a Asia de este año y en su lugar, tenemos mi micro-escapada a Málaga para el inicio del verano y el cumpleaños de mi amigo Sergio. En esta ocasión, lo único que conseguí fue un ida y vuelta de Ryanair desde Amsterdam, que es uno de los dos destinos de esa aerolínea desde el principal aeropuerto de los Países Bajos. En total, pasé cuarenta y dos horas en Málaga, o más bien en Benalmádena Costa, aunque las aproveché bastante. Como volaba de tarde/noche, fui a trabajar normalmente y desde allí salí para el aeropuerto. Pasé el control de inSeguridad y al ser un destino europeo, me tocó el control del equipaje con las máquinas antiguas, esas que te obligan a sacarlo todo de la mochila porque no pueden ver en su interior. Espero que pongan las nuevas en esa parte del aeropuerto pronto porque las otras son un lujazo, pones la mochila en la cinta, sacas las cosas de los bolsillos y entras fastuosamente. En este caso, al ser un vuelo con Ryanair iba desde el gueto de las aerolíneas de bajo costo, que usan esta compañía, Easyjet, Norwegian y no sé si alguna más. Son unos hangares en un lateral del aeropuerto, con siete salas de espera sin sillas y en las que la gente se agrupa como enjambres y cuando abren la puerta todo el mundo corre hacia las escalerillas del avión que está frente a la misma. En esa parte del aeropuerto tampoco hay muchas tiendas o restaurantes, no hay prácticamente de nada porque así es como viajan los pobres.

El avión llegó con diez minutos de retraso pero no por el vuelo sino porque tuvo que esperar a que sacaran otro de esa parte del aeropuerto, que es como un embudo y mi avión justo estaba al fondo del mismo. El embarque fue rápido y el Ancestral tuvo mucha suerte y a la hora de facturar me tocó ventanilla, solo que sobre el ala. Le he metido una musiquilla de Christina Perri, la canción A Thousand Years que me gusta mucho. Despegamos por el puto Polderbaan con lo que al principio es como un viaje en carretera pero en avión y vemos campiña holandesa por un tubo con mucho verde, autopistas y similares, venimos despegando después del primer minuto y hay una vista espectacular de Amsterdam y la parte de la ciudad con el puerto. Reduje la velocidad para que se vea porque pocas veces tenemos un día con una luz que permita esto. El aterrizaje fue un desastre. Comencé el vídeo, en el que obviamente no se ve nada porque eran más de las diez de la noche y de repente se me apagó el teléfono porque lo tengo programado para que se apague a las diez y media, con lo que hay un corte con el tiempo que tardé en volver a encenderlo y retomar la grabación. Cuando llegué, pillé el primer tren hacia Benalmádena y me encontré con mi amigo Sergio en el poblacho, en donde había fiesta por San Juan, que debe ser el patrón local. De lo que sucedió en Málaga, corremos un velo, que no necesariamente es tupido.

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La primera bajada a Málaga del 2019

Todos los años tenemos la misma cantinela. Yo cuando llega el final de enero siempre hay un fin de semana que me pilla tirando pa’Málaga y esto sucede así desde tiempos memoriales, que está todo escrito y bien escrito en el blog. La excusa perfecta es el cumpleaños de la mujer de mi amigo Sergio y también amiga sin nombre en el blog y la razón es el pasar unos días en un lugar en el que la luz del sol exista y no sea ficticia, ya que en los Países Bajos puede suceder y sucede que en esa época estemos en la penumbra o en la oscuridad, como el año pasado en el que el sol se negó a regarnos con un solo rayo (o rallo para Virtuditas) durante el primer mes del año y quieras que no, esto nos termina afectando, a unos más que a otros y si eres malvado y pendenciero, pues te tiras delante del tren para joder a unos cientos de personas con tu maldad truscolana y nosotros te deseamos que te pudras es en el infierno al que va esa chusma y gentuza. Mis visitas a Málaga, pese al rechazo de mi amigo Sergio y su familia, que no dejan de repetirme que no vaya y yo no dejo de amenazarlos con ir más veces, las planeo en los momentos más inesperados y así el billete que usé el fin de semana pasado lo compré en abril del año pasado y en octubre casi me compro otro porque ya no me acordaba. Al comprar con antelación, pude elegir transavia, mi primera opción siempre, ya que Ryanair tiene unos horarios muy putos en domingo, Easyjet jamás ha tenido un buen precio en esa ruta y Buelin es siempre mi opción desesperada ya que no me mola nada, pero nada, nada, esa compañía de retrasos y miserias. Esta vez salía el viernes sobre las cuatro y media de la tarde así que trabajé desde casa comenzando un montón de horas antes de la hora Virtuditas y sobre la una y media tiré para el aeropuerto con la tradicional secuencia de bicicleta + tren. Mi mochila va con quesos neerlandeses desde aquí y vuelve petada con comida española. Pasé el control habitual de inseguridad e inmediatamente me sentí mucho más seguro al otro lado. Busqué uno de los surtidores de agua para llenar mi botella vacía y me senté cerca de la puerta de embarque. Cuando los tres primeros se pusieron en la cola, corrí detrás de ellos porque el truco es entrar pronto para que no te quiten la mochila con la coña de que ya no hay espacio. Entré y por desgracia para mi, tenía ventana ya que hice el esfuerzo para el vídeo del Ancestral. A mi lado se sentaron un ruso y una rusa que en mi modesto entender, estaban borrachos como cucas. Durante el vuelo se jincaron 3 botellas de esas pequeñitas de vodka y alguna cerveza y llegaron a Málaga felices. Había un tercer ruso con ellos pero sentado en otro lado y que venía a beber y reírse con ellos. Al aterrizar, la pava rusa llamó al contacto de las habitaciones que habían alquilado y le explicó en inglés que acababan de aterrizar, que seguían en el avión pero pronto irían en tren a Marbella (que yo casi le deseo buena suerte porque el tren solo llega hasta Fuengirola) y que tuviera presente que eran tres personas pero solo tenían dos habitaciones porque la cosa es muy complicada pero que no había que preocuparse porque ella dormiría en las dos habitaciones, con lo que venía a decir que es un putón verbenero y que tenía pensado alternarse y follar con uno y con otro. Salí del avión y pillé el susodicho tren pero a Benalmádena y mi amigo Sergio me recogió en la estación en su nuevo y fastuoso coche, un Mercedes del copón que como él dice, con eso follamos todos si nos vamos por ahí y ciertamente, la gente se hace hasta selfies al lado del coche cuando lo ven. Del fin de semana mejor no hablar pero los que tienen mi istagrame seguro que han visto todas las fotos de comida que fueron sensacionales. El domingo almorzamos y celebramos el cumpleaño y a las cinco y algo de la tarde tiré de nuevo para el aeropuerto en el mismo tren, solo que esa vez mi mochila iba petada, no solo con la comida, es que además me obligaron a comprar fregonas y tres sartenes, que para mí son masculinas porque así se dice en mi tierra y en gran parte de la america latina pero para mi amigo Sergio son femeninas y me da la vara que no veas cuando digo el sartén, que según la RAE, la palabra, pese a ser femenina, en muchos lugares de América y España usada como masculino y claro, esto es discriminación porque en mi keli en Utrecht también se usa como masculino y no está ni en España ni en América. Cuando pasé el control de inseguridad en Málaga, con una cola de que te cagas y una desorganización que no veas, que parece que eligieron a la tonta del bote para organizar el cotarro y nos ponía haciendo serpientes de una máquina a otra, entré en la zona segura y ya me sentí mejor pero antes de llegar allí, al chamo que vio mi mochila por los rayos (o rallos, para Virtuditas) esos de los Equis, flipó y se pensó que pretendía trabajar de fregona en el aeropuerto o montar mi chiringuito dentro y ponerme a cocinar, así que le expliqué que las circunstancias de la vida a veces son así de complejas y que no todo es lo que parece. El hombre lo flipó porque junto a las fregonas y los sartenes convivía un kilo de pimientos de Padrón (que obviamente no son de allí), quesos, morcillas, chorizos, jamón serrano, anchoas y todo tipo de delicias.

Después de entrar busqué y rebusqué la legendaria máquina vendedora de botellas de agua a un leuro que dicen que ya hay en todos los aeropuertos españoles pero no di con ella. Lo más barato que encontré fue un leuro y cincuenta céntimos y compré una y después de eso a esperar el avión. No lo he dicho para que no le de un jamacullo de la emoción tan grande al Ancestral pero a la hora de buscar asiento, que transavia te permite elegir entre algunos de ellos, mi prioridad más absoluta era el sentarme en la parte delantera del avión y me la sudaba si el Pleistocénico se quedaba sin su cutre-vídeo de noche en el que no se ve nada. Está claro que su Ángel de la Guarda no piensa como yo porque el asiento más adelante que había era en la cuarta fila, en ventana, con lo que estaba cerca de la puerta ya que si el avión llega en hora y nos toca la puta Polderbaan, la pista esa que viene a estar en Móstoles y lo llaman Madrid, corría el riesgo de perder el último tren directo desde Schiphol a Utrecht y por eso quería estar cerca de la puerta para perder la dignidad que no tengo corriendo por el aeropuerto con el ataúd de comida, sartenes y fregonas al hombro. Nos desconectamos de la pasarela dos minutos antes de la hora prevista, con el avión más petado que un puticlú de las afueras de la capital y tras esperar en cola despegamos. Yo le pedí a mi Ángel de la Guarda que enrollara y pusiese unos vientos huracanados y horrorosos en Schiphol del oeste o del este para que así no se pudiese usar la pista lejana y parece que me escuchó porque teníamos lluvia y vientos fuertes del oeste y aterrizamos al lado mismo del lugar en el que aparcó el chófer y hasta me di el lujo de ir sin excesivas prisas hasta la terminal de tren bajo el aeropuerto ya que tenía dieciocho minutos. Al llegar a Utrecht se me acabó la suerte, llovía y para cuando llegué a mi casa parecía que me había meado los pantalones una o varias veces, ya que no cargué con el chubasquero de pantalones por aquello de maximizar el espacio para la comida. Por suerte tenía la calefacción programada para calentar la casa a la medianoche y en mi keli había un calorcito dabuten.

El vídeo, espectacular y zarrapastroso a la par que maravilloso y en el que se escucha la canción Desert walk de los fantásticos Deep Forest comienza sin verse nada por la lluvia que había en Schiphol cuando despegaba el viernes, nos metemos en la nube prácticamente desde el principio hasí que hay poquísimo que ver pero el aterrizaje, flipas, justo al ponerse el sol con un cielo amarillo tirando a rojo ÉPICO Y LEGENDARIO. Se puede ver como entramos al mar sobre Vélez-Málaga en un fragmento, después saltamos a otro en el que ya estamos alineados con la pista y eso que vemos es la costa de Málaga y finalmente tomamos tierra allí. Después pasamos al mismo aeropuerto pero noche cerrada para el despegue, espectacular y de puritita noche y el aterrizaje con el viento, el diluvio, las nubes tocando el suelo y sin que se vea una mierda, pero igual de bonito. Empieza sobre Amstelveen que es una de las mayores concentraciones de amarillos en Europa y que está en expansión por el Brexit, después hay una zona obscura que es el Amsterdamse Bos, un precioso bosque a las afueras de Ámsterdam libre de turistas, y después aterrizamos.

En junio tendremos más sobre Málaga.