Figuras ocultas – Hidden Figures

Hidden FiguresLa película de hoy creo que es la última de las candidatas a los Oscars que pasa por aquí y la razón fue que se estrenó mucho más tarde en los Países Bajos. En el trailer ya se intuía que era una de esas historias que solo pueden haber sucedido en los Estados Unidos, el país más raro del universo si excluímos de la comparación a Venezuela, país rico en el que todos son muertos de hambres y le votan al partido de mangantes e hijosdelagranzorra que los oprime y al que le sobran millones para regalárselos a su amigo la Pelua, el lider de la miasma, la escoria, la chusma y la gentuza de los podemitas españoles. Regresando al cine, voy a comentar Hidden Figures que en España se estrenó a finales de enero con el título Figuras ocultas.

Un julay la caga en la nasa y cuando le piden que traiga monos para tirar al espacio, arrambla con un puñado de negras obesas y no hay manera de que suben los cohetes

Antes de que tuviésemos máquinas asombrosas en nuestros bolsillos con unas capacidades épicas, la gente usaba unas cosas que se conocían como calculadoras y las computadoras eran las chamas que computaban con sus calculadoras. En la Nasa llenaron un cuarto con negras para hacer eso y esta es la historia de ellas y de como una que era espabilada llegó a sentarse en el cuarto de los blancos y ser la genio del lugar, aunque cuando quería hacerse un pis tenía que recorrer como dos kilómetros porque todos los baños de los alrededores eran para blancos y solo blancos.

La historia es muy interesante y nos recuerda que los Estados Unidos, hasta hace dos noches era un país segregado y racista, más o menos como lo quiere volver a ver el joputa que es su actual presidente. Por desgracia, los blancos podrán culiar y comer potorros pero a la hora de tener inteligencia, le cayó toda a una negra, a la que puteaban que no veas. La película muestra con todo detalle como las puteaban y ninguneaban y como pese a eso, consiguieron salir adelante. También da una idea de lo mucho que han avanzado las mujeres en el entorno laboral, ya que las negras lo pasaban mal pero las blancas iban detrás de ellas en la escala de la infamia y se asumía que solo servían de secretarias y enfermeras. La historia es muy coral, con lo que sucede a tres mujeres distintas en el mismo trabajo. Una quiere ser ingeniero, otra es matemática y la tercera es gorda y marimandona. Las tres harán historia en la Nasa. Kevin Costner de Jesús nos recuerda que es un gran actor y que es una lástima que solo porque perdió el pelo en la cabeza y se lo sustituyeron por pendejos le dejaran de dar papeles. Me gustó muchísimo Glen Powell como astronauta que además es el único que no se toma en serio todo el melodrama de la Nasa y con el que nos reímos prácticamente siempre que sale. En resumen, una buena película, una buena historia, a la que el único pero que le pongo es que al contar en realidad lo que le sucedió a las tres mujeres, pierde algo de ritmo en algunas de esas sub-tramas.

No es el tipo de cine al que van los miembros del Clan de los Orcos porque se necesita la función de comprensión de diálogos que no tienen en sus cerebros. Sí que es algo para los sub-intelectuales con GafaPasta.

08/10

Los últimos quinientos metros

Desde que comencé a correr de manera regular, hace casi un año, nunca tuve problemas con la actividad en sí misma. Salgo de mi casa y me pongo a correr sin más problemas. Prefiero las tardes inmediatamente después de regresar a casa porque así llego después de diez minutos en bici y ya tengo el calentamiento hecho, me cambio y voy directamente a correr. Aprendí a respirar para no tener dolor en el pecho y lo más complicado fue encontrar una distancia que me guste y un circuito que la cumpla, algo que este invierno he fijado en seis kilómetros, siempre por la misma ruta con lo que se exactamente en qué punto estoy, cuantos he hecho y cuantos me faltan por hacer y en mis auriculares una extraña voz me susurra cada kilómetro el tiempo que tardé en hacerlo para tener una idea de la velocidad. Mi ruta es mayormente por una zona preciosa, alrededor de una laguna, junto a uno de los fuertes que servían para defender la ciudad de Utrecht en el pasado y salvo por unos cuatrocientos metros, casi siempre en zona para bicicletas y extremadamente limitado tráfico de coches. Con frío, con frío extremo o con calor o bochorno salgo a la calle, llego al punto de inicio y me pongo en marcha y cedo el control absoluto a la parte subconsciente del cerebro. Yo escucho un audiolibro y alguna rutina cerebral se encarga del camino y del ritmo. Normalmente el primer kilómetro es el más lento, en el segundo pillo ya el ritmo, el tercero es similar al previo, el cuarto suele ser el más rápido y aún no se la razón, el quinto como que flaqueo un poco y vuelvo al ritmo del segundo y tercero y cuando cruzo el umbral del quinto comienzan los problemas. En ese momento estoy en un lugar muy específico, visualmente se cuanto me queda por correr ya que es alrededor de una laguna y en el punto de la salida, cruzaré un puente y llegaré a los seis kilómetros sobre el puente. El puto Borg hizo una escala con el esfuerzo percibido. En mi caso, yo hago los cinco primeros kilómetros en el nivel cuatro, más o menos algo duro pero normal y en el último kilómetro subo a nueve y en los quinientos metros finales al diez, muy, muy, muy duro. No tengo un dolor presente, no estoy asfixiado, no hay nada que indique que debería parar de correr y la única información es la confirmación visual del final de la actividad, las señales del subconsciente de mi cerebro son de parar, parar, parar y esos quinientos metros finales se convierten en un suplicio psicológico y yo diría que hasta parapsicológico, ya que tiene que haber un espíritu, un fantasma o un ser de otro universo que me putea y me manda el mensaje para que me pare, señal que lucho durante los dos minutos que dura y sigo corriendo para cubrir la cuota auto-asignada.

Antes de fijar la ruta y la distancia nunca jamás tenía este problema porque unos días eran siete kilómetros, otros diez, otros seis y el subconsciente no sabía de antemano la que se le venía encima. Al parecer, ahora tengo que entrenarlo para que no me joda esos ciento veinte segundos finales. La risa fue cuando mirando métodos para solucionar el problema me topo con el de confundir al subconsciente con rutas diversas, opción que ya se que funciona pero que quiero evitar, al menos hasta que decida incrementar la distancia. Al parecer tendré que pensar en otras cosas, en algo positivo que haré inmediatamente después de correr, como el papeo y centrarme en imaginar el encochinamiento tan grande que me voy a dar y el consiguiente jiñote, ese momento en el que devolvemos a la naturaleza en base a lo que nos ha dado. En las próximas carreras probaré este método. Si falla, el siguiente es el de las palabras mágicas, repetir como un mantra una frase que te da fuerza. Solo hay una frase posible para eso, truscoluña no es nación, algo fácil de recordar y una verdad como la vida misma. Si este segundo método falla (y recordemos que al mismo tiempo que corro estoy teóricamente escuchando a una persona que me lee un libro), el tercero es imaginar cosas, pero como coño voy a imaginar mientras escucho un libro y me muevo, eso no funcionará jamás. El cuarto método es el que uso en la actualidad, joderse y seguir, apechugo y recorro esos quinientos metros con todas las neuronas cantándome la canción del déjalo, déjalo, déjalo. Ni me molesto en responderles pero que sepan que mi respuesta es no me da la gana. Si le gano la partida a mi propio subconsciente, básicamente seré un super-hiper-mega-héroe, pero sin lycra ni capa amariconada.

… más tarde

Lo anterior lo escribí antes de salir a correr esta tarde. Como un pantallazo vale más que un parlamento truscolán, dejo dos, con los resultados según los dos programas que uso para medir el esfuerzo y que son el Runtastic y el Mi Fit. La razón para usar dos es que hasta ahora no he conseguido que el primero use el sensor de cardio de Xiaomi, así que pongo los dos casi en paralelo.

Seis kilómetros según Runtastic

Por misterios de la vida que resultan imposibles de entender, ambos miden diferentes tiempos cada minuto y el anterior suele avisar de los kilómetros siempre un poco después que el otro, que parece que quiere llegar antes. Por eso mismito, en el siguiente pantallazo hay como cien metros más hechos y que aparecen con el epígrafe <7.

Seis kilómetros según el Mi Fit

Y para cuando esto aparezca publicado, yo estaré posiblemente regresando a casa del cine que está a más de ocho kilómetros de mi keli y al que iré en bicicleta. Queda clarísimo que yo de mayor no quiero ser obeso como algunos/as comentaristas, que no vamos a mentar de nombre. Mi cenita, gazpacho blanco y flan de huevo con leche sin lactosa, del que hice para que el amigo alérgico pudiese por una vez en su vida tener un postre decente y no las cagadas que le prepara su mujer.

El mercado flotante de Cai Rang

El mercado flotante de Cai Rang

Una última foto del mercado flotante de Cai Rang, que más bien parece una imagen normal en algunos ríos en Asia pero no lo es. Vemos a dos vendedores con sus productos y los barcos de los compradores por los lados. El mercado es diario y siempre hay un montón de barcos compradores y vendedores. Los primeros, una vez han conseguido la mercancía, se van río arriba por el Mekong para ofrecer sus productos a lo largo de los poblachos y barriadas ultra-mega periféricas que hay junto al río, lugares en los que no siempre hay una carretera de acceso, lo cual hace más difícil llevar mercancías.

La barquilla del alcohol

La barquilla del alcohol

Creo que la chama de la foto de hoy fue la única vendedora que no ofrecía fruta y verdura. Esta mercadeaba con líquidos que contienen alguna proporción de alcohol. Al no tener competencia, la chama era muy demandada entre los barcos de los que compraban y no paraba de saltar de uno a otro. Como todas las chamas que hemos visto en el mercado flotante, su selección de colores y formas geométricas para la ropa es espectacular. Si os fijáis en el fondo hacia la derecha, hay tres chamos de pie y se ve desde el mismísimo espacio más exterior que son turistas.