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Volando a las Maldivas desde Viena

Esto parece una orgía. Después de tanta sequía, ahora el Ancestral se está empapando una gran parte de los vídeos de despegues y aterrizajes que he hecho durante los meses anteriores y que estaban esperando el momento oportuno para bajarse desde la nube del GooglEvil. Hoy le llega el turno al pistoletazo de salida de los vídeos de la semana que pasé buceando en las Maldivas y como no podía ser de otra manera, todo comienza con un vídeo aéreo, aunque por pereza, por dejadez, por gandulismo y porque me quedo dormido antes del despegue, solo tenemos uno, el del aterrizaje en Malé, la capital de las Maldivas, que es seguramente el vídeo más espectacular y tal y tal que hemos visto desde la resurrección de Cristo Rey y su ascensión al cielo ese en el que no se permite la entrada de la chusma y la gentuza truscolana, ralea repugnante y vomitiva.

Este documento es tan asombroso que hasta viéndolo con los ojos cerrados impacta y claro, para algo tan especial la única música que se puede usar es la canción Without You de David Guetta con Usher.

Si a mí me dicen que a Virtuditas se le cambó la peluca viéndolo en su coche mientras se moldeaba el culo con el mismo para seguir siendo culocochista, yo me lo creo una y mil veces. Volviendo al vídeo, el avión tenía todavía hielo en la ventana y por eso hay ratos enfocados y ratos que no y la imagen se acelera y se frena en los momentos con vistas espectaculares que se aprecian mejor a pantalla completa. En el arranque tenemos uno de esos círculos con islotes, atolones y todo lo dem´sa que son de fábula y cuando el avión gira lo podemos ver en toda su gloria porque por desgracia me tocó de nuevo el ala que lo jode todo. Para cuando llegamos a Malé, que es el islote mega-edificado de la izquierda y que tiene un puente que lo conecta al aeropuerto, que es otra isla y que está conectado con Hulhumalé que es una isla artificial que inauguraron recientemente y que fue en donde me quedé la última noche antes de volver. Parece difícil de creer pero en un lugar que tiene un par de kilómetros de largo hay unos atascos de escándalo porque hasta la que te hace las uñas negras de los pies se compró coche, que esa gente son super-hiper-mega ecologistas y quieren contribuir al cambio climático y ponen su granito de arena. En resumen, un inicio épico para una serie que va a tener vídeos con tiburones y rayas Águila que no os lo vais a creer, ni aunque os lo jure por las bragas más polutas de Mafalda.

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Desde Malé a Utrecht pasando por Zurich

El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

Si el día de la partida todo es alegría y cosa buena, el del regreso se hace muy pesado porque sabes que al final del todo, te espera el final de las vacaciones. El motivo para tener el hotel en Hulhumalé era el llegar al aeropuerto a tiempo y ese día me levanté a las seis de la mañana o cinco horas antes de la hora Virtuditas. Como siempre, jiñote, ducha y similares y a las seis y veinte ya estaba andando a la parada de la guagua que me llevaría al aeropuerto y que debía llegar a las seis y media, aunque lo extraño y fascinante es que en todas las paradas aparecía la misma hora, algo imposible. Llegó a las seis y treinta y dos minutos y venía petada, tanto que solo dejaron subir a cinco o seis y el cobrador se bajó, llamó a la central e informó del asunto, cerró la puerta y él se quedó con nosotros mientras la guagua se fue con los afortunados. Hubo gente que desistió de usar este transporte público y optó por taxis pero lo cierto es que en seis minutos llegó una nueva vacía que siguió con la ruta y llegamos al aeropuerto sobre las siete menos diez. Allí, lo primero que se me ocurrió es que quizás era una buena idea desayunar, pero cuando vi los precios de los negocios, pasé, ya que con diferencia es el aeropuerto más carero en el que he estado y por una basura de comida. Pasé un primer control de seguridad, me dieron mis tarjetas de embarque, pasé el control de pasaporte y un segundo control de seguridad y ya estaba en la zoa insegura del aeropuerto, que es minúscula. Me compré un café a precio de cubata en puticlú de centro de ciudad y como tampoco tenía tanta hambre, podía esperar al avión. Un rato después aparecieron las dos españolas que bucearon conmigo y que regresaban ese día a Madrid pero parando en Oriente Medio. Estuvimos hablando y ellas embarcaron antes que yo. Cuando por fin nos llegó nuestra hora, subí a la guagua que nos llevó al avión, un Airbus A330, viejuno y al que habían refrescado la zona de los asientos. La aerolínea era Edelweiss que al parecer pertenece a Swiss y por consiguiente, a Lufthansa. Conseguí ventana, casi al final y nadie se sentó a mi lado, que me he vuelto un experto en encontrar esos asientos. Salimos con veinticinco minutos de retraso por culpa de lo diminuto que es el aeropuerto, ya que no dieron permiso de despegue hasta que aterrizaron dos aviones que venían en camino. El piloto nos informó de esto y nos dijo que pese al disgusto inicial, llegaríamos en hora. Después del despeque se pueden ver los atolones y las islitas, super-hiper-mega bonito e hice fotos y hasta estiré el vídeo del despegue como el chicle para que se vea todo esto. Al llegar a la altitud de crucero, nos dieron un aperitivo seguido de un almuerzo a las once de la mañana y como mi plan era no dormir, estuve nueve horas viendo episodios de series de televisión que llevaba en mi Ipad, jugando al ZUMA en la pantalla delante de mi asiento y comiendo, que nos trajeron más aperitivos, nos dieron helados y de cuando en cuando me daba un garbeo al baño para caminar. El vuelo no tuvo turbulencias, algo increíble. Pasamos por encima de prácticamente todas las tierras en las que se cultivan los terroristas-musulmanes. Al llegar a Zurich, estaba nublado y en el aterrizaje no se vio una mierda. Ya aviso que el aeropuerto de Zurich ya está en mi lista de los que no me gustan. Llegamos por una terminal satélite y teníamos que ir a la principal para la conexión. En mi caso tenía una hora y aún así, casi me desquicié porque al llegar al control de aduanas, tenía veinte personas por delante y aquello no se movía, que mierda de servicio prestado por retardados e ineptos. Hubo gente que perdió sus vuelos por culpa de esos pollabobas que se tomaban minutos por persona, para hacer un nuevo control de seguridad (con líquidos y productos electrónicos). Cuando ya pillé el tren que me llevó a la terminal principal, tuve que correr como una cabra por el monte para llegar a la puerta de embarque y el susodicho comenzó en los sesenta segundos de mi llegada. Entré al nuevo avión, un Airbus A321 de Swiss y de nuevo tenía asiento de ventana aunque justo en la fila que no hay ventana así que el vídeo se verá raro porque la ventana estaba por detrás de mí. A esas alturas era de noche y el vídeo del despegue será bien corto. El vuelo fue mucho más rápido de lo previsto porque desde Schiphol informaron al piloto que le dieron más prioridad al saber que el Elegido venía en el avión. Después de aterrizar, salí por patas del avión, pillé el siguiente tren hacia Utrecht y tuve tantísima suerte que fue llegar a la parada de la guagua, entrar en la misma y arrancó, con lo que llegué a mi casa sobre las ocho de la tarde, o unas dieciocho horas después de levantarme. Conseguí no dormir en ningún punto del camino con lo que el agotamiento seguiría su curso, sobre todo porque para mi cuerpo era la medianoche y así acabó la semana de buceo en las Maldivas.

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Despidiéndome de los tiburones en Kandooma Thila

El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

Mi último día en Guraidhoo tenía muy limitadas las inmersiones de buceo por culpa del tiempo que hay que dejar pasar entre la salida del agua y el volar en avión, que PADI estipula en 18 horas pero todos los computadores de buceo y mucha gente pone en 24 horas. Así, como mi vuelo el domingo era a las diez menos diez de la mañana, podía hacer una inmersión e ir con el perfil seguro, aunque si soy honesto, yo habría hecho la segunda, solo que sabía que sería en algún sitio poco interesante y por eso pasé. Me levanté temprano y llegué al club de buceo a las siete y media. Al final se apuntaron dos más, dos españoles, uno que es muy nuevo y ya había ido a Kandooma Thila el día anterior y otro que comenzó a bucear con nosotros el día antes y que pese a lo que él cree, buceando es un mierda, no tiene flotabilidad alguna, en lugar de ir horizontal va prácticamente en posición de pie y en la tercera inmersión del día anterior, enturbiaba el agua al mover la arena (algo malo) y aún peor, en al menos tres ocasiones le vi arrear un aletazo a los corales y romperlos (un pecado mortal). Cuando le comenté que ya se podía poner a mejorar su flotabilidad se lo tomó a mal, así que lo puse en mi lista negra de truscolanes y a partir de ahí, como si no existiera, que el necio y el soberbio son dos especies que no me interesan. Por desgracia bajaba conmigo pero me las apañé para no estar jamás a su lado. Llegamos al lugar de la inmersión, no hábia demasiada corriente, como los dos días anteriores y saltamos. Ya comenzó con el pollaboba siendo incapaz de hacer un descenso negativo, a todo meter hasta el fondo. Para cuando llegamos, busqué un sitio para ver el espectáculo de tiburones y águilas marinas moteadas que era fabuloso. También vi un par de tortugas enormes, morenas, al menos cuatro atunes y un Napoleón, sin contar con los dos bancos de peces, el de Giant Trevally y el de Bigeye Trevally. Ya cuando bajamos a codearnos con los tiburones, muchos más que el día anterior y muy bien. Estuvimos bajo el agua, como siempre, unos cuarenta minutos, en ese lugar las inmersiones no pueden ser más largas. Al salir, aproveché para tomar un pelín del único sol que hubo en el día. Al llegar al puerto, fui a desayunarme y después regresé al club de buceo para pagarlo todo y finiquitar y que me firmaran mi bitácora de inmersiones, la tercera y que parece que acabaré pronto. En estos instantes estoy en ciento cincuenta y seis inmersiones. Después hice la bolsa y salí para pasear un rato pero comenzó a diluviar y tuve que quedarme en el complejo en donde está la habitación, charlando con los Dive Masters que también estaban allí. En toda la mañana no paró de llover. Sobre la una, fui a almorzar porque mi barco era a las dos y media y después llevé mi bolsa al club de buceo. En ese rato también aproveché para facturar para los dos vuelos del día siguiente y cierto Ancestral se alegrará de saber que tengo asiento de ventana en ambos vuelos (contando que en esa fila haya ventana, que a veces no las hay). A las dos y cuarto vinieron todos a despedirse al barco conmigo y salió a las dos y media a todo meter hacia Malé. Llegué sobre las tres y cuarto al aeropuerto, lugar desde el que podía coger la guagua para ir a Hulhumalé, la isla artificial que han hecho junto al aeropuerto y que está llena de hoteles. La guagua me dejó cerca de mi hotel, me registré y después salí a pasear y ver la isla, que no hay mucho. Vi la mezquita, el parque que tienen, la playa y poco más. Mirando en los restaurantes, todos tenían locales salvo el de la calle de mi hotel así que decidí cenar en ese y no arriesgar una tremenda diarrea antes de volar. Tras la cena me retiré a la habitación porque la mañana siguiente comenzaría bien temprano. En resumen, que ya estoy dando pasos para volver a casa, aunque aún estoy en las Maldivas.

El relato acaba en Desde Malé a Utrecht pasando por Zurich

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Prácticamente al final de la semana de buceo

El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

Al contrario que todo lo malo, que nunca se acaba, lo bueno parece venir en dosis breves y mi semana de buceo llega al último día completo de buceo, aunque empotraré una inmersión más en la mañana del día que me voy hacia la capital para esperar el avión que hará el primero de los segmentos de mi regreso. En este último día, todos sabían que yo quería ir a bucear por la mañana a primerísima hora a Kandooma Thila, el sitio en el que siempre vemos un montón de tiburones. Se apuntaron tres más, lo cual me preocupó un poco porque dos no tienen la experiencia para bajar allí pero nos dividieron en dos grupos y a los novicios los pusieron con uno y se quedaban flotando por encima de nosotros. También adelantaron en media hora la salida para aprovechar la marea. A las ocho estábamos prácticamente a punto de entrar en el agua y seguramente Genín ni se había acostado ya que para él debía ser las cuatro de la mañana. Bajamos y cuando el día anterior aquello estaba petadísimo de tiburones, hoy no había corriente y tampoco muchos tiburones, solo un par de decenas. Sobre nosotros sobrevolaban las águilas marinas moteadas pero demasiado alto salvo por una que estaba jugando con las corrientes e hizo un espectáculo fantástico frente a nosotros. En la parte de la inmersión en la que llegamos a la estación de limpieza de tiburones, había una fila de unos siete tiburones que cuando les llegaba su turno, abrían la boca para que los pececillos les limpien los dientes mientras por detrás hay otros esperando, un flipe que no veas. Me recordó que a mí me limpian mi dentadura el lunes por la tarde, después de regresar el domingo por la noche. Después de salir, fui a desayunar y hoy cambiaron el desayuno de huevo frito, tostadas y salchichas por uno más típico del país, con unas tartas finas, una tordilla francesa y un mejunje hecho de cebolla, coco y atún de lata. Estaba riquísimo. La segunda inmersión fue en Loshfushi Kandu, en donde también había estado y allí vi varias morenas, varias tortugas, un pez Napoleón gigantesco que me dejó acercarme un mo?ton y unos bancos de peces espectaculares.

Después de regresar el plan era ir a almorzar pero por ser viernes al parecer todos los negocios cerraban unas horas entre el mediodía y las tres o las cuatro de la tarde, así que nos tuvimos que joder pero en el hostal nos hicieron algo para matar el hambre. La tercera inmersión fue a un lugar nuevo, Dhandi Giri, otra especie de pináculo sumergido. Flipé con los corales, en ese no se han muerto y el sitio es precioso. Vimos un pez hoja, que son siempre fascinantes, un pulpo que se escondió, alguna morena y entre los corales, millones de pececillos pequeños, todo un espectáculo. Buceábamos con uno que solo tiene trece inmersiones y que el pobre lo de la flotabilidad lo lleva fatal. Cuando salimos me estaba diciendo que en algunos sitios el agua estaba turbia y le expliqué que él con su meneo de aletas era el que estaba revolviendo la arena del fondo marino del agua del mar, que el agua no estaba turbia hasta que él pasaba por allí. Preferí no decirle que en varias ocasiones golpeó y rompió algún coral. Yo acabé por alejarme de él porque me estaban dando ganas de ahogarlo en el agua.

Después de la tercera, apalabré mi transporte a Male para el día siguiente, confirmé que bucearía con ellos por la mañana y me di mi paseo habitual por la isla, que ya todo el mundo me conoce y me saluda. Después fui a cenar. Ya solo me queda la inmersión de la mañana y se acaba la parte divertida de las vacaciones.

El relato continúa en Despidiéndome de los tiburones en Kandooma Thila