Días de sol y playa en Kuta

Al regresar a Bali para mi etapa final de las vacaciones, tenía bien claro que iba a disfrutar de un montón de sol y playa. En mi primer día completo en el lugar, me despertó el barullo en el puerta de mi habitación. Eran las siete de la mañana y parecía que tenía un zoco en la misma puerta. Me asomo por la mirilla y resulta que el hotel usaba esa zona como restaurante para servir los desayunos, todo muy friki. Cuando salí a desayunar también aluciné porque tenían desayuno asiático, el cual evita esas cosillas que comemos en Europa y las substituye por sopas, arroz, fideos, pollo y otros platos de comida, así que en lugar de mis habituales dos tostadas con mantequilla y mermelada, huevos revueltos, plato de frutas tropicales, vaso de zumo y café, tuve un plato de arroz y fideos, vaso de zumo y café.

Después me puse el bañador y salí para ir a la playa. Quería ver la zona y quería andar así que volví a jugarme la vida como gran torero que no soy cruzando la autovía. El tráfico era endemoniado y llegar al otro lado pasando por cuatro carriles (dos en cada sentido) y la mediana solo me tomó QUINCE minutos. Ahí mismo decidí que Nunca mais. El resto fue fácil, si prestas atención y caminas mirando para el suelo para evitar los cráteres que te conducen directo a las alcantarillas y que parecen ser tan del agrado de los indonesios. Por supuesto, cada taxi que pasó a mi lado o en sentido opuesto me pitó porque yo deseo y quiero tomarlo, cada persona que estaba en la calle en mi ruta me ofreció Taxi, Marihuana, Excursiones o Putas y el que no me ofreció nada, seguramente estaba muerto y se habían olvidado de enterrarlo.

Mi objetivo era el tramo final de la playa de Kuta, la parte cercana al aeropuerto. Esta playa tiene varios kilómetros de longitud pero esa zona es la menos comercial y de hecho, en una zona de un kilómetro éramos seis o siete personas, con lo que había distancia suficiente entre todos. Pasé unas horas tomando el sol y refrescándome. Creo que he puesto algún vídeo en ese lugar que todos conocéis. Cuando el calor era insoportable y el sol como un cuchillo afilado, decidí moverme y fui paseando por la playa (y posteriormente por el cutre-paseo marítimo) a la parte en la que miles y miles de turistas tratan de tomar el sol mientras una procesión interminable de gente les vende refrescos y otros esperan que vayan al agua para intentar robarles sus pertenencias, algo que al parecer es muy normal por allí. Después de beber un litro de líquido y comerme un helado mastodóntico aproveché para visitar una tienda de la zona famosa por sus precios “fijos”, ya que si hay algo que yo odio es lo de negociar precios. De alguna manera logré pasar todo el día en la zona y antes de regresar cené.

Al día siguiente tenía de nuevo el zoco en la puerta a las siete de la mañana y me quejé, algo que solucionaron instantáneamente cambiándome al otro lado del hotel, justo junto a la piscina, en la que además tenía pensado pasar parte del día. Mis amigos holandeses me habían avisado que cambiaron sus planes y se venían a Kuta ese día para su última jornada antes de regresar a Holanda, así que quedamos que iríamos juntos a ver la puesta de sol y posteriormente cenar. Después de acabar con mi sesión de piscina me fui a un pequeño centro comercial que pertenece al hotel y en el que están todos los recuerdos que hay en el centro de la ciudad (o casi todos) pero cinco veces más baratos y allí compré las cosillas para regalar. Un rato antes de la hora a la que quedé con los holandeses pedí un taxi (por supuesto de la compañía Blue Birds Group, que es la única en la que sus taxistas usan el taxímetro) y me llevó hasta la puerta de su hotel. Ya todos juntos, fuimos al paseo marítimo y nos juntamos con la plebe, una muchedumbre que también estaba allí para ver la puesta de sol, aunque la naturaleza no parecía compartir el optimismo imperante y el cielo estaba encapotado. Por supuesto, miles de personas nos ofrecían toballas, souvenirs, marihuana, gafas de sol, putas y como no, taxis y Spa. Nosotros hablábamos como si estuviésemos en un lugar abandonado del universo y fuéramos los tres últimos seres humanos, ignorando a toda esa gente y no reaccionando a sus propuestas, algo que los irrita y nos complace en proporciones similares. No hubo puesta de sol pero hice algún vídeo y además tomé la única foto que existe en el universo e incluso en el mundo en la que estoy con los holandeses y que por supuesto no veréis jamás. Era muy pronto para cenar así que nos fuimos a un bar de copeo y nos tomamos unos mojitos antes de ir al restaurante que yo había elegido para cenar. Como suele ser habitual, primero vino la cena de uno, para cuando estaba terminando llegó la de otro y finalmente la del tercero, con lo que estuvimos dos horas cenando pero cada uno en su momento. Seguimos de tertulia, jurándonos amistad eternamente efímera y después caminé con ellos hasta su hotel para las efusivas despedidas antes de tomar un taxi que me llevó al mío.

Al día siguiente había contratado un curso para aprender a cocinar algunos platos de la cocina balinesa así que corto el relato aquí y dejamos eso para otro capítulo.

Capela de São Miguel

Capela de São Miguel

Capela de São Miguel, originally uploaded by sulaco_rm.

Vi un montón de templos en Macao y a la hora de seleccionar, por algún motivo que no puedo explicar me encapriché con el de hoy, una pequeña capilla de San Miguel que se construyó en 1875 en un cementerio católico de la ciudad para celebrar en la misma los funerales de aquellos que iban a ser enterrados. Al parecer, esta capilla es uno de los edificios mejor conservados de la ciudad y los colores verde y blanco con los que está pintada le dan un aspecto muy cuco. La puerta de cristal es espectacular y en el interior tiene una vidriera muy bonita. En Macao los cementerios son por grupo religioso. Tienen el de los católicos, el de los protestantes, los de los chinos y así para cada minoría o mayoría.

Desde Gili Trawangan a Kuta

Después de unos días de paz y comunión mística con mis entrañas, llegaba la hora de seguir mi ruta. Para los últimos cuatro días barajé varias opciones. Podía seguir hacia la isla de Lombok y hacer turismo por allí pero lo que me echaba para atrás es que es territorio de Malaria y en este viaje no me apetecía tomar las píldoras. Además, lo que más me llama la atención de esa isla es hacer una caminata al volcán enorme que tienen y las más interesantes son de cuatro o cinco días y tampoco es plan de acabar las vacaciones reventándome a caminar por el monte y nada más terminar coger un avión y regresar. Por eso, opté por volver a Bali y centrarme en la zona sur de la isla, concretamente en Kuta, el lugar en el que comenzó el mito y la leyenda de Bali y su principal zona turística. Como en ocasiones anteriores, a través de la aplicación en mi iPhone de booking reservé un hotel.

Me levanté temprano en mi pequeña choza y enseguida me puse manos a la obra para rehacer mis mochilas. Lo bueno de pasar cuatro días tomando el sol y poco más es que no había generado prácticamente ropa sucia, ya que siempre andaba en bañador y cuando me vestía para ir a cenar, llevaba siempre la misma camiseta, la cual aguantó bastante bien y ni siquiera se apergaminó. Antes de cerrar la mochila por última vez me duché junto a mis ranas, mis avispas, abejas, hormigas gigantes y demás animales del baño abierto y me llevé un susto de infarto cuando escucho un ruido por detrás de la valla de bambú como de alguien espiándome. Me pongo a mirar, flipando con el concepto inédito de alguien que con tal de verle el rabo al Elegido se arriesgue a tanto, cuando lo más fácil y sencillo es pedírmelo con cortesía y yo se lo saco y hasta si me pilla de buen humor le dejo que me lo sorba. Resultó que era una vaca, que andaba comiendo plantas por allí. Ella se asustó aún más cuando notó mi presencia y salió a velocidad crucero para seguir comiendo en otro lado. Tras las abluciones matutinas, cerré la mochila y me fui a desayunar al bar del Exile. Finiquité la cuenta y me quedé charlando con el empleado. A las nueve llegó mi cidomo, el equivalente de los taxis del primer, segundo y tercer mundo en las islas Gili y que resulta ser un pequeño carruaje tirado por un caballo pequeño o un pony talludito. Puse mi mochila en el interior, me subí y me marché del The Exile con mucho estilo y fastuosismo. En un cuarto de horas llegamos al embarcadero, pagué por el servicio y me fui a recoger mi tarjeta de embarque para el barco que no era otra cosa que un número. Los holandeses llegaron al poco y nos sentamos juntos a charlar (y en mi caso, a tomarme un helado ya que me apetecía).

El barco salía a las diez de la mañana pero llegó con un poco de retraso. En lugar de ir hacia Bali, primero se dirigió a Senggigi, una de las zonas turísticas de Lombok. Allí no se bajó nadie pero se subieron unos cuantos y seguimos la ruta hacia Padangbai. La duración total del viaje fue de unas dos horas. Cuando ya desembarcamos, nos despedimos efusivamente ya que no sabíamos si nuestros caminos se iban a volver a cruzar. Los holandeses iban hacia Sanur y yo a Kuta. Cinco minutos más tarde estamos todos en el mismo mini-bus ya que Sanur está en la misma ruta. Nos volvió a tocar un conductor Fitipaldi, de esos que se ganan el carné de conducir en un bingo de ciegos y honestamente, después de unas cuantas experiencias de estas, como que te da igual que el tipo al que le confías tu vida esté loco. En teoría y según nos habían contado en la isla, nos llevaban hasta el hotel. Lo extraño es que los conductores no nos preguntaban por el nombre de los hoteles, lo cual nos hacía esperar y temer lo peor, como siempre. Al entrar en Sanur, largaron a los holandeses en una calle que el conductor del mini-bus definió como Terminal de guaguas. Mi amigo holandés ni se molestó en discutir con él. Volvimos a despedirnos y jurarnos amistad eterna-hasta-que-se-gaste. Después yo seguí con otro pasajero hacia Kuta. A mí también me dejó en una calle rebautizada como Terminal de guaguas de Kuta y busqué un taxi para que me llevara a mi hotel, el cual tenía el exótico nombre de Hawaii Bali Hotel. De todos los que elegí en este viaje, creo que este fue el más desafortunado. Está en un extremo de la ciudad y entre Kuta y el hotel hay una especie de autovía, sin puentes o manera de cruzar que no implique jugarte la vida o pedir un taxi. Mi habitación era en la segunda planta y el sitio parecía lleno de asiáticos, es decir, turistas chinos, hindúes, malayos y de otras razas de esa parte del mundo. Los empleados eran todos empalagosamente amables, pero eso es algo que se espera en ese lado del mundo. Como me apetecía caminar, opté por cruzar la carretera en plan torero. Solo me tomó unos cinco minutos para llegar al otro lado y ni siquiera llegué a ver la luz al final del túnel. Después fui por un laberinto de calles estrechas petadas de motos en las que todo el mundo me ofrece taxi, moto, marihuana y putas, y las tías con los pies negros de mierda y callos como tacos de botas de fútbol me ofrecían SPA, que en Indonesia suelen ser masajes de todo tipo. Con mis auriculares bluetooth y mis gafas de sol, ninguneé a unos miles de personas y llegué a la zona más turística de Kuta sin problemas. Mi destino era un centro comercial, el Beachwalk ya que había leído que en su interior hay un cine. Efectivamente, tienen un cine y ese día se estrenaba Star Trek Into Darkness, así que me compré la entrada, un cubo de cotufas y un refresco y por primera vez en tres semanas, fui al cine. Salí de la película eufórico y como tenía algo de hambre, opté por comer en uno de los restaurantes de comida rápida del centro comercial. Después regresé a mi hotel y así acabó el día de la transición desde Gili Trawangan hasta Bali.

El Grand Lisboa desde más cerca

El Grand Lisboa desde más cerca

El Grand Lisboa desde más cerca, originally uploaded by sulaco_rm.

Con tanto cristal, el Grand Lisboa es como una inmensa lupa y con las temperaturas de Hong Kong, imagino que la cantidad de energía que necesitan para el aire acondicionado es ingente. El edificio refleja la ciudad en sus cristales, que de cerca son enormes espejos. La cantidad de chinos que hay allí dentro enviciados y jugando en el casino es increíble, hay que verlo para creerlo. Durante todo el día, Boeing Jetfoils llegan desde Hong Kong cargados de chinos que van directos a los casinos y se pasan allí el día (o varios días) jugando, sin que les importe la ciudad para hacer turismo. La culpa la tiene la prohibición que hay en toda China a los casinos y de la que está exenta Macao.

Buceando por las islas Gili

Básicamente, en las islas Gili lo único que se puede hacer es pescar, tomar el sol o submarinear. Como de siempre le he tenido pánico a las bombonas y máscaras de aire y nunca he querido hacer alguno de los cursos, opté por una excursión de buceo con gafas, aletas y tubo con los holandeses. Debo ser el bicho más raro del mundo ya que tengo al menos dos amigos certificados que me podían haber ayudado a sacarme el título más básico de Padi o como quiera que se llame sin gastarme prácticamente dinero, pero bueno, regresemos a este relato.

Encargamos al holandés apuntarnos a alguna de las excursiones y eso hizo, consiguiéndonos además descuento por ser tres. Lo buenísimo y maravilloso de tener un nuevo amigo holandés y que trabaja en el mundo financiero es que es rastrero que no veas a la hora de negociar y racanear. Al parecer, la gente que contrató el paseo había pagado ciento veinte mil rupias, que vienen a ser nueve leuros y algo y a nosotros nos lo dejaron en siete leuros y medio o noventa y cinco mil rupias. Me imagino al pobre que le vendió la excursión llorando de rabia porque se la metieron doblada. Nos teníamos que ver en el muelle a las diez de la mañana y como ese día pasé de alquilar bicicleta, salí con tiempo de mi exilio al otro lado de la isla para ir paseando hasta el embarcadero. En mi bolsa waterproof llevaba la cámara, el objetivo gran angular, una toballa, la cartera, el bronceador y alguna chorrada más. Nos encontramos y el holandés se fue a pagar y concretarlo todo.

El tipo le dijo que no soplara al resto lo del acuerdo o le jodía la vida aún más ya que todos los demás habían pagado el precio ofertado y nosotros éramos los únicos con descuento. Nos dieron nuestras aletas y como esto es Asia y las cosas siempre son distintas, resultó que habían fusionado el grupo de aquella compañía con el de otra para así llevar un único barco lleno. Éramos unos veinte de los que la más espectacular era una chama indonesia con un niño de dos o tres años que dormía. Nos subimos todos a nuestro barco con fondo de cristal y nos pusimos en ruta.

La primera parada fue cerca de Gili Meno, en un lugar para ver corales. Yo creo que llevar tantos años viniendo a Asia me está afectando porque estas cosas ya no me impresionan y juraría que los de las islas Perhentian están a años luz de los de las Gili en belleza. Estaban bonitos y como siempre es un placer, pero nada que no haya visto y muchísimos menos peces que en Malasia o en Camboya.

La segunda parada, también cerca de Gili Meno fue para ver tortugas. Yo llegué a ver seis, pero no eran las enormes de un metro o más de largo como en Malasia sino unas de treinta o cuarenta centímetros. Además vimos bastantes corales. En cada una de estas paradas estábamos entre media hora y tres cuartos y como siempre, los turistas indonesios se tiraban con chalecos salvavidas ya que no saben nadar. Los europeos no parecemos tener ese problema.

La tercera parada fue cerca de Gili Air, en un lugar muy próximo a donde estaba un grupo de surferos cogiendo olas. Allí había corales con más corales y algún banco de peces enorme. A esas alturas, muchos ya no saltaban al agua y se quedaban en el barco. Siempre pasa lo mismo, la gente llega con muchas ganas pero no aguantan demasiado.

Después la barca se dirigió a una de las playas de Gili Air para almorzar. Creo que con el viaje iba incluido un plato de arroz pero nosotros pasamos y pedimos la comida en uno de los restaurantes. Los indonesios son maestros consumados en hostelería con miles de premios internacionales y aunque éramos tres y todos pedimos la misma bebida (tres cervezas), nos las trajeron de una en una. Con la comida fue peor ya que primero vino la mía y la del holandés y cuando habíamos terminado de comer llegó la de la holandesa. Por suerte nosotros ya estamos adaptados y no esperamos por ella o nos comemos la barracuda fría. Al regresar al barco fuimos a otro lugar para dar de comer a los peces y después regresamos a Gili Trawangan sobre las tres de la tarde. Fui a la agencia en la que los holandeses habían comprado su billete para regresar a Bali y compré el mío para el mismo barco. Yo creo que el tío reconoció al holandés y de la rabia tan grande que le tenía, me vendió mi billete dos leuros más barato solo por joder al otro, que perdió hasta el color del disgusto mientras su novia y yo nos partíamos de risa. Después nos fuimos a un local pijo a tomarnos un capuchino helado y un trozo de tarta y de gratis nos vimos una pelea entre una cliente y las camareras, ya que la tía decía que no había pedido comida y ellas le decían que pagara los tres platos que había pedido.

Al regresar a mi cabaña me desvié y subí al punto más elevado de Gili Trawangan, una escalada increíble hasta setenta y dos metros de altura, por un camino en pésimas condiciones en el que veías todo tipo de bichos. Este día no hubo puesta de sol y por la tarde me acerqué a la zona más habitada para cenar en un bar en el que tenían barbacoa y podías elegir tu pescado. Opté por dos calamares a la parrilla. Después de cenar regresé paseando a mi choza para pasar mi última noche en Gili Trawangan. El cielo estaba soberbiamente iluminado por millones de estrellas y resulta curioso ver como las constelaciones que conozco parecen estar descolocadas por culpa de estar por debajo del Ecuador.

Grand Lisboa

Grand Lisboa

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Si hay una mole gigantesca que se ve desde todos lados en Macao, es el Gran Lisboa Casino. Tiene cincuenta y ocho pisos, doscientos sesenta y un metros de altura y es el edificio más alto de la ciudad. En su interior hay un casino gigantesco. El edificio es horrendo, al menos para mi gusto. En su interior puedes ver un diamante que es un pedazo de pedrolo llamado The Star de Stanley Ho y del que dicen que tiene doscientos dieciocho kilates y es el diamante sin desperfectos internos más enorme y monstruoso del universo conocido. Mi paso por el casino fue extra-rápido. Entré, vi la atmósfera de viciosos, vi el diamante y cogí el piro inmediatamente. No me llamó para nada la atención. El edificio creo que parece una flor de loto por arriba, aunque yo más bien veo un cipote de lejos y un espermatozoide estampándose en el suelo de cerca. Mañana veremos otra foto de esta mole.

Tomando el sol en Gili Trawanang y poco más

Dormir en la choza, sin aire acondicionado fue una experiencia muy interesante, escuchando el romper del mar en los arrecifes, los ruidos de los animales y protegido de los mosquitos por una red que envolvía mi cama como un Cocoon. Por si acaso, usé mi saco de dormir sábana tipo momia. Por la mañana, me duché bajo el cielo azul, desayuné y me aposté en la playa a tomar el sol. Aguanté como un campeón un montón de horas y cuando me cansé regresé a la choza a ver algún vídeo y tumbarme en mi hamaca, la cual colgaba de dos puntos del porche de mi choza.

Estaba en la hamaca cuando veo pasar una serpiente de casi un metro de largo. Se fue bajo la cabaña del vecino, el cual también estaba tumbado a la bartola y se quedó como a un metro del colega. Entonces tuve que tomar una decisión trascendente. Le podía decir al chamo que tenía una serpiente a cincuenta centímetros de su enorme culo y él quizás la espantaba y se venía para mi lado, o me quedaba calladito, que en boca cerrada no entra nada y mejor que esté en tu lado que en el mío. Fue una decisión muy difícil pero esa maldad tan característica que hay dentro de mí afloró y opté por hacerme el Lolailo, no decir nada y si la serpiente quiere morder a alguien, que ataque al gordo. No creo que lo molestara porque al día siguiente él seguía vivito y coleando y a la serpiente no la volví a ver más.

Mientras esto sucedía, intercambiaba mensajes con el Rubio y con los Holandeses, esos amigos que encontré sin querer en este viaje y que también estaban en Gili Trawangan. Ella había comido algo que le había sentado mal en Candidasa, que es el poblacho en el que ellos estuvieron después de Ubud y estaba yéndose por las patas pa’bajo. La pobre, al ser vegetariana lo tiene más crudo que nosotros los carnívoros, ya que para nosotros es fácil encontrar comida cocinada pero para ella, cada vez que come una ensalada se juega la vida ya que si han lavado las verduras con agua del grifo, es un billete con premio al reino de las diarreas, que fue lo que le pasó. El holandés estaba acompañándola en el sentimiento y eso que se dice pero también un poco amargado ya que no está equipado con el módulo para salir a comer solo. Le dije que se viniera conmigo y quedamos en vernos, buscar un lugar para comer hamburguesas y de paso, ver juntos el Gran Premio de ESPAÑA de Formula 1, el cual se disputaba en la región secesionista de Truscoluña, el reino de los honestos Puyoles. Como sucede casi siempre con este deporte, lo mejor es la salida y después, algún momento de interés intercalado con mucho tedio, así que cenamos, hablamos, nos reímos, seguimos hablando y tomando cerveza y pasamos un buen rato. Yo soy un bicho raro, ya que suelo ser muy consciente del momento en el que alguien cruza la línea y se convierte en amigo y eso sucedió con el holandés esa noche. Con su novia ya había sucedido unos días antes en Ubud.

Esa noche hizo un calor que no veas y sudé como un cochino. Al día siguiente tenía dos ranas en mi baño que decidieron ducharse conmigo, con cuatro o cinco abejas y unas hormigas del tamaño de garbanzos. Desayuné y alquilé una bicicleta y me fui a dar la vuelta a la isla. Me tomó, incluyendo paradas, algo más de una hora e hice unas cuantas fotos, aunque todas son muy similares ya que es playa, agua, plantas junto a la playa, algún tronco y vuelta a empezar. Al regresar de mi vuelta a la isla me puse el bañador y me fui a la playa a atorrarme con el sol. Tuvimos otra puesta de sol épica que seguro que habéis visto.

Por la tarde acordé con los holandeses que al día siguiente nos haríamos juntos una excursión para bucear en los alrededores de las tres islas y me fui a cenar Pizza en un restaurante italiano que hay en el lugar. La pizza estaba rica pero flipé con el grosor de las verduras que le ponían. Eran prácticamente como folios de papel, traslúcidas.

Y aquí lo dejo. En el próximo capítulo el relato de la excursión.

Corpo de Bombeiros

Corpo de Bombeiros

Corpo de Bombeiros, originally uploaded by sulaco_rm.

Paseando por Macao me tropecé con un precioso edificio que resultó ser el Museu dos Bombeiros y que anteriormente era la sede de la brigada de bomberos de la ciudad. El edificio se construyó a principios del siglo XX (equis-equis casi porno) y en la actualidad tiene un pequeño museo gratuito en el que se puede ver como apagaban los fuegos antes. Igual es por la obsesión con los cochitos de bombero que tenía de pequeño pero disfruté como un bellaco y me pareció que la presentación de su colección era fantástica. La entrada al museo es gratuita.

La venganza del hombre muerto – Dead Man Down

La venganza del hombre muerto - Dead Man DownDigo yo que tarde o temprano se tendrán que cansar de hacer películas de crímenes, que siempre tienen demasiado drama y te ponen mal cuerpo. Por desgracia para mí, mi frenético ritmo de cine me termina obligando a pasar por la taquilla, o por la APP que uso para reservar mis entradas y no hacer cola, ya que mi ritmo frenético hace que acabe viéndolo todo, incluyendo películas que en otras circunstancias dejaría pasar sin más. La de hoy se titula Dead Man Down y se estrenará en España a finales de mes con el título de La venganza del hombre muerto que resulta bastante desafortunado ya que básicamente desvela la trama.

Un julay primo-hermano del Guaca, trabaja para un mafioso al que quiere finiquitar por aquello de un quítame allá esos pequeños detalles

Un delincuente de poca monta parece tener una agenda oculta en su relación con el resto de la banda. Al mismo tiempo mantiene una relación de flirteo con una vecina del edificio de enfrente que tiene algo raro en la cara. Cuando se lanza a cortejarla, ella lo chantajea para que la ayude a matar a alguien y la cosa se irá complicando ya que él también tiene sus propios planes de asesinato.

Esta es una de esas historias reviradas que van dando vueltas y vueltas para marearnos y tratar de despistarnos. En su base, es simplemente la historia de dos venganzas, planeadas de forma distinta y ejecutadas por el mismo colega. Es también una historia de amor, aunque no de amor entre los protagonistas sino más bien de amores pasados. Las películas con venganzas son siempre lentas y pueden llegar a cansar y en algunos momentos se acercaron a ese punto pero parece que cada vez que estábamos a punto de ir por el camino equivocado, se daban cuentan y le daban un nuevo giro a la historia. Lo mejor de la película es el papelón de Colin Farrell, un actor al que le tengo algo de manía por la chulería que luce pero que en este caso sabe sacar partido de la misma y usarla en su lado de criminal. También lo vemos como el espíritu atormentado que parece ser y el hombre que quizás esté dispuesto a enamorarse de nuevo de Noomi Rapace, la otra protagonista y que también hace un muy buen papel como una mujer con su vida arruinada por un desgraciado que conducía borracho y que solo quiere asegurarse que el cabrón muera antes de suicidarse y acabar con su vida. Encerrada en su casa y considerada como un monstruo por los niños del barrio, tiene momentos bellísimos. Lo mejor es quizás el tiempo que empleó el director en presentarnos a los protagonistas y hacer que sintamos cierta empatía por ambos. Lo peor es la parte de los delincuentes y las boberías y paranoias de los mismos, con la búsqueda del tipo que les esta poniendo en jaque.

Fui al cine sin grandes expectativas y me lo pasé bien, que es de lo que se trata. No es el tipo de cine que pueden ver los miembros del Clan de los Orcos por sus obvias deficiencias intelectuales y quizás sea demasiado chabacano para los intelectuales de GafaPasta. Para el resto, puede ser una buena opción para matar un par de horas.

07/10