Vendiendo cabezas de ajos en el mercado de Inthein

En uno de los chamizos que conformaban la parte cubierta del mercado en Inthein mi atención la captó una chama que vendía cabezas de ajo. Teniendo en cuenta que en nuestro mundo y yendo a un supermercado los precios son ridículos, puedes hacer un cálculo de los presupuestos de esa familia y seguramente estarán bien cerca del cero absoluto. En las montañas que rodean el lago Inle hay varias etnias que no son muy numerosas y que solo sobreviven por allí. Se nota por las diferentes formas de vestirse o de pintarse las caras. En esta foto, la persona que está de pie por el lado de la derecha es un chamo que usa la falda típica birmana para los hombres. Algún día asustaré a los visitantes de mi casa poniéndome la que me regalaron y que aún guardo.

Condicionales

Una de las cosas más fascinantes a la hora de aprender una lengua es el empeño que ponen en que domines al dedillo la gramática de la misma, la cual imagino que absorbemos y se nos enquista como tumor maligno en algún lugar de los interiores y por eso sabemos decir las cosas con cierta elegancia y si te falla esta última, gritas como lo hace la Princesa del pueblo o cualquier pollardón que trabaje en los programas de gritos de Telajinco. Lo digo porque teóricamente, durante diez años, entre los seis y los dieciséis, mientras me educaban para ser la grandiosa persona que soy hoy y me daban todo ese bagaje cultural que te sirve para meter baza en todas las conversaciones como si fueras un experto en todo, recibí un montón de clases sobre la lengua española y analicé oraciones a porrillo y sin embargo, hoy en día no me acuerdo de nada de eso o lo que recuerdo es muy mínimo: puedo determinar un objeto directo o uno indirecto pero si me pones dos oraciones con una subordinada a la otra, la verdad es que no tengo ni puta idea de lo que sucede entre ellas ni de las que están bien o mal.

El rollo anterior es por culpa de las clases de italiano, ya que en el curso actual ya no aprendemos cosas nuevas, regresamos al pasado desde el futuro para fijarnos en brochazos de la gramática que pintamos en nuestro lienzo y que por supuesto hemos olvidado. Uno de esos fue el de las oraciones condicionales. Al atacar la gramática italiana la semana pasada el profesor hablaba de oraciones condicionales de tipo uno, dos y tres y yo entraba en este terreno pantanoso por primera vez, o eso creía, ya que cuando me molesté en mirar la gramática española resulta que tenemos las mismas, prácticamente con los mismos tiempos verbales y que se usan casi de la misma manera. Es decir, todo aquello que me enseñaron o se me olvidó, o lo asimilé, aunque yo tiro más por la primera rama porque ni hablando ni escribiendo creo sofisticadas y pomposas oraciones condicionales del tipo dos o el tres. Debe ser porque en mi ADN hay mucho de ameba porque a la hora de la verdad, yo soy más partidario de menos hipótesis y posibilidades y más de realidades palpables y evito las oraciones condicionales como la peste. Es decir, yo no me ve diciendo: si no lloviera hoy, iría al cine. Yo digo: VOY AL CINE porque en Holanda llueve SIEMPRE y como planees una actividad basándote en evitar la lluvia, puedes olvidarte de la misma. Hoy por ejemplo llovió cinco minutos antes de salir de mi casa en bicicleta y desde entonces hemos tenido al menos cuatro chaparrones, 1 de granizo y otra de agua-nieve. O sea, que cualquier condicional basada en el tiempo iría de cabeza a un estado de realización imposible y esta tarde, llueva, nieve o granice, iré al cine al salir de trabajar.

Hace unos años me preocupaba perder el hilo de la lengua española y me compré la gramática oficial de la Real Academia y hasta la puse en la mesilla de noche para leer un poco antes de dormir pero coño, si normalmente yo tardo unos ciento sesenta y siete segundos en dormirme, con aquel trusco el tiempo se reducía a noventa y me despertaba instantáneamente cuando me caía el libro en la cara, así que desistí. Ya he asumido que mi español empeorará progresivamente por culpa de la contaminación que producen el italiano, el holandés y el inglés con sus propias reglas y excepciones que hacen que la maquinaria haga lo posible para ajustarse a la lengua que hablo en cada momento pero hay fugas continuas entre unas y otras. Tampoco ayuda que el español sea el idioma que menos hablo, aunque es el que más escribo. Mi inglés está totalmente atrofiado en el tema de las preposiciones, algo que el Rubio me restriega continuamente porque no atino una y cuando hablamos, nunca se sabe si estoy dentro del tren, sobre el mismo, bajo el tren, adherido a las paredes, flotando en su interior por culpa de la enorme variedad de maneras que hay en inglés y en holandés de usar el español EN, que indica perfectamente que vas en el tren, independientemente del lugar del mismo en el que quieras estar.

Vendiendo trampas para pescar en Inthein

En el mercado de Inthein lo primero que te llama la atención es que no es un lugar con un edificio dedicado a esto o con puestos de venta tradicionales y como los que tenemos en Europa. Allí, te apalancas en un trozo de suelo, te sientas en el mismo y comienzas a vender tus cosillas. En una parte del mercado sí que tenían como un barracón, en el que estaban las carnes y los pescados, aunque también vi gente en otros lugares vendiendo. En los próximos días veremos algunas de las fotos que hice allí, ya que ese mercado resultó fascinante. En uno de los puestos más cercanos al río vendían trampas para pescadores, aunque nunca me llegó a quedar claro si con estas pillan cangrejos o pescados, aunque por detrás también se pueden ver nasas pequeñas. En este mercado me crucé con la birmana más lapa de todo el viaje. Tenía un puesto de recuerdos y como hasta ese momento no había comprado nada, estuve curioseando en el mismo para comprar algo de morralla para regalar. Como la tipa era una intelectual que una vez aspiró a leer un libro, le expliqué claramente que yo no negocio, que me da un precio final y punto. Cuando me dijo lo que quería flipé en colores. Quería ocho dólares por algo que no podía valer más de uno siendo generoso. Le eché mi mejor mirada de odio profundo y me marché. La japuta me estuvo siguiendo durante una hora bajando el precio, pidiéndome que no matara de hambre a su familia y yo la ninguneé todo ese tiempo escuchando música. Su precio final cuando subía a mi barco unas horas más tarde, ya que fue al muelle para controlar mi partida (y seguramente la de otros que intentó estafar) era de tres dólares. Compré exáctamente lo mismo a precio fijo en una tienda dentro del aeropuerto por UN dólar. Seguramente mi amigo el Rubio habría logrado el precio de un dólar y definitivamente, mi amigo el Moreno habría pagado treinta céntimos de dólar y además la tipa nos hace pajillas a todos y le lefamos la cara. Lo peor que te puede pasar en el mundo conocido es negociar precios con el Moreno. Disfruta como un bellaco y es un cabrón del quince.

No veas como desbarro

En las clases de italiano, cada semana uno de los alumnos elige un texto y lo discutimos, siempre en italiano. Hace dos semanas se trataba de un artículo sobre el espectacular éxito de Roberto Begnini con dos especiales navideños en la televisión pública italiana en los que explicaba los diez mandamientos y como han sido retocados, manipulados o ninguneados. Relacionado con el tema, la semana siguiente yo era el que elegía y opté por la crítica de la película Exodus: Dioses y Reyes – Exodus: Gods and Kings publicada en un diario italiano. Aunque de refilón, en esa película se veía como Moisés se inventaba los diez mandamientos y yo quería un texto relacionado con el cine. Tanto meneo con temas religiosos debía pasar factura, sobre todo a los que son creyentes, que a mí la fe nunca me terminó de llegar y me sirvió para acordarme de momentos pasados en mi vida y aquello que presencié.

Recuerdo que en el colegio público al que fui durante siete años había una monja que daba las clases de religión en los tres últimos años. No tengo un solo recuerdo positivo de aquella mujer. Por más que se vistiera con su uniforme laboral, yo de lo que me acuerdo es del odio infinito con el que miraba a dos hermanos que eran testigos de Jehova y como los hacía escribir textos interminables ya que no podían abandonar la clase durante la hora de religión. Su odio viajó más allá del infinito cuando el penúltimo año llegó al colegio un chaval marroquí. En la cara de aquella iluminada y que dicen que ha recibido la llamada de la fe y que al parecer está mucho más cerca de su dios que el resto aparecieron nuevas marcas de odio y era mirar en la dirección del terrorista musulmán y ver como le temblaba el labio y parecía a punto de saltar y degollarlo allí mismo para mayor gloria de su dios, que casualmente creo que es el mismo que el del terrorista, solo que pertenecen a empresas distribuidoras distintas. De la monja aquella y de varios curas aprendí que lo del Reino ese del que hablaban es una gran mentira.

La monja nos machacaba sin piedad con el dogma de la virginidad de la madre del hijo de su dios y que al mismo tiempo era el mismo dios porque tenía varios oficios y eligió ser padre e hijo por aquello de hacer las cosas simples y directas. Cuando le entraba el fervor mariano-virginal, se acercaba a una chica en la clase que ya en aquellos días podía hacer sonrojar a la gallina Turuleta y definitivamente era más puta que la susodicha y que consiguió ser la primera de la clase preñada y no llegar a la graduación. Para la monja, se trataba de machacar a aquella chica que se despatarraba por un par de pitillos y ella estaba convencida de que su inquina era justificada, no era pecado y por supuesto le serviría para ganar más puntos a la hora de entrar en el famoso reino de su dios. Yo, que siempre fui de pensamiento retorcido tiraba por otro monte.

Para mi, lo inexplicable y lo que hacía tambalearse el edificio es que el mierda de dios ese que nos vendían cogió a un pollaboba, lo hizo subir a una montaña y escribir diez reglas, varias de ellas relacionadas con el puterío ajeno. Después, ese mismo dios, que se divide en tres para robar dos puestos de trabajo, baja del cielo en el que se esconde, puede elegir entre todas las mujeres del universo y se le antoja coger a una casada, básicamente pasándose por los pelos del culo el mandamiento que impuso al resto creando en lo relacionado con codiciar la mujer del prójimo primero y cometiendo adulterio después. Igual lo hacía para denunciar el otro escándalo, el del mariquitismo que había en esa casa, porque ya me dirás como es posible que una pava se case precisamente pa’follá porque la religión dice que es la única manera de no cometer actos impuros y resulta que el marido la ningunea que no veas y no se acerca a tres metros de ella alegando alergia al marisco. De todas estas movidas chungas surge la secta en la que me incluyeron al nacer y que jamás podré abandonar ya que se niegan a borrarme de sus registros y se limitan a sugerir que pueden poner una marca junto a mi nombre en sus libros. Es decir, el juez que te juzgará en el futuro es el mismo que se pasó por aquí por la Tierra, buscó a una hembra casada, se la folló, la preñó y tuvo un hijo con ella que posteriormente mató. Ese mismo dios consintió que se crearan varias religiones en su nombre que se aplicaron a conciencia a robar, matar, cometer actos impuros, codiciar los bienes ajenos, codiciar la mujer del prójimo, practicar el falso testimonio y todo eso y mucho más en su nombre y casualmente, en el pasado, cuando no teníamos teléfonos con cámaras buenas para grabarlo todo bajaba a la tierra para hacer sus gamberradas cada cuatro días y ahora ha hecho mutis por el foro y no asoma el hocico porque sabe que lo lincharíamos.

En fin, que como siempre, de algo inocente y a priori banal como ir a clase de italiano termino desvariando y acabo desbarrando por otros caminos. Siendo positivos, esta semana en clase hablaremos del festival de música de Sanremo.