Mi primer día en Estocolmo, pateándome el centro histórico

El relato comenzó en Viajando a Estocolmo

Todos sabemos lo que viene a continuación pero también sabemos que no me lo voy a callar. Como siempre que escapo a algún lugar, la jornada comenzó al alba y por eso, antes de las ocho ya estaba en la cafetería encochinándome en el peor sentido. Como en Suecia todo es carísimo, el desayuno se convirtió en una bacanal en la que me hinqué tres platos petados con tostadas, embutidos, mermeladas, huevos revueltos y una montaña de beicon. Salí de allí preñado de trillizas cabezudas. Después me eché a la calle y comencé con un paseillo por el villorrio, tomándole el pulso. Pasé por el Kulturhuset y llegué al Kungsträdgården, un parque muy bonito e inmaculadamente limpio que a la hora a la que yo fui estaba vacío. Desde allí crucé el puente que me llevó a la isla de Helgeandsholmen en donde está el Riksdag, el edificio que alberga el parlamento sueco. El lugar es muy espectacular, sobre todo por el salto continuo entre islas minúsculas y por la forma en la que pese a los edificios enormes, no intimida, algo que no siempre consiguen en las capitales europeas. Allí aproveché para hacer un pequeño vídeo en el que se puede ver el edificio del parlamento y el pedazo de corriente que había en el agua que lo rodea:

Junto al Parlamento sueco en Estocolmo from Weyland Yutani on Vimeo.

Como aún era temprano para entrar en cualquier lugar, pasé de largo el Palacio Real y llegué a la isla de Riddarholmen en la cual está la Riddarholmskyrkan. No pude entrar porque están haciendo algún tipo de obra y la tienen cerrada pero le hice un pequeño panorama que la deforma un poco pero que quedó chulo:

La islita de Riddarholmen alberga varios palacios del siglo XVII (equis-uve-palito-palito) y forma parte del centro histórico. En la iglesia a la que no pude entrar entierran a esa gente que enferma de algo que llaman sangre azul y que acaban reinando, o sea, agitando la mano como mongólicos y con sonrisa boba mientras la gente los vitorea y gastan su vida sin hacer nada realmente productivo. Desde la misma isla hay una vista preciosa del Ayuntamiento de Estocolmo, uno de los edificios emblemáticos de la ciudad, creo que la bahía la llaman Riddarfjärden. Continúo con mi romance con los panoramas hechos con el iPhone y no me pude resistir y crear uno con el ayuntamiento reflejado en el agua y el otro lado de la bahía, lugar en el que estuve un par de días más tarde para hacer fotos desde lo alto, algo de lo que hablaré en su momento.

Riddarfjärden

Riddarfjärden, originally uploaded by sulaco_rm.

Seguí mi camino adentrándome en el corazón de Gamla stan que suena a rap pero que es el casco antiguo del villorrio, junto con las otras dos islas. Estuve en el Postmuseum el cual tiene una colección de sellos bestial y tiene el tamaño justo para no hacerse pesado y poder verlo en un rato. Seguí callejeando y llegué a la Tyska Kyrkan, la vieja iglesia alemana, una iglesia construida a finales del siglo XVI (equis-uve-palito) en un barrio que en ese siglo estaba controlado por los alemanes. Está dedicada a Sankta Gertrud. Su interior es muy recargado y definitivamente se ve la mano de los alemanes, que para estas cosas son los putos amos. Al salir seguí saltando de callejón en callejón tranquilamente hasta desembocar en la Stortorget, que paradójicamente significa la Plaza Grande pero que es una pequeña plaza muy cuca en la que se encuentra el que fuera el edificio en el que estaba la bolsa y que en la actualidad es el Nobelmuseet o Museo Nobel. El edificio es de finales del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito) y tiene información de los premios nobel. No me pareció gran cosa y si no es porque entré con la Stockholm card, me da una bajona de azúcar si llego a pagar la entrada para lo que te enseñan. Tienen prendas y objetos de los ganadores, algo que me pareció morboso pero bueno, hay gente para todo. La foto quedó rara porque el sol pegaba demasiado pero bueno, mejor esto que nada:

Stortorget

Stortorget, originally uploaded by sulaco_rm.

Fui a la Storkyrkan, la Catedral de San Nicolás de Estocolmo en la que hay una figura en madera de San Jorge y el dragón y que al parecer es un relicario que contiene restos del pobre San Jorge, al cual siguiendo las grandes tradiciones cristianas despiezaron después de que la diñó. En la iglesia también hay una copia de la pintura Vädersolstavlan hecha en 1632. Al parecer el original se perdió. Muestra la ciudad en el siglo XVI (equis-uve-palito). El altar es muy bonito y en la iglesia hay dos especies de palcos a nivel de suelo espectaculares para que se sienten el rey y la reina. Tras la iglesia me lancé de lleno a los diferentes museos que hay en el Palacio Real o Stockholms slott. Este es uno de los mayores palacios reales del universo y tiene mil cuatrocientas treinta habitaciones, aunque solo seiscientas sesenta con ventanas. El edificio es sencillamente enorme. Estuve en los Apartamentos Reales o Representationsvåningarna, el Museo Tre Kronor, el Museo de antigüedades de Gustav III o Gustav III:s Antikmuseum, la Armería Real, el Tesoro o Skattkammaren y seguramente me estoy dejando alguno atrás. En la foto podemos ver parte del palacio, del lado en el que está la Armería y al fondo la Catedral de Estocolmo:

Stockholms slott

Stockholms slott, originally uploaded by sulaco_rm.

En la misma zona está el Myntkabinett o el Museo Real de la Moneda que al parecer es uno de los más viejos de la ciudad y va de guita, o sea, leuros y similares. No tienen pensado poner el trusco, la moneda de truscoluña porque no es nación y tampoco exponen los billetes más falsos que Judas del Monopoly. Ya saliendo de la zona entré a ver el Medeltidsmuseum o Museo del Estocolmo Medieval, al cual se entra bajando al nivel del agua en el puente de la isla del Parlamento. Este museo se centra en la ciudad (o el villorrio) entre los siglos XIII (equis-palito-palito-palito) y XVI (equis-uve-palito). Está muy bien. Pasé por la Sankt Jacobs kyrka pero no pude entrar porque justo en ese momento había algún evento. En otras dos ocasiones en las que estuve por allí tampoco la pillé abierta. Por detrás de esta está el parque Kungsträdgården en el que ya había estado por la mañana y ahora me lo encontré petadísimo de gente.

Fui en guagua hasta la isla de Skeppsholmen para rematar la tarde allí y visité el Ostasiatiska Museet o el Museo de las antigüedades del lejano oriente en el que tienen una colección de cosillas de China, Japón, el país de los cabezudos koreanos de mierda y otros de la zona. Está bien, aunque particularmente me gustó más el edificio. Después y ya que estaba pateándome este islote, entré en el Arkitekturmuseet o Museo de arquitectura por el que fui volando ya que lo de las maquetas no me motivó y acabé en el Moderna Museet o Museo de Arte Moderno, del que puedo decir que como inculto y cacho de carne con ojos que soy, me pareció una puta mierda del copón y casi todo lo que tienen allí dentro yo lo catalogo como puritita basura que por no poder, no se puede ni reciclar. Lo mejor fue el paseíllo por la isla, con unas vistas espectaculares de los alrededores y también el aún más pequeño islote de Kastellholmen, al cual está conectado por un puente y en la que hay un pequeño castillo. Desde allí fui a pasear por el barrio Östermalm, callejeando sin un objetivo fijo.

Ya se acercaba la hora de cenar y curioseé por el Östermalmshallen, una especie de mercado con puestos que tienen comida preparada pero no me acabó de convencer. Opté por ir a cenar en el Kungshallen, que tiene un concepto de esos estilo Food Court y aunque es caro, no te pegan una clavada de rescándalo. De hecho, creo que la comida me costó algo más de diez leuros y era un plato de comida libanés que estaba muy bueno. Ya oscureciendo, recorrí de nuevo varios de los lugares en los que había estado para verlos por la noche e hice algunas fotos, como ésta en la que se puede ver el ayuntamiento de Estocolmo y el festival de colores que sucedía en ese momento:

Después de callejear tanto, regresé al hotel porque al día siguiente me esperaba otra jornada maratoniana.

El relato continúa en El segundo día con la visita al Vasa

Viajando a Estocolmo

El fin de semana pasado fue mi primera escapada para conocer un nuevo lugar. Este año ya he tenido dos, aunque eran de las que podemos catalogar como sociales, visitando a mi amigo Sergio y su familia en Málaga y yendo a casa del Turco en Estambul para ir un par de veces al cine y pasar menos de dos días con ellos. En este caso y aunque suelo tirar siempre para el sur, opté por subir más al norte e ir a la capital de Suecia, la ciudad de Estocolmo, una que no despierta mi curiosidad como pueden ser las ciudades italianas pero que igualmente estaba en mi lista de sitios que hay que ver al menos una vez en la vida. Desde los Países Bajos se puede llegar con Norwegian, compañía que ya usé cuando estuve en Copenhague y resultó que tenían billetes a muy buen precio, así que hace unos meses ya tenía mi billete. Esa fue la parte barata. Los hoteles en Estocolmo deben forrarlos de papel de oro porque los precios son de res-cándalo. Después de pegarme un mes mirando y mirando, comparando, leyendo, volviendo a comparar y demás opté por pagar un poco más y evitar los barcos, los cuales parecen ser la opción más popular entre la gente que quiere alojamiento económico. Era o eso o un dormitorio con multitud de camas, algo que sí que no me va. La diferencia total de precio entre tres noches en un barco con cutre-desayuno, habitación minúscula y baño compartido o habitación minúscula con mi propio baño sobre la terminal a la que llegan los trenes y autobuses del aeropuerto era de cuarenta leuros, así que opté por ésta última. El hotel que elegí es el Comfort Hotel Stockholm. Con eso solucionado, solo me faltaba la tarjeta de la ciudad para usar el transporte público y tener las entradas a los museos incluidas. En el caso de esta ciudad y usando el descuento de la tarjeta Ikea Family, la cual me saqué para otro descuento en Italia y que nunca he usado en las tiendas de esa empresa, te levantan setenta y tres leuros al cambio por tres días de transporte público y acceso a museos. Hay que comprarla por Internet y cuando llegas allí les das el recibo que te mandan por correo y te la dan, sin comprobar siquiera si tienes la tarjeta, con lo que ni hace falta sacársela para conseguir el descuento.

Mi vuelo era el jueves a las nueve de la noche, lo cual me permitió trabajar sin incidencias, volver a casa, prepararme una pizza con parmesano y salami milanés y después de cenar, salir para el aeropuerto sin prisas. Con mis amiguitos que Dios los bendiga tengo discusiones varias en la manera más adecuada para hacer una pizza. Yo soy de la escuela del Jamie, sin calentar el horno previamente, solo grill a potencia máxima y ponerla cerca de la parte superior. En doce minutos tienes una pizza deliciosa. Uno de mis colegas que pre-calienta el horno y controla la temperatura se queja de que las verduras sueltan demasiada agua. Por más que le repito que me haga caso y haga como yo no hay manera.

Mi mochila era la de treinta litros, básicamente llena con la cámara y el iPad y poco más, ya que llevo lo mínimo imprescindible de ropa. Con los años, acabaré viajando con lo puesto ya que me da pereza cargar mil cosas que no voy a usar. Una vez en el aeropuerto, fui hacia la terminal 3 ya que desde allí salen los vuelos de líneas aéreas económicas y era el lugar desde el que había volado la vez anterior con Norwegian pero parece que se han mudado a la parte del aeropuerto con el resto de aerolíneas. Una diferencia fundamental con los miserables de lIberia y Fueling es que deben pagar veinte céntimos de leuro más y en lugar de tenerte caminando media hora hasta pasar el final del aeropuerto para llegar a la puerta de embarque, estos aparcan en la primera pasarela, con lo que llegué a la sala de embarque en menos tiempos que tarda un bufo en disiparse (y para aquellos menos duchos en el idioma canario, un bufo es un peo (pedo) insonoro y con carga química apreciable por una o varias personas). Mi asiento asignado gratuitamente me ubicaba al final del avión y entré de los primeros. Me apalanqué en mi rincón y pasé el vuelo viendo vídeos con el iPad y chateando con el Rubio, ya que Norwegian es la primera y única aerolínea europeda que ofrece WiFi GRATIS-TOTAL Y TAL Y TAL en sus vuelos. Visto como los aviones tienden a desaparecer hoy en día, el Rubio siguió el vuelo con FlightTrack para no perderme de vista. Al aterrizar, cerca de las once de la noche, me acerqué al puesto de información turística, recogí mi Stockholm Card y me compré un billete de ida y vuelta en guagua, la cual me dejó a cien metros del hotel. Como esto va a ser mas largo que una homilía, corto aquí y el relato continúa en otra ocasión.

El relato continúa en Mi primer día en Estocolmo, pateándome el centro histórico