El Panteón, San Ignacio de Loyola y la protesta en contra de Bush

Llegamos a la segunda parte del tercer día en roma y para aquellos despistados, decirles que la historia comienza en Casi todos los caminos conducen a Roma. Al final de cada capítulo encontrarás un enlace al siguiente.

Tras la siesta salimos a la calle y la manifestación en contra de George Bush continuaba. Nosotros queríamos pasar la tarde por el centro de la ciudad, sin caminar mucho. Tomamos el metro después de encontrar la única puerta que dejaron abierta en la zona de Termini y aunque hubiéramos preferido bajarnos en Plaza de España, tuvimos que seguir hasta la Piazza del Popolo porque las paradas anteriores estaban cerradas por culpa de la manifestación. En la plaza había un escenario en el que un grupo tocaba, estaba llena de banderas comunistas y puestos de organizaciones revolucionarias. En ese momento llegó algún alto gerifalte del partido comunista y las cámaras lo rodeaban. El hombre era un retaco. Toda la vía del Corso estaba vallada y llena de policías. Aquello parecía una ciudad en estado de excepción con una línea que separaba ambos lados.

Entre policías y más policías que cortaban el paso por muchas calles llegamos hasta la zona del Panteón en el cual estaban de misa y no dejaban entrar. Nos fuimos andando hasta la iglesia de San Ignacio de Loyola, la cual no está lejos. Es una iglesia increíble. En su interior, cerca de la salida hay un punto amarillo en el suelo. Si te pones allí y miras hacia la cúpula, la verás absolutamente increíble y si miras hacia la bóveda, se ven escenas de fuego y luz y los cuatro continentes representados por cuatro figuras. Las pinturas parecen tridimensionales. Lo más increíble de la cúpula que tan perfectamente se puede ver desde allí es que NO EXISTE, está pintada. Os juro que desde ese punto se puede ver el volumen y la forma de dicha cúpula. Absolutamente recomendada la visita. Aún abrumados por tal despliegue volvimos hacia el Panteón. La misa había terminado y pudimos entrar. Estamos hablando del único edificio de la época romana que ha permanecido intacto y con un uso ininterrumpido. Un edificio con más de dos mil años, con una cúpula semiesférica de cuarenta y tres metros de diámetro que parece recién hecha. No hay palabras para describir el lugar. ES HISTORIA. No tiene la forma habitual de las iglesias y sin embargo es la más humana de las iglesias que he visitado en mi vida. Dios (algún Dios, no sé cual de ellos) está allí dentro, observando a los que entran al templo. En su interior están las tumbas del rey Victor Manuel II y su hijo Humberto I. También en su interior está la tumba de Rafael (supongo que sabéis a cual me refiero, no al cantante o a la tortuga ninja ;-)). Uno piensa que ya no hay cosas que le puedan sorprender después de haber visto el Coliseo, el Vaticano o las Catacumbas, pero la verdad es que cada cosa es más sorprendente que la anterior.

Nos tomamos un helado sentados frente al Panteón, admirando esa belleza y después de este descanso sorteamos como pudimos los callejones en dirección a la Iglesia de Jesús (Chiesa del Gesù), el lugar en el que se encuentra enterrado San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Esta es la Iglesia Madre de la Compañía de Jesús, su sede principal. Por la calle transcurría la manifestación en contra de George Bush y cuando entrabas en su interior te recibía la paz y la tranquilidad que siempre irradian esos edificios. La fachada de la iglesia es barroca y en su interior hay un despliegue brutal del poder de los Jesuitas. Es preciosa, quizás una de las más hermosas de la Ciudad Eterna. Paradójicamente pasa bastante desapercibida para los turistas.

Al volver a la calle seguimos la manifestación un par de cientos de metros. Desde algunas carrozas ponían música pachanguera y la gente bailaba y coreaba lemas en contra del presidente de los Estados Unidos. Había banderas rojas y mucha alegría aunque algunos individuos no parecían trigo limpio. Entramos en otra iglesia que está en la misma Corso Vittorio Emanuele y cerca del Campo de Fiori nos desviamos para visitarlo. Al llegar a esta preciosa plaza nos encontramos centenares de policías y agentes antidisturbios en formación de batalla y equipados para la lucha. Allí se cocía algo. En los puestos de flores trataban de recogerlo todo lo antes posible y los bares de la zona habían cerrado y retirado todas las mesas y sillas de la plaza. En el aire se respiraba la tragedia. Nosotros les hacíamos fotos a los policías y bromeábamos con los curiosos que los miraban. ?ramos como moscas cojoneras y nos toleraban posiblemente por ser turistas. Mientras estábamos allí se oyó algún tipo de ruido brusco y una de las compañías salió en formación de batalla hacia la manifestación. Aporreaban sus escudos para hacer ruido. Aquello era mejor que las películas de romanos. Se oyeron ruidos y explosiones y al rato aparecieron un par de policías de paisano arrastrando a un julay que gritaba posiblemente proclamando su inocencia. Uno de los policías le metió la mano en el bolsillo del pantalón hiper-holgado que llevaba y sacó una bolsa llena de canicas que posiblemente habrían acabado siendo lanzadas. Lo inmovilizaron y se lo llevaron. Siguieron trayendo a otros que sufrían la misma suerte y diez minutos más tarde un segundo contingente de antidisturbios se dirigió hacia la manifestación por otra calle y de repente entraron al galope y se montón una batalla campal en la que veíamos volar los palos de las banderas contra los policías, usados como lanzas, piedras y de todo. Nosotros estábamos justo detrás viéndolo todo, siendo testigos mientras sobre nuestras cabezas volaban helicópteros y se oían disparos y gritos. Después de una media hora comenzaron a llegar policías heridos y también siguieron trayendo a los vándalos que apresaron. En un momento determinado se tuvo que acabar el follón porque llegaron un montón de vehículos policiales y en la plaza los comerciantes comenzaron a abrir sus locales de nuevo. Se hacía tarde y queríamos volver para cenar así que nos fuimos en dirección al río Tíber para cruzarlo y buscar alguna guagua en la zona, ya que por el centro sabíamos que todo el tráfico estaba cortado. Cruzamos por el Puente Sisto y después de admirar la Piazza Trilussa cogimos un autobús que nos llevó hasta la estación Pirámide desde donde transbordamos al metro y volvimos a Termini. La estación de tren seguía cerrada pero ya comenzaban a abrir las calles por aquel lugar. En el autobús teníamos un pequeño grupo de desechos humanos, de esos que no es que parezcan delincuentes, es que lo son.

Para cenar fuimos a un sitio para turistas que estaba atestado a la vera del Palazzo delle Esposizioni pero tras diez minutos esperando sin que nos atendieran, nos levantamos y nos marchamos, que por algo pagamos y merecemos que al menos nos tengan en cuenta en un sitio con treinta o cuarenta mesas y diez camareros o más, que solo tengan una persona para coger los pedidos no tiene nombre y más si esa misma persona supuestamente es la que trae las bebidas mientras los camareros se quitan las ladillas unos a otros. En la esquina encontramos otro restaurante en el que cenamos muy bien y después de eso intentamos ir hacia la verbena que suponíamos habría en la Piazza del Popolo pero el metro había cerrado y no teníamos ni idea de la línea de autobús que había que coger y no estaban los pies como para darnos el pateo, así que desistimos y volvimos al hostal.

De esta forma acabó nuestro tercer día en la ciudad.

La historia continúa en Miguel Ángel, basílicas y un castillo junto al Vaticano.

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Las Catacumbas y las Termas de Caracalla

Este es el relato del tercer día de mi viaje a Roma, así que si algún buscador te trajo aquí directamente y te apetece atacar la historia desde el comienzo, salta a Casi todos los caminos conducen a Roma. Al final de cada capítulo encontrarás un enlace al siguiente.

El sábado ya estábamos agotados. Caminar por Roma es subir y bajar todo el tiempo y aunque las cosas están a una distancia razonable, sigue siendo un palizón. Para no morir en el intento elegimos un programa más relajado durante la mañana. En la estación Termini pedí información y nos indicaron el camino para ir a las Catacumbas. A veces se nos olvida que en el origen del cristianismo, cuando eran perseguidos y asesinados sin piedad, esta gente se tenía que esconder en las catacumbas romanas, las cuales fueron creciendo con los siglos. Queríamos visitar las Catacumbas de San Calixto y para ello fuimos en metro hasta la estación Pirámide. Ya he comentado que Roma tiene dos líneas de metro. Esta estación corresponde a la línea B y quizás fue casualidad pero los vagones no son tan fastuosos como los de la otra línea, no hay aire acondicionado y los graffittis se han hecho dueños de todo el interior y el exterior. Al salir en la estación buscamos la parada de autobuses porque desde allí teníamos que coger el número 118. Había unos cuantos turistas más. Llegó la guagua, nos montamos y le preguntamos al conductor por las catacumbas. Nos insinuó (o nos quiso decir) que avisaría en la parada pero un minuto más tarde cogió el piro y diez minutos después apareció otro conductor. La guagua iba medio llena, todos turistas como nosotros y allí nadie tenía ni puta idea de cual debía ser nuestra parada.

Salimos de la estación y unos veinticinco minutos más tarde vimos pintado en una pared que las Catacumbas de San Calixto estaban a dos kilómetros y así supimos que estábamos llegando. La carretera era la Vía Apia, la cual me sonaba de aquellos años en los que pasaba los días memorizando datos en la escuela. El conductor paró en el medio de la nada, en un lugar en el que la carretera era muy estrecha y casi sin espacio para los peatones y dedujimos que aquel era el sitio. Eran las once y media y según teníamos entendido cerraban a las doce y volvían a abrir a las dos, así que como no pilláramos entrada nos podíamos ver tirados allí dos horas. Compramos la entrada (cinco euros) y casi inmediatamente llamaron para una visita en español.

El hombre era un sacerdote que nos explicó un poco la razón de las catacumbas y nos dejó con la boca abierta cuando dijo que solo en aquella hay cinco niveles y cerca de medio millón de personas enterradas y que casi no han explorado nada. Nos comentó que un par de meses atrás, a unos tres kilómetros de la entrada han encontrado una iglesia subterránea con capacidad para tres mil personas. Una auténtica pasada. Después de explicarnos los conceptos básicos y la simbología que podíamos encontrar en el lugar entramos. Algo estúpido y que no puedo entender es que prohiben hacer fotos en el interior. Allí solo hay pasillos vacíos y no te dejan hacer fotos. Descendimos a las catacumbas, un lugar fresco y donde se respira el mismo aire que hace cientos de años.

Cerca de la entrada está el punto en el que estaba enterrada Santa Cecilia, patrona de la música y hay una copia de una estatua en la que se muestra como la encontraron, degollada. Esa mujer era una patricia y bajo los terrenos de su familia fue donde se construyeron las catacumbas. En las mismas se refugiaban los cristianos y eran enterrados cuando morían. Parece ser que la única que apareció incorrupta fue Santa Cecilia (cuando la encontraron). Después de ver su tumba seguimos por pasillos estrechos atestados de nichos vacíos (han quitado los restos y los han bajado a niveles inferiores) y pudimos ver capillas y otros lugares de oración. Un par de veces me dejé ir y me perdí junto a otro hombre para poder hacer alguna foto del sitio. En una de esas ocasiones él se quedó atrás y yo encontré una habitación pequeña con una reja. Estaba muy oscuro y me puse a tomar fotos y el colega volvía apurado y no me vio hasta que me moví y se debió pensar que era alguno de los muertos que moran en el lugar. Se quedó blanco como el papel de la impresión. Nos reincorporamos al grupo y seguimos como si no hubiera pasado nada. La visita acaba en un lugar en el que normalmente dan misa. El guía nos suministró un montón de información y la verdad que la visita a las catacumbas es impresionante. Se ve lo fácil y relajado que es seguir la religión cristiana hoy en día y lo jodido que era en aquellos tiempos.

Al salir a la superficie volvimos a la parada de la guagua y nos llevó de vuelta a la estación Pirámide, llamada así porque hay una pirámide de verdad en aquel lugar. Aprovechamos para comer por aquel sitio pero la verdad que el bar al que fuimos fue una porquería. Después de comer tomamos el metro hasta la estación de Circo Máximo y visitamos sus ruinas, básicamente un enorme campo de césped a la vera del Monte Palatino. Aquel lugar lo inundaban y hacían hasta batallas con barcos en la época romana. Desde allí caminamos hasta las Termas de Caracalla, otro lugar que yo quería visitar. No están muy lejos y son IM-PRE-SIO-NAN-TES. Las ruinas te dan una idea de lo absolutamente brutal que debía ser aquel sitio cuando estaban en funcionamiento. Unos edificios enormes, llenos de arcos que aún se mantienen en pie y con unos suelos y unas paredes ricamente adornadas. Si tenéis la oportunidad, las termas de Caracalla debería estar en vuestra lista de lugares a visitar porque es algo increíble.

Volvimos al metro y puesto que hacía un bochorno horrible hicimos como el día anterior y nos recogimos por una hora y media para dormir la siesta y de paso esperar que amainara el calor. Al llegar a Termini nos topamos con el comienzo de la manifestación en contra de George Bush organizada por el partido comunista. Había un montón de banderas cubanas y pancartas poniendo al presidente americano de vuelta y media. Por culpa de esto cerraron completamente la estación de tren y gran parte de las estaciones de metro. El colapso circulatorio en la zona era completo.

Como veo que el relato de este día se va a extender mucho más de lo previsto inicialmente, lo dejamos aquí y continuaremos con las actividades de la tarde en el siguiente capítulo.

Este relato continúa en El Panteón, San Ignacio de Loyola y la protesta en contra de Bush.

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Visitando el Vaticano y la Plaza de España

Llegas al segundo día de este viaje y si aún no te has puesto al día, te sugiero que retrocedas hasta Casi todos los caminos conducen a Roma. Al final de cada capítulo encontrarás un enlace al siguiente.

En nuestro segundo día teníamos planeada la visita al Vaticano. Aprovechando que estábamos al lado de la estación cogimos el metro. Hay diferentes tipos de billete, por cuatro euros se puede comprar uno válido para todo el día y por un euro uno que vale para un viaje en metro o setenta y cinco minutos de transporte (combinado con autobuses). Las dos líneas de metro que tiene la ciudad tienen un buen servicio, bastante frecuente y siempre atestado de gente. Nos bajamos en la parada de Ottaviano y desde ahí caminamos hacia la Plaza de San Pedro. En el lateral había una cola de impresión que nos hizo temer lo peor. Allí había miles de personas. Pensé que tendríamos que renunciar pero más tarde descubrimos que era para el Museo Vaticano. Entramos en la Plaza de San Pedro y cuando te ves rodeado por las columnas de esa colosal plaza diseñada por Bernini sientes el poder de Dios. Todo el lugar es majestuoso. Había cola para entrar en la Basílica pero iba ligerita. Hay que pasar un control de seguridad aunque es un poco de risa. Las mujeres ligeras de ropa son ivtiadas a cubrirse los hombros y las piernas y si por casualidad lleváis pantalones cortos también os pueden dar el toque, depende mucho de quien esté controlando en la puerta. Como ya me lo habían avisado me compré antes de viajar unos pantalones de esos a los que se les puede quitar la parte inferior y así poder pasar sin problemas. Si quieres ir a la Basílica no hay cola ninguna y es gratuito. La visita a las Tumbas de los Papas también es gratis y tampoco hay cola. Nosotros queríamos subir a la Cúpula, esa joya diseñada por Miguel Angel. En total, entre la cola de seguridad y la de las entradas para el cúpula estuvimos casi una hora hasta que pudimos entrar. Nos compramos la entrada que incluye ascensor para ahorrarnos doscientos escalones. Parece que no pero cuando te vas a patear una ciudad en tres o cuatro días, cualquier pequeña ayuda se agradece. Es una cúpula doble y vas subiendo entre ambas. Merece la pena porque al llegar arriba hay una vista increíble de la ciudad y del propio Vaticano. Desde allí bajamos a la parte superior del Vaticano en donde también se pueden hacer muchas fotos y recuperarte de la paliza.

Al visitar el interior de la Basílica de San Pedro me impresionó la Piedad de Miguel Ángel, la cual está protegida por un cristal por culpa de un energúmeno que la atacó hace unas décadas. Ese hombre era un genio, sus estatuas parecen vivas. El Baldaquino de San Pedro es algo que te deja sin aliento. Bernini diseñó esa estructura con las cuatro columnas que parecen flotar en el aire y que preside un altar. Imagino lo que sentía la gente hace unos cientos de años cuando entraba allí. Se puede sentir el poder de Dios y de los hombres que fueron capaces de crear algo tan bello. Hay un montón más de tesoros en el interior de la Basílica, prácticamente no queda rincón en el que no haya algo único e irrepetible. Pese a la gente te sientes solo, abrumado por las dimensiones colosales del recinto. Imagino el orgullo que debe sentir cualquier Dios al que dedican ese templo.

Cuando acabamos la visita bajamos a los sótanos para ver las Tumbas de los Papas. La más impresionante, sin lugar a dudas es la de San Pedro pero la que atrae más gente rezando es la del Papa Juan Pablo II, el cual está muy cerca del primer Papa. Yo sentí más curiosidad por Juan Pablo I, el primer Papa con un nombre compuesto y que solo disfruto del empleo por treinta y tres días y de quien se rumorea fue envenenado por ser considerado un revolucionario.

Descansamos un rato en la Plaza de San Pedro y al abandonar el Vaticano buscamos un lugar para almorzar por la zona. El sol pegaba a destajo y tras almorzar y pegarnos un helado decidimos pasar de la cola del Museo Vaticano y reposar en el hostal hasta que la calor dejara de apretar.

Tras la siesta volvimos a coger el metro y nos fuimos a la Plaza del Pueblo. Desde allí queríamos recorrer parte de la ciudad. En la Piazza del Popolo hay un obelisco egipcio enorme que fue traído a la ciudad en el año diez antes de Cristo. En la plaza estaban preparando un escenario para algún tipo de evento y así fue como supimos que George Bush visitaba la ciudad ese fin de semana. Desde allí fuimos caminando hasta la Plaza de España, con sus famosas escalinatas siempre abarrotadas de gente. Junto con la Fontana di Trevi debe ser uno de los lugares obligatorios para cualquier visitante de la ciudad. Una vez subes las escalinatas te encuentras con la Santissima Trinità al Monte Pincio, una iglesia preciosa en la que al entrar descubrimos un montón de monjas tapadas con unos burcas blancos que cantaban una misa. La escena resultaba surrealista. Desde la entrada de la iglesia hay unas vistas preciosas de la ciudad con todas esas cúpulas de iglesia.

Continuamos nuestro paseo por la Via Condotti que debe ser la milla de oro de la ciudad, con las mejores boutiques y que yo recuerde la única calle asfaltada decentemente. Era un festival de la Alta Costura y los coches que circulaban por allí no eran los típicos de clase media. Fuimos al Mausoleo Augusto el cual rodeamos caminando y a su vera se desarrollaba algún tipo de congreso sobre el software libre, con los típicos frikis de barbas mal cuidadas y una ausencia absoluta de mujeres. Los informáticos deben ser los monjes del siglo veintiuno. Donde ellos se reúnen no se acercan las mujeres, al menos las de verdad, que huyen espantadas sabedoras que de ellos no puede salir nada bueno.

Nos asomamos para ver el Río Tíber y seguimos andando por su vera hasta llegar al Puente de Umberto I desde el que hay una hermosa vista dle Castillo de San Angelo y de la Basílica de San Pedro. Entre callejuelas y mucho tráfico llegamos a la Piazza Navona, de estilo barroco y con tres fuentes soberbias. Lugares como este nos recuerdan que antes el arte se dejaba en las calles para que la gente lo pudiera admirar y ahora acaba siempre en museos y al alcance de una minoría.

Detrás de la plaza está el Palazzo Madama, un edificio bastante sobrio y que hospeda al Senado italiano. Desde allí fuimos al Panteón pero ya comenzaba a hacerse tarde y nos lo encontramos cerrado, al igual que un par de iglesias que queríamos ver. Bajamos hacia la Piazza Venezia junto a la que está el Palazzo Venezia y decidimos caminar por ese lado de la ciudad y buscar algún sitio para comer por allí. Llegamos al Area Sacra mientras anochecía. Son unas ruinas de algún templo. Más que las ruinas lo que impresiona es la cantidad asombrosa de gatos que viven en las mismas. Creo que conté más de veinte. Se han apoderado del lugar y retozan a su antojo.

Nos perdimos por callejones del barrio hasta que encontramos un restaurante de nuestro gusto en donde procedimos a cenar. Tras la comida volvimos hacia el Puente de San Angelo e hicimos fotos de la Basílica de San Pedro de noche y también del Castillo de San Angelo. Roma es una ciudad que hay que caminársela de día y de noche porque encierra miles de preciosidades y lucen totalmente distintas al anochecer. Huelga decir que estábamos muertos y nos pusimos a esperar la guagua en una parada. Confiábamos en comprar el billete al entrar pero cuando apareció el autobús solo tenía máquinas para validar los billetes. Unos amables turistas españoles nos explicaron que hay que conseguir los billetes en estancos y bares pero no hubo ningún revisor y logramos llegar a nuestro destino sin más problemas. Nuestro segundo día en Roma acabamos muertos del cansancio.

Este relato continúa en Las Catacumbas y las Termas de Caracalla.

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El día que vi el Coliseo y al Papa

Cada viaje tiene un relato y este a Roma comenzó en Casi todos los caminos conducen a Roma. Al final de cada capítulo encontrarás un enlace al siguiente.

Al salir a la calle en Roma, justo a las dos y media de la tarde, hacía un montón de calor. Queríamos buscar un sitio en donde comer y deambulamos en dirección hacia el Coliseo sin mucha suerte. Cerca de nuestro hostal encontramos una trattoria pero ya tenían la cocina cerrada. Parece que en Italia los horarios tardíos para comer no se estilan. Encontramos otra en la que nos dijeron que solo podíamos pedir pizzas y como de lo que se trataba era de seguir camino lo antes posible no nos importó. Tras la comida continuamos por un parque en el que se encuentra el Domus Aurea, la residencia creada por Nerón tras el fuego que arrasó la ciudad. Íbamos bajando una pequeña pendiente y casi al llegar al final aparece majestuoso, una obra impresionante que ha sobrevivido veinte siglos, un lugar único y que debería ser una de las maravillas del mundo. El COLISEO romano. Sientes un revolcón en el estómago al pensar que en aquel mismo lugar hace un suspiro combatían hombres contra bestias, hombres contra hombres y sesenta mil personas aullaban desde las gradas. Las colas para entrar eran de vértigo pero ya me habían soplado que hay una forma de evitarlas. Daría las uñas negras de los pies por poder retroceder en el tiempo y asistir a uno de esos espectáculos.

Primero subimos al Foro Romano y desde allí teníamos una visión increíble de las ruinas romanas y de la ciudad. En este mismo lugar estaba el centro del imperio romano, con templos de todo tipo. A sus pies el Coliseo. Comentar que la visita al Foro Romano es gratuita y se puede caminar por allí. Supongo que para el visitante ocasional que no quiera perder mucho tiempo es más que suficiente. A un lado están las taquillas para entrar en el Monte Palatino. Lo que mucha gente no sabe es que la entrada al Monte Palatino es combinada con la del Coliseo y que allí NO HAY COLAS, así que compramos nuestro pase y entramos a ver las ruinas. Los primeros cinco minutos son legendarios. Ves una fuente junto a la que sabes que flirteaban los romanos y aún sigue con su agua como si por ella no pasaran los años. Después caminas entre arcos y estatuas admirando las construcciones de esta gente que parecían saber hace dos mil años que sus obras sobrevivirían al tiempo. Las ruinas son muy extensas y para alguien inculto como yo sucede como con los museos, que me saturo y después de un rato pierdo la capacidad de sorprenderme. Elegimos no seguir un recorrido con guía aunque había un montón de ellos y en casi todos los rincones podíamos escuchar a alguien explicando algo. Para aquellos incultos como yo decir que el Monte Palatino era una de las siete colinas de la ciudad y desde allí se puede disfrutar de una vista increíble. En ese lugar estaba el templo de la Triada Palatina. Es absolutamente increíble.

Acabamos nuestro paseo dentro de las ruinas y volvimos al Coliseo. A la entrada la cola era de cientos de personas, todos los borregos que no saben lo de la entrada combinada y la ausencia de colas un par de cientos de metros más allá. Mejor que sigan en la inopia. Llegamos al comienzo y usamos nuestras maravillosas entradas para pasar al interior. El Coliseo despierta recuerdos de un montón de películas y particularmente de Gladiador, puedes escuchar el rugir de las fieras y del público en tus oídos. La visión del interior es increíble. Este edificio conserva intacto todo su encanto, es una joya. Te da miedo rozar las paredes y pasar las manos por sus muros porque sabes que aquello es Historia, allí se escribió el sino de Europa.

Tras esta toma de contacto única e irrepetible con la ciudad de Roma caminamos hacia el centro de la ciudad. Pasamos al lado del Monumento a Victor Manuel II y como nos apetecía un helado fuimos a una de las heladerías recomendadas en mi guía, una famosa que ha aparecido en algunas películas. El helado fue fantástico y con la barriguita llena y el corazón contento seguimos el paseo en dirección a la Fontana di Trevi. El sitio está atestado de turistas y un policía (o agente de seguridad) trata de impedir que la gente se siente al borde de la fuente. Los americanos se la pasan lanzando monedas al agua, tradición que parece garantizar el retorno a la ciudad. Yo no necesito tirar monedas para saber que volveré. La fuente es preciosa y debe ser un lugar increíble en la madrugada, sin la muchedumbre (si es que eso llega a suceder alguna vez). A partir de ese momento seguimos un itinerario aleatorio que nos llevaba por callejones y lugares exóticos de la ciudad, sin pretender encontrar ningún sitio en específico. Un grupo de cubanas buscaba marido y aprovechaban para hacerse fotos con un camión horrible de fondo. El delito era aún mayor porque a su derecha tenían un precioso edificio que engrandecería su foto, la Galleria Nazionale d’Arte Antica in Palazzo Barberini. Un par de italianos a la sazón los camioneros, trataron de explicarles que con un ligero cambio de ángulo la cosa iría a mejor pero ellas lo entendieron como una posibilidad real de encontrar marido y una en específico sobó al hombre hasta donde no está escrito. El Papito se dejaba tocar y se hacía fotos con ellas sonriendo con esa boca de dientes escasos y más bien tirando a negro.

Algunas de las casas tenían una entrada hacia un patio interior en el que podíamos ver hermosas fuentes desde la calle y entramos a hacer fotos. Por ejemplo en el instituto británico (o algo parecido). También pasamos por una esquina flanqueada por dos fuentes. Roma parece haber sido adornada a lo largo de los siglos por los diferentes gobernantes que en lugar de destruir, construían sobre lo anterior. Por supuesto cada dos pasos te tropiezas con una iglesia pero por el momento no entramos en ninguna.

En nuestra ruta llegamos junto a la iglesia de Santa Maria Maggiore y al rodearla haciendo fotos vimos que habían puesto unas vallas. Le preguntamos a la plebe y resultó que el mismísimo Papa de los Católicos iba a visitar el lugar. Nos agarramos a la valla y lo esperamos mientras el sitio se llenaba de turistas y beatas que viendo la hora de su encuentro con el ilustre jefe de la iglesia se les aceleraba la ovulación y se acicalaban como si esperaran ligárselo. Estuvimos una hora allí y cuando estábamos por renunciar comenzaron a aparecer curillas de tres al cuarto que se ubicaban más cerca del escenario, seguidos por una gente con banderas y mucho canto y tras ellos un atajo de obispos que no veas a los que sucedieron un huevo de cardenales que hacían prever lo inminente. Se oye un tumulto y allí llega, el coche del Santo Padre, con el abuelete saludando como podía. Se le ve muy viejo, yo diría que este no sobrevive a la próxima gripe. Lo bajaron entre dos gorilas porque si no nos dan las uvas allí y una vez en el suelo, lo pusieron en marcha y salió andando hacia el altar que habían montado en la calle, parecía una muñequita de Famosa yendo al portal. La gente estaba fuera de si. En el altar le dio un par de besos a algo y nosotros decidimos marcharnos porque ya era tarde y no estábamos para misa. Según vamos andando por la calle vemos que un montón de monjas también le dan la espalda y se marchan. Mientras luchábamos con el populacho para salir de allí la gente nos miraba como si fuéramos encarnaciones del demonio por no quedarnos al espectáculo completo. Cuarenta segundos más tarde (o quizás treinta) toda la multitud se echa a andar siguiéndonos. Parece que el espectáculo era esperar la llegada del colega, el saludo, el beso a algo en el altar y puerta para todos y si os he visto no me acuerdo.

Pasamos por nuestro hostal, agarré el trípode y nos pusimos en ruta para buscar un sitio donde cenar y después ir a hacer fotos del Coliseo por la noche. Encontramos ese sitio por la Vía Cavour, cerca de la parada del metro del mismo nombre. Era otro restaurante italiano de esos para turistas. Desde allí seguimos el paseo hasta el Coliseo y me desmadré haciéndole fotos por la noche. Es simplemente hermoso. La magia de las luces lo vuelve impresionante. Subí de nuevo al Foro Romano pero estaba cerrado y me tuve que conformar con hacer fotos desde la valla.

Cuando estábamos en el Coliseo me di cuenta que me había dejado olvidada mi guía Lonely Planet en la terraza en la que cenamos y cuando pasamos de vuelta ya habían cerrado y allí no había nada, así que el resto del viaje lo hicimos sin la guía, con un mapa y aquello que podía recordar de mi lectura de la misma. Así fue nuestro primer día en la maravillosa y fascinante ciudad de Roma.

Esta historia continúa en Visitando el Vaticano y la Plaza de España

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