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La fábrica de ladrillos en la isla de Duy Vinh

La fábrica de ladrillos en la isla de Duy Vinh

Cuando te sales del circuito turístico y te embarcas en una excursión para ver a los locales en su entorno descubres cosas tan curiosas como la fábrica de ladrillos en la isla Duy Vinh, la cual suministraba ladrillos para todas las edificaciones que se hacen en la isla y que a nosotros nos parece demasiado básica, por decirlo de una manera simple. Si comparo lo que yo hago por mi nómina con ellos, esa gente son como esclavos a los que se les da una miseria. La visita fue altamente didáctica.

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Secando plátanos al sol

Secando plátanos al sol

Una de las cosas que han cambiado en los últimos años es la caída en desgracia del verbo secar en casos en los que se usó desde siempre. Si yo le dijo a mi madre que quiero comer plátanos deshidratados, que es el concepto actual y la forma en la que las marilolas acarajotadas de hoy en día te lo dicen, mi madre me arrea un tremendo guantazo por acarajotao y subnormal. Y tiene toda la razón del mundo, del universo y hasta del más allá del universo. El RAE, ese diccionario mágico que todos pisoteamos pone en la punta de arriba de la lista de significados de secar que es Extraer la humedad, o hacer que se evapore de un cuerpo mojado, mediante el aire o el calor que se le aplica que casualmente es lo que hacían los vietnamitas con los plátanos de la foto, los estaban secando al sol, aunque los progres dirían que los estaban deshidratando, que viene a significar privar a un cuerpo o a un organismo del agua que contiene o sea, secarlo.

Lo llamemos secar o deshidratar, yo ni muerto y enterrado comería uno de esos plátanos cuando ya están secos porque el sistema este sin protección no me mola nada, que en algún sitio he visto otras escenas con unos moscones del tamaño de nueces que además de comer de los mismos, los cagan y les dan un poquito más de sabor. En la keli en la que hice la foto, en algún lugar recóndito de Hoi An, la viejilla que nos recibió trató de todas las maneras posibles que pillara un plátano seco y me lo comiera y yo negando con la cabeza sin parar y con la boca sellada, que ya dice el refrán que en boca cerrada no entran moscas y en este caso, en boca con estos plátanos secos sí que entran aunque no las veas.

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Ojito en la barca

Ojito en la barca

Esto es algo que he mencionado varias veces y que es muy común en todo el sudeste de Asia. Los pescadores y marineros están obsesionados con bestias terribles que viven bajo el agua y que al parecer es la evolución acuática de los truscolanes, esa miasma repelente y repugnante que habita sobre la tierra y que podemos ubicar fácilmente en ese lugar que no es nación y por su mierda de intento de lengua. Uno de los lugares que visité en la isla Duy Vinh fue un astillero o más bien, el taller de un chamo que hace barcas y que cuando ya las va a terminar, les pinta sus ojitos para proteger a los pasajeros de los monstruos marinos y los truscolanes.

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Llevando carga con la barquilla

Llevando carga con la barquilla

A veces lo que prima es maximizar la cantidad de carga que puede llevar uno en su chalana y si hay que meterse en el agua con ropa y empujarla, pues se hace y ya está. Eso debió pensar el chamo de la foto mientras llevaba su carga en su barquilla. Lo vi cuando estuve en la isla Duy Vinh haciendo una excursión en bicicleta. Una de las ventajas de los cuarenta y pico grados de temperatura es que al cuarto de hora de salir del agua está sequito.