Logística de viajes

Cuando te embarcas en una ronda de pequeñas escapadas de fin de semana por Europa y lo haces compulsivamente aprovechando los billetes de avión a precios de pura risa, lo cual supone ningunear e ignorar totalmente la página de Buelin en la que jamás consigues nada desde Holanda que no valga menos de ciento cincuenta leuros, después tienes el pequeño pero crucial problema de buscar hoteles en los sitios a los que quieres ir. Encontrar el cuarto con la cama es siempre la parte que más tiempo me toma. Tengo que averiguar las zonas de la ciudad más convenientes, encontrar hotel e intentar que el precio no se desmane. Con cinco escapadas pendientes, me ha tomado prácticamente dos domingos el encontrar los lugares y reservarlos, usando una combinación de páginas, ya que suelo ir a tripadvisor para ver los comentarios de la gente sobre los hoteles y para comenzar la selección y después uso preferiblemente agoda y como segunda opción booking para reservar las habitaciones, aunque ambas compañías pertenecen a la misma compañía y la única razón es que en agoda acumulo puntos que después se traducen en descuentos y en este caso y en base a los puntos que tenía de Asia, creo que me he ahorrado unos doce leuros en el total. Al final y sumándolo todo me sale que de media me gastaré ochenta leuros por escapada en hoteles, o a cuarenta leuros la noche, siendo Varsovia la ciudad más barata y en donde pago veintitrés leuro por noche y Hamburgo la más cara con sesenta y cinco leuros por noche. En todos los casos me quedo en la zona que se considera el centro de la ciudad. En dos de esos fines de semana los desayunos están incluidos y en los otros tres me buscaré la vida, algo que prefiero ya que en los bufetes de los hoteles me encochino de mala manera.

Hamburgo me sorprendió porque es una ciudad cara que no veas cuando lo que quieres es un hotel. Están a la altura de Estocolmo, con unos precios de rescándalo y si quieres algo barato, o te vas a los arrabales o te tienes que meter en un cuarto con seis camas y compartir la habitación con cinco desconocidos/as. En Roma me vuelvo a quedar en la zona de la estación de tren, solo que esta vez voy a un lugar nuevo, ya que los otros a los que fui en años anteriores van ganando en prestigio y pegan unos subidones del quince a los precios. En Vilnius mi amigo el Rubio, el cual viajará conmigo, está flipando porque he conseguido un sitio que tiene muy buena pinta. En Pisa he optado por tirarme los peos y que el aire golpee la torre cambada y en Lucca quería estar dentro del centro antiguo de la ciudad. En Varsovia estoy en una de las dos zonas en las que parecen estar todos los hoteles y al lado de la parada del metro.

Cuando mueves toda esta logística, es importante organizarte y evitar el hacer dos reservas distintas si de repente te salta la duda, algo que me sucedió hace un par de años en una ocasión. Por eso, creo carpetas para cada viaje en mi cuenta en Copy, en las nubes mágicas y allí guardo las copias de los billetes y de los recibos de los hoteles o cualquier otra información que necesite de la ciudad. Las tres aerolíneas que usaré para moverme, Ryanair, Easyjet y Wizzair permiten la facturación con su App para el dispositivo mágico y maravilloso y de esa manera no tendré que imprimirlas. En ese mismo dispositivo llevaré la información turística de los lugares, algo que haré poniendo marcadores en el mapa que llevo en CityMaps2Go y haciéndome mis librillos en formato ebook con los artículos de wikipedia y wikitravel. Desde hace un año raramente me compro una guía de viaje ya que estas páginas tienen información muy actualizada y el resto lo puedo buscar por Internet sobre la marcha.

En todas estas escapadas voy a procurar tener conexión constante a la Internet a través del teléfono. Eso también tomó un poco de tiempo pero mereció la pena. En Polonia ya lo tengo todo atado y bien atado, con una tarjeta prepago que compré en Holanda y que tiene dos números, siendo uno de ellos polaco y solo tendré que contratar un paquete de datos que me costará la friolera de dos leuros por trescientos megas, en Vilnius nos saldrá seis leuros por 1 Giga y cuando visite Italia me pillaré una tarjeta de lycamobile que también tienen planes baratísimos de datos. En Alemania seguramente me llevaré prestada la tarjeta del Lidl del Rubio y la recargaré, aunque siempre me queda la opción de conseguir una aún más barata de otra compañía como la mencionada para Italia.

Ya sé que todo esto no resulta interesante pero quiero que quede en mi memoria a largo plazo y así, dentro de cuatro o cinco años, ver la forma en la que han cambiado mis hábitos organizativos.

Megalomanía en el cementerio de Milán

El Cimitero Monumentale di Milano ya te avisa en su nombre que no es un lugar para aparcar difuntos. Es un lugar para fardar y para demostrar que eres infinitamente superior a tus vecinos y la mejor forma de hacerlo es con un despliegue de tumbas acojonante, cada una de ellas es un monumento. El cementerio es relativamente reciente, ya que se creó en 1866 y fusionó varios cementerios que había en la zona. Los monumentos que adornan las tumbas han sido diseñados por los mejores artistas italianos y por supuesto, aquellos que no son católicos están marginados a la sección de los zarrapastrosos, ya que el resto de habitantes del lugar no se quiere mezclar con ellos.

De fotos y otras tonterías

Hace exactamente dos semanas comentaba en Siempre acabo complicándome la vida que quería aligerar mi cola fotográfica y conseguir llegar a las sesenta mil fotos en mi cuenta de flickr antes del fin de noviembre. En esas dos semanas he conseguido ser bastante consistente y dedicarle horas al asunto y esta mañana alucinaba porque en quince días he arreglado dos mil cuatrocientas fotos y seguramente he borrado más de mil quinientas. En lugar de escribir o de tocarme los mondongos o de echar raíces delante de la tele viendo algún episodio de mis series favoritas, me he centrado y he combinado el escuchar audiolibros con revisar y ajustar fotos y así he terminado de revisar las fotos del año 2009 y del año 2010 y estoy a punto de comenzar con las dos mil y pico que tengo de Vietnam, algo que sucederá cuando acabe con las ochocientas que hice en Riga este año, ya que estoy procurando alternar las que más años llevan en la cola con las más recientes para así equilibrar un poco la cosa. Si logro ser persistente durante tres o cuatro meses, seguramente me ponga al día, algo que dejó de ser cierto en el año 2008. Con tanto trabajo, los gemelos que normalmente están separados se están encontrando continuamente, por aquello de mantener la información protegida y bien distribuida. Ambos están llegando al punto de saturación, están a un noventa por ciento de su capacidad y el otro día pensaba que los compré hace dos lunas y es una pena que pronto tenga que comprar nuevos, así que acudí al archivo de mi blog, el cual hace de mi memoria a largo plazo y resulta que los compré hace ya más de cinco años, como quedó archivado en Aquello que nos debe importar … y eso también significa que estamos un poco estancados ya que en cinco años y por el mismo dinero (noventa leuros), en lugar de 1,5 TB ahora te puedes comprar uno de 3 TB, lo cual me parece un avance muy pequeño. Recuerdo mi infancia, cuando de un año para otro duplicaban la capacidad de estas cosas. Rizando el riso del rastrerismo, para sincronizar la información entre mi disco duro y los gemelos uso un software de copiado y duplicado que debe tener también cuatro o cinco años, ya que fue la última versión gratis y como después lo pasaron a modo de pago, no lo he actualizado y siempre que lo uso me sale una ventana intentando convencerme de las ventajas increíbles que tienen las nuevas versiones que hacen lo mismo que la que yo tengo pero con una interfaz con colores más bonitos.

Mi problemilla con las fotos se empeorará durante el mes de noviembre y las dos primeras semanas de diciembre ya que con las escapadas planeadas es más que posible que acabe añadiendo entre dos y cuatro mil fotos a mi cola de procesado y de ahí me viene la prisa por vaciarla. Calculo que con esas escapadas y con el tamaño masivo que tienen las fotos que hago con mi cámara, estamos hablando seguramente de más de cien gigas que añadiré a mi colección y esto provocará que lleguemos al punto crítico en el que tendré que jubilar a los gemelos.

En pequeños detalles como el que los discos duros no hayan seguido incrementando su capacidad al ritmo que hacían antes es cuando nos damos cuenta que necesitamos urgentemente una mega-guerra universal que espabile a los inventores y que nos empuje para volver a dar un nuevo salto tecnológico. No solo en los discos duros estamos en un pantano. Lo mismo se puede decir de la aviación, con aviones más bonitos, con ventanas más hermosas, alas más torcidas pero la velocidad es la misma puta velocidad que tenían en los setenta del milenio pasado, o con los coches, que llevan con el mismo diseño desde los cincuenta o con los teléfonos, que desde que Steve Jobs inventó la telefonía-computerizada fastuosa y con estilo móvil, es siempre más de lo mismo y aumentan el tamaño de la pantalla pero la pila nos dura igual que antes.

En fin, que tendré que empezar a mirar precios y modelos de discos duros externos para que llegado el momento no me pille a contrapié.

Monumento a Leonardo da Vinci

Monumento a Leonardo da Vinci

Monumento a Leonardo da Vinci, originally uploaded by sulaco_rm.

En el centro de la Piazza della Scala y mirando hacia el teatro alla Scala que veíamos ayer hay una estatua de Leonardo da Vinci, famoso artista de muchas facetas que subió a la gloria del famoseo cuando Dan Brown lo incluyó en sus libros y que al parecer antes de eso era un pobre pueblerino. Aunque el chamo nació en Florencia y murió en Francia, una gran parte de su vida laboral transcurrió en Milán, en donde cotizaba como buen hijo de vecina no truscolana. Durante los diecisiete años que pasó en esa ciudad tuvo tiempo para pintar el famoso fresco de El último papeo, que pese al daño sufrido desde que lo pintó, aún se puede admirar en el monasterio de Santa Maria delle Grazie.

Nada es lo que parece