Via peatonal por fuera de la estación Utrecht Centraal

Via peatonal por fuera de la estación Utrecht Centraal

Hoy tenemos una foto un tanto rara. El lugar en el que la hice es prácticamente debajo del edificio del ayuntamiento de Utrecht, el Stadskantoor que ya vimos la semana pasada como una U junto a la estación central de Utrecht. La entrada a ese edificio está a la izquierda de esta foto y en el mismo se pueden hacer todo tipo de gestiones como renovar pasaportes o carnés de conducir. En la parte de la derecha de la imagen tenemos la zona exterior de la estación de trenes, la parte abierta que permite comunicar ambos lados de la ciudad. En el pasado, cualquier julay que quería ir de un lado a otro iba por el vestíbulo de la estación pero ahora que hay portones para controlar el acceso a los trenes, a menos que tengas una tarjeta ferroviaria, la única forma de ir de un lado al otro es usando este pasadizo. Varios de los locales para comprar comida que hay en la estación tienen también una entrada a una zona más pequeña por este lado, con lo que no hay que entrar en la estación si te apetece algo de la comida basura que venden. Eso sí, no puedes usar esos locales para ir a la estación, no hay conexión entre ambas partes de los negocios.

De receta en receta

Una de las verdades más absolutas es que mi mundo, cuando no estoy de vacaciones, gira fundamentalmente entorno a la comida y el cine. Son las dos cosas sobre las que pienso con frecuencia. La lista de la compra es lo más sagrado que hay y visito varias veces a la semana supermercados y tiendas en busca de aquello que me falta, que apunto y rastreo como un podenco. De la misma manera, por los periódicos y páginas que leo pasan recetas y aquellas que despiertan algún tipo de interés las incluyo en mi Pocket y es una pena que no te permitan saber cuántas cosas tienes ahí guardadas porque creo que en mi caso deben ser cientos de recetas, prácticamente lo único que reservo para el futuro.

Hace un par de domingos exploraba mi congelador y notaba que tenía casi un cajón vacío y eso abría todo un mundo de posibilidades. Tenía en la cabeza varios platos de esos que por sus ingredientes o su aspecto despiertan tu curiosidad y como las cantidades casi siempre eran para cuatro, comencé a aprovisionarme de los ingredientes que me faltaban para comenzar a hacerlos.

Pimientos rellenos de langostinos

Mi primer experimento fue con unos pimientos de piquillo rellenos de langostinos y aunque me gustaron bastante y tengo tres porciones congeladas, como que concluí que esta es una de esas recetas para hacer cuando alguien te visita y además, implica que tenga los pimientos de piquillo en mi casa y aquí en los Países Bajos es difícil encontrarlos, con lo que dependo de las visitas a España.

Albóndigas de choco y gambas

Moví cielo y tierra para hacer las albóndigas de choco y gambas ya que el choco es un ingrediente que solo te lo tropiezas en los supermercados chinos, algo que los holandeses no comen ni jartos de whisky de garrafón. A mí me encanta el choco, me encantan las gambas con lo que esto era casi una victoria cantada, estaba convencido que iría directo a mi pequeño libro de recetas de cocina. El lunes volví a casa del trabajo, lo preparé todo, seguí la receta escrupulosamente y mientras la hacía ya hubo un paso que tenía mucho cante. La salsa se hace con las cantidades de aceite de oliva industriales que se usaba para freir las albóndigas y eso me chocaba. Hice el plato y me lo comí pero ese sabor intenso a aceite de oliva de la salsa lo condenó al olvido. Hay dos problemas, las albóndigas tienen un sabor raro, probablemente por el choco y la salsa no ayuda con su intenso sabor a aceite de oliva. Tras la cena, más o menos decidí que ésta era también otra receta condenada a desaparecer de mi pocket y olvidarla. Mi congelador como que seguía esperando las raciones que no llegaban.

Ensalada de pasta con pesto de aguacate>

Me quedaba una receta en la cartuchera, una que no valía para congelar pero que prometía algo exótico. Llevo semanas con la obsesión de encontrar una ensalada de pasta, con el verano me apetece comer frío y la pasta se presta a todo. Encontré una con aguacate y como adoro esa fruta, me lancé a hacerla. Hice la pasta, hice la salsa, monté el plato y de nuevo, decepción. No fue lo que esperaba, simplemente no te dan ganas de hacerlos en el futuro, es una de esas recetas que comes y si lo has hecho en un restaurante, tienes la certeza que la próxima vez que lo visites, no la pedirás.

Empanada de atún

Llegué al fin de semana frustrado por la cantidad tan alta de decepciones (o fracasos) y opté por pasar de todo y tirar por lo seguro. El sábado no iba a estar en mi casa pero el domingo sí que tenía tiempo y ganas de hacer algo así que regresé a un territorio que no falla nunca, la empanada de atún. En lugar de hacerla redonda y acabar con cuatro porciones, elegí la versión rectangular con la bandeja del horno y que te permite tener seis. El resultado fue épico y gracias a la cantidad que hice, tengo cinco porciones de empanada de atún en el congelador.

Pan de huevo

Más o menos en paralelo preparé pan de huevo, el pan canario del que tenía antojo desde hace semanas y como obviamente no puedo pasar por Teror a comprarlo, me lo hice en casa. Calculé para conseguir diez panes de unos noventa gramos y los hice. Este pan despierta en mi cabezón recuerdos de la infancia, de cuando me compraban uno y me lo comía con glotonería. Hoy desayuné uno y el resto está congelado esperando otros desayunos.

Brownie

Cuando ya estaba a punto de meter el pan de huevo en el horno me acordé que había prometido premiar con comida a un grupo de colegas en la oficina si hacían su trabajo en un tiempo récord. Yo soy el que se lleva el crédito de la acción que hacen ellos, igual que es el director de orquesta ese que todo el mundo admira pese a que menea la mano como si se entrenara para algún campeonato de pajilleros y son los otros los que se lo curran tocando sus instrumentos. Pensé en hacer magdalenas, después como que evolucioné hacia los snickerdoodles y para cuando iba a hacerlos resultó que lo que quería hacer era un brownie. Y lo hice. Y lo que es aún más increíble, igual que no toqué el pan de huevo tras prepararlos, hice el brownie, le hice fotos y puse la mayor parte en un recipiente para llevar al trabajo ya cortado en trocitos y el resto lo congelé en dos porciones para algún desayuno futuro. Entre unas cosas y otras conseguí llenar el cajón vacío del congelador, aunque no con la comida que había imaginado originalmente.

La semana pasada en Distorsiones

Después de tanta anotación de viaje, volvieron las chorradas como los Mil trescientos días de constancia en el duolingo y por la calle me tropecé con uno de esos cacharros reinventados para Transporte de niños en Holanda y regresé al viaje pero para ver El vídeo con el resumen del viaje para bucear en Tailandia, que es particularmente asombroso y maravilloso, además de zarrapastroso y facineroso. En esta tanda de cosillas varias vimos las Banderas con mochilas que ponen en las casas cuando los herederos superan el examen final del bachillerato. Con el retraso de otros años, hice el listado de lo que puedo ir a ver con Cien euros de cine y resulta que son un montón de películas. Comentar que el fin de semana que llega, ese con la noche más corta del año, me pillará en Málaga si los controladores aéreos franceses no me lo joden.

Molino de Ster en toda su gloriaUtrecht Centraal, Stadskantoor y el  Beatrix Theater
Interior de la estación Utrecht Centraal
Puente peatonal para llegar al molino de Ster

En Utrecht vimos el Molino de Ster en toda su gloria y seguimos con el Puente peatonal para llegar al molino de Ster y de allí nos acercamos a la estación Utrecht Centraal, Stadskantoor y el Beatrix Theater y nos quedamos en el Interior de la estación Utrecht Centraal. Todavía quedan fotos de Utrecht por aparecer y si pillo un día de sol quiero añadir algunas con casas flotantes hechas sobre barcos, que las hay pero las ninguneé cuando hice las rondas anteriores.

Love, SimonOh Lucy!La enfermedad del domingoMuchos hijos, un mono y un castilloInterlude in Prague

Fui a ver seis películas al Cine, aunque dos de ellas fueron repeticiones y en el caso de una, ni siquiera la he comentado con lo que ni aparecerá por aquí, aunque sí que comenté cuatro, comenzando con la mediocre Oh Lucy!, aún peor resultó la pedante La enfermedad del domingo, seguimos con el peliculón Muchos hijos, un mono y un castillo y acabamos con la flojilla Interlude in Prague

El resumen de la comida es el siguiente:

Albóndigas de choco y gambasPan de huevo
Empanada de atúnBrownie
Pimientos de PadrónChocolate con churros
Guisantes con salchichasCristinas
Gai Pad Med Ma Muang – Pollo salteado al wok con anacardosMagdalenas
Ensalada de pasta con pesto de aguacateRollitos de canela
PannenkoekenMantecados
Pan de suero de mantequilla

Y así transcurrió la semana.

Interlude in Prague

Interlude in PragueHay películas que consiguen lo imposible, que su trailer no toque una sola sala de cine y así, cuando aparecen en la programación del cine, es como los bombones del Forrest Gump, que puede ir del lado de que rico, o del lado de la puta mierda del copón. La de hoy es una de esas que pese a costar millones de leuros, cuando se estrenó en el Reino DesUnido, recaudó menos de tres mil leuros, de allí siguió para Japón en donde no creo que hiciera mucha caja y un año más tarde toca la cartelera de un solo cine de la cadena de multicines a la que estoy abonado y además lo hace con la sala más microscópica que tienen, una con una capacidad que no creo que llegue a las setenta butacas. La película que acumula tantos récords es Interlude in Prague, aunque aquí en los Países Bajos la camuflaron y le cambiaron el nombre por Mozart in Love y aunque no tiene fecha ni posibilidad de estreno en España, ya se imprimieron los carteles con el truscoluña no es nación.

El julay de Mózart se va de belingo a Praga y allí se encoña de una pava virgen a la que busca empetársela hasta los pelos de los güevos

A Mozart se le morían los hijos como parrulos y su hembra se deprimió y se fue de retiro a algún villorrio. Él recibe la invitación para irse de juerga laboral a Praga y allí se encoña con una hembra virgen local a la que ya le puso el ojo el abusador y dictador local y como Mozart está preocupado porque los güevos se le están poniendo azules, busca la manera de empetársela por los bajos y llenarla de su jugo de la vida, pero todo eso sin sentirse culpable por trabajar para convertir a su mujer en una Vitorino y además escribiendo una ópera nueva. O algo así.

Cuando uno ve esta película flipa porque ahora resulta que su ópera Don Giovanni puede tener en su cartel la coletilla esa de basada en hechos reales. Esto es como un musical encubierto ya que la pava que está en el meollo de la cuestión canta y nos pasamos la película con ella graznando una y otra vez, que es que no se cansan de meternos canciones. La historia particularmente me pareció cogida con alfileres, demasiado floja e increíble y los diálogos eran muy elaborados y te daban siempre la sensación de estar viendo teatro, de que allí exageraban todos sin ilusión ni fantasía. Nadie me sonaba a conocido y tras un rato como que asumí que aquello es un telefilm pero rodado con algo más de presupuesto. Tiene hasta la duración perfecta para una película que pongan por la tele con sus intermedios. El final es particularmente deleznable, creo que la historia se merecía otra manera de acabar, aunque como lo basaron en la vida de un hombre que conocemos, tenían las manos atadas a menos que reescriban su Wikipedia.

En fin, que esto es algo que ni jartos de agua oxigenada podrían ver los miembros del Clan de los Orcos y tampoco tiene el caché que esperan los sub-intelectuales con GafaPasta. Para una siesta acompañada de ruido televisivo.

06/10